miércoles, 28 de septiembre de 2016

Hillary y Trump, un peligro para México (y el mundo)


Hillary y Trump
Un peligro para México (y el mundo)
Carlos Murillo González

El lunes 26 de septiembre se llevó a cabo el primer debate de los candidatos de los dos principales partidos políticos de EEUU a la presidencia de ese país, Hillary Clinton (demócrata) y Donald Trump (republicano). Más allá del debate y de quién va a ganar, está en riesgo la estabilidad político-económica no sólo de la nación norteamericana, sino del mundo entero.

Estados Unidos, que se jacta de ser una democracia, en realidad es un sistema cerrado bipartidista de derecha representado por el Partido Demócrata y el Partido Republicano dejando fuera otras opciones como a Jill Stein, candidata por el Partido Verde, o Gary Johnson, del Partido Libertario, quienes simplemente no fueron invitados al debate, ni se les da importancia, pues no representan los intereses de las cúpulas empresariales. La “democracia” estadounidense se puede resumir en la alternancia de las cúpulas para imponer a quien cuidará mejor sus negocios.

No importa quien gane las elecciones de noviembre, el peligro es real. Nos encontramos frente a la representación más clara de la élite norteamericana, entre una derechista belicosa e injerencista (Clinton) y un conservador racista, xenófobo y misógino (Trump). Además la propia sociedad estadounidense se ve desilusionada ante tener que elegir entre una mujer que ha violado la ley y un hombre que no entiende de modales (muchos ni siquiera conocen que existen la opción verde y libertaria). En un país donde el abstencionismo es una de sus características electorales, el o la ganadora podría darse por una diferencia mínima en una contienda cerrada.

Como además esa nación vive en una especie de burbuja, ignorante y apática de los aconteceres mundiales, muy influida por discursos nacionalistas en todos los ámbitos y con una soberbia desmedida alimentada mediáticamente con miedos de todo tipo, pero donde abundan los odios hacia todo lo que resulte ajeno a su American way of life, es un público sensible a la manipulación y la agresión, aunque, afortunadamente, no en todos los estratos.     

Es bien sabido por el mundo entero, especialmente en los países mal llamados “del tercer mundo”, cómo se las gasta el Estado gringo para conseguir lo que quiere imponiendo condiciones en organismos internacionales, violando leyes o acuerdos, invadiendo regímenes democráticos o conspirando contra gobiernos legítimos cuando consideran se oponen a sus “buenas intenciones”. Esa política no va a desaparecer con Hillary ni con Trump, pues es parte de su ideología belicista e imperialista. 

Si gana Hillary, el mundo tendría una nueva versión de Margaret Tatcher, la terrible “Dama de hierro” británica, pero con mayor poder letal; una continuación de las políticas neoliberales de los lobbys empresariales que financian su campaña, incluyendo las petroleras y las armamentistas; el expansionismo militar y su industria seguirían amenazando a países como Rusia, China o Irán, al tiempo de seguir armando a naciones amigas como la fascista Israel o la monárquica Arabia Saudita. Difícilmente el pueblo estadounidense, es decir, las clases trabajadoras, las minorías étnicas o los grupos ambientalistas podrán mejorar sus condiciones de vida.

Si gana Trump, el panorama se pone todavía más feo. Como ha demostrado aun desde antes de ser candidato, “El Donald” goza de una reputación de patán que, así como avergüenza a sus compatriotas más cautos y conscientes, es sin embargo el orgullo de ese amplio sector racista y ultra nacionalista que constituye la aún mayoritaria población blanca de ese país. Es evidente que este bravucón representa la cara más odiosa del imperio norteamericano, al típico gringo supremacista, cuya identidad no tiene enfado en mostrarse tal cual ante los asombrados ojos de la comunidad internacional. Trump y sus fanáticos representan la amenaza mundial más fuerte desde la caída de Hitler y el nazismo.

En cuanto a México,  nuestra cercanía geográfica, nuestra vulnerabilidad política y nuestra dependencia económica con el imperio, nos pone en peligro inminente; a pesar de ser “aliados” y “amigos”, somos vecinos distantes y distintos. Peor aún, con el mal manejo diplomático del espurio e incompetente Peña Nieto con la invitación de Trump al país, nos deja todavía más desarmados ante cualquiera de los escenarios por venir: si gana Trump, la amenaza de guerra es latente; si gana Hillary, seguro no olvidará ni perdonará el agravio de esa invitación y la relación con México, de inicio, no será buena.

Sin tratar de ser fatalista, quien quiera que gane, México pierde. No es posible en ese cercano futuro distinguir un atisbo de bienestar para las y los mexicanos cuando ni siquiera es posible contar con el apoyo inteligente de nuestro gobierno ante esta encrucijada. El capitalismo beligerante característico de los EEUU no será bondadoso con nosotros. Ante un Estado mexicano sumiso y torpe, frente a un Estado poderoso y gandalla como es el gringo, con sus dos propuestas ineludibles para renovar la vacante que dejará Barak Obama, debemos prepararnos para escenarios difíciles.

