miércoles, 5 de enero de 2011

El fin de la lucha de clases

 
Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo
y con sus hechos los traicionan.

 Benito Juárez

 
“La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases” así inicia el Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Marx y Engels en 1848. Siglo y medio después la frase sigue vigente más que nada, por los constantes conflictos y problemas ocasionados por los grupos de poder contra la humanidad y el medio ambiente en un mundo globalizado, ¿estaremos cerca de la lucha que ponga fin a esta sinrazón para organizar otra sociedad humana más inteligente y menos autodestructiva?

 
En la idea de contar ciclos anuales para reflexionar sobre pasado y futuro, el horizonte para el 2011 no se distingue optimista en comparación con los años posteriores recientes como tampoco para el futuro inmediato. En México como en Estados Unidos, Europa o Asia, la crisis económica mundial neoliberal y el arrastre de siglos de explotación, injusticias y genocidios, nos tienen atados(as) a un destino igual o peor al que ha conocido nuestra especie. No hay posibilidades de solución, sólo ciclos que se repiten (luchas de clase) en una dialéctica negativa sin alcanzar el estruendo de una nueva era exenta de guerras y de privilegios para unos pocos.

 
Los intelectuales de derecha suelen confundir malévola o ingenuamente la lucha de clases como una propuesta bélica constante, interminable, que genera odio, destrucción y fomenta la división social. Obviamente no han entendido nada sobre emancipación y niegan la realidad del mundo construido día a día desde hace milenios en base a engaños, alienación y pretenden cambiar los papeles de forma maniquea para presentar a los hombres y mujeres de izquierda como retrógradas peligrosos sin, por supuesto, escandalizar por el ejercicio de dominación político-económicas de las élites (gobiernos incluidos).

 
¿Qué significa el fin de la lucha de clases? El momento en que superemos como humanidad el grado de enajenación productora de sociedades jerarquizadas para beneficio de unos cuantos; por consiguiente, el fin de las condiciones que originan los conflictos, las contradicciones, las guerras, ¿es difícil comprender esto? No, lo que es difícil es lograr convencer por vías pacíficas a quienes se enriquecen y benefician de forma egoísta, a quienes hacen mal uso del poder. Cada nueva lucha nace con la esperanza de ser la última, pero hasta el momento eso no es posible; hemos pasado del esclavismo al feudalismo y ahora estamos en el capitalismo esperando o provocando la crisis que dé lugar a un cambio sustancial, a una nueva era de las relaciones humanas.

 
El ejercicio del poder sin duda es una acción que requiere de mayores y profundos estudios si buscamos encontrar la solución a las contradicciones humanas. Michel Foucault y Max Weber nos han aportado nociones al respecto, pero falta más, mucho más si queremos comprender y transformar la condición humana actual. ¿Por qué nos engolosinamos con el poder?, ¿cómo es que la avaricia y la ambición devienen en vicio?, ¿han fracasado las revoluciones sociales?, ¿somos destructivos por naturaleza o es algo culturalmente aprendido?, ¿por qué la riqueza genera pobreza?...sin duda hay muchas interrogantes por resolver.

 
Hoy la lucha de clases está presente en pequeños y grandes movimientos sociales; en individuos y sociedades; en la gente que quiere vivir en paz y libertad, con inteligencia y alegría, en rebeldía a las innumerables injusticias y corruptelas de gobiernos, instituciones, empresas y movimientos reaccionarios. Hoy los enemigos de la humanidad y de sí mismos (pues sin duda son desleales a la especie) siguen en el poder escudándose detrás de la democracia, la libre empresa, el futuro luminoso y otros engañosos discursos para justificar que las cosas no cambien, imponiendo su visión del mundo y retrasando la emancipación social.

 
El 2011 mexicano nos trae la continuación de la “guerra contra el narco” con su secuela de muerte y violaciones a las garantías individuales; otro aumento de la gasolina “que no genera inflación”, un insultante aumento al salario mínimo, mayor desconfianza a las instituciones de justicia y gobernanza, además de todo lo que se viene arrastrando en materia social (pobreza, enfermedad, ignorancia, austeridad, desempleo…).

 
La Independencia y la Revolución son dos ejemplos de la lucha de clases en México. Los dos momentos, en su momento, sirvieron para generar cambios sociales, pero no alcanzaron para erradicar las diferencias de clase y con el paso del tiempo se generaron nuevas viejas formas de explotación e injusticia, por tanto, sigue pendiente la lucha que dé fin a las contradicciones sociales en México.