jueves, 19 de marzo de 2015

¡Asesinan a Carmen Aristegui!



Imagínate esa noticia corriendo por las redes del ciberespacio, ¿qué harías al respecto?, ¿te indignarías un tiempo más o hasta el siguiente mártir o suceso lamentable que entre de moda para sustituir y olvidarse del actual? Sin desearle esta suerte a la famosa comunicadora y periodista, pero su escandaloso despido debe servir también para ir más allá del enojo y reflexionar sobre lo que pasa en México.

El problema no es la censura, si despiden o recontratan a Aristegui, el problema es no ver el trasfondo del contexto donde esto sucede. El país está en una profunda crisis política de la cual no se va a levantar fácilmente. Después vendrán otras Aristegui, otros Ayotzinapa, otros fraudes electorales y mil pesares más, pero si la gente no reacciona, cuando menos piense, ya será un muerto viviente, un cuerpo inerte en la gran tragedia neoliberal nacional al servicio del gringo.

La censura en los medios, por más lamentable que sea, no es el principal problema de fondo, sino la forma pública y vulgar más conocida en que el sistema conspira contra quien considera sus enemigos (su propio pueblo). El problema de las y los mexicanos en particular (y de la humanidad en general) es la permanencia de una clase política económica, patriarcal y violenta basada en la filosofía de los privilegios de los pocos a costa de la explotación-dominación de los muchos. Su forma visible es el Estado, con sus instituciones verticales, sus alianzas político-económico-religiosas y militares en cúpula y, por su persistente misantropía y desprecio por la vida. Es el sistema de organización humano conocido como capitalismo que se está cargando al ecosistema del planeta con sus prácticas antropocéntricas.

México se está convirtiendo rápidamente en un país recolonizado, vasallo; entregadas sus riquezas naturales y el futuro de su gente por su clase dirigente al imperio en turno. La apertura energética y la invasión transgénica, el espionaje electrónico, la cada vez mayor injerencia de Washington coinciden con la “guerra” contra el narco, la entrada del fracking  petrolero y la privatización del agua, todo de acuerdo a los planes de nuestros nuevos amos para mantener su estatus quo con México y Canadá como sus socios subordinados.

Las elecciones sólo son un simulacro de democracia para justificar el régimen y que éste, a la vez criminalice a la sociedad (perdida en el desconocimiento a sus derechos y garantías individuales, despolitizada) juntas son parte de una política maniquea de y para la clase dirigente quedarse con las riquezas de todos y todas, manteniéndonos como “enemigos del progreso” de la nación; es decir, por interferir en sus intereses. De ahí el encarcelamiento, la persecución y/o asesinato a activistas; la represión de la protesta pública; la tortura y la desaparición forzada; la compra, soborno o censura de los medios privados informativos; militarización (Estado policiaco) y otros ejemplos más que el/la lector(a) debe identificar para ponerse al tanto y a salvo.

Si creemos que el problema es el PRI, igual estamos equivocados, pero no errados del todo. El PRI (Partido “Revolucionario” Institucional) como el Estado, es un mal innecesario y pronto habrá que desaparecer. Peña Nieto, Salinas de Gortari y sus secuaces de otros partidos, son los enlaces de la entrega del país en aras del egoísmo neoliberal y hoy resultan más peligrosos por su abierta cercanía (léase sometimiento) a Washington. El peligro del PRI radica en su volatilidad etílica: puede generar violencia en cualquier momento y a cualquier escala y esto puede dar pie a una entrada bélica de EEUU para proteger sus intereses en México. Además Washington piensa que todos los mexicanos somos priistas, es decir, corruptos.

Cada estado de la república está librando en estos momentos alguna o varias luchas contra el gobierno, empresas nacionales/transnacionales o grupos delictivos armados, no sólo las más constantes o recientes, como Michoacán, Guerrero, Tamaulipas o Chiapas: en Yucatán secuestran mujeres, en Sonora se contaminan ríos y en Baja California se esclaviza a tarahumaras. Igualmente activistas, derecho humanistas, periodistas éticos, ecologistas, etcétera, se ven ultrajados todos los días contra las adversidades del neoliberalismo. Con o sin Aristegui, esto va a continuar.