¿Quién ganará? Esperemos sea el/la menos peor para nosotros. Estamos ante un Donald Trump abiertamente en contra de nuestro pueblo y una Hillary Clinton abanderada del capitalismo sin escrúpulos que todos y todas conocemos. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Libertad de expresión vs censura


Libertad de expresión vs censura
Carlos Murillo González

Los comentarios en contra de Juan Gabriel y luego las manifestaciones promovidas por la jerarquía católica contra el matrimonio igualitario, han abierto en las últimas dos semanas el debate sobre la libre expresión y la tolerancia, pero incomprensiblemente se ha dejado fuera el tema de la censura (¿?).


Los primeros en poner “el grito en el cielo” han sido las y los colegas de la prensa y, aunque en apariencia su inconformidad resulta legítima, en lo profundo esconde un doble discurso y moral. El punto de discordia fue el comentario de opinión del ex director de TV UNAM, Nicolás Alvarado, quien en su columna del periódico Milenio, escogió mal momento para hablar pestes de Juan Gabriel, prácticamente, al día siguiente de su muerte. El resultado, como era de esperarse, fue una reacción virulenta de parte del público que a la postre le costó su puesto en la UNAM.


Ahí surgió el malestar periodístico por la intolerancia de la sociedad ante tal opinión sin duda sincera, pero también insensible y poco inteligente para alguien que se asume “intelectual”. Las quejas de periodistas ante tal injusticia no se hicieron esperar en las redes sociales y con ello el debate sobre la libertad de expresión. Lo sorprendente del caso, no es la defensa de ese ideal, sino todos los demás temas que callan y por los cuales no se pronuncian ni tantito la mayoría de las y los periodistas, ¿se autocensuran?


Es de todos y todas conocido el nivel de la prensa en este país. La mayoría de los medios y la totalidad de los grandes consorcios mediáticos responden al llamado de los intereses políticos y empresariales; es decir, se comportan cuasi oficialistas hacia el poder político y protegen los intereses de sus clientes procurando no sacar notas que les molesten. En un gremio desunido, empobrecido y vulnerable al soborno, los pocos que hacen periodismo comprometido arriesgan su vida.


Por eso es sorprendente la actitud ante la desavenencia de Alvarado y su silencio ante verdaderas tragedias políticas (como Duarte y Peña Nieto) sus tímidas protestas o incluso rechazo y negación ante las injusticias sociales (Ayotzinapa, CNTE…) o la nula autocrítica hacia la censura ejercida en los medios donde trabajan. Tal vez por lo mismo, es más fácil defender la libertad de expresión de un ególatra, que criticar la censura gubernamental o inconformarse con la pérdida de credibilidad de su prosapia neutral y de compromiso con la verdad, pues correrían la misma suerte de Alvarado, el exilio o la muerte.


Haciendo más ardiente esta polémica, aparecen las manifestaciones maniqueas orquestadas por la iglesia católica y grupos reaccionarios, quienes se oponen, bajo una errada visión del mundo, a los avances en materia de derechos humanos por que no coinciden con sus creencias. Precisamente es gracias a la calidad laica del Estado mexicano que se pueden manifestar, aunque su discurso no sea del todo aceptado incluso, por buena parte de la feligresía católica.


También aquí nos encontramos frente a una posición ambigua y manipuladora hacia un derecho que no es exclusivo de la iglesia ni del Estado: la libertad de vivir con quien se quiera es una decisión individual que, por formalismos, se hace pública a través de las instituciones. Se trata de una lucha de poder entre dos grandes organizaciones por el monopolio de la vida social. Que el Estado mexicano sea proclive a proteger los derechos de las personas del mismo sexo a unirse, no es por su buena voluntad, sino obligado por las circunstancias mundiales, por las luchas sociales. Que el catolicismo y la derecha abanderen la falsa naturaleza de la familia y la sexualidad, no es por encontrar el bienestar social, sino para mantenerlo bajo su control.


Tampoco es visible la coherencia de la autocrítica en la jerarquía católica ante sus propios y no tan simples problemas, como lo es la pederastia, y peor aún, la protección de sacerdotes pedófilos violadores y mucho menos, la injerencia, de ser cierta, del Vaticano en la vida política del país. ¿Por qué entonces censuran a quienes señalan estas faltas? Contrastando con el discurso del papa Francisco, estas manifestaciones generan división, promueven el odio y desgraciadamente también, confunden a las personas de buena fe explotando su ignorancia.


No es tan fácil ejercer la libertad de expresión cuando quien lo expresa acepta la responsabilidad de lo expresado. El mundo contemporáneo es tutor de la libre expresión de las ideas, mas no así protector de las consecuencias de las mismas. Los argumentos son o deberían ser los pilares de esa libertad, pero con frecuencia abusamos de ella. Es pues, un derecho, una acción de consciencia o de interés; igual sirve para aclarar o para oscurecer la vida en sociedad.


La censura a la vez sigue siendo una acción represiva, de intereses; una herramienta para acallar voces disidentes, desviar la mirada y ejercer la manipulación. Tanto puede ser violenta, reprimiendo protestas, o tan sutil como la programación de la TV o las noticias de los diarios. Quien decide qué se dice, qué no se dice o cómo se dice, seguramente responde a los cuidados del status quo. En las naciones más “civilizadas” y en las más retrógradas, la censura sigue siendo ampliamente utilizada.


El debate no termina aquí. Censura y libertad de expresión van a seguir siendo parte de nuestras vidas, pues las sociedades son complejas, cambian y a la vez ofrecen resistencias al cambio. Nadie tiene el monopolio de la verdad, todos y todas tenemos derecho a expresarnos, eso sí es natural, pero la censura ronda con intereses no necesariamente naturales.

Hay que darle gracias a Juan Gabriel y a la jerarquía católica por sus libres expresiones, dejando ver el tremendo desprecio social existente contra las preferencias no heterosexuales. A la prensa hay que reclamarle tanto por su censura, como por sus comentarios, pues la sociedad mexicana es manipulable, contradictoria y, si no tienen los lectores y audiencia deseables, es por que tampoco han estado a la altura de las circunstancias. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

¿Por qué no cae Peña Nieto?


¿Por qué no cae Peña Nieto?
Carlos Murillo González

Casi cada semana y aun antes de ser presidente de la república, Enrique Peña Nieto (EPN) ha sido y es, una constante fuente de calamidades y agravios para las y los mexicanos, pues es un campeón de la corrupción, la violencia y la mediocridad. ¿Cómo es posible ante tanta y tan obvia mezquindad que siga al frente del gobierno de México?

El problema y su solución, sin embargo, está en la sociedad mexicana, pero ésta no quiere, no sabe o no puede hacerlo. El sistema político mexicano de por sí apesta con sus decadentes partidos y sus retrógradas políticos que son además el contexto de donde surgen los actuales Duarte, los Moreno Valle, los Graco Ramírez y otros nefastos gobernadores, más los presidentes municipales, diputados, senadores, regidores, todos cortados con la misma tijera.

En México los partidos políticos son genéricos del PRI, igual de corruptos o en proceso de serlo, por eso la gente no ve diferencia entre unos y otros. El grave problema de esto es que los partidos actúan como una verdadera mafia, la “Cosa Nostra” mexicana en disputa por el poder, con sus secuelas de sangre y destrucción, al margen de la ley y con total coste al pueblo de México. Esa tremenda impunidad da como consecuencia productos tipo EPN, nacido del fraude electoral, la imposición y la compra de consciencias.

EPN es un verdadero peligro para México, lo ha demostrado con creces. Pocos están contentos con él y quienes lo defienden son tan pendejos como él. Sin embargo en un país de analfabetas políticos, despolitizado, enajenado, es ideal para personajes estúpidos como Peña Nieto, un títere del sistema totalmente rebasado, gris, impuesto  por intereses oscuros de personajes igual de peligrosos, pero temidos, como el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.

Cada sexenio es lo mismo: una apuesta al futuro con políticos apátridas, déspotas y egocéntricos convertidos luego en la peor versión de sí mismos gracias a ese poder cuasi ilimitado que le otorgamos las y los ciudadanos. Cada presidente entrante es peor que el anterior. El camino del presidencialismo a través de procesos electorales viciados de origen, sin democracia participativa y sin herramientas favorables al interés público (plebiscitos, revocación de mandato, etcétera) dan como resultado reyezuelos y  mirreyes que en vez de servir a la sociedad, se sirven de ella.

La impotencia social de no poder controlar la prepotencia política es equiparable a los viejos regímenes monárquicos regidos por el terror y los caprichos de las clases dominantes pero, ¿qué no vivimos en una democracia? Por supuesto que no. Si fuera así, EPN ni siquiera hubiera contendido a la presidencia y estaría purgando condena en la cárcel por la represión en Atenco cuando era gobernador del Estado de México.      

El cinismo de la clase política o su hipocresía, según sea el caso, es ya parte de la cultura de este país, reproduciendo en lo micro lo que nota en lo macro, por ejemplo, aspirar a ser presidente no para ayudar al pueblo, sino para acceder a sus privilegios. Si EPN quisiera a su pueblo y si fuera congruente (si acaso conoce la palabra) ya habría renunciado solito. En los tiempos de la democracia griega en su época clásica, a los gobernantes corruptos se les castigaba con la pena de muerte; en el México contemporáneo se les premia con aviones de lujo.

La paciencia de las y los mexicanos luce eterna, ilimitada. Parece que ya nos hemos acostumbrado a soportar gobiernos corruptos tras gobiernos corruptos, uno tras otro, como si fuera algo natural. Ahí es donde radica la principal fortaleza del poder político: en gobernar sobre súbditos y no sobre ciudadanos; si el conocimiento de las personas no da para conocer el significado de la palabra democracia, mucho menos puede tomar conciencia del socialismo y la anarquía, conceptos tan cercanos y a la vez tan desconocidos a las masas.

Es triste reconocer que finalmente EPN sí representa a la sociedad mexicana en general.  Es el reflejo de siglos de luchas que no han terminado por emanciparnos; de las traiciones de los líderes de las causas justas que los llevaron al poder; de la explotación de las riquezas de la nación y peor aún, de su gente. Aun si cayera Peña Nieto, ¿quién lo sustituiría?, ¿cómo evitaríamos otro sátrapa, otro desalmado? El problema insisto, es de fondo, es el sistema político partidista y presidencialista y la sociedad apática que lo tolera.

