martes, 21 de diciembre de 2010

¿Quién mató a Marisela Escobedo?


Marisela Escobedo fue asesinada el jueves 16 de diciembre en el corazón de Chihuahua luego de varios días de plantón frente a las oficinas de gobierno para exigir justicia para Rubí, su hija adolescente asesinada hace un par de años. Desairada por el gobernador, ignorada por el sistema de justicia, sola ante el mundo, su muerte, pero sobre todo su valentía y coraje ante la adversidad, nos envía un mensaje muy claro a la ciudadanía: en el Chihuahua y México de hoy no hay justicia sino vacío de poder.

El caso de Marisela Escobedo es diametralmente opuesto al de Isabel Miranda de Wallace. Las dos se movieron para esclarecer y exigir justicia para sus respectivos hija e hijo asesinados, de acuerdo a sus posibilidades físicas y económicas ante la mediocridad y corrupción de la justicia en México, pero mientras la señora Wallace por sus propios medios localizó a los secuestradores y asesinos de su hijo, la señora Escobedo, de recursos económicos más limitados haciendo lo mismo que la señora Wallace, sucumbió primero ante el ineficaz sistema de justicia chihuahuense y ahora, para vergüenza de las y los ciudadanos chihuahuenses (porque no creo que la tengan las “autoridades”) es asesinada en las puertas de palacio de gobierno en la capital del estado.

Es triste tener que contar este tipo de noticias previo a la navidad o en cualquier época, pero es más triste aún quedarse callado o peor todavía contentarse con la verdad desvirtuada de las respuestas oficialistas y discursos vacíos de los políticos y gobernantes. El estado de Chihuahua y particularmente Ciudad Juárez, son célebres por sus feminicidios, ese ultraje machista devastador contra las mujeres que es sinónimo de impunidad, complicidad y cinismo del gobierno, que sigue permitiendo primero el feminicidio y ahora el avance del genocidio sin distinción de sexo, edad, clase, etcétera (salvo la “clase” política, que vive tan campante rodeada de guaruras).

La muerte de Marisela cala hondo por varias razones: por sus agallas pese haber sido amenazada de muerte; por evidenciar la poca voluntad política para ayudarla y protegerla; por demostrar, como otras mujeres ilustres, lo que puede hacer una madre desgarrada ante la injusticia; porque demuestra la saludable misoginia vigente en los gobiernos federal, estatal y municipal, como se puede constatar en la falta de respuesta del caso “Campo algodonero”; y para no alargar más la lista, porque su crimen constata el verdadero estado de indefensión de la sociedad chihuahuense, especialmente de quienes como Marisela, por necesidad se han convertido en activistas.

El gobierno nos dice a la sociedad que no los veamos como enemigos, pero entonces su “amistad” nos resulta muy cara y peligrosa, así provengan del PRI, del PAN o cualquier otro partido. Más bien lo que nos dicen con sus actitudes despóticas es que no les molestemos en sus tranzas; que sigamos sumisos como siempre; que colaboremos para dar una imagen de felicidad ante el mundo aunque nos estén matando como bestias. Señores y señoras políticos, entiéndalo de una vez, no se hagan tontos(as): el distanciamiento entre gobierno y sociedad no proviene de la sociedad sino de ustedes, que lo promocionan día a día con sus acciones o la ausencia de ellas.

¿Quién mató a Marisela Escobedo?, ¿quién mató a Paullette?, ¿quién mató a las y los niños de la guardería ABC de Sonora?, ¿quién a las empleadas de la tienda Coppel de Sinaloa?, ¿a las y los migrantes centroamericanos?, ¿a los 30,000 del sexenio calderonista?

¿Dónde está la justicia?