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jueves, 14 de mayo de 2015

Enajenación y elecciones







Enajelecciones
Carlos Murillo González


Ciudad Cárcel, Chihuahua, primavera del 2015


El tiempo transcurre detenido en el siglo XX. Empieza un ciclo electoral, termina otro. El único momento en que la “política” está permitida: la “ciudadanía”  “participa” en prácticamente una de las pocas opciones pacificas para ejercer al menos, un posicionamiento.

El porfiriato no se ha ido, regresa con refuego neoliberal a proseguir el saqueo de la nación, ahora en su versión transnacionalizada. Al menos Díaz era un nacionalista, mientras sus herederos del PRI, PAN, PRD y demás, equivalen a los Conservadores del siglo XIX, los mismos que trajeron a Maximiliano y Carlota. Con el México independiente se celebran elecciones más o menos periódicas, para terminar con la farsa electoral porfiriana en teoría sepultada, ya entrado el siglo XX. El siglo XXI todavía no empieza.

Todavía hay muchos fanáticos de Díaz,  conservadores neoliberales (perdón por el pleonasmo: conservador = neoliberal, así salió el engendro) mutantes clasistas/racistas/misóginos, con aspiraciones aristocráticas, dispuestos a hacer negocios turbios a expensas de la riqueza de la nación, que es patrimonio de todos y todas; o del perjuicio a la salud, economía, cultura y territorio de las personas, así como de daños irreversibles al medio ambiente. Ya no es necesario el virrey cuando se es un protectorado (“aliado”) estadounidense.

Pareciera que ya no es la historia de México, sino la de un país que fue.

Así las elecciones aseguran el tan preciado orden social. Pero, ¿quiénes votan? En el siglo XIX, al menos en el estado de Chihuahua votaban los hombres mayores de veintiún años con alguna propiedad; es decir, terratenientes. Indios, pobres y mujeres estaban excluidos. La revolución de 1910 supuso la teoría del fin del fraude electoral y la reelección presidencial, pero las mujeres alcanzaron el voto hasta 1957 y las y los jóvenes de dieciocho años hacia 1967. Aún así, hoy se vota menos.

Las elecciones son una forma ordenada de simular democracia (gobierno del pueblo) tanto en países capitalistas como socialistas. Las elecciones son una herramienta política, y no per se, un sinónimo de democracia, ¿será que la gente lo sabe? Tal vez no sepa qué es democracia, pero sabe de lo de Ayotzinapa, de la injusticia y de la pobreza. Hoy votan los más pobres y los más ricos por intereses encontrados; en medio una gran masa se desgrana entre votar o no votar; entre el fútbol, las telenovelas y algo que no comprende.
 
La anestesia es eficaz. La gente añora regresar al pasado, a soñados mejores tiempos que nunca existieron. No se dan cuenta que un tal Duarte les está robando su dinero y quitando el futuro a sus hijos e hijas. Prefiere ignorar las atrocidades cometidas en Juárez y la Sierra Tarahumara antes que solidarizarse con víctimas y activistas. Esta es la gente más peligrosa, la más dañada; la posible víctima o victimaria de la constante violencia del Estado policiaco-militar.

Votar legitima al sistema y a la vez es casi el único recurso conocido de participación ciudadana. Una participación sumisa, lacaya, despreciable y despreciada. Las elecciones se han vuelto un desagradable y caro circo que no divierte a nadie, no hace falta promover el abstencionismo, la política está en otra parte.

La lucha de clases la van ganando los conservadores (empresarios, partidos políticos, ejército, iglesia católica) unidos para mantener el status quo por las buenas, y sobre todo por las malas. Las banderas en contra del próximo fracking por venir, contra el feminicidio, el alto a la violación a los derechos humanos o las exigencias de justicia y reparación del daño para tantas personas afectadas por la todavía vigente y censurada “guerra contra el narco” brillan por su ausencia. Esas cuestiones no se ven ni se tocan, mucho menos hechos concretos como las catástrofes de la fábrica Blueberry y el Aeroshow.

