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miércoles, 2 de junio de 2021

Cómo hacer votar a un(a) abstencionista

 



Cómo hacer votar a un(a) abstencionista
Carlos Murillo González


El abstencionista por definición, no puede ser clientelista,
no puede hipotecar su voto por un favor.
Antanas Mockus


No se puede. El fenómeno de la abstención electoral es más complejo que el simple hecho de no votar. El y la abstencionista deja claro su no participación electoral por diversas razones: desde la apatía y la ignorancia, hasta una clara forma de protesta hacia el régimen, pasando por otros factores como el desinterés, el desencanto, el desengaño, el analfabetismo político, la cultura cívica/política y la despolitización social. No es algo nuevo, pero sí una muestra de la calidad de la “democracia” donde se manifiesta. El y la abstencionista es el ciudadano(a) más difícil de convencer; es el verdadero (anti)voto duro.

Si las elecciones fueran cosa seria tendrían que suspenderse inmediatamente en calidad de urgencia tan sólo por los altos niveles de violencia e inseguridad pública que cada día registran gran cantidad de asesinatos en ciudades como Juárez y a la vista de todes. Pero no. La frívola mezquindad de mantener el sistema político andando para darle “legitimidad” al régimen de partidos y “orden” gubernamental a una paz social que brilla por su ausencia (ahí está el ejemplo de la Sierra Tarahumara de Chihuahua, secuestrada por las hordas del narcotráfico) significan nada para los intereses de los grupos de poder y la megalomanía de quienes se sienten “lideres”, enfermos de poder y capaces de dirigir los destinos de un pueblo herido ignorando sus desgracias.

Sin duda el régimen de partidos está agotado desde hace mucho tiempo. Si a mediados de los noventa del siglo pasado avisaba una esperanza con la alternancia en el poder partidista, después de décadas de elecciones de Estado en el periodo duro del asesino y corrupto Partido Revolucionario Institucional (PRI) que no respetaba resultados electorales, en muy poco tiempo los partidos mexicanos adoptaron las prácticas priistas, así como aceptaron a sus miembros disidentes. El resultado está a la vista y comprobación de todos y todas: desde el cínico pragmatismo político hasta el asesinato de candidatos y la elección de gobernantes ladrones, corruptos y criminales. La política está varada en el siglo XX mientras el pueblo sigue batallando en el día a día con la pobreza, la violencia y otras inequidades.   

Cada campaña electoral es un insulto a la ciudadanía, sobre todo a la clase trabajadora, tanto por el derroche de dinero público (y también privado) como por lo superficial de las propuestas baratas, cínicas y estúpidas (¿de veras no tienen más que ofrecer que “bienestar para tu familia”, “más y mejores trabajos”, “más y mejor policía”, “becas para tus hijos”…?) nunca se ofrecen soluciones de fondo, estructurales ni de justicia, por que eso acabaría con el negocio electoral, la administración de las ilusiones y la pobreza social, anclada en un futuro mejor que nunca llega; inmovilizando a la vez a la sociedad hacia escenarios más demandantes en la exigencia de respuestas o, mejor aún, convirtiendo a la ciudadanía en verdaderos sujetos de cambio; es decir en verdaderos protagonistas de sus historia y no en meros votantes: débiles espectadores en busca de “líderes”, héroes que les resuelvan la vida por ellos y ellas. 

La mayoría de las y los candidatos y políticos provienen de la clase media alta o alta (así hayan nacido pobres) nos les interesa la gente sino su voto. No comprenden la cotidianidad de la gente común por que no la viven y, quienes surgidos de la pobreza han alcanzado puestos políticos de importancia, la ignoran y rechazan, pues su lógica se vuelca hacia el interés personal. Los institutos electorales nacional y estatales, así como los tribunales de esa índole, son una farsa, sobre todo los primeros, que dicen ser “ciudadanos”, pero en realidad responden a los partidos, el poder y el dinero. En las elecciones no importa competir, sino ganar, por eso es el momento más importante en la vida de un político(a) pues de ahí dependen tres o seis años de impunidad, vida de ricos, fuero y la oportunidad para despilfarrar el erario en negocios turbios de todo tipo, incluyendo el narco. 