Un ejemplo de esto es Chihuahua. ¿Quién recuerda a sus periodistas asesinados?, ¿la contaminación minera en la sierra?, ¿los feminicidios de Ciudad Juárez?; ¿quién está enterado(a) de las corruptelas del gobernador César Duarte, quien nos tiene endeudados mientras se enriquece ilícitamente?, ¿quién mató a Marisela Escobedo y a tantos y tantas activistas?; ¿quién se queja en Chihuahua de su prensa vendida, de las invasiones de la Border Patrol en la frontera, de los municipios serranos tomados por el narco?, ¿quién del fracking por venir y los recientes terremotos?, ¿quién de Lomas de Poleo y de las súper tranzas del “Teto” Murguía? No se trata nada más de saber, sino de hacer.

Indignarse por las redes sociales está bien, pero si no sales de ellas,  entonces quien está asesinando a Carmen Aristegui y quien está aniquilando a la escasa prensa libre alimentando el monstruo, eres tú.   


Ciudad Cárcel, Chihuahua, a 18 de marzo del 2015, primer año de la reapropiación petrolera.


miércoles, 14 de enero de 2015

Coprofagia

Coprofagia
Carlos Murillo González



"...a ustedes los mandan a que nos repriman por que son los más jodidos..."
Padre de desaparecida a policías antimonites que lo golpearon.

El miércoles 14 de enero del 2015 Ciudad Juárez amaneció oliendo a mierda. Cientos (o tal vez miles) de soldados, policías de los tres niveles de gobierno, infiltrados, golpeadores (del PRI, of course) agentes de tránsito, todo un ejército para proteger a un sujeto que se dice presidente de este país.

Como un gesto de provocación, el Estado policiaco se hizo presente en una ciudad que se hace llamar democrática, pero que está herida y sus heridas no han sanado. Enrique Peña Nieto (EPN) vino a Ciudad Juárez a ofender la inteligencia de sus ciudadanos(as), de su sociedad. A donde quiera que va ese hombre, lleva la violencia. Es asquerosa su presencia, su mezquindad, su incapacidad de leer el contexto, mucho menos la historia de esta ciudad, por que al igual que sus correligionarios priistas, están tan inmersos en la shit, que ya no la huelen: no se enteran de la realidad, del presente.

Ese olor que trajo consigo Peña Nieto a Juárez, es imposible de no detectar. Para las y los priistas y otros adictos al poder, su aroma es irresistible, así sean empresarios o gente de las chabolas, de esas que se contratan por un gansito y una coca-cola. La coprofagia es deplorada por la mayoría de las personas, pero en los círculos políticos y empresariales, es adorada.  Toda una pléyade de acarreados, pillos y saqueadores de la nación y de la ciudad son quienes reciben a EPN; precisamente quienes son parte del problema, la gran mafia del poder económico y político juarense.

Cada vez queda más claro esta lucha de clases en México: de quienes defienden un régimen caduco, corrupto, violador y asesino, saqueando sus riquezas, engañando y explotando a la gente; esos, quienes forman la cúpula de la enajenación, son quienes solapan el crimen en este país. En Ciudad Juárez recibirán a EPN, representantes de las familias Zaragoza, Fuentes, De la Vega y otras, quienes han violado (sino es que siguen violando) derechos humanos en Juárez: Lomas de Poleo, Valle de Juárez, fábrica Blueberry…este es el tipo de personas que celebran la llegada de un asesino con un festín, como lo hicieron en su momento con Julián Leyzaola, de triste y reciente memoria.

La coprofagia puede andar de traje o de albañil, disfrazando su violencia detrás de un uniforme y una macana, pero está ahí, ¿a qué viniste Peña Nieto?, ¿a fastidiarnos?, ¿a burlarte de nosotros(as)? El feminicidio espera tu respuesta. ¿Vienes acaso a apoyar al suplente de Carlos Romero Deschmaps?, o peor aún, ¿a apoyar a cierto ladrón que está saqueando a Chihuahua, endeudándonos y además jugando con nuestra salud? Ese que los grandes medios de comunicación como el Canal 44, El Diario de Juárez, Televisa, Teveazteca y la radio, no quieren hacer una investigación periodística nomás por que es el gobernador del estado.