En México votar es un derecho, mas no una obligación. Para muchos(as) es un dilema ético, pues implica cuestionarse el beneficio o desperdicio del voto (particularmente su voto) para otro tanto es un esfuerzo inútil, un acto superfluo. Quienes ven la utilidad del voto suelen cuestionar a quienes no lo hacen. Quienes practican una política más allá de lo electoral, suelen criticar a quienes sólo votan. Una vasta parte de la sociedad no lo hace por motivos mucho más humildes (despolitización social y analfabetismo político) que a veces ni alcanza a comprender.

La democracia es una bandera política de lucha tanto de izquierda como de derecha. Los primeros buscan la horizontalidad, la igualdad de las mayorías de manera equitativa. Los segundos enfatizan el lema de la libertad (sobre todo económica) basada en el individuo y el orden jerárquico. La democracia electoral es una herramienta política para legitimar regímenes, nada más. Si quiere democracia, la tiene que aprender desde niño(a) en la casa, la educación u (opcional) la religión, pero todos sabemos que la familia, la escuela y la iglesia, suelen ser instituciones más bien autoritarias.

Hay además otras formas de hacer democracia o ir más allá de ella: autogestión, autonomía, acracia, tribunales populares, cooperativas y cuando éstas fallan, también están las protestas y mítines, la resistencia civil pacífica, el boicot, la revocación de mandato, el plebiscito o el referéndum. La democracia es mucho más participativa que sólo salir a votar.



viernes, 6 de septiembre de 2013

¿Otoño en Chihuahua?


  
Valentía, Lealtad, Hospitalidad
Lema del escudo del estado de Chihuahua

Septiembre, el mes patrio; octubre, Movimiento Estudiantil del 68; noviembre, revolución. El otoño tiene un significado profundo en la memoria histórica de las y los mexicanos. Si algún evento importante en la vida del país va a suceder, hay muchas probabilidades de que suceda en esta época del año.
¿Qué influencia tiene el otoño para la gente de esta nación?, ¿será el clima, será mera coincidencia o será un ciclo de vida repitiéndose? Aún no sabemos. Lo que sí sabemos es que el resultado de esas fechas conmemorativas son el fruto de muchos años de soportar problemas políticos, sociológicos y económicos impactando de lleno la vida cotidiana de sus habitantes (incluida la vida vegetal y animal) y empujando hacia la lucha política como forma de solución a una situación anómica. El resultado es lo que somos.
En el estado de Chihuahua, su historia nos cuenta de guerras del gobierno contra los indios y contra los gringos; de la guerra de la gente contra su gobierno en 1910; del ataque al cuartel militar de Madera por la guerrilla rural y luego por la urbana de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Poco menos conocidas son la Rebelión de Tomóchic a finales del siglo XIX por cuestiones religiosas y las innumerables guerras y otras formas de resistencia tarahumaras contra el gobierno y cultura chabochi. Finalizando el siglo XX, las luchas pacíficas por la apertura democrática y el respeto al voto son el preámbulo de la actual diversidad de nuevos movimientos sociales de todos los sabores y tamaños: feministas, agrarios, ecologistas, estudiantiles, pacifistas…
¿Cómo es el siglo XXI chihuahuense? En el año trece del tercer milenio, los flagelos cotidianos son: los malos gobiernos, la violencia del narco, la inseguridad en general; la mala educación y la pésima alimentación, con altos índices de homicidio, feminicidio y juvenicidio; bajísimos índices en gusto por la lectura, número de museos, bibliotecas, librerías, etcétera; primeros lugares nacionales en diabetes, obesidad, hipertensión. Políticamente con baja participación y cultura democrática; sociológicamente mayormente urbana y mestiza, con marcadas diferencias de clase y estrato. La economía debilitada y las familias empobrecidas. Solamente el Estado festejando ficticias cifras alegres y privilegiando a las élites.  
Con el abrumador avance del PRI en todos los niveles de gobierno y “representación” popular, lo hace un rival poderoso, fortalecido más con su recuperación del gobierno de la república. El neoliberalismo ahora característico de este partido, presenta una de sus puntas de lanza en México en la fronteriza Ciudad Juárez, donde se experimenta con una economía neoliberal desde hace treinta años, haciendo de esta ciudad maquiladora un conglomerado anómico, un lugar donde se experimenta con el capitalismo en distintas formas y, una combinación posmoderna de puerto pirata con pueblito del Viejo Oeste: un lugar donde se trafica legal/ilegalmente de todo y a todas las escalas.   
Claro que existe también la reacción de la clase en el poder y la burguesía que aspira al poder: esa sociedad filoempresarial, despectiva, fría y conservadora, alineada a los gringos y a la Iglesia católica y aliada del PRI en lo político, no duda en violentar los derechos del grueso de la población si es necesario. El Estado chihuahuense se apoya en los sectores más reaccionarios del estado encaminándose hacia el fascismo en la forma de Estado policiaco como garante del status quo. La diferencia es: ante este escenario difícil, puede haber una confrontación de intereses económicos contra derechos sociales (derecha contra izquierda) como de hecho está sucediendo a baja escala (guerra sucia) con la limpieza social y la satanización de los movimientos sociales en muchos medios de comunicación, sobre todo los masivos.
Las manifestaciones espontáneas en contra del gobierno estatal a finales de agosto en la ciudad de Chihuahua, ocasionadas por la corrupción, la mala planeación y el pésimo inicio del nuevo sistema de transporte público, Vive Bus, obtuvieron como respuesta represión policiaca. En Ciudad Juárez (la principal economía y la única metrópoli de la entidad) mil seiscientas personas se han amparado contra la autorización de una escolta personal por tiempo indefinido para el actual presidente municipal y su jefe de policía cuando terminen su gestión. Ascensión, en el norte del estado, en el 2010 todo el pueblo se sublevó contra la inseguridad y tomó la ciudad para rescatarse de los grupos de secuestradores extorsionistas. También desde la implementación y continuación de la fatal “guerra contra el narco” calderonista-peñista, el incremento  de la represión, las agresiones y asesinatos de periodistas, activistas, derecho humanistas (y en general, de todo movimiento social) se incrementa en todas las regiones del estado: Ojinaga, Delicias, Parral, Cuauhtémoc, las regiones serranas tomadas por el narco… ¿cuál municipio se libra de esta situación?
Motivos no faltan para el malestar social en Chihuahua…y en Sonora, Michoacán, Nuevo León, Tamaulipas, Guerrero, Morelos… A nivel nacional las reformas neoliberales del salinato peñista en la educación y los intentos de venta de PEMEX, han levantado la alerta a buena parte de la población y la sociedad civil organizada. ¿Qué va a pasar cuando sea imposible taparse los oídos, callar o voltear a otro lado ante esta realidad, cuando el internet falle y nos devoren los gringos?      
Septiembre, inicio del otoño y, ¿la revolución?  