El gran enemigo de la “democracia” representativa electoral burguesa es el y la abstencionista y no la llamada clase política; lo cual es comprensible, pues si la gente no vota, ¿qué le daría legitimidad al régimen? El sistema de partidos ha ignorado anacrónicamente el abstencionismo, el voto nulo y el voto en blanco como una muestra de rechazo y se han posicionado cómodamente como paladines de la participación electoral (burda muestra institucionalizada del capitalismo conservador de rancio abolengo) haciendo uso de una falsa superioridad moral en alusión de las y los que votan contra las y los que no. Así es como han mantenido a raya el malestar social.

El abstencionismo es la principal fuerza política en México, pero es una fuerza dormida y dispersa; un sujeto tácito gigante capaz de derrocar gobiernos y transformar Estados. Los partidos cuentan con ello a la hora de elaborar sus estrategias, haciéndolo mayor o menor de acuerdo a sus intereses. Pero a esta masa amorfa sólo le falta despertar y tirar de una vez por todas la farsa electoral. La y el abstencionista está en las luchas estudiantiles y normalistas; en las madres y padres de desaparecidas(as) en las luchas ecologistas y animalistas; en los frentes antifascistas y en los derecho humanistas; en los movimientos obreros y juveniles; en las manifestaciones feministas y de las diversidades sexuales…es decir, en todos aquellos actores imposibles de sobornar con promesas hipócritas y soluciones banales a cambio de un voto.

El/la abstencionista consciente (por que existe también el enajenado) no vota por el menos peor, pues quiere un cambio de sistema, no de partido; no cree en grandes líderes, sino se apoya en la colectividad heterogénea; no hace política partidista que divide, sino sociología anónima que une. Si bien la abstención también se hace presente en la ausencia de los asuntos públicos, como resultado de la despolitización social (otra forma de despejar el camino a los políticos profesionales) al no encontrar respuesta en las instituciones ni en el clientelismo, se vuelca asimismo a buscar soluciones. El abstencionismo no es el enemigo; el enemigo es el sistema que te hace creer que eliges algo o a alguien sin cambiar nada.    

 





miércoles, 11 de abril de 2018

Abstencionismo electoral 2018




Abstencionismo electoral 2018
Carlos Murillo González

Política es una palabra con mala reputación en México. Motivos hay de sobra para considerar el ejercicio de la misma como una desgracia ineludible, inevitable. Corrupción, despotismo, autoritarismo, engaño, son sólo algunas de las calamidades observables y, en las contiendas electorales, una de las formas de mostrar molestia e inconformidad al respecto, es dejando de votar.

La falsa democracia que se ofrece a través del concurso electoral no puede simularse pretendiendo aparentar una vida política sana y legítima por el hecho de realizar contiendas periódicas donde supuestamente se elige a representantes de la sociedad para beneficio de la población. Las elecciones son los momentos más importantes para la continuidad del régimen, no para la gente.

Por los mismos motivos de arrogancia y privilegios relacionados con el poder político, el abstencionismo, tan hipócritamente criticado por los mismos actores políticos y sus simpatizantes, es visto y usado como un factor determinante para ganar elecciones, de ahí la importancia de que exista. Su uso y manipulación es similar al usado en los sectores paupérrimos, lumpenproletarios: sólo cuentan para modificar resultados, ya sea comprando su consciencia, ya sea para usarlos como grupos de choque sacrificables.

Como las elecciones son prácticamente el único momento importante al que se ha reducido la participación ciudadana, todo se concentra en las campañas para pedir al electorado su voto y que calle y desaparezca el resto del año. No hay interés para nada más. Una sociedad sumisa, empobrecida, enajenada, despolitizada, analfabeta política, es altamente manipulable y deseable para la estabilidad del sistema político económico actual.

Dentro de este contexto de ignominia, la contienda electoral del 2018 sobresale por la cantidad de contradicciones dispuestas al fraude, que no sólo provocan la desconfianza del electorado, sino también aumentan su desencanto, su apatía e, irremediablemente, tendrá eco en la de por sí alta ausencia de votantes. El sistema lo sabe y apuesta a ahuyentar a la gente de acudir a las urnas, pues entre menos votantes, mayores las posibilidades de manipular los resultados.

