lunes, 7 de junio de 2010

Ciudad Juárez, votar y ser cómplice




El abstencionista por definición no puede ser clientelista,



no puede hipotecar su voto por un favor.

Antanas Mockus



A menos de un mes de celebrarse elecciones vuelven las mismas cantaletas de las y los fanáticos de las votaciones contra el abstencionismo (ojo, votar no necesariamente significa democracia) sobre el deber ciudadano y la importancia de votar, ¿pero quiénes son éstos que se atreven a dar lecciones de civismo y desde qué posición lo dicen?, ¿por qué se critica a la sociedad y no a la clase política?

Ciudad Juárez es una de las ciudades más abstencionistas de México y está en el estado más abstencionista de la nación. Cierto que en esta ciudad se luchó cívicamente desde la ciudadanía contra el PRI-gobierno de los ochenta del siglo pasado para obligarlo a respetar resultados electorales y que desde esa época hay una alternancia en el poder, sobre todo PRI-PAN, como también y en mucho menor medida del PRD y el PVEM. Cierto también es que las expectativas ciudadanas de un cambio político-económico-social quedó corto como frustradas las posibilidades de conocer una alternativa real al corrupto sistema político que, apoyado en las elecciones, puede sobrevivirse así mismo sin necesidad de mejorar las condiciones de vida de la sociedad donde surge.

La falta de seriedad en la política para con la ciudadanía favorece el abstencionismo. La realidad de la ciudad, marginada y desgastada durante décadas por la falta de infraestructura y carencia de una política pública-social incorruptible, luego es el suelo fértil primero para el feminicidio y actualmente para la ola de violencia y muerte generalizada que la colombianización del macabro Plan Mérida estadounidense impone a través del gobierno federal ilegítimo de Felipe Caderón. La sociedad civil mexicana (y juarense) sólo cuenta para las elecciones, para seguir manteniendo los privilegios de quienes se aprovechan del poder político haciendo poco o nada a cambio, pero se desvanece fuera de lo electoral, invisibilizada hasta la siguiente contienda que le dé continuidad al régimen.

Luego la oferta partidista de candidatos(as) y alianzas alientan un panorama desolador e insultante para la participación electoral. Sin imaginación, sin propuestas, sin carisma y con una terrible fama de corrupción, mediocridad, cinismo y hasta relaciones con el narco, los principales candidatos de esta contienda llegan con la inercia de sacar una elección adelante, pero sin el interés o inteligencia de generar credibilidad para los locales. El PRI en alianza con el PT, PANAL y PVEM le apuestan al “carisma” populista y neoliberal del “Teto” Murguía, diputado federal con licencia, ex presidente municipal de Juárez en el periodo 2004-2007, cuyo gobierno despótico se caracterizó por imponer intereses particulares (Camino Real) enemistarse con ONG´s, reprimir movimientos ciudadanos, sostener en la jefatura policiaca a un narcoempresario (Saulo Reyes) entre otras muchas más, contra un poco conocido César Jáuregui del PAN, cuyo principal enemigo, más que el Teto, es el actual ocupante de Los Pinos.

La paradoja de la actual contienda radica en que no hay opciones. Sufragar equivale o a la desmemoria o a la ingenuidad cívica, pero sobre todo, a la complicidad con el régimen; a que se está a gusto con los resultados, con la evolución del Estado no importa quien gobierne. Quienes están más interesados en votar son precisamente quienes desean de todo corazón que las cosas no cambien, pues perderían privilegios; por eso también en cada nueva elección se reduce la participación ciudadana, porque cada vez son menos las y los que obtienen algo, a tal grado que las elecciones se están convirtiendo en asunto de los pocos beneficiarios (plutocracia): grupos de interés, clientelares y parásitos.

Aun si no existieran las condiciones de violencia suficientes para cancelar elecciones, las dos opciones con posibilidades de ganar (PRI y PAN) privilegian una política neoliberal de sometimiento político a los grandes empresarios, más las inercias de compadrazgo, nepotismo y corrupción de todos conocidos. Ambos partidos representan el triunfo de la derecha en México, el desmantelamiento de la nación, el sometimiento a Estados Unidos, el aumento de la violencia y el empobrecimiento de las y los mexicanos. A nivel local se auguran más tranzas, más anomia, más negocios lúgubres, o lo que es lo mismo, menos desarrollo social, menos libertades, menos justicia; el neoliberalismo de estos partidos y personas no pueden con la violencia, porque al estar en la lógica de la ganancia y la avaricia proporcionan las condiciones para la desigualdad y por ende, se convierten en parte del problema, la generan.

