lunes, 13 de febrero de 2012

Disculpas no, ¡renuncias!



Resultó peor el remedio que la enfermedad
Refrán popular

La actitud desafiante del alcalde por segunda ocasión de Ciudad Juárez, Héctor “Teto” Murguía, sobre las disculpas públicas que le exigen las organizaciones no gubernamentales (ong´s) de la ciudad por los excesos cometidos por la policía municipal desde la llegada de Julián Leyzaola como director de Seguridad Pública en menos de un año, comprueban su incapacidad para ofrecer soluciones a los graves problemas de Juárez.

Desafortunadamente los abusos policiacos continúan cobrando víctimas y las muy pobres declaraciones argumentativas del alcalde sólo comprueban su falta de vocación política, visión y sensibilidad ante una sociedad prácticamente desamparada entre la delincuencia cotidiana y las violaciones también cotidianas de la policía, lo cual no dan pie a equivocaciones; si no puede poner orden en la policía, mejor renuncie.

El documento público expuesto y muy puntual de las violaciones policiacas detectadas por el Grupo de Articulación Justicia por Juárez, integrado por 17 organizaciones, más las denuncias de otras tres organizaciones de periodistas, un gremio en particular víctima de los abusos de la policía de Leyzaola, son más que elocuentes para describir el clima de violencia e inseguridad que prevalece en Juárez, donde si bien ha disminuido los crímenes relacionados con las bandas de narcotraficantes, aumentan en abusos de autoridad como retenes, detenciones arbitrarias y ataques a la población civil desarmada.

Si la libertad de expresión está siendo reprimida por quien se supone debe protegerla, entonces las cosas marchan muy mal. En los Estados fascistas, una de sus características es la persecución de intelectuales, críticos y comunicadores incómodos para el régimen por que denuncian las arbitrariedades que ahí suceden. La represión de manifestaciones públicas, la manipulación de la información y los saqueos, robos o amenazas a organizaciones sociales, también forman parte de las políticas de extrema derecha, pero eso no lo consideran delitos.

Hablando de saqueos, hace pocos días fueron robadas las instalaciones de varias ong´s, entre ellas las de Plan Estratégico, organización que tiene el mérito de poner el dedo en la llaga sobre la forma de hacer política en el cabildo local, lo cual ha desnudado lo que de antemano sabemos: las complicidades de las y los regidores con el alcalde a espaldas de la sociedad. Curiosamente el atraco fue un día después de la última sesión de cabildo, el jueves ocho de febrero. Esto tampoco es buena señal y hace sospechar de quienes ejercen el poder.

El ambiente de inseguridad y violencia juarense prevalece pese a la salida masiva del ejército y la Policía Federal, pero el trabajo sucio de la policía municipal no deja respirar un clima de tranquilidad, los abusos están a la orden del día. Curiosamente quienes han guardado un sepulcral silencio son las cámaras empresariales, de quienes se sospecha son el referente directo de los aniquilamientos de asaltantes por policías encubiertos (por ejemplo, en las tiendas de conveniencia) de respaldar a Leyzaola y de contratar a pistoleros a sueldo.

El miedo sigue siendo un patrón determinante en la inmovilidad ciudadana. Este temor real, más el analfabetismo político y la despolitización social, facilitan la permanencia del autoritarismo y el empeoramiento de la situación. El ciudadano(a) común se encuentra a merced de la delincuencia y desprotegida ante una policía permisiva, nerviosa y también con miedo, que sólo ve en las personas a potenciales criminales, pues ni si quiera puede protegerse a sí misma de los ataques de bandas armadas.

Los logros en materia de detención y desarticulación de bandas de carjackers, extorsionadores y delincuentes comunes, quedan minimizadas por los abusos de poder y la excesiva mano dura de Leyzaola, muy bravo con la ciudadanía y encubridor de sus subordinados. Solamente se muestran complacientes los que como él, son personas autoritarias y egoístas incapaces de comprender lo delicado del asunto. Este tipo de actitudes es como querer apagar el fuego con más fuego: tarde o temprano te vas a quemar.

Leyzaola no puede ni debe mandarse solo. Le debe rendir cuentas al alcalde, pero sobre todo a la ciudadanía, que es la que le paga su sueldo, pero también es a quien intimida, insulta y desprecia con sus acciones y declaraciones. El alcalde por su parte, debe recordar, que no es el dueño de la ciudad, sino un servidor público asalariado y tiene la obligación de dar resultados o si tiene dignidad, renunciar ante su evidente incapacidad en el puesto. A fin de cuentas fue elegido vencedor en una elección con un 15% del total de votantes, prácticamente con el desprestigiado y mañoso voto priista; es decir, tiene legalidad oficial, pero no legitimidad popular y ya vienen las elecciones.

En cuanto a la sociedad juarense, es necesario e imprescindible poner un alto a los excesos de poder, quitarse el miedo y llamar a las cosas por su nombre. Ciudad Juárez no merece un trato indigno de ningún policía y ningún político, pero el silencio nos resta poder y se los da a ellos. Los cambios que necesita la ciudad no van a venir de la clase política ni la paz se logrará con policías autoritarios, pero si seguimos pasivos, aunque volviera a nacer Pancho Villa, no sucederá nada.

Bravo por las ong´s que denuncian públicamente los abusos del poder. Gracias por su valentía.

 (foto tomada de frontenet.com)