¿Podemos vivir sin gobernantes? Claro que sí. Desafortunadamente la idea suena tan descabellada para tanta gente, que hasta es riesgoso hacerlo público; a ese grado llega la enajenación de la sociedad, víctima de un conservadurismo dogmático fruto de la religión y de la política convenenciera. Pero existe la esperanza del hartazgo, de que algún día las contradicciones de la injusticia choquen con la realidad del hambre, el desempleo, la pobreza, la inseguridad y este régimen llegue a su fin; ese futuro no está muy lejano.

Mientras tanto seguiremos protestando por las redes sociales o exponiendo el pellejo en manifestaciones callejeras contra la visita de Trump, el plagio tesista, la casa blanca, las reformas estructurales, la represión a los maestros y maestras, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, más lo que se acumule en la semana; EPN es fuente abundante de errores de enormes magnitudes y un día de estos terminará por romperse (eso espero, por el bien de México).      

martes, 30 de agosto de 2016

Juan Gabriel, el mito y el ídolo



Juan Gabriel, el mito y el ídolo
Carlos Murillo González

Alberto Aguilera, el verdadero nombre del artista mejor conocido como Juan Gabriel, es un fenómeno de masas cuya reciente muerte pone en evidencia lo que significa el carisma: ese don de ser reconocido, querido y estimado por un amplio número de personas que en realidad le otorgan ese homenaje en honor a su obra artística, una auténtica conexión humana a través de la música.

¿Por qué escribir de Juan Gabriel (JG) cuando hay cosas tan importantes y vitales de las cuales hablar, como la crisis de violación a DDHH en México, el aumento de los asesinatos en Ciudad Juárez o el último escándalo por plagio del presidente de la república (por cierto, perfecta antítesis de JG)? Por que el grado de simpatías, cariño y polémica que sigue causando el “divo de Juárez” aun después de muerto vale la pena analizar: cómo una persona, este artista, pudo llegar a penetrar tan hondo en los corazones de millones de personas, sobre todo de América Latina.

Para quienes nacimos o vivimos en Ciudad Juárez, es casi imposible estar ajeno a la influencia de JG en esta frontera, independientemente de si te llegaran o no sus canciones, JG es parte de la identidad e historia de Juárez y serán siempre uno referente del otro; un binomio inseparable como el logrado por el gran Germán Valdez Tin Tan, otro juarense por adopción, el inigualable Pachuco de oro cuyo talento y carisma fue incuestionable.

Si los héroes surgidos del pueblo son los más puros, los más genuinos, como el caso de Francisco Villa, quien es recordado y anhelado por los estratos más humildes, hambrientos todavía de justicia, los artistas populares como Juanga, son también fácilmente adorados por que saben comprender y expresar en el lenguaje de la gente común, sus pesares y alegrías, no desconocen las dificultades de la vida enajenada y enajenante, pues forman parte de ella, llevando consigo una misión más íntima: la de darle cause a los sentimientos de las luchas cotidianas del alma, las del amor rechazado o traicionado, la búsqueda de la felicidad, el desconsuelo de la pérdida amorosa, el amor a la madre o la alegría de vivir.
  
La desgracia de ser un ídolo del pueblo es que se distorsiona la verdad exaltando  defectos y virtudes, alimentando mitos y leyendas a través de los medios y el chisme. Los detractores de Juan Gabriel, por ejemplo, parece nunca perdonarán su cercanía a los círculos priistas, su evidente afeminamiento y probable homosexualismo, desconociendo por completo al ser humano detrás de esas contradicciones. Sabemos de JG que era pueblo, era banda, exigirle la perfección o darle atributos inexistentes o quitérselos se encaminan a forjar la leyenda, pero no ayuda mucho a conocer al ser humano detrás del personaje.

La magnitud de la muerte de JG seguro dará para hablar durante días de las anécdotas personales, los momentos comunes o las historias inspiradas por sus canciones y servirá, como siempre, a los intereses políticos y económicos de quienes ganan desviando o atrayendo la atención del público para fines egoístas, aprovechándose de un duelo popular genuino, que muchos políticos sin duda envidiarán, o extrañarán, como seguro estará pensando el todavía gobernador ladrón de Chihuahua, César Duarte, en cómo sacar el mayor provecho post mortem del famoso y único divo mexicano.

Es inimaginable someter a JG al escrutinio público, al juicio político de la historia en un país de desamparados e ignorantes, conservador y machista, a un hombre que, como muchos, sufrió las vicisitudes de la sociedad de clases, de la pobreza y la discriminación homofóbica y, sin embargo, triunfó por méritos propios a pesar de tener todo en contra. Por eso el interés sociológico de comprenderlo como un fenómeno social y cultural sui generis.

Como la mayoría de los compositores y cantantes mexicanos contemporáneos y de otras épocas, su carrera más bien estaba alejada de la crítica social y política, despolitizada, a pesar de ser en diferentes momentos un recurso del PRI para eventos masivos y electorales, mas no por eso sinónimo de engaño a sus seguidores, quienes supieron y saben diferenciar entre lo artístico y lo político. También es digno reconocer su labor altruista con los niños de Juárez y hasta su discreta labor activista, en apoyo a los migrantes en EEUU.

