martes, 8 de febrero de 2011

¿Es o no es alcohólico?



El que calla, otorga

Anónimo

Cuando los rumores son fuertes, con mayor razón se tienen que aclarar y/o desmentir, si no, sólo se logra aumentar el rumor y no su desaparición. La supuesta adicción al alcohol de Felipe Calderón Hinojosa, presidente espurio de México, lleva ya tiempo en la opinión pública y por su misma condición pública (“presidente” de todos(as) los mexicanos) es su obligación ofrecer una explicación y/o en su caso, someterse a estudios clínicos, porque aquí quien está pagando los platos rotos es la sociedad mexicana y no este señor, quien puede estar enfermo, de ser cierto el rumor (el alcoholismo es una enfermedad).

Si de por sí la aspiración de las y los políticos(as) al poder implicaría se sometiesen a elaborados estudios psicológicos para saber si están aptos para gobernar o sufren algún delirio de grandeza o cualquier trastorno que ponga en riesgo a la sociedad, pues sin duda delegar el poder así nomás a cualquiera que se sienta “líder” es un riesgo enorme (¿cuántos déspotas, tiranos, sanguinarios y fascistas nos hubiéramos ahorrado si pudiéramos haberlos conocido mejor?).

La actual polémica surge a partir de cierta manta desplegada en la Cámara de Diputados por representantes del Partido del Trabajo la primera semana de febrero donde se sugiere la adicción al alcohol de Calderón, generando nota en los medios, pero, curiosamente, pocos editoriales al respecto. Precisamente el despido deCarmen Aristegui por supuestamente transgredir el código de ética de la empresa MVS donde simplemente pedía una explicación a este rumor se percibe precisamente como una intervención del gobierno federal para tratar de acallar el tema.

Alcoholismo y familia. En nuestra cultura mexicana la bebida y la familia son dos valores conservadores con mucho arraigo y promoción en la población, pero cuando el alcohol rebasa a la familia se vuelve sumamente destructiva y sufrible. En las familias mexicanas con integrantes alcohólicos prevalece la violencia en todas sus formas (física, verbal, económica…) y generalmente es un asunto que no trasciende las paredes de la casa hasta que es inevitable guardar las apariencias y para entonces suele ser demasiado tarde, pues es cuando aparecen los golpes, asesinatos, destrucción del hogar, traumas de vida, deudas enormes, etcétera.

El alcoholismo no es una enfermedad fácil de curar; primero requiere la aceptación de quien la sufre y regularmente el enfermo se resiste a hacerlo. Es autodestructiva y social: empieza con el individuo y termina con la sociedad, arrasando primero la familia y la fortuna, luego el trabajo, los amigos y la dignidad de la persona. Existe también un alcoholismo funcional (parafraseando a Pierre Bourdieu) presente en muchos individuos quienes pueden beber mientras trabajan (desde intelectuales hasta mecánicos) pero sigue siendo alcoholismo.

Quien tiene problemas de alcoholismo tiene problemas para ser feliz. En otras palabras, alguien alcohólico es también alguien deprimido. No es raro que muchas personas ante las presiones se refugien en la bebida para evadir situaciones y problemas, trayendo como consecuencia una dependencia física y psicológica, además del paulatino detrimento en el tiempo del cuerpo, las habilidades y los sentidos. En el caso de los hombres alcohólico-depresivos, quienes componen la mayoría del universo de alcohólicos, el aumento de la agresividad es inminente porque es la forma como se manifiesta la enfermedad.

Tomando en consideración estas generalidades, no resulta tan extraño entonces comprender (ojo, comprender no significa aceptar) las acciones y reacciones de Calderón como su falta de responsabilidad ante la “guerra” contra el narco; la indolencia ante las miles de muertes por él provocadas, no se diga su tolerancia a las mismas; su leguaje belicoso y fantasioso (¿problemas de percepción de la realidad?); su irritabilidad e intolerancia a la crítica o su preferencia por la violencia como sinónimo de orden (sic). De ser ciertos los rumores, el peligro es latente tanto para su familia como para México, pues no podemos esperar más que violencia y más violencia.

Calderón ya dio demasiadas muestras de incompetencia gubernamental, autoritarismo, entreguismo y cerrazón como para dejar pasar inocentemente este rumor o calumnia y hasta ahora no ha salido nadie en su defensa para desmentirlo. Calderón es un representante, un empleado de las y los mexicanos, no su rey o dictador, así tenga al ejército y a los gringos de su lado; es menester exigirle una aclaración al respecto o mejor aún, su renuncia, por el bien de México.