martes, 26 de abril de 2011

Ley de seguridad, vuelta al autoritarismo




Culpable o no, ahora tu libertad está en juego

Eduardo Cisneros



El fascismo trata afanosamente por establecerse de manera legal en México de mano de la clase política, esa amenaza permanente de hombres y mujeres sin escrúpulos capaces de escupir a su madre o vender la patria si es necesario con tal de seguir mamando del poder. La criminalización de la sociedad no sólo lleva en marcha lo que tiene Calderón de presidente espurio, ahora también será una excusa para reprimir cualquier manifestación legítima u antigubernamental.

El Estado policiaco es una realidad desde hace años en este país de relaciones súbdito-autoritarias. Un Estado policiaco-militar sería el resultado de esta iniciativa presidencial cuya maniobra legislativa, en caso de ser aceptada, violaría de entrada la Constitución, estableciendo algo así como una democracia dictatorial: las elecciones (como ahora) legitimarían un régimen donde el presidente tendría amplios poderes para usar a discreción bajo el pretexto de la seguridad nacional, como de hecho ya está pasando actualmente. Al aprobar la ley, no sólo se estaría legitimando una actividad en estos momentos anticonstitucional, sino otorgando algo más que poder a la figura presidencial: estaríamos entrando en una nueva era involutiva en la historia de México.

La “guerra” contra las drogas, ese chantaje hipócrita de los gobiernos de Calderón y Obama para justificar el genocidio en México y garantizar el suministro de drogas hacia los Estados Unidos, establece una situación absurda de instabilidad social provocada por sus gobiernos (violencia y terrorismo de Estado) para mantener un permanente estado de miedo en la población, lo que llama acertadamente Naomi Klein como la doctrina de shock, donde expone una nueva técnica guerrerista (presumiblemente de origen estadounidense) consistente en generar miedo y confusión en una sociedad dada para facilitar reformas impopulares.

En Ciudad Juárez, por ejemplo, se aplica una doctrina de shock en la seguridad pública conjugándose con varios años de mala economía. Siendo una economía predominantemente maquiladora, la crisis mundial económica (2007-) y la militarización de la ciudad por la “guerra contra el narcotráfico” (2008-) han envuelto a la población en una constante vorágine de destrucción sin salida, invadida psicológicamente además, por el bombardeo diario de las massmedia sobre la terrible situación con especial énfasis en destacar la tragedia del sufrimiento humano. La actual crisis hace expresar desesperadamente a su ciudadanía despolitizada cosas como pedir la entrada de los cascos azules de la ONU o del Army estadounidense, aplaudir la limpieza social de los grupos paramilitares o anhelar el regreso a un inexistente pasado “pacífico” en comparación con la violencia actual (Ciudad Juárez ya figuraba entre la urbes más violentas de México).

La propuesta de Ley de Seguridad Nacional calderoniana permite ver tanto su desesperación ante el fracaso de sus iniciativas guerreristas, su miedo a enfrentar a una sociedad mexicana cada vez más exigente y molesta con su gobierno, así como la preparación a modo en el terreno de la sucesión presidencial camino a la elección del 2012, además de su obvia personalidad autoritaria. Calderón apuesta a chantajear al PRI amenazando con ajustar cuentas con tanto gobernador y ex gobernador priista corrupto para aprobar dicha propuesta, que parece le está dando resultados.

Si se llegase a concretar esta ley, estaríamos en el camino de regresar al viejo autoritarismo priista de partido de Estado donde se hacía lo que el presidente en turno quería; o bien es de esperar un retroceso mayúsculo al estilo de las “democracias” árabes hoy desenmascaradas por sus propias sociedades: países “dirigidos” por dictadores o peleles asociados a Washington, las grandes transnacionales y las políticas neoliberales en perjuicio de su gente. La verdad no estamos muy lejos de esta realidad, sólo falta su legitimización política, claro, sin participación ciudadana.

Las amenazas a la humanidad de este siglo se relacionan con la enajenación mental: consumismo, falta de compromiso social, búsqueda del placer inmediato, entre otros, fácilmente manipulables hacia lo que el periodista Manuel Freytas llama Guerras de cuarta generación un invento estadounidense consistente en la conquista de las sociedades por medio de sus mentes (guerra psicológica). El discurso político y mediático de la lucha contra el terrorismo va encaminada hacia ese fin; la iniciativa de Calderón sería una mala copia influida por lo anterior.