El régimen tiene mucho que perder. En esta ocasión, la debilidad del sistema de partidos y sus aliados empresariales, aun con la intromisión de Washington, por el saqueo impune de la nación a costa de la pobreza y la vida de las personas, más la gran cantidad de escándalos de la clase política, hace imposible ocultar su grado de descomposición y la gente lo sabe.  

¿Quién no conoce de la “casa blanca” de Peña, del cochino triunfo del PRI (elección de Estado) del 2017 en el Estado de México; de la continuidad sexenal de la violenta “guerra contra el narco”, de las reformas anti y contra populares, del gasolinazo; del robo institucional de los recursos destinados a las y los damnificados de los terremotos; de los ex gobernadores ladrones (los Duarte, los Moreira…) de los candidatos tramposos y con cola que les pisen (Meade, Anaya, Zavala) de las instituciones electorales compradas (INE, Trife, FEPADE…) no de ahora, con su resolución sobre el tramposo candidato independiente priista “El Bronco”, sino de siempre o de candidatos de “izquierda” (AMLO) ahora pragmáticos, que no saben defender sus triunfos electorales?

El panorama es para nada esperanzador. En regiones donde reinan los cárteles del narco con lujo de violencia (Estado fallido) como Tamaulipas o Chihuahua, ni siquiera hay condiciones para realizar elecciones. Tampoco está en el discurso de los candidatos los derechos humanos, la perspectiva de género, la defensa del medio ambiente ni una agenda para los pueblos originarios, casi en peligro de extinción. La propuesta política electoral es totalmente del siglo XX o más retrógrada. La oferta política en general es pobre aun si existieran condiciones para elecciones limpias.

A nivel local, Ciudad Juárez es campeona en abstencionismo y el estado de Chihuahua aparece frecuentemente en los últimos escaños de participación electoral a nivel nacional. Este año no parece vaya a ser distinto. Aun con los candidatos(as) “independientes” y ahora con la posibilidad de reelección (¿alguien recuerda el slogan de Madero hace cien años: “sufragio efectivo, no reelección”?) la contienda no cambia nada, salvo una mayor oferta por quien votar, lo cual no alienta a una sociedad robada y desgastada por la violencia y el abandono.

Votar sigue siendo una ilusión por que la persona cree que elige, pero no elige nada. El escenario está dispuesto para el fraude electoral, tanto de la pobreza de opciones y propuestas de los candidatos, como de los previsibles resultados finales. La pregunta no es por quién votar; tampoco cómo defender el voto; la pregunta es si este sistema de partidos que divide a la sociedad, si esta “democracia” representativa que sólo representa a las élites, es el régimen que más me conviene.    

Nos han vendido la idea de democracia como non plus ultra, pero eso también es falso. Ni la democracia electoral es democrática, ni vendrá el caos si cambiamos la forma de organizarnos. Ese discurso es más el de una religión celosa, egocéntrica. La democracia mexicana es excluyente (pregúntele a Marychuy) y cleptocrática (gobierno de ladrones) si votas o no votas le es indiferente al sistema; lo único que importa es ganar y para eso cuentan con el monopolio de la violencia.

miércoles, 25 de mayo de 2016

El problema no es votar (sobre las elecciones en Chihuahua, 2016)


El problema no es votar
Carlos Murillo González

Hay mucha confusión y descontento ante las “elecciones” del 5 de junio a celebrarse en el estado de Chihuahua. El problema no es votar (la cosa más sencilla del mundo) sino todo el entramado, la cultura, los intereses detrás del ejercicio electoral.

Para empezar, usted no elige nada. La mal llamada democracia, en México, como en la mayoría de los países que se rigen por sistemas electorales periódicos, han reducido la participación democrática (es decir, la participación activa de la gente en asambleas, con voz, disensos, discusiones y propuestas) a una farsa, una simulación de justicia basada en promesas donde la mayoría de la sociedad tiene una participación mínima, casi pasiva, reducida a la reflexión y decisión personal a la hora de tachar un símbolo o un nombre en una papeleta para depositarla en una urna.