Es importante pues reconocer el legado juangabrielesco desde un punto de vista artístico y popular, esa es su justa dimensión y por eso pudo traspasar fronteras, culturas y generaciones con una oferta musical sincera, sencilla y directa. No fue un producto creado o impuesto por las televisoras, como sí fue fruto de la cultura de masas, de hombres, mujeres, jóvenes, viejos y niños identificados con sus versos y melodías pegajosas y profundas, quedando de lado su origen humilde y sus preferencias sexuales, o tal vez, también por ello.


No deja de sorprender las espontáneas muestras de cariño, iniciativas surgidas de la propia gente, sus fans, que siguen acudiendo a sus canciones, a los recuerdos, a la conexión instantánea entre el artista y el escucha, en esa complicidad que nace del público hacia el ídolo lejano, pero sentido tan cercano, casi como un familiar, un ser querido. Sí, sí hay cosas más importantes y urgentes que resolver para el futuro de la ciudad, el país y el mundo, pero ahora también ha de respetarse el luto de la gente, un impasse necesario para retornar de nuevo a la realidad, a la cotidianidad violenta de este país y ciudad.     

martes, 7 de junio de 2016

Breve análisis del concurso electoral Chihuahua 2016



Breve análisis del concurso electoral Chihuahua 2016
Carlos Murillo González

Si los resultados no se transforman en los tribunales, de acuerdo a la amenaza del PRI por impugnarlos, la votación del concurso electoral en Chihuahua marca el retorno del PAN a la gubernatura, la mayoría de los municipios y del congreso, además de la primera ocasión de un gobierno municipal, el de Juárez, en manos de un candidato sin partido.

Mucha gente anda contenta por la promesa del candidato ganador panista, Javier Corral, por someter a la justicia al actual gobernador, César Duarte, por enriquecimiento ilícito. Además en Juárez también es motivo de alegría la derrota del candidato del PRI, el multiodiado, Héctor “Teto” Murgía, quien buscaba la presidencia por tercera ocasión. Pero seguramente si le preguntáramos a estas personas sobre las propuestas de los ganadores, la mayoría no sabrían qué contestar.

Por otro lado, desde la elección a gobernador de 1998, no se registraba una participación electoral mayor al 50%. Esto se puede deber a dos motivos principales: el voto de castigo hacia el PRI, pues prácticamente obtuvo votaciones similares a las correspondientes anteriores; es decir, no aumentó y en algunos casos disminuyó su votación, o sea, descanso en su voto duro. Y la aparición de los candidatos “independientes” pues, según los resultados del PREP, hicieron la diferencia al haber podido sumar más votantes a las urnas. Habrá de recordar que tanto José Luis “Chacho” Barraza, como Armando Cabada, son parte de la oligarquía chihuahuense y tuvieron los recursos económicos para hacerlo.

Ahora bien, estos resultados sólo indican cierto hartazgo hacia el PRI y el conservadurismo o la ignorancia política de una sociedad chihuahuense incapaz de hacer valer otros derechos además de votar. El electorado demostró estar a gusto con la derrota del PRI, pero no le molesta el modelo económico neoliberal vigente ni recuerda que las actuales reformas de Peña Nieto surgieron durante los gobiernos panistas, aunque nunca las pudieron aprobar. Menos relaciona al partido de Corral con la “guerra contra el narco” de Calderón y su herencia de sangre y destrucción, particularmente en Ciudad Juárez.

El concurso electoral es perverso por que lucra exclusivamente con este tipo de democracia y hace creer a la gente que es la única forma de hacerse ver y oír, entonces luego el electorado se decepciona cuando no ve resultados o nota como se transforma el candidato(o) gentil y amable en un déspota soberbio corruptible. Mientras no se promocionen y la sociedad haga suyos mecanismos de participación más amplios como el plebiscito, el referéndum, la revocación de mandato o simplemente la democracia participativa, no importa quien gane las elecciones, las personas no podrán evitar la corrupción y los abusos de poder.

Cuando pase la euforia de triunfo por la derrota del PRI, poco a poco la gente se dará cuenta de la ilusión electoral, que el PAN no es sino otra cara del PRI neoliberal; que en Juárez el gobierno de Cabada estará repleto de funcionarios priistas, y que, aun de cumplirse la certeza de encarcelamiento de Duarte y sus compinches, será cuestión de tiempo antes de ver nuevos escándalos de corrupción.

No triunfó la democracia en estas elecciones, ganó la continuidad del sistema político actual en detrimento de la utopía democrática, pues la verdadera democracia (el gobierno del pueblo) no puede reducirse a un concurso de ganar o perder, donde, como en el fútbol, los protagonistas son los competidores (es decir, los pocos) y los muchos apoyan desde las tribunas simplemente pagando su boleto, contemplando y echando porras.

Mientras tanto seguirán esos pequeños grupos de izquierda, esos individuos y colectivos que no pactaron con la derecha, que hacen su trabajo diario en pro de una comunidad, luchando contra las reformas peñistas neoliberales; por los derechos de todos y todas; contra el feminicidio y la desaparición forzada; contra la miltarización y la pérdida de derechos; contra el ecocidio y a favor de otro tipo de sociedad más consciente, libre y empática. Pero este tipo de personas no son del agrado de una sociedad costumbrista y conforme con las “garantías” del sistema político económico creador del narcotráfico, la limpieza social (ejecuciones extra judiciales) y la diversión enajenante.

