jueves, 10 de febrero de 2011

El individualismo mexicano y la amenaza estadounidense (1/2)


En la edición de febrero del 2011, la revista Nexos comparte los resultados de un estudio nacional sobre las aspiraciones de las y los mexicanos que le da nombre a su portada “El mexicano ahorita: retrato de un liberal salvaje” (http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2047019) donde exponen, entre otras características, un marcado individualismo en dos terceras partes de la población. Ante las actuales circunstancias de crisis institucional y vulnerabilidad de la soberanía nacional, vale la pena analizar este aspecto de la identidad mexicana y su influencia contextual sobre todo ante el creciente discurso intervencionista de Washington hacia México.

El estudio ofrece una panorámica amplia por edad, sexo, clase, estrato y región que permiten la representatividad nacional utilizando metodología mixta (cuantitativa y cualitativa) a la cual se le construye una categorización en cinco identidades detectadas y agrupadas para dicho fin. Independientemente de sus conclusiones, el rasgo más sobresaliente, es decir, el rasgo más pronunciado de la identidad mexicana en general, es un profundo individualismo caracterizado por una confianza en el esfuerzo personal y una desconfianza abrumadora hacia el Estado y sus instituciones. El futuro individual no ve más allá de la familia y se desconecta del futuro del país: no corren paralelos. Este hallazgo en sí mismo es importante porque permite entender cuestiones relacionadas con la unidad nacional, si existe una visión más o menos homogénea del país o la disponibilidad hacia lo social que dicen mucho de una construcción fallida de ciudadanía mexicana insatisfecha con su destino y poco solidaria entre sí.

Sumado al estudio de Nexos, Pedro Miguel realiza otro análisis basado en documentos sobre la diplomacia estadounidense en México filtrados por Wikileaks donde expone una preocupante disponibilidad de la clase política (políticos, legisladores y funcionarios) para “informar extensamente” a sus contrapartes estadounidenses. Sin duda este referente fortalece la idea anterior de un individualismo mexicano, pero en este caso además entreguista y sumiso; también es un ejemplo que explica la desconfianza de la ciudadanía al gobierno y no menos importante, el desarraigo con la nación de quienes representan los intereses de México. Este individualismo egoísta es predominante de una sociedad mexicana que no alcanza ni quiere traducirse en una unidad nacional; la desconfianza es mutua. Para ver el artículo de Miguel: http://www.jornada.unam.mx/2011/02/10/index.php?section=opinion&article=004a1pol)

En la historia de México tenemos varios ejemplos trágicos de la falta de unidad: cuando en 1846 las tropas estadounidenses llegaron a Chihuahua, el estado prácticamente los enfrentó sólo, pese a que en Sonora había fuerzas armadas disponibles y en alerta, sólo que los gringos no pasaron por Sonora y por eso no consideraron necesario intervenir; todavía no había una idea de nación. Durante el siglo XIX tanto liberales como conservadores idealizaban un México progresista e individualista al estilo de las potencias europeas de la época y de Estados Unidos: distinto al México rural, indio y comunitario. Mientras los liberales admiraban la cultura de los países protestantes, los conservadores importaban a un emperador austriaco. Todavía a finales del siglo XX y hasta la fecha el neoliberalismo instaurado en México avanza sobre la fragmentación del país, la desmantelación de paraestatales y la explotación irracional de sus riquezas, como bien nos puede decir el Tratado de Libre Comercio con Canadá y sobre todo Estados Unidos. El resultado de esta formación de México da como consecuencia una conformación de visiones que apuntan hacia afuera en detrimento del país, al cual se le ve desde siempre despectivamente en comparación.

El individualismo no es algo malo; la modernidad a partir de la Revolución Francesa nos hereda los derechos universales e inalienables del hombre y el ciudadano con los cuales procuramos regirnos, dando paso a una conciencia individual, a un posicionamiento de la persona dentro de la sociedad que antes no existía. Pero cuando esa individualidad degenera y es alienada su condición resulta peligrosa, porque permite la aparición del egoísmo, el egocentrismo o la egolatría, con efectos directos negativos en la supervivencia colectiva, el interés por las cuestiones públicas, la apatía y abandono de lo político, lo comunitario, resumido en el fenómeno alentado desde el Estado llamado despolitización social con un alto grado de analfabetismo político, partiendo desde la formación escolar e ingresado luego en otra cultura alienante: la del consumismo económico y la búsqueda del placer inmediato, a la vez muy ligada a la superestructura del capitalismo neoliberal. Con la despolitización se ha gobernado a México a partir del movimiento estudiantil de 1968 y con el consumismo económico a partir de 1982 con la llegada al poder del PRI neoliberal.

Anteriormente se creía en el imaginario colectivo que la “perdida” de la identidad nacional se daba principalmente en los estados y ciudades fronterizas del norte de México, por obvias razones de influencia diaria con el vecino país, pero todo parece indicar que es sólo un mito, dado el resultado del estudio de Nexos. El individualismo mexicano está férreamente enraizado en esta sociedad incapaz de verse más allá de la familia, lo cual sugiere de inmediato la influencia del cristianismo, sobre todo católico, en ese posicionamiento. La familia “cristiana”, tanto como el neoliberalismo capitalista promueven la despolitización y la fragmentación social en detrimento de la identidad nacional y la seguridad del territorio y los intereses colectivos. La relación del poder político-religioso en este país es un aspecto a estudiar para comprender las formas de control social que permiten la existencia y prevalencia de una sociedad tan individualizada y su relación con la gobernabilidad e intereses de las élites gobernantes y grupos de interés, como las transnacionales y las religiones.

A diferencia de las y los estadounidenses, una sociedad profundamente individualista y egocentrista, el orgullo nacionalista está ausente en México. Mientras los gringos mantienen un constante bombardeo a su sociedad de corte nacional-imperialista para mantener el espíritu alto en un ambiente sumamente competitivo y desigual basado en el esfuerzo individual, la gobernabilidad se da por la satisfacción consumista, manteniendo un interés individual y aislacionista como consecuencia de su política exterior que le permite, todavía, consumir el 40% de los recursos naturales del mundo para satisfacción de su sociedad. Por el contrario en México no existe ese sentido de pertenencia y orgullo nacional, debido, además de lo anteriormente expresado, por la vecindad con el imperio, el cual no permitiría de ninguna manera su desarrollo de manera que le resultase en competencia y ha actuado en consecuencia incluso, construyendo y divulgando un estereotipo del mexicano flojo, sin iniciativa y corrupto para su conveniencia, pues eso explicaría el subdesarrollo mexicano y no las decisiones políticas o su intervencionismo.