Aquí esperan justicia miles de personas, aquí no se ha subsanado nada. Así como algún día Felipe Calderón enfrentará la justicia por crímenes de lesa humanidad (y Juárez es el ejemplo que lo hará caer) así también EPN está en la lista de quienes tienen crímenes que explicar: Ayotzinapa, Tlatlaya, Atenco, feminicidio en el Edo. de México, caso Paullette…no, EPN no puede ser bienvenido a Ciudad Juárez.

Es una pena mirar cómo en un día se puede retroceder hasta el siglo XX, en las peores épocas del PRI, de la lambisconería, el besamanos y otras coprofagias (la limpieza de calles, espectaculares de bienvenida y agradecimiento, etc.) una verdadera cultura de la porquería, de la simulación y oportunismo. ¡Ah como apesta mi Juárez! todas las ratas salieron a recibir a su rata mayor, a revolverse en su inmundicia, en su mundo irreal, ficticio.

No tardan en salir los editoriales de los medios a aventar más mierda, más. La peste durará por unos días. Es el 2015, ya pasó la Navidad, el Año Nuevo, Los Reyes (falta el día de la Cande) ya hay que despertar.

Los malos olores hay que tratarlos. México necesita, ¡el mundo necesita! sacudirse de esta clase política ociosa, de esta plaga mundial de los Obama, de los Putin, de los Netanyahu, de los banqueros, de los militares, de los capitalistas voraces de toda esa horda de humanos coprófagos insaciables, verdaderos adictos al poder, que sólo pueden traer paz a través de la militarización, del Estado policiaco y el terrorismo de Estado.

En Ciudad Juárez no queremos guerra. No al Estado policiaco y no a la visita de Enrique Peña Nieto. A quienes nos queda claro quién es el PRI y cómo funciona el Estado policiaco, preámbulo del fascismo, nos oponemos a seguir solapando la mentira y el engaño de este gobierno vende patrias, represor y asesino de Peña Nieto; no EPN, no eres bienvenido.

https://www.youtube.com/watch?v=60ioSGWZn2A 

     

lunes, 17 de noviembre de 2014

El Estado es el violento





 Se define Estado como la institución que posee
el monopolio legítimo de la violencia dentro de un territorio.
Max Weber

¡No se deje engañar! Los sucesos de protesta social del otoño mexicano son en respuesta a la violencia de Estado. Son decenas de miles de asesinatos y desaparecidos; son frecuentes las represiones sociales y es obvia la militarización hacia el Estado policiaco y el terrorismo de Estado como para que el gobierno mexicano finja demencia y quiera voltear la tortilla acusando a la sociedad del desorden, la anomia de la clase política y sus aliados sanguinarios.

El actual movimiento social encabezado por la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa en realidad aglutina a cantidad de movimientos del país que tarde o temprano iban a generar esta crisis de la cual el gobierno no podrá escapar. La sociedad mexicana quiere la paz, no la violencia cortesía del gobierno. Las amenazas el presidente espurio Enrique Peña Nieto, de utilizar más violencia, no hacen sino evidenciar el carácter autoritario del régimen y sólo abona para la próxima desaparición de poderes, su renuncia y (ojalá) enfrentar la justicia por tanto crimen y por abrir las riquezas del país a intereses extranjeros.

En este momento de nuestra historia es bueno ver el miedo reflejado en los gobernantes y las instituciones que representan (ejército, SCJN, INE, cámaras de diputados y senadores...) las diferencias de clase son cada vez más notables y las élites no saben cómo salir bien libradas de esta catástrofe ocasionada por ellos y sus antecesores. El pueblo tarde o temprano había de despertar y hoy lo está haciendo; las simpatías internacionales por el movimiento encabezado por Ayotzinapa no es gratis: el mundo sabe que la lucha de la sociedad mexicana es legítima y está de nuestro lado.