Si las elecciones han tenido momentos importantes en la política,  como el derecho al voto de las mujeres, la disminución de la edad para votar o la incorporación del referéndum y la revocación de mandato, no ha sido por benevolencia de las élites ni se ha dado de manera gratuita o por arte de magia; ha sido por largas y a veces sangrientas luchas para reivindicar ese derecho, para arrebatar un trozo de justicia y de coherencia a un poder económico que no regala nada.

Quienes compiten por un puesto de elección popular no lo representan a usted. A menos que usted sea familiar, amigo, compañero(a) de partido del candidato(a) o un rico empresario que le respalda económicamente, en realidad no va a ser representado(a) ni defendidos sus intereses si su candidato (que además no comparte nada en común con usted) resulta vencedor. Un país donde existe despolitización social y analfabetismo político; donde más de la mitad de la población es pobre, no se le puede llamar democrático por que no lo es.

¿Y quiénes osan autoproclamarse representantes de la sociedad chihuahuense? Empresarios, políticos, personas de familias de abolengo; todos sumergidos en el culto al ego, con las relaciones y el dinero suficiente para hacer campaña; gente sin necesidades económicas que desconocen los problemas sociales, cuando no son quienes directamente los provocan. ¿El empresario “Chacho” Barraza va a comprender y respetar la idiosincrasia económica del pueblo tarahumara?; ¿el abogado Javier Corral va a condenar a Felipe Calderón por crímenes de lesa humanidad de su “guerra” contra el narco en Chihuahua?; ¿el ex alcalde de Juárez, suplente del senador Carlos Romero Deschamps, Enrique Serrano, va a llevar a la cárcel al actual gobernador César Duarte por sus multimillonarios robos al pueblo chihuahuense?  
     
Si lo anterior queda claro, también debe de serlo el llamado al “voto útil” del pragmatismo político. Da pena ver a personas de “izquierda”, de corta memoria política, apoyando la candidatura del panista Javier Corral bajo el pretexto de sacar al PRI del gobierno. Cierto es que el PRI es un cáncer terrible, un enemigo feroz cuyos días deberían estar contados, pero en realidad a ese monstruo no se le puede ganar en el terreno electoral por que lo tiene cooptado; es una mafia con un ejército de enajenados y corruptos formados durante casi un siglo y en puestos clave: desde grupos de choque (civiles y policiacos) hasta quienes cuentan los votos y deciden en los tribunales.

El cinismo político es evidente, por eso la sociedad está enfadada y desconcierta. Si llevamos estas contradicciones al entorno de Ciudad Juárez, se convierten en aberraciones: un “Teto” Murguía dos veces alcalde de la ciudad y que se postula por tercera vez, es el candidato a vencer; un “independiente”, Armando Cabada, ligado al PRI, cuestionado en relación al feminicidio y además dueño de un canal de televisión; una “Vicky” Caraveo del PAN que ha manipulado políticamente a su conveniencia el tema de las desaparecidas y asesinadas.

Bajo estas condiciones, ante estos candidatos(as) votar no sirve de nada. Así le digan “vota inteligente”, “vota por el menos peor”, etcétera, aunque la intención sea buena,  no ayuda mucho. Si de veras honestamente quiere un cambio, el camino es otro. Olvídese de candidatos, no alimente onerosos sistemas corruptos ni legitime a un gobierno traidor y parásito que le esta robando la riqueza, la felicidad y la vida en sus narices.  

Usted no necesita más política, sino hacer sociología. No necesita de líderes, usted es un líder. No está solo, somos la mayoría. Al abstencionismo no se le da peso político por que ya habría hecho caer al sistema entero desde cuando, pues simboliza el rechazo a la política maquiavélica, la protesta silenciosa hacia un poder ilegítimo y por ende, la derrota de todo el stablishment tal como lo conocemos, descubriendo sus flaquezas y las formas como nos mantienen al margen, divididos, ignorantes y confundidos.

