viernes, 6 de mayo de 2011

NO TENGAS MIEDO

(Publicado en Aserto, Chihuahua, número 93, abril del 2011, pp. 15-16)

La sociología de la religión es una rama de las ciencias sociales que estudia la relación entre la curiosidad innata de la humanidad por conocer e inteligir las cosas, con la creación de instituciones y sociedades afines. La religión es tan importante como la política; de hecho tendrían el mismo origen junto con la ciencia en un momento remoto de la existencia humana cuando no estaban tan definidas las funciones de cada una, sino más fusionadas y confusas.

La influencia de la religión en la vida cotidiana de las personas se vuelve tan intensa que luego pasa desapercibida, como algo natural. La religión marca las reglas de conducta en sus grupos de influencia. Los grandes filósofos del siglo XIX, como Hegel, Marx, Saint Simon y Comte (este último pretendido padre de la sociología moderna) escribieron mucho al respecto. Hoy es posible estudiar las relaciones de poder entre iglesia y Estado o bien entrar a lo profundo de las creencias sobre lo sagrado en los cultos populares como el de la Santa Muerte, las sectas suicidas, los ritos satánicos y no menos interesante, estudiar fenómenos alienantes como el fanatismo.

Fácilmente se pueden regionalizar los países donde predominan las grandes religiones de masas en el mundo contemporáneo, donde destacan el Islam, la religión con la feligresía más grande y de mayor crecimiento, seguida por el cristianismo, el hinduismo, taoísmo, budismo, hasta la poco populosa, pero muy influyente religión judía. Pero la cifra es indeterminable, hay cantidad de religiones por todas partes, de muy diversos tamaños e influencias. El fenómeno de lo que actualmente llaman sectarismo, no es otra cosa que el descubrimiento moderno de cómo surgen o se desprenden de otras religiones, nuevos cultos que luego tendrán la oportunidad, como todas las creencias religiosas, de trascender la barrera del tiempo. La religión es un fenómeno sociológico, más que social: hay al menos una intención de que la creencia, cualquiera que esta sea, se contagie, se disperse a otras personas para que deje de ser una locura personal a una compartida.

En el caso del cristianismo, que anda celebrando sus 2011 años de existencia, con influencia principalmente en Europa y América descansa en tres grandes ramas: el catolicismo, el protestantismo y la ortodoxia. En México la Iglesia católica es la principal religión (83%) de una población que se declara como tal, aunque en la práctica dista de serlo e incluso se contrapone a la posición de sus jerarcas en temas como el aborto o la protección a curas pederastas. El catolicismo mexicano, si es que se le puede llamar así, tiene a la vez varias vertientes: la Teología de la Liberación, de inspiración marxista; el movimiento carismático, inspirado por el movimiento pentecostés evangélico; las distintas órdenes (jesuitas, franciscanos, dominicos, etcétera) coadyuvantes en la colonización de la Nueva España; congregaciones conservadoras y polémicas como los Legionarios de Cristo o fraternidades tipo los Caballeros de Colón.

La influencia de la Iglesia católica en México es fundamental para comprender mucho de la historia de este país. No son aislados los conflictos políticos donde interviene la iglesia, como la Independencia, la Guerra de Reforma e Intervención francesa y la Guerra cristera o bien los protagonismos de sacerdotes como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Agustín Pro o Samuel Ruiz. En Chihuahua esta religión ha tenido su cuota de participación en la historia regional: inaceptable explicar las luchas por la apertura democrática en la década del ochenta del siglo pasado sin la decidida participación del catolicismo. Hoy la iglesia no sólo actúa aliada del poder político y económico, también actúa a través de una infraestructura educativa, de beneficencia, además de sus templos, a la vez que surgen nuevos movimientos hacia dentro de su grey, como antaño hacían las comunidades eclesiales de base (CEBs) pero ahora inclinados hacia los derechos humanos.

En cuanto a la superestructura desarrollada por el catolicismo en el estado, es importante reconocer la influencia de los franciscanos en el proceso de colonización primero, de los grupos originarios, luego en la aculturación bajo su batuta hacia una sociedad humilde y sumisa, despolitizada acorde con la ideología propuesta por su fundador: un cristianismo con tendencia al sacrificio y sufrimiento. Esta influencia permitió el desarrollo de sociedades dóciles, aunque luego vinieran otras órdenes a evangelizar bajo su creencia. El impacto de los misioneros franciscanos en el antiguo Paso del Norte o en la Sierra Tarahumara es evidente. La domesticación de la población de esta manera permite la explotación del poderoso sin temer una reacción violenta a sus actos.

Actualmente el catolicismo y el cristianismo en general siguen recurriendo a la política del miedo para mantener la unidad de su feligresía:miedo al pecado, miedo al infierno, miedo a las posesiones satánicas del cuerpo, miedo a Dios y por consecuencia, miedo a la autoridad. A diferencia de la doctrina original de Jesús el Cristo, la fastuosa Iglesia católica actúa exactamente en sentido opuesto a la propuesta cristiana: aliada de los poderosos y severa con su grey, condenando a esta última a una vida ideológicamente esclavizada, no permitiendo su desarrollo y libertad, precisamente lo que criticaba Jesús de su época.

La ignorancia es un enemigo invisible, pero combatible e eliminable. Muchas religiones prefieren mantener a sus seguidores en la oscuridad de la ignorancia que auxiliarles a ser personas libres e inteligentes. El miedo es una forma aberrante pero eficaz para mantener sometida a una sociedad dada y lo más difícil para la persona es precisamente dejar de creer en lo que se le ha enseñado desde la niñez, cuestionarle o cuestionarse sobre la verdad de las cosas y de aquello que considera como incuestionable, es desmoronar, hacer pedazos su realidad y eso también genera miedo: aceptar haber vivido equivocado.

Hoy vivimos en Chihuahua con miedo. Miedo a la violencia, miedo a la inseguridad, miedo a que las cosas se pongan peor, pero lo único que logramos con tanta preocupación es la inmovilidad. Si su religión le ofrece más miedos, conformismo o ni siquiera toca los temas que llaman la atención urgente, en vez de confortarle e invitarle a asumir la realidad de otra manera más propositiva y valiente, probablemente esa religión no le esté ayudando, sino perjudicando a usted y a la sociedad en general, creyente o no creyente.