Es difícil hacer cambios radicales por que estos tienen que surgir desde abajo, desde la propia sociedad. Esto solamente sucede cuando se conjugan condiciones de hambruna y desesperanza, cuando se pierde riqueza y se enriquece la impunidad, el poder se concentra en poquísimas manos y se vuelve imposible hasta respirar; esto último es más una realidad y no una metáfora, pues la acelerada destrucción del medio ambiente por parte del humano es un hecho bajo el actual sistema capitalista. Pero sólo el tiempo lo dirá, no hay fórmulas mágicas.

Por último, el abstencionismo debería de ser considerado con peso político desde hace mucho tiempo. Como actor es muy pronunciado y está ahí, silencioso, invisible, pero reacio a involucrarse en lo electoral. Ninguna elección es seria, por que además de la compra de votos, los fraudes y las falsas promesas, ignorar al abstencionista, insultarlo e incluso culpabilizarlo por los bajos resultados de participación, indican la derrota del sistema mismo e implicaría la necesidad de un cambio político real.
 
           



miércoles, 25 de mayo de 2016

El problema no es votar (sobre las elecciones en Chihuahua, 2016)


El problema no es votar
Carlos Murillo González

Hay mucha confusión y descontento ante las “elecciones” del 5 de junio a celebrarse en el estado de Chihuahua. El problema no es votar (la cosa más sencilla del mundo) sino todo el entramado, la cultura, los intereses detrás del ejercicio electoral.

Para empezar, usted no elige nada. La mal llamada democracia, en México, como en la mayoría de los países que se rigen por sistemas electorales periódicos, han reducido la participación democrática (es decir, la participación activa de la gente en asambleas, con voz, disensos, discusiones y propuestas) a una farsa, una simulación de justicia basada en promesas donde la mayoría de la sociedad tiene una participación mínima, casi pasiva, reducida a la reflexión y decisión personal a la hora de tachar un símbolo o un nombre en una papeleta para depositarla en una urna.

Si las elecciones han tenido momentos importantes en la política,  como el derecho al voto de las mujeres, la disminución de la edad para votar o la incorporación del referéndum y la revocación de mandato, no ha sido por benevolencia de las élites ni se ha dado de manera gratuita o por arte de magia; ha sido por largas y a veces sangrientas luchas para reivindicar ese derecho, para arrebatar un trozo de justicia y de coherencia a un poder económico que no regala nada.

Quienes compiten por un puesto de elección popular no lo representan a usted. A menos que usted sea familiar, amigo, compañero(a) de partido del candidato(a) o un rico empresario que le respalda económicamente, en realidad no va a ser representado(a) ni defendidos sus intereses si su candidato (que además no comparte nada en común con usted) resulta vencedor. Un país donde existe despolitización social y analfabetismo político; donde más de la mitad de la población es pobre, no se le puede llamar democrático por que no lo es.

¿Y quiénes osan autoproclamarse representantes de la sociedad chihuahuense? Empresarios, políticos, personas de familias de abolengo; todos sumergidos en el culto al ego, con las relaciones y el dinero suficiente para hacer campaña; gente sin necesidades económicas que desconocen los problemas sociales, cuando no son quienes directamente los provocan. ¿El empresario “Chacho” Barraza va a comprender y respetar la idiosincrasia económica del pueblo tarahumara?; ¿el abogado Javier Corral va a condenar a Felipe Calderón por crímenes de lesa humanidad de su “guerra” contra el narco en Chihuahua?; ¿el ex alcalde de Juárez, suplente del senador Carlos Romero Deschamps, Enrique Serrano, va a llevar a la cárcel al actual gobernador César Duarte por sus multimillonarios robos al pueblo chihuahuense?  
     
Si lo anterior queda claro, también debe de serlo el llamado al “voto útil” del pragmatismo político. Da pena ver a personas de “izquierda”, de corta memoria política, apoyando la candidatura del panista Javier Corral bajo el pretexto de sacar al PRI del gobierno. Cierto es que el PRI es un cáncer terrible, un enemigo feroz cuyos días deberían estar contados, pero en realidad a ese monstruo no se le puede ganar en el terreno electoral por que lo tiene cooptado; es una mafia con un ejército de enajenados y corruptos formados durante casi un siglo y en puestos clave: desde grupos de choque (civiles y policiacos) hasta quienes cuentan los votos y deciden en los tribunales.

El cinismo político es evidente, por eso la sociedad está enfadada y desconcierta. Si llevamos estas contradicciones al entorno de Ciudad Juárez, se convierten en aberraciones: un “Teto” Murguía dos veces alcalde de la ciudad y que se postula por tercera vez, es el candidato a vencer; un “independiente”, Armando Cabada, ligado al PRI, cuestionado en relación al feminicidio y además dueño de un canal de televisión; una “Vicky” Caraveo del PAN que ha manipulado políticamente a su conveniencia el tema de las desaparecidas y asesinadas.