No va a ser fácil terminar con el monopolio del PRI y sus secuaces (partidos políticos, medios (des)informativos, sindicatos charros, grupos de choque y un largo etcétera) pero es inevitable hacer uso de la resistencia civil pacifica para debilitar el sistema y hacer posible un país más justo y equitativo. Nos han robado hasta el cansancio, nos han engañado y embrutecido, pero no podrán arrancarnos la dignidad y el ardiente deseo de justicia. No se trata de hacer más sacrificios (la historia de México, antigua y reciente, está llena de ellos) sino de seguir presionando hasta desmantelar el podrido andamiaje político-económico que ha hecho tan ricos y poderosos a tan pocos y ha abandonado a su suerte a millones de mexicanos y mexicanas.

Hay mucho por hacer. En el estado de Chihuahua vivimos uno de nuestros peores momentos gracias a la inacabable “guerra contra el narco”, el constante asesinato y desaparición de mujeres (feminicidio) y no menos importante, por la prensa vendida, sobornada con millones de pesos salidos de nuestros impuestos y el descarado robo de nuestro patrimonio a cargo de la clase política de la cual el vivo ejemplo es el actual gobernador del estado, César Duarte. Hoy las y los chihuahuenses hemos superado el miedo, ese terrible recurso político del Estado para mantener a raya a la sociedad. De las ciudades al campo se confronta ya a sus figuras de autoridad, sea este un policía, un juez o un César Duarte.

En Ciudad Juárez pese a los esfuerzos del Estado Mexicano y de Washington por violentarnos y someternos a los intereses económicos transnacionales, no ha dejado de haber movilización social y activismo. Su conejillo de indias llamado Juárez, también está cansado e intentando con éxito salir de este laboratorio de experimentos criminales de lesa humanidad patrocinados por el gobierno de EEUU a través de sus súbditos del PRI, el PAN y todos los demás. No va a ser fácil exterminarnos, por más que el Consulado, el USAID, El Canal 44, El Diario o La Polaka, nos quieran despolitizar presentando otra realidad ajena a la desaparición de Juárez hacia Jerónimo y el Valle de Juárez para facilitar el fracking, justifiquen la violencia señalando al narco y criminalicen la protesta social. Ya basta.

Las revoluciones sociales suelen violentas, pero no necesariamente sangrientas. Que quede claro que la violencia la pone el Estado y no el pueblo, la sociedad. Los actuales movimientos sociales encabezados por las y los estudiantes, también los integran ecologistas, pacifistas, derecho humanistas, indígenas, pobres, mujeres, jóvenes, migrantes y otro largo etcétera; es un proceso revolucionario en busca de la emancipación de una nación que no merece el destino impuesto por intereses particulares de personas sin escrúpulos, como los llamados “líderes” (políticos, empresarios, artistas de la farándula, pesudoperiodistas, pseudointelectuales…).

La sociedad mexicana está demostrando de manera pacífica, pero fuerte, su hartazgo de siglos. El gobierno tiene que caer y sus operadores(as) enfrentar la justicia y lo vamos a lograr demostrando la entereza de este pueblo sufrido recuperándonos del miedo para regresárselo a quienes nos han ofendido y martirizado sin medir las consecuencias de sus actos. Este es el momento.


¡Renuncia Peña Nieto!
¡Renuncia César Duarte!

martes, 4 de noviembre de 2014

Otoño, México y la revolución





Otoño, México y la revolución
Carlos Murillo González

Ante los signos de tristeza y enojo de la sociedad mexicana frente a la tragedia de los 43 normalistas de Ayotzinapa por su desaparición forzada el 26 de septiembre, pasa desapercibido el otoño, esa época del año donde suceden los grandes cambios en este país. De todos los sucesos deplorables de injusticia en México, ¿cómo es que éste en particular cala tan hondo y despierta las múltiples protestas incluso más allá de nuestras fronteras poniendo a temblar al Estado mexicano?

Ni los estudiantes asesinados en Villas de Salvárcar (enero del 2010) ni los bebés calcinados de la Guardería ABC de Sonora (junio del 2009) ni los excesos de San Salvador Atenco (mayo del 2006) o los más recientes del fusilamiento de 22 supuestos “narcos” en Tlatlaya por el ejército (junio del 2014) tan sólo para mencionar algunos de los más notables, han despertado tanta movilización social. No se trata de minimizar ningún hecho en sí, sino de observar que ninguno de ellos u otros más antiguos como las masacres de Acteal (diciembre de 1997) o Aguas Blancas (junio de 1995) han indignado tanto al mexicano(a) al grado de poner al sistema político en jaque. 