Le invito a asumir conscientemente su responsabilidad cívica y social más allá de las urnas. Si tiene ideas, proyectos, empatía por el bien común, lo podemos hacer prescindiendo de las y los políticos, de los gobiernos e incluso, de la depredadora y destructiva economía capitalista. Ya sea por su cuenta, en grupo o contactándome, podemos hacer realidad otro mundo, otra forma de vida, así sea con acciones pequeñas y modestas. Los grandes cambios comienzan con pequeños pasos.


*Carlos Murillo es fundador y único miembro del Partido del Abstencionismo, futuro ganador indiscutible de la contienda 2016.

miércoles, 13 de enero de 2016

El abstencionismo lanza a su candidato

 
El Abstencionismo lanza a su candidato

Hola, soy Carlos Murillo González “Carmugo” candidato por el Partido del Abstencionismo, surgido de la sociedad anónima y seguro ganador de las próximas elecciones de Ciudad Juárez, Chihuahua, 2016.

Como ustedes bien saben, las elecciones son una burla, una estafa; un simulacro de democracia para mantener a una clase parásita en el poder sin cambios positivos para la gente. Por esa razón, opto por hacer frente al sistema de partidos viciado que tenemos desde la perspectiva de la mayoría, que somos todos y todas, por eso soy invencible y no debe caber duda sobre nuestra holgada victoria.

Al igual que tú y tod@s, soy parte de la sociedad silenciosa, de la sociedad anónima; la que no vota, la que no se ve; la que el poder político desprecia e ignora y con la que cuentan partidos mafiosos como el PRI para ganar elecciones, pues sólo uno de cada cuatro posibles electores(as) vota y de ese 25%, menos de la mitad hace al “ganador”; es decir, una de cada diez personas “elige” al tirano en turno.

Mi campaña será la más austera y económica de todas, por que no es necesario hacer gastos superfluos para convencer a quienes ya están convencidos. Cuento con su apoyo por que sé que no saldrán a respaldar al Estado corrupto, gastalón y violento que tenemos; que no saldrán a votar. Al abstencionista no se le puede sobornar ni engañar; no somos parte del sistema aunque el sistema se mantenga a base de nosotros, por eso tenemos la razón de nuestro lado, el sistema actual sobra.

No se confundan: el abstencionismo también es una forma de lucha política y tú formas parte de ella. Somos invencibles. Demuestra tu inconformidad absteniéndote, anulando o depositando tu voto en blanco. Yo no defraudo, el gobierno defrauda, el político defrauda, el mafioso defrauda y yo no soy eso. 

Si te interesa conocerme, cómo pienso y qué hago, búscame en internet.

Estas son 20 propuestas que hago, espero incluir las tuyas:

1 Desconocimiento de la deuda pública municipal

2 Prohibición de los retenes de tránsito y policiacos

3 Castigo a empresas que exijan la carta de no antecedente penales

4 Castigo a políticos y funcionarios corruptos que hayan ocasionado daños a la ciudad y a terceros. Se abrirán juicios a compañías que hayan defraudado al gobierno y juicios populares contra políticos defraudadores.

5 Apertura de guarderías y comedores infantiles.

6 Preferencia a mujeres en secretarías y direcciones de gobierno.

7 Más impuestos para quienes más tienen.

8 Desmilitarización de los cuerpos policiacos.

9 Eliminación de las regidurías.

10 Presupuesto participativo y representación ciudadanizada.

11 Recreación del IMIP, autónomo, independiente y ciudadanizado.

12 Aumento de multas y castigos severos a ecocidas y feminicidas.

13 Programas para la equidad de género.

14 Transporte digno, barato y profesionalizado.

15 Iniciativa de ley para acceder a internet gratuito como derecho constitucional.

16 Creación de la universidad de la gente.

17 Reducción y/o eliminación de gastos de publicidad en medios.

18 Distanciamiento con organizaciones religiosas.

19 Detener la industria minera en Samalayuca.

20 Creación de programa extraordinario para la recuperación del estrés postraumático de la población juarense ocasionado por la “guerra” contra el narco del Estado mexicano.