miércoles, 16 de marzo de 2011

Lecciones de arrogancia


El problema de violencia en México es un problema político. Con tristeza e impotencia y gracias a los cables de Wikileaks ahora confirmamos el profundo intervencionismo estadounidense en el país paralelo al entreguismo de los gobernantes mexicanos. Genocidios como el de Ciudad Juárez, son simplemente resultados de la Iniciativa Mérida, versión mexicana del Plan Colombia. Para quienes aún no les ha “caído el veinte”, estamos viviendo los últimos momentos como país independiente.

Desde el inicio de la militarización de Ciudad Juárez, organizaciones e individuos nos opusimos y manifestamos en contra de tal acción porque veíamos el engaño y anticipábamos los actuales escenarios de violencia que ya han alcanzado a varios estados y ciudades. Los militares se fueron, pero no por nuestro esfuerzo, sino por los dictámenes de Washington, dejando a la no menos nociva Policía Federal. Que el embajador Pascual venga a Juárez y dicte lo que se le dé en gana, muestra otro paralelismo: la arrogancia gringa y el sometimiento del Estado mexicano, cual Estado satélite, hacia los intereses de Washington incluso si perjudica a la sociedad mexicana, como ha sido el caso.

El problema de las drogas, punto nodal de la actual situación anómica mexicana, era más un problema de los gringos que nuestro. Sin negar la situación de adicciones propia, la industria del narcotráfico era y sigue siendo una industria de exportación hacia Estados Unidos y no de autoconsumo. La urgencia de Calderón por reforzar su llegada fraudulenta al poder en el 2006, facilitó también la progresiva entrada de Washington, hoy prácticamente la que gobierna en México. En cuatro años los gringos han penetrado como nunca este país al que consideran algo así como su reserva territorial, energética y de mano de obra barata.

Es urgente que la sociedad mexicana vea, lea y reflexione el futuro inmediato en manos de los gringos. Para desilusión de muchos(as) compatriotas, los gringos no son los héroes que pintan en sus películas ni Estados Unidos es la paradisiaca “land of opportunities”. La actual condición estadounidense es la de un imperio en decadencia cuyos esfuerzos se concentran en seguir siendo la potencia que es a costa de lo que sea. El siglo XX está plagado de invasiones gringas por todo el mundo, de apoyo a dictadores (ver el escenario árabe) de combate a los movimientos progresistas (ver Latinoamérica) e incluso, de confabular contra su propia gente, como lo sucedido en Nueva York el once de septiembre del 2001.

Por otra parte la clase política-empresarial mexicana es ahora más pro estadounidense que antes. Tres décadas de neoliberalismo han forjado una generación de políticos y empresarios adoradores de Washington; personas inescrupulosas capaces de vender el país al mejor postor o como en Ciudad Juárez, con intereses y socios en ambos lados de la frontera. Que la gente muera a diestra y siniestra es lo de menos; lo importante es hacer negocios y mantener a raya a una sociedad de por sí mal educada, despolitizada, individualista y empobrecida. La figura de Calderón es quien mejor representa lo anterior, pero no es el único, tan sólo el más visible.

Con o sin Wikileaks ahora resulta más importante seguir las declaraciones de Obama, Hillary, Napolitano o Pascual, que lo que digan el gobierno federal, estatal o municipal. El ensamble y estructura tanto del discurso (Estado fallido) intervencionismo (Pascual) y cinismo (Rápido y furioso) dicen tanto como el vergonzoso silencio de Calderón que ni siquiera se atreve a expulsar a quien considera un embajador algo más que incómodo. Señores y señoras, el imperio ya se instaló aquí y la “guerra” contra el narco seguirá, nos guste o no. olvídense de las elecciones del 2012: ganará quién proteja y represente mejor los intereses de Washington.

El problema de inseguridad nacional es un problema político y económico, no policiaco. Por eso no se consultó con la sociedad, sino con Washington; por eso el narcotráfico no se terminará, se administrará de manera más controlada; por eso no habrá rehabilitación a los usuarios de drogas, sólo exterminio o lo que diga Obama; y por eso se busca urgentemente vincular al narco con grupos terroristas tipo Al Qaeda, para que Washington tenga la justificación de combatir en territorio mexicano cuando llegue el momento.

Si seguimos cruzados de brazos la situación seguirá poniéndose peor. A final de cuentas Estados Unidos va a legalizar la mariguana cuando ya haya hecho un desastre de nuestro país y controle tanto al gobierno como al negocio de drogas ilegales. Es un callejón sin salida, ¿cómo no les preguntamos a los afganos cuánto ha aumentado la producción de opio desde la invasión gringa a principios de milenio?, ¿o a Colombia cuánto les ha costado en pérdidas humanas y libertades su combate al narcotráfico?

¡Fuera gringos de México!