martes, 27 de marzo de 2012

En Chihuahua todo es bello (o de cómo piensan y actúan las élites)


¡Qué bonito es Chihuahua!
El Corrido de Chihuahua

Para gobernantes, empresarios, jerarcas religiosos y directores académicos, es más importante las apariencias (de hecho es lo único importante) que la cruda realidad. ¿Qué importa que las y los indígenas se mueran de hambre, que se sigan desapareciendo y matando a mujeres o que se formen profesionistas sin valores éticos ni compromiso social? Lo que importa es atraer inversión privada y vender al mejor postor las riquezas naturales del estado, eso sí importa.

Hoy vivimos una guerra civil llamada “guerra contra el narco”, que es más una avanzada de limpieza social bajo oscuros acuerdos de las cúpulas del poder político y militar con las cúpulas del poder capitalista legal e ilegal, más lo que diga Washington. El resultado, por todos y todas sabido, son miles de asesinatos sin resolver a un nivel del 94.6% de impunidad, de acuerdo a una nota del Diario de Juárez. Pero no hay que hablar de eso por que ahuyenta las inversiones.

A finales del 2011, una nota que finalmente resultó ser exagerada, decía del suicidio colectivo de rarámuris a causa del hambre. El impacto nacional hizo reaccionar al gobierno de Chihuahua, para tapar las apariencias y hacer ver que en La Tarahumara todo es armonía. Fue hermoso ver como un regordete gobernante daba despensas a enflaquecidos indígenas y pese a ello, la ayuda no llegó a las poblaciones más necesitadas. Para terminar con la hambruna, el gobierno piensa brindar mayores concesiones a las empresas mineras transnacionales para, contaminando el ambiente y saqueando sus riquezas ¡por fin se elimine a tanto indio que nomás da mala imagen!

Contagiados por la desinteresada visita a México de cierto personaje de aspiraciones espirituales, quien además es jefe de gobierno de un Estado, el catolicísimo gobierno de Chihuahua promociona con inserciones a una plana pagadas en periódicos, una Semana Santa en Parral, faltaba más. Es importante seguir la tradición católica con sus valiosísimos valores como la obediencia ciega, la adoración a fantasmas y el borreguismo. Un Chihuahua feliz requiere de gente embobada pagando sus impuestos para promover religiones que tal vez no practica, pero son muy útiles para crear ciudadanía dócil, reaccionaria y sobre todo, des-po-li-ti-za-da.
 
El feminicidio, ese fenómeno tan chocante que da tan mala imagen internacional al estado, sigue siendo un dolor de cabeza para cualquier gobernante que se digne de ser considerado líder. Para callarle el hocico a tanta  vieja argüendera que exige justicia, se crea al vapor el Centro de Justicia para la Mujer en Ciudad Juárez el mismo día y a la misma hora que ocurre una manifestación en la UACJ de estudiantes y familiares de desparecidas, para presionar a la universidad a que dé la cara por lo menos, por las y los estudiantes asesinados y/o desaparecidos de esta Alma Mater, donde no estuvo presente ningún funcionario. El evento del centro, por su parte, estuvo plagado de funcionarios de gobierno, pero se les negó la entrada a las mujeres.

Las universidades y tecnológicos públicos de Chihuahua,  ante el temor de que se conviertan en UNAMs, y pese a tener entre sus estudiantes, trabajadores y maestros a tantas víctimas de la violencia, simplemente han publicitado lo bien que les va en las certificaciones nacionales, los reconocimientos y premios logrados, las inversiones en equipo y expansión de campus; casi, casi parecen universidades del primer mundo, donde se estima, no hay conflictos y las huelgas son inexistentes, ¡cómo debe ser! Es molesto tener que dar explicaciones a la prensa cada vez que se asesina a un(a) universitario y más tener que enfrentar al Estado (ese que da o quita recursos a las universidades autónomas) ante la falta de justicia, caray, no es trabajo de las universidades exigirla.

Los enemigos de Chihuahua (o sea, los enemigos de quienes se asumen como el estado: el gobierno y la clase político-empresarial) son persistentes y hay que combatirlos: las ong´s, que se atreven a realizar el trabajo que debería hacer el Estado y no hace, nomás lucran con el dolor ajeno, así sean feministas, indigenistas o de derechos humanos, con los escasísimos recursos por los cuáles tienen que competir entre ellos para seguir funcionando. No saben que sólo el gobierno y los empresarios tienen el monopolio del lucro: desaparecer pueblos enteros, como sucede en el Valle de Juárez y Lomas de Poleo, para favorecer el progreso a través de la inversión privada, ¡qué se compara la pérdida de vidas humanas y su patrimonio con la visión empresarial a futuro! Gente incivilizada.

Pero ya vienen las elecciones, el momento más importante para la vida democrática del país. Hay que esconder a los muertos y a los hambrientos, hay que prometer la felicidad y lucrar con el hambre y la esperanza. No importa si las y los candidatos son retrógradas, autoritarios o peleles, el sistema-show debe continuar. Es bueno ser democrático y más si estás en el poder: así digas y hagas puras tonterías, habrá quien te aplauda, quien te financie y con quien hagas tratos y negocios. La sociedad es simplemente el recipiente donde se deposita la mierda, lo sucio, por eso se debe en todo momento esconderla y manipularla.