miércoles, 3 de febrero de 2010

Reflexiones sobre Ciudad Juárez



El cargo de Presidente de la República sólo es renunciable por causa grave, que calificará el Congreso de la Unión, ante el que se presentará la renuncia.

Artículo 86, Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Al igual que muchas otras personas en Juárez, me sorprende y me conmueve las matanzas a las que no terminamos de acostumbrarnos; me preocupan mi familia, amigos, compañeros, que todos los días salimos a las calles sin saber qué va a pasar, pero el sentimiento es igual si te quedas en casa, ¿qué va pasar?, ¿quién sigue?, más los delitos, robos, extorsiones y demás que se han desatado a raíz de la “guerra contra el narco”.

Después de la masacre del sábado 30 de enero en el que perecieron muchos jóvenes estudiantes, se sigue asesinando, pero por el impacto de la noticia, ya ni nos damos cuenta de “las otras” muertes. Pareciera que el tiempo se detiene en Juárez hasta la siguiente matanza que borre en el recuerdo la actual; así ha pasado con las masacres en los centros de rehabilitación; con los asesinatos de periodistas, luchadores sociales, estudiantes y académicos; con los Le Barón, con Creel y en general, con todos los homicidios, feminicidios e infanticidios que nos hacen olvidar incluso, injusticias tan vigentes como las de Lomas de Poleo.

Como especialista de lo social, no deja de sorprenderme el “aguante”, paciencia, pasividad, enajenación o temor de mis paisanos(as) ante tanta impunidad. En otros países, incluyendo los del llamado “tercer mundo”, por muchos menos motivos y muertes, la gente habría reaccionado. El año pasado, por ejemplo, el asesinato de un joven inmigrado en Grecia provocó una violenta reacción nacional. Las guerras en Irak, Afganistán o los derechos de de la población gay generan incluso simpatías internacionales, pero nosotros (las y los “juarenses”) ni siquiera tenemos lástima de nosotros mismos.

Esta situación increíble me intriga. Pienso en la clase política, en sus torres inaccesibles, ajenos a los acontecimientos sociales, fríos y hasta frívolos en sus declaraciones, prometiendo y prometiendo lo que no van a cumplir. Pienso en el SNTE y sus profesores, si no tendrán qué ver en el atolondramiento del estudiantado. Pienso también en las universidades públicas, cooptadas por el PRI, si no son de alguna manera cómplices de las circunstancias. A estas alturas todos me parecen sospechosos.

Veo cómo los medios de comunicación sacan provecho de las noticias, sentencian a criterio las notas o desvían la atención con noticias menos importantes, pero mediáticamente más vendibles, como el caso del jugador Cabañas en estos momentos, que roba titulares y tiene una amplia cobertura. Noto cómo la jerarquía católica se intromete en la vida política del país, defendiendo lo que ellos consideran el derecho a la vida e intrometiéndose en la vida sexual de la población, pero haciendo mutis hacia lo que sucede en Juárez ¿?

Me irrita cómo los partidos políticos gastan millones de pesos en campañas electorales y son incapaces de generar democracia, con una actitud cobarde (por que eso es lo que son: cobardes) hacia la sociedad que dicen representar. También me provocan impotencia y rabia los retenes, cateos y revisiones policiacos-militares de rostros cubiertos y armas hasta los dientes, donde tan sólo por el hecho de caminar o circular por las calles de Juárez o incluso en tu propia casa, se te da trato de delincuente o sospechoso.

Muchos ex alumnos y conocidos me preguntan qué hacer, pero cuando les digo que tenemos que organizarnos y exigir, se desaparecen. Otras personas asumen posiciones pesimistas y consideran que en Juárez no hay nada que hacer. Mucha gente abandona la ciudad, otros no pueden irse; muchos más caen en depresión, no hay que olvidar que la crisis económica mundial afectó muy fuerte a esta ciudad maquiladora y no hay trabajo. La frontera norte del Río Bravo se custodia con vehículos de la Border Patrol (sí, esa que en el canal del Nat-Geo aparece como “heroica”) cada media milla; la sensación de vivir encarcelados en Ciudad Juárez es real.
¿Ha valido la pena la “guerra contra las drogas” del irresponsable y espurio Felipe Calderón? Las miles de muertes y el aumento en el consumo indican que los operativos conjuntos son un rotundo y costoso fracaso. En dos años no se ha capturado a ningún capo grande ni se han desmantelado cárteles, pero aun si así fuera, ¿cuánto tiempo se tardarían en formarse nuevos capos y nuevos cárteles? El mercado de las drogas goza de cabal salud. Para ser un parapeto del fraude electoral del 2006, esta “guerra” nos ha salido muy, muy cara y Calderón un verdadero peligro.

Por el bien del país, poniendo como ejemplo a Ciudad Juárez, Calderón debe renunciar (revocación de mandato) y enfrentar un juicio político popular, junto con el gobernador de Chihuahua, el alcalde de Juárez y los procuradores de justicia federal y estatal. ¡Se tiene que parar esta guerra ya! Y se tienen que ir todos ¡ya!

¡NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES!
Revolución MMX

1 comentario:

Telsa dijo...

Carlos:
Tome parte de tu articulo para comentar en la pagina de FB de Javier Corral.
http://www.facebook.com/profile.php?v=feed&story_fbid=1189227138143&id=1452270145

Saludos, seguimos en la linea de la resistencia.