viernes, 8 de marzo de 2013

Semana negra para la prensa en Chihuahua



El domingo 3 de marzo es asesinado en Ojinaga el periodista Jaime Guadalupe González Domínguez, director del periódico en línea Ojinaga Noticias; en los primeros minutos del miércoles 6 de marzo, son balaceadas las oficinas de El Diario y Canal 44 en Ciudad Juárez; un día antes y un día después, roces de periodistas con el jefe de la policía de Ciudad Juárez, Julián Leyzaola y con los guardias del gobernador del estado, César Duarte. El viernes 8 de marzo aparece una carta pública del columnista político Jaime García Chávez sobre la desaparición de sus textos dominicales y/o posible censura en El Heraldo de Chihuahua.

Los primeros cien días del nuevo-viejo régimen nos da, como las cabañuelas de inicio de año, una panorámica del porvenir. Es sin lugar a dudas a través de los símbolos como representamos la cotidianidad y la “realidad” para, de alguna manera, incidir o protegerse de ella. Es mal augurio la continuación del asesinato a periodistas y la justificación del Estado policiaco como única salida a la violencia. Hasta un niño(a) de primaria sabe que la violencia (es decir: la pobreza, el hambre o la avaricia) son origen de la delincuencia y no consecuencia. Por eso llama la atención los atentados a los diversos medios de comunicación y libre pensadores en tan poco tiempo, pues pareciera un pretexto del Estado para seguir militarizando, pero no necesariamente para hacer justicia. Ahí el tristemente célebre caso del doctor Víctor Manuel Oropeza, legendario columnista político asesinado a principios de los años noventa del siglo pasado, primer mártir de El Diario.

Otros actores políticos sensibles al terrorismo de Estado son las organizaciones derechohumanistas y los movimientos activistas de todos los colores, quienes desde iniciada la “guerra” contra el narco, no han dejado de ser acosados(as) amenazados(as) e incluso asesinados(as) en estos años de guerra sucia a la mexicana. El vivo ejemplo desde hace veinte años, son las madres y familiares de desaparecidas y asesinadas, las víctimas del feminicidio quienes hasta el día de hoy, siguen padeciendo la multiplicación de sus desgracias por ser pobres, invisibles y desechables para un Estado neoliberal representado por quienes sólo se sienten seguros rodeados de decenas de guaruras y en ambientes empresariales y religiosos de alta jerarquía.

Que el cuarto poder sea amenazado no es buena señal para las y los mexicanos en general. La libertad de expresión es un síntoma de la buena salud de una sociedad dada; cosa contraria, en una sociedad donde priva el miedo y la violencia, perjudica la salud pública enfermando las mentes de sus integrantes. La censura, el toque de queda, el silencio y la denuncia anónima se convierten en herramientas para dividir más a la sociedad. La lucha de poderes suele no respetar lógicas pacíficas sino la lógica de la fuerza: es más fácil imponer que dialogar. También da cuenta del valor de la vida y lo que llaman las buenas gentes de derecha como “pérdida de valores”. Estos atentados en Chihuahua, ¿son réplica de los atentados a la prensa en Tamaulipas o más recientemente a El Siglo de Torreón, Coahuila, aparentemente ambos ocasionados por el hampa? O bien, ¿obedecen a cuestiones políticas y de gobierno?

Los atentados a los medios de comunicación, a la prensa y a la libertad de expresión vulneran también el derecho a la información de la sociedad y hacen irremediablemente visible la violencia imperante en Chihuahua, que habrá disminuido en cantidad, pero se ha extendido a todas partes del estado. No puede presumir el gobierno del estado como suyo el logro de la disminución de los homicidios (los feminicidios siguen a la alza) por que no es debido a ninguna de las estrategias aplicadas; pare evitar engaños y como ejemplo de honestidad, se deben regresar premios inmerecidos otorgados al gobierno municipal de Ciudad Juárez, por méritos que no son suyos (también en cuestión de disminución de la violencia).

Es un mito el regreso al orden y la paz en Chihuahua. Una semana basta para comprender la dimensión del problema y el reto que se nos avecina a las y los chihuahuenses: la entidad sigue siendo peligrosa, sobre todo para ciertos oficios, como el periodismo. Una de las grandes críticas a la autoridad es que no previene, no investiga y no aprehende (prácticamente sus tareas) y que sólo encuentra soluciones en chivos expiatorios de grupos vulnerables (pobres y jóvenes) cuando no amedrenta a personas pacíficas, sin tocar a sus propias filas. No es ajeno a la opinión pública las amenazas y acciones de Julián Leyzaola contra las y los trabajadores de la información en la fronteriza Ciudad Juárez; no ha de descartarse esa línea de investigación en el caso de los atentados a El Diario y Canal 44, ¿pero quién la investigaría? Hasta la Comisión Estatal de Derechos Humanos le tiene miedo a este personaje.

lunes, 29 de octubre de 2012

Ruteros asesinos. De Ciudad Juárez con amor




El transporte público es otro espacio político-económico monopolizado por sindicatos afines al PRI, grupos anómicos que gozan de impunidad. Esa es la razón por la cual siguen siendo los principales causantes de accidentes, muchos de ellos fatales, sin que el Estado pueda (o quiera) someterlos a la ley.

Transportistas de la CTM, FUTV, CROC…todos están cortados con la misma tijera: unidades y choferes sucios, groseros, acelerados, con la más mínima educación y cero capacitación o entrenamiento. Viajar en camión, en la rula, significa música popular mexicana a todo volumen, incluidos los narcocorridos, indiferencia y/o prepotencia del chofer, competencia entre ruteros a altas velocidades y sin precaución, con poca cautela y respeto tanto al usuario transportado, como al que usa las calles. Dejar en manos de dichos y peligrosos personajes, no sólo el llegar a tiempo, sino la propia integridad física, es un deporte extremo en Juárez, aunque no se sea usuario.

