jueves, 22 de abril de 2010

Nuevos partidos para una sociedad crítica





Son tiempos de actuar. Las actuales circunstancias de vida exigen soluciones ya y los políticos no pueden ni tienen la capacidad, inteligencia ni honorabilidad para hacer frente al problema que ellos mismos han originado. No se crea eso que la sociedad tiene la culpa de la violencia, los violentos están en el gobierno, pues violencia también es negar el acceso a la salud, negar la justicia, concentrar la riqueza en pocas manos o declarar guerras sin consultar a la nación.

La pobre oferta partidista de México y en particular de Chihuahua, hace suscitar un halo desmotivante en la participación electoral de frente al problema mayúsculo de inseguridad, tema al que rehúyen los candidatos, pero que es inevitable resolver antes de celebrar elecciones, pues no podemos jactarnos de vivir en una democracia en estas condiciones ni podemos esperar demasiado de quienes son parte del problema y en su momento no supieron evitar lo que ahora vivimos; no pudieron antes, ¿podrán ahora?

La sociedad es la solución. No basta con quejarse de los políticos, hay que detenerlos. La oferta política de los partidos es pan con lo mismo; en la medida que votamos por ellos estamos refrendando su labor, respaldando sus privilegios y sumando en contra de la sociedad. La opción electoral en Chihuahua es de dos sopas: derecha priista o ultra derecha panista, pero en cuanto a prácticas corruptas, están al mismo nivel.

La participación ciudadana es necesaria e inevitable. No es posible desde la sociedad tomar posiciones cómodas como abstenerse de votar o anular el voto, aunque eso no signifique no hacerlo, pues son nuestras “armas políticas” ciudadanas, pero no es suficiente; estas personas forman parte del círculo mafioso denominado como clase política y requieren algo más que darles la espalda, porque ellos felices si nadie les pone un límite a sus tranzas y excesos.

Nuevos partidos. Haciendo mofa de la democracia electoral, esa que sirve sólo para legitimar gobiernos aunque la gente no vote, pues por lo menos la oferta habría de cambiar para ser más representativa de la realidad mexicana contemporánea. Ojalá sirva de inspiración para quienes se identifiquen, pero no haciendo un partido imitando a los ya conocidos (PRI, PAN, PRD…) sino movimientos y organizaciones lúcidas con capacidad de lograr cambios benéficos para la sociedad toda:

El partido ateo. No se dedicaría a demostrar la inexistencia de dios, sino a defender el Estado laico, la ciencia progresista y la educación no dogmática (en cualquiera de sus formas). La política actual está influida por el carácter cristiano y católico: la idea de un mesías (líder) que viene a resolver todos los problemas, ¿cómo funcionaría un Estado sin dios?

El partido de la marihuana. Diez mil años de historia medicinal, espiritual, económica y alimenticia no fueron suficientes para evitar su prohibición y tabú en el siglo XX cortesía de los puristas racistas e hipócritas estadounidenses; hoy la ausencia de María inhibe el avance científico y la calidad de vida de la sociedad; este partido no sólo lucharía por sus legalización (lo cual de entrada reduciría considerablemente las matanzas y el mercado negro) sino facilitaría el camino para el desarrollo de la industria del cáñamo y sus usos terapéuticos, cosa imposible de tratar con los ignorantes políticos persignados de esta época.

El partido de las mujeres. ¿Por qué no? En las familias donde es jefa de familia se administran mejor los gastos y se reduce considerablemente la violencia hacia la prole. Seguro se trabajaría contra la misoginia y el machismo, buscando la equidad de oportunidades en ambos sexos y hasta instituciones chiquitas como la familia saldrían ganando con la perspectiva de género.

El partido de la juventud. En el sesenta y ocho las y los jóvenes movilizados movieron al mundo. Hoy la juventud brilla por su ausencia y sin embargo, son mayoría. La juventud es un estado del ser, lo que significa estar fresco de ideas, lleno de energía y dispuesto a los cambios, o sea, todo lo contrario de la clase política. Jóvenes de ayer y de hoy, ¿dónde están?

El partido indígena. Quinientos años de exterminio no fueron suficientes, la raza de bronce se levanta de sus heridas y adquiere personalidad jurídica ante el futuro negado, el racismo y la marginación social. La venganza indígena puede ser una bofetada con guante blanco para los “civilizados” criollos y mestizos mexicanos(as): mandar obedeciendo, decisiones consensadas, rotación de poder, amor y armonía con la tierra y la vida.

El partido gay. Sería muy emblemático que de la tierra de Juan Gabriel surgiera una fuerza política de lucha por el reconocimiento de la diversidad sexual. La sexualidad es otro tabú inhibidor de la felicidad y realización social, ¿por qué le tememos a la persona gay?, ¿qué oscuros sentimientos escondemos en ese repudio a esta preferencia sexual?, ¿quiénes son las y los políticos gay de closet? Un partido de estas características podría ayudarnos por lo menos, a perderle el miedo a la sexualidad.

La política es muy importante como para dejarla en manos de los políticos, no lo permitamos.

NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX