lunes, 28 de septiembre de 2009

Sobre la ratificación de Arturo Chávez Chávez

¿Para qué sirven los partidos?


Carlos Murillo G.

En solidaridad con el maestro Gustavo de la Rosa Hickerson



La ratificación de Arturo Chávez Chávez como procurador es un acto ofensivo, insensible y de graves consecuencias para la que quedaba de estabilidad social y credibilidad política en este país. Es un insulto para las víctimas del feminicidio, una incongruencia que anuncia lo debilitado y sin rumbo de la presente e ilegítima administración federal; también muestra de nueva cuenta la calidad de la política elitista de México, los rasgos de una plutocracia plenamente identificada con intereses particulares, ¿será también una advertencia para activistas y movimientos sociales de lo que podemos esperar para la segunda parte del sexenio?

Los espectáculos de arrogancia, hipocresía, cinismo, doble moral y burla a que nos tiene acostumbrados la clase política no surge de la nada; proviene del aprendizaje de décadas facilitado por el Partido ¿Revolucionario? Institucional, cuya esencia ahora permea a todos los partidos de México. El priísmo contra el que lucharon la derecha e izquierda partidista de antaño es ya parte ineludible de sus modus operandi y modus vivendi; hoy no hay diferencia significativa entre un partido y otro, de ahí el mote de partidocracia, “gobierno de los partidos”, porque la influencia del PRI antes de desaparecer, se acrecienta en las otras agrupaciones partidistas.

Anteriormente el PRI era sinónimo de corrupción, autoritarismo, negligencia, etcétera; ahora, sin dejar de serlo, estos rasgos los vemos en todos los partidos, de ahí la desconfianza y desilusión de la ciudadanía en los mismos. El PRI no cambia, ni es más “civilizado”, corrigiendo lo dicho hace unos días por Giovanni Sartori en Chihuahua; por el contrario, el PRI es el ejemplo a seguir de todos los partidos políticos, una escuela viva donde los partidos aprenden del uso indiscriminado del poder político a espaldas a la sociedad, donde el PRI tiene posgrado.

Los partidos en la era de la alternancia política se desgastaron rápidamente hasta equivaler al partido que todos criticaban; hoy la política se ha prostituido a tal grado que el futuro de la república está en peligro, donde actores como Chávez Chávez son simples peones de ajedrez de un juego macabro. Interpretando el lenguaje no hablado político-partidista, vemos que la clase política actúa egoístamente negociando cosas que no alcanzamos a distinguir, de espaldas a la república, ¿qué se negoció con la entrada de Chávez Chávez?, ¿quién gana y quién pierde?, como sabemos de antemano la respuesta, esta nos lleva a preguntarnos ¿a quién sirven los partidos?

En los últimos años Chihuahua ha sufrido humillantes derrotas cívicas inmerecidas, después de una década de mucho activismo político (1982-1991) una época en la que era posible soñar con la apertura democrática luchando por el respeto al voto, haciendo de Chihuahua un estado políticamente de vanguardia. Pero en el último lustro del siglo XX las cosas empezaron a cambiar. Primero el feminicidio, luego la crisis de la maquiladora a principios de milenio y ahora la crisis económica y de inseguridad, la criminalización de la protesta social, asesinatos de activistas, periodistas y académicos, instituciones debilitadas y desacreditadas ¡15 años de crisis!

El mensaje político es claro para la ciudadanía chihuahuense: pórtate mal, sé mediocre, haz mal tu trabajo, si estás en el sistema, ¡nosotros te apoyamos! Que sería el caso del recién nombrado procurador, ratificado “moralmente” por los partidos y las cámaras empresariales, mientras el ejemplo contrario lo encarna el licenciado de la Rosa Hickerson: si haces bien tu trabajo, no sólo te enfrentas a los enemigos del sistema, sino al sistema mismo.

El poder político de los partidos asfixia a la sociedad y se asfixia a sí mismo, pues sigue una trayectoria suicida, autodestructiva. La base social se erosiona rápida y dramáticamente; si la base cae, la cúpula también, pues en una sociedad de clases la jerarquía manda, pero si no hay una base donde sostenerse...no podemos seguir aparentando que somos una democracia cuando nuestras acciones demuestran lo contrario, la realidad es más fuerte que la simulación.

El “proyecto político”, si es que se le puede llamar de esa forma a las acciones sin rumbo que lleva la actual administración federal, aferrada a ideas neoliberales desfasadas y alineadas a intereses de Estados Unidos, a costa incluso de los intereses y demandas de la población mexicana, es una aberración que merece mucho mayor atención ciudadana, pues nos empuja a escenarios catastróficos y enfrentamientos violentos provocada por la propia violencia de Estado, inconsciente hasta la médula de las consecuencias de sus actos.

La democracia es un bien prostituido. De nada sirve autodenominarse democrático cuando no sé es en la práctica, ahí está el ejemplo del gobierno de facto en Honduras, una burla de mal gusto para las y los demócratas convencidos. No podemos dejar el destino del país en manos de los partidos, la clase política-empresarial y sus aliados religiosos, hasta el momento nos ha resultado bastante costoso y peligroso sostenerlos; son un lujo innecesario. De nuevo reitero que es en la ciudadanía donde saldrán los cimientos de una nueva sociedad.