Cualquier intento de democratización de estos sindicatos han ido directamente al fracaso. Son una fuerza considerable, a parte de troglodita, no sólo para ganar elecciones, también para amedrentar a “grupos rivales” (competencia) y en el presente caso, de secuestrar las vialidades impunemente sin visos de arrepentimiento. Por eso no es de extrañar que los diputados y senadores salidos de estos grupos de poder, sean los más reaccionarios a los intentos de la actual reforma constitucional al trabajo de ser transparentes, pues va contra su cultura y modus operandi.

Según datos del Observatorio de Seguridad y Convivencia Ciudadana del Municipio de Juárez, en el 2011 hubo 4,473 incidentes viales, con una tasa de lesionados por cada 100 mil habitantes de 165.3 con un promedio de 13.77 (14 personas por cada 100 mil habitantes) y con una tasa de lesionados de 49.2 por cada 100 incidentes,  mientras que de enero a junio del 2012, lleva una tasa de lesionados de 14.88 (15 personas u 88.9 total) y una tasa de lesionados de 47.9 en 2,470 incidentes. La tendencia no sólo es alta sino a la alza. Ver: http://observatoriodejuarez.org/dnn/Estadisticas/IncidentesdeTránsito.aspx

Aunque no hay disponibles al público estadísticas de este tipo de incidencias que señalen o distingan a los ruteros, según una entrevista con el jefe de transporte de la región, Jesús Manuel García Reyes,  al 18 de octubre del presente año, 314 choferes de transporte público (de pasajeros) han participado en “accidentes de tránsito conduciendo su unidad, de los cuales 225 resultaron con responsabilidad.” Ver:

Para dar una idea de la desazón con la que laboran dichas personas, unos cuantos ejemplos de notas periodísticas de los últimos días: “Un rutero que atropelló a dos mujeres y mató a una de ellas en la zona centro, mientras jugaba carreras con otro conductor, fue presentado ayer frente a un juez de Garantía” http://www.nortedigital.mx/article.php?id=25104  Otra: “Choque entre ruteras deja 20 lesionados http://www.larednoticias.com/noticias.cfm?n=90346  y la más reciente, del lunes 29 de octubre: “Muere hombre atropellado por rutera en la zona centro”. http://arrobajuarez.com/notas.php?IDNOTA=28132&IDSECCION=Portada&IDREPORTERO=De%20la%20Redacci%F3n

Mientras los retenes “anti-ebrios” para automovilistas se instalan impunemente en las calles violando la Constitución por parte de agentes de tránsito municipales, con afán sobre todo recaudatorio y arbitrario, para con los ruteros hay condescendencia y tolerancia, quedando todo siempre en futuras sanciones como, retirarles concesiones de ruta. Los gobiernos, así sean emanados del PRI, no pueden con los ruteros, aunque el negocio de la “concesión de rutas” está sujeto a los permisos municipales, lo cual se presta a sospechas de corrupción.

En un trabajo del sociólogo Luis Manuel Lara,  “La despersonalización de responsabilidades en el caso del transporte público de Ciudad Juárez,” expone la gravedad del problema, aun sin hacer énfasis en las incidencias mortales. Según Lara el ruteo, tanto en unidades y choferes como en servicio, no cumple con los requisitos mínimos de calidad y peor aún, nadie, o muy pocos, están contentos con el servicio; todos se echan la bolita (autoridades, concesionarios, choferes, usuarios) pero de todas maneras la sociedad es la que sigue teniendo desde hace décadas un pésimo servicio, que puede incluso costarle la vida. Ver:

La intocabilidad del gremio de ruteros es un ejemplo de anomia desarrollado por la forma autoritaria del Estado priista, que reprime a sus críticos, pero tolera a sus agremiados así sean delincuentes. Lo malo es que este grupo de poder en particular tiene secuestradas las calles y no tiene para cuando cambiar para bien. En el imaginario colectivo juarense, las ruteras son más que responsables de la inseguridad vial; pero es un mal necesario al que no pueden renunciar, pues la ciudad, mal planeada, insegura y gobernada por empresarios insensibles y cómplices, es incapaz de poner orden a esta horda de personas poco solidarias y egoístas, como suelen ser los agremiados a los sindicatos charros ruteros.