Bajo estas condiciones, ante estos candidatos(as) votar no sirve de nada. Así le digan “vota inteligente”, “vota por el menos peor”, etcétera, aunque la intención sea buena,  no ayuda mucho. Si de veras honestamente quiere un cambio, el camino es otro. Olvídese de candidatos, no alimente onerosos sistemas corruptos ni legitime a un gobierno traidor y parásito que le esta robando la riqueza, la felicidad y la vida en sus narices.  

Usted no necesita más política, sino hacer sociología. No necesita de líderes, usted es un líder. No está solo, somos la mayoría. Al abstencionismo no se le da peso político por que ya habría hecho caer al sistema entero desde cuando, pues simboliza el rechazo a la política maquiavélica, la protesta silenciosa hacia un poder ilegítimo y por ende, la derrota de todo el stablishment tal como lo conocemos, descubriendo sus flaquezas y las formas como nos mantienen al margen, divididos, ignorantes y confundidos.

Le invito a asumir conscientemente su responsabilidad cívica y social más allá de las urnas. Si tiene ideas, proyectos, empatía por el bien común, lo podemos hacer prescindiendo de las y los políticos, de los gobiernos e incluso, de la depredadora y destructiva economía capitalista. Ya sea por su cuenta, en grupo o contactándome, podemos hacer realidad otro mundo, otra forma de vida, así sea con acciones pequeñas y modestas. Los grandes cambios comienzan con pequeños pasos.


*Carlos Murillo es fundador y único miembro del Partido del Abstencionismo, futuro ganador indiscutible de la contienda 2016.

lunes, 28 de marzo de 2016

Pornografía electoral


Pornografía electoral
Carlos Murillo González*


Foto tomada de kobini.com


Desde los últimos dos meses del 2015 empezaron las campañas electorales. Sí, los medios periodísticos en su afán de hacer noticias han visibilizado las pre pre candidaturas partidistas e independientes, especulando nombres o cínicamente cargando hacia algún partido o persona.

Las elecciones simulan ser una acción democrática, pero no lo son. Es la forma en que se “legitima” un régimen buscando ser reconocido más por otras naciones que por su propio pueblo. Por eso no importa cuántos voten o quiénes voten, lo importante es ganar elecciones, obtener el poder político.

En su afán por mantener las apariencias, el sistema político mexicano se disfraza de democracia y ante la pérdida de credibilidad inventa cosas como las candidaturas ciudadanas para dar la impresión de apertura y cambio cuando en realidad se trata de una trampa, una simulación.

El bombardeo de propaganda política, así sea para las competiciones internas de cada partido o en las recientes aspiraciones individuales independientes, aportan al desgaste de la opinión pública y no abonan a generar ciudadanía por que la satura muy anticipadamente de procesos que no le interesan. Ahí está el meollo del asunto: mantener despolitizada y apática a una sociedad políticamente analfabeta.

Tal vez las y los independientes puedan alegar ignorancia, pero lo cierto es que al entrar al terreno de la participación electoral (que no es la única manera de hacer política) legitiman un régimen corrupto y caen en su juego, o bien son parte de la estrategia de partidos o élites con intereses egoístas opuestos a las necesidades de la gente, como el caso de El Bronco en Nuevo León.

El camino electoral es pornográfico por que exhibe de manera cínica las aspiraciones de poder aún de los bien intencionados. La adicción al poder político inicia precisamente con los deseos de cambios, reformas, continuidades o revoluciones y termina convirtiéndose en el modus vivendi de un grupo, familia, hombre o mujer pero, de eso nunca se habla.

Por eso es posible en esta prostituida realidad electoral ver aberraciones como la tercera postulación (por dedazo) del dos veces presidente municipal de Juárez, Héctor Teto Murguía, para competir por el mismo puesto pese al odio y temor indiscutible que genera en muchos sectores de la ciudad, quienes no han podido evitar sus triunfos.

Lo mismo se podría decir de Julián Leyzaola, el militar torturador de triste recuerdo en Juárez quien ahora compite por la alcaldía de Tijuana. Tanto el caso del Teto como el de Leyzaola, no son dignos de un país democrático, sino de sistemas políticos corruptos que juegan a mantenerse en pie pese a sus contradicciones burlándose una y otra vez de una sociedad moldeada a la medida a sus intereses.

Pornográfico es también dentro de los independientes la cuestión del dinero, pues no es lo mismo ser la “candidata obrera Toñita”, que el “candidato del Canal 44”, Armando Cabada, cuya familia y cadena de televisión, además de reaccionarios y amarillistas, siempre han apoyado al PRI.

El sistema electoral está diseñado actualmente para darle la ventaja al PRI: el Instituto Nacional Electoral (INE) candidaturas a modo (si no gana el Teto, gana Cabada) los periódicos y televisoras más poderosos, ¡hasta el narcotráfico juega su papel electoral! El o la que no quiera ver esta situación o es ingenuo(a) o es parte del sistema.

Partidos emergentes como MORENA, con todo su entusiasmo y buena voluntad, poco a poco se encaminan en la dirección errónea haciendo las mismas acciones que han criticado a los “partidos de siempre”, sin saberse desprender de su líder nacional, Andrés Manuel López Obrador, y abanderando una falsa ideología de izquierda.