El gran problema del pueblo mexicano es su clase gobernante, corruptible hasta el tuétano. La historia política de México es la sucesión de esfuerzos (sociales) por combatir esa plaga y hacer una nación más justa y equitativa. País rico y empobrecido, por alguna razón todavía desconocida, es durante el otoño cuando hace posible los cambios de régimen, aunque a base de grandes esfuerzos y sacrificios en periodos más bien largos, como es notable en la Guerra de Independencia (1810-1821) y la Revolución Mexicana (1910-1917) ambas iniciadas en el otoño (septiembre y noviembre, respectivamente).

Hoy hemos retrocedido un siglo con las “reformas” del retornado Partido Revolucionario Institucional (PRI) que en contubernio con el resto de los partidos políticos (burgueses) han vendido al país despojando al pueblo de sus riquezas y derechos ganados a sangre y fuego. El PRI actual no tiene nada de revolucionario y sí mucho de conservador y retrógrada. Con el neoliberalismo como bandera económica y el entreguismo como política servilista, principalmente hacia Estados Unidos y las grandes firmas transnacionales, México no está muy lejos de desaparecer como nación (balcanización) sumida desde hace años en un caos de violencia, próxima a ser repartidas sus riquezas naturales, principalmente el petróleo, entre intereses particulares favorables a Washington.

El Estado mexicano no podrá mantenerse tal cual por largo tiempo. Es mucho el enojo y varias las “zonas calientes” del país. De Guerrero a Chiapas, Oaxaca, Estado de México, Tamaulipas, Chihuahua o Michoacán, hay “focos rojos” de alerta por la violencia desatada y son más bien pocos los estados que pueden presumir cierta estabilidad política-económica y sobre todo, pacífica. los constantes asesinatos, ataques y amenazas a activistas y periodistas éticos son un síntoma agudo y visible del deterioro del Estado, de la misma manera que los medios deshonestos como los de Televisa o Milenio y los grupos paramilitares del narco o de las fuerzas armadas estatales son percibidas vivamente al servicio político de gobernantes y empresarios en ese engendro llamado “terrorismo de Estado”.

En el estado de Chihuahua vivimos todavía y pese al hipócrita discurso oficial repetido por políticos y empresarios de “haber recuperado la paz”, una violencia exacerbante e inmerecida. Aunque los grandes medios televisivos, radiales  e impresos callen o se autocensuren con lo que está sucediendo en la Sierra Tarahumara o no mencionen palabras como “ejecutado” o “narco” (ya se sabe las grandes cantidades de dinero que les destina el gobernador para publicidad) es imposible ocultar las matanzas constantes en Guachochi o Parral, las desapariciones forzadas en Cuauhtémoc o los crímenes de alto impacto en Ciudad Juárez.

Chihuahua también es escenario de gran indignación social: los accidentes mortales sin justicia del Aeroshow y la fábrica Blueberry en 2013, los despilfarros cínicos del gobernador César Duarte, su agenda receptiva hacia el posible próximo advenimiento en el estado del fracking (técnica ecocida para extraer del subsuelo gas no convencional) y no menos importante, las acusaciones legales hechas por el activista Jaime García Chávez a Duarte y parte de su gabinete por peculado, son elementos que se suman al dominio público y exigen respuestas. La pesadilla de los corruptos apenas comienza.  
 
A más de cinco semanas de la desaparición de los 43 normalistas, las protestas no han cesado ni disminuido. La economía va mal, las violaciones a derechos humanos no cesan y la clase política, como mafia, busca protegerse a sí misma guardando un bajo perfil y haciendo acuerdos entre ellos, pues no saben cómo salir del embrollo. La polarización social es por demás evidente entre la mayoría de las y los excluidos del régimen y la élite beneficiaria del mismo. Si la dialéctica no falla (materialismo) este otoño estamos entrando a un ciclo de cambios trascendentales para México.