miércoles, 3 de noviembre de 2010

LOS FEDERALES DEBEN PARTIR



El auténtico poder consiste en sentirse a gusto con la falta de poder
Anthony de Mello

El camino hacia el Estado policiaco inicia en Juárez. Por casi cuatro años en Ciudad Juárez el Frente Nacional Contra la Represión, La Otra Campaña, el Comité Universitario de Izquierda, entre otras organizaciones, se han manifestado de una u otra forma para exigir la salida del ejército y la Policía Federal de la ciudad.

Desde entonces el hostigamiento y el asesinato han estado presentes contra la sociedad civil organizada y los movimientos sociales críticos y contrarios a las decisiones gubernamentales que apuntan hacia la extinción del Estado de derecho, como la actual “guerra contra el narco” incentivada por el gobierno federal. El último eslabón de esta cadena hostil es el atentado contra la IX Kaminata contra la muerte donde José Darío Álvarez, estudiante de sociología de la UACJ resulta herido de bala por la espalda dentro del campus universitario del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) por agentes de la Policía Federal. La caminata terminaría en ICB para dar inicio al Foro Internacional contra la Militarización y la Violencia “Por una cultura diferente”.

En Ciudad Juárez se está librando otra guerra más allá de la oficial contra el narco: se trata de la guerra contra la libertad de expresión, los derechos humanos y las garantías individuales, todas víctimas colaterales de esta situación. La ciudad está apuntalada desde la violación constitucional de tener el ejército en las calles, los excesos de las milicias involucradas (oficiales y clandestinas) la ausencia de un sistema de justicia que propicia la anomia y el peligro latente de terminar iniciando una guerra civil o en vías a un golpe militar.

Muchas de las discusiones de por qué es urgente el regreso a los cuarteles de los militares para mantener el Estado de derecho tienen parangón con las discusiones del por qué también debe mantenerse vigente el Estado laico: por el protagonismo en aumento de dos antiguos actores políticos que en ocasiones han sido enemigos de México: la milicia y el Clero católico. El país viene caminando hacia la derecha desde hace más de 25 años, con el fin del modelo paternalista y hacia una nueva edición del fascismo disfrazado hoy de neoliberalismo, pero ahora más letal, pues combina otras formas de enajenación masiva, probablemente inspiradas en los viejos regímenes autoritarios del siglo XX.

La intolerancia a las minorías, la confusión de ideas, la desinformación y la propaganda son los primeros síntomas seguros de un Estado fascista; el aliento a las denuncias anónimas, la aparición de escuadrones de la muerte, los retenes policiaco-militares, el asesinato de activistas sociales, los atentados a los sectores críticos del gobierno son un segundo eslabón que escala hacia ese Estado; un siguiente escalón puede dirigirse al destierro y los campos de concentración o de seguir las masacres, los exterminios masivos de grupos selectos de la sociedad. Todas las sospechas de cuatro años para acá han sido acertadas: la ciudad se ha descompuesto más a raíz de la militarización de la frontera (lo cual incluye también la militarización de la frontera sur de Estados Unidos).

Los estudiantes están solos. En la ciudad hay mucho malestar y queja, pero son pocos quienes se atreven a protestar. También hay quienes protestan por las protestas y quienes por miedo o por pretexto no participan aunque estén de acuerdo con quienes así lo hacen. Lo verdaderamente triste es el desamparo de las instituciones hacia la sociedad: con la capacidad de convocatoria que tienen las religiones o las universidades, por ejemplo, podría hacerse más, mucho más que lo que estos valientes y jóvenes locos hacen al arriesgar su vida para beneficio de la sociedad toda.

Todavía peor es la escala de conciencia en una sociedad individualista como la juarense. No necesariamente hay solidaridad y a la vez se aprenden nuevas formas de ella. Al igual que el chavo o chava que encuentra en la pandilla su modus vivendi y supervivencia desde la cual se rebela ante una sociedad que se ha olvidado de ellos, el o la joven politizado estará decidiendo entre sus viejos vínculos sociales, así tenga que renunciar a su familia o amigos, para entregarse de lleno a sus ideas políticas, al ejercicio de su conciencia y a formar nuevas sociedades junto a otros con quienes coincida en las ideas.

En Ciudad Juárez se están decidiendo muchas cosas. No pretendemos ser ratas de laboratorio para el experimento social de sufrimiento y destrucción que están perpetrando contra la población enemigos invisibles en una guerra que no nos pertenece. El Estado mexicano ha apostado a la guerra en contra de los intereses del pueblo y consulta previa con el pueblo.