La mesa está puesta para la continuidad del PRI y migajas para los demás; para que gobernantes rateros como César Duarte no teman ser molestados por la ley y las cosas sigan como están, dejando como siempre, la estafeta de la corrupción al político ganador para solapar estas y otras atrocidades, cobrando la factura a esa sociedad dormida, enajenada y confundida que se queja, pero no sabe o no quiere arriesgarse a sacar a estos parásitos del poder.

El camino electoral no es la respuesta a las necesidades de vida de la sociedad. Es el juego maquiavélico de las élites del poder político-económico para seguir dominando a su antojo. No ha de esperarse nada bueno de esta ni las siguientes contiendas electorales.

Para sacar al PRI del poder y para evitar la priistización de los demás partidos, lo mejor es considerar alternativas políticas no electorales (revocación de mandato, juicios políticos populares, insurgencia civil pacífica, democracia participativa…) de otra manera lo único que se logra es alimentar al enemigo: la monopólica clase política-empresarial. 

*Candidato de la sociedad anónima y futuro ganador abstencionista 2016.

martes, 16 de febrero de 2016

¿Qué espera Juárez del papa?



¿Qué espera Juárez del papa?
Carlos Murillo González*

Ciudad Juárez es una urbe fronteriza con los EEUU donde unas 400,000 personas trabajan en la maquila (la principal fuerza económica) su media de estudios es de secundaria (8-9 años de escolaridad) más de medio millón de personas viven en la pobreza (incluyendo pobreza alimenticia) y desde hace varios años sigue sumergida en una crisis de violaciones a derechos humanos (comenzando con el feminicidio).

La religión católica viene perdiendo feligreses en México censo tras censo desde hace medio siglo y en Juárez no es la excepción: sólo siete de cada diez personas se identifican católicos(as) (el promedio nacional es ocho de diez) el resto de las identidades se reparte entre todas las derivaciones cristianas y en las los no practicantes (ateos, agnósticos, libre pensadores…) más o menos es la inversa del promedio de participación electoral de la ciudad (tres de cada cuatro ciudadanos(as) se abstienen de votar).

La visita de un papa, en otras palabras, no es de interés para por lo menos el treinta por ciento de la población juarense (en general, al 80% de la población mexicana no le interesa la visita papal).

Jorge Mario Bergoglio, o papa Francisco I, trae su propia agenda de interés, donde destaca su discurso por las y los jóvenes, los migrantes y la opción por los pobres. Es un jefe de Estado y a la vez es un guía espiritual jugando los dos papeles. Destaca su labor diplomática en el restablecimiento de las relaciones políticas entre Cuba y EEUU y, más reciente, en el diálogo con el papa Kiril de la iglesia ortodoxa de oriente, algo inédito desde hace mil años.

Durante la dictadura argentina (1976-1982) es elocuente su silencio frente a la tortura, la desaparición forzada y el asesinato de miles de personas. Peor aún, está relacionado con el robo de infantes hijos de desaparecidos políticos (nacidos en cautiverio) razón de existir de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo, y en el caso de dos jesuitas torturados por el régimen, a los que no quiso o supo proteger.

A pesar de los esfuerzos de los medios de comunicación por vender el acontecimiento como algo histórico, el espíritu juarense, por lo menos hasta el “Día del amor y la amistad”, no está con la visita de Francisco. Ves los grandes carteles espectaculares pagados por los empresarios en varias avenidas, pero  nada más. La ciudad sigue igual de caótica, de estresante.

El estilo de visitas de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, armando aparatosos dispositivos de seguridad, ahora también se inaugura con las visitas papales: se cierran calles, se instala el ejército y los federales, la militarización de vuelta. Todo se altera, la gente se pone neurótica y opta por no salir a las calles. Pareciera que el Estado mexicano se apresura a esconder a las y los juarenses metiéndonos miedo frente al gran evento.

La ley seca, la suspensión de clases, las instituciones de gobierno paradas un día antes y durante la visita de Bergoglio. Todo suma a quebrar, a molestar a Juárez, a dividir a los juarenses. Si es una visita de Estado, ¿dónde está el Estado laico? Esta revuelto un acto político con uno religioso y no da oportunidad para la diversidad, para el respeto al libre tránsito y la tolerancia.
El gobierno aconseja a creyentes y no creyentes a “comportarse” frente a ese día singular (febrero 17) para dar una imagen de una sociedad que no somos a unos peregrinos que no vienen a visitarnos sino por el papa. Si Ciudad Juárez va a ser usada con fines políticos, por lo menos que se sepa que no es la realidad que los medios pintan, más bien es la que ocultan. 

El jefe de Estado del Vaticano no es un santo. Es un líder equivalente a un presidente o un monarca, haciendo su trabajo, pero no deben tener esperanza quienes anden buscando a través de él, justicias específicas. Su venida es un evento para miembros de la iglesia, de la élite y para gente de fuera.

Para quienes vivimos en esta frontera, el papa nos evidencia de nuevo el Estado policiaco y trastorna la cotidianidad paralizando las actividades económicas y sociales. Recuerda al viejo PRI, el que pinta las calles por donde va a pasar el pontífice y esconde a los pobres, el Estado autoritario en resplandor.   


 *Carlos Murillo González,  “Carmugo”, candidato por el Partido del Abstencionismo y futuro ganador de las elecciones 2016 en Ciudad Juárez.