jueves, 11 de marzo de 2010

¿Y si gana el Teto?

No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre
Refrán popular mexicano

Propiamente, para ser malo, no necesitas quebrantar la ley.
Basta con que la observes a la letra.
Anthony de Mello

Ciudad Cárcel, Chihuahua, mes de la reivindicación de las mujeres y del natalicio de Benito Juárez. Ese día creí que soñaba, pero en la noche tuve pesadillas; no lo podía creer ¡EL Teto candidato a presidente! Parecía un mal chiste, uno de esos que cuentas para burlarte de la estupidez humana, pero no, era cierto, la noticia amanecía en todos los periódicos y luego por la noche a través de los noticieros televisivos locales: en Chihuahua se había elegido al candidato de unidad del PRI por la candidatura del municipio de Juárez, al ingeniero Héctor “Teto” Murguía Lardizábal.

Justamente en la mañana decía Itzel sobre la película de Alicia en el país de la maravillas de Tim Burton, que la reina de corazones le recordaba a políticos como el Teto porque tenía corazones por todas partes en su palacio; es decir, tenía una necesidad inmensa de amor, de que la amaran, como hacen efectivamente en la vida real los políticos con sus anhelos de reconocimiento, de ser amados por el pueblo, convirtiéndose luego en temibles gobernantes crueles, así bailen, hagan muecas o sean su propia caricatura para ganarse simpatías baratas.

El trienio neopopulista del Teto (2004-2007) verdaderamente es uno de los más polémicos que se tenga memoria, sino es que el más. Son tantas y tan conocidas las tragedias, conflictos, violaciones, engaños, encubrimientos, sospechas y demás, que hasta resulta ocioso escribir de ellas, ¿quién no conoce al Teto?, en verdad sí es un político muy conocido en la Frontera Juárez-El Paso, no se necesitan encuestas para saberlo. Pero lo que las encuestas no pueden hacer es medir la percepción de la gente en cuanto a lo que sienten o les provoca el Teto, eso es otra cosa que sólo con instrumentos más finos, como los grupos focales, se puede lograr.

Mucha gente de alguna manera festejó cuando se supo oficialmente a principios del 2010, que el candidato a gobernador (sic) por el PRI era César Duarte y no el Teto, porque eso significaba al menos un peligro menos para el estado, independientemente de que Duarte u otro candidato o partido llegase a ganar, pues ya de antemano no se tenía pensado votar, que es el caso de la mayoría de las personas en posibilidad de hacerlo en Chihuahua. Sin embargo nadie sospechaba que sucediera esta situación, ¿cómo llamarla?, ¿cínica?, ¿audaz?, ¿burlona?, ¿temeraria, retadora, amenazante?

En estos tiempos de escepticismo socialmente expandido, donde se acusa de una pérdida de valores a la sociedad, como siempre, buscando distorsionar la realidad desde sus propios gobiernos con la ayuda de intelectuales, religiosos y pseudoperiodistas. Cosa imposible porque existe una verdadera decadencia concurrente ya muy vista en los libros de historia y documentales sobre el comportamiento disoluto de las clases dominantes, llámense aristócratas, burguesas políticas o neoliberales, cuando llegan a extremos de incongruencia y se convierten en un peligro para la sociedad, el reino, la nación o como quieran llamarle, porque después del terror y el miedo, viene el hartazgo y la respuesta de la gente, ¿a qué juegan?

Por el comportamiento de sus dirigentes nacionales e históricos, podemos conocer las formas de actuar de la clase política simplemente a través de lo que nos enseñan los noticieros televisivos para aumentar sus noticias transformadas en shows de acción y entretenimiento dramatizado y así atraer a la teleaudiencia: intrigas, engaños, traiciones, pactos secretos descubiertos, corrupción, negocios turbios, práctica delictivas, violaciones a las leyes, en fin, ¿qué no hemos visto en Televisa, Azteca y los canales locales? Pero cuando pensamos que lo hemos visto todo, ¡zas! El Teto, haciéndonos recuperar nuestra capacidad de asombro tan derrotada y aterrada por la guerra contra el narco ¡gracias Teto! Aunque ya no sabemos si llorar, reír o ladrar.

El retorno ¿político? del Teto, legislador de la actual legislatura federal asumida hace apenas unos meses, no sólo nos debe recordar la poca seriedad con la que se toman las campañas políticas, el despilfarro de recursos para que al final el vencedor salte a otro puesto que se le atraviese, también nos debe poner a pensar en las razones, pactos, conveniencias e intereses ocultas detrás de la candidatura del Teto, porque los políticos juegan a ganar, no a competir, pero como no juegan limpio, no sabemos lo que traman, ¡cuidado!

Sea como sea, el Teto tiene que hacernos reaccionar como sociedad (ya lo está haciendo) y verlo como un avatar más de un sistema en decadencia que nos enseña sus entrañas carcomidas por el cáncer; un ejemplo más de porqué tienen que cambiar las cosas en esta ciudad, este estado y este país. ¡Qué bueno!, que bueno tener de regreso al Teto, porque nunca se fue; porque ahora será imposible que nos hagamos pendejos e ignorarlo, pero si no reaccionamos con él, entonces como sociedad estamos muertos, no dormidos, muertos(as).


¿Más problemas? ¡No elecciones!

Revolución MMX