La contradicción de hacerse cómplice votando sugiere que el sufragio no es meditado, aun si se vota con alevosía y complicidad buscando un beneficio particular egoísta. Esto refiere a entender el abstencionismo como una respuesta ante el ejercicio de simulación en que se han convertido las elecciones: procesos para legitimar tanto a mafias partidistas y sus aliados, como a sistemas corruptos y mediocres o políticos peligrosos por incapaces, idiotas o sanguinarios. El camino de la democracia, si es acaso el que se anda buscando, aunque puede pasar por una boleta depositada en una urna, en estos momentos no representa más que el reforzamiento de aquello que el ciudadano(a) desearía descartar de su vida colectiva, por eso no es posible votar pues significaría que miles de muertes no han significado nada; que no nos importa lo que le suceda a esta ciudad, estado y país; que aunque nos quejemos, estamos complacidos con la clase política. ¡Qué contradicción! Hoy en Ciudad Juárez ser democrático, liberal, revolucionario o simplemente consciente, significa no votar.



NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES



Revolución MMX

miércoles, 2 de junio de 2010

La cultura priista

México es la dictadura perfecta

Mario Vargas Llosa



Los hábitos hacen cultura. Así como la costumbre de comer saludable y hacer ejercicio promueven una cultura sana o el embriagarse todos los días cultiva el alcoholismo, la forma de vivir y hacer política priista es un lastre que supera incluso al partido, para instalarse, queramos o no, como parte de nuestra cultura mexicana y de los problemas de la nación.

La cultura política mexicana, esa que desarrollamos todos los días y a todos los niveles y estratos sociales se alimenta de prácticas, hábitos y costumbres, haciendo tradiciones difíciles de erradicar por estarse renovando constantemente en la cotidianidad: la tranza, la simulación, el cinismo, el nepotismo, la mordida, el chingar, se vuelven acciones comunes para la población porque las circunstancias están dadas para ello y se refuerzan todos los días simplemente con observar el comportamiento de los “líderes” o el grado de impunidad de los poderosos; ¿para qué esforzarse por hacer el bien si el mal paga mejor? Pareciera que nos dicen este tipo de actitudes.

La existencia de más de 80 años del PRI en el poder formaron y perfeccionaron una verdadera escuela del mal ejercicio del poder a través del corporativismo: todo dentro del partido, nada fuera de él; de esa manera se buscaba ligar a la sociedad mexicana con el PRI para que significasen lo mismo: el PRI era México y México era del PRI. El resultado, de todos y todas conocido, fue una semi-dictadura con décadas de subdesarrollo social y sumisión política a cambio de una violenta paz disfrazada de democracia. El siglo XX priista está plagado de historias de autoritarismo, corrupción, represión, fraudes electorales, traiciones y demás.

De la amplia gama de la cultura priista empecemos por el sindicalismo. Del sindicalismo priista surge el charrismo, esa curiosa alianza de líderes sindicales con patrones empresariales y el aparato gubernamental de aval que lo mismo manipula elecciones que vende huelgas. El sindicato de PEMEX, la CROC, la CNOP, la CTM y la SNTE, son los vivos ejemplos del charrismo sindical par excellence. Elba Esther Gordillo, Carlos Romero Deschamps, Joaquín Gamboa Pascoe, son dignos representantes del charrismo heredado de un Fidel Velázquez, un Carlos Jongitud Barrios o un Joaquín Hernández Galicia (La Quina); el poder de estos sindicatos es indiscutible, como también lo debe ser su legado de corrupción que tanto ha pegado a la economía nacional y la educación pública.

El sector popular. Generaciones de priistas forman hoy las estructuras territoriales sin las cuales sus mítines estarían vacíos y sus opositores no serían amedrentados. La participación electoral priista es estimulada (cooptada) desde siempre por la despensa, la camiseta, la cachucha, el costal de cemento, la recomendación, la tolerancia, entre otros obsequios y prerrogativas a cambio del voto en sectores marginales donde siempre hace falta todo. Claro que para lograrlo, primero hizo falta su empobrecimiento económico más el embrutecimiento educativo manteniendo las cosas como están (de donde surge la idea priista de que ellos sí saben gobernar, aunque la sociología lo denominaría como lumpenización) para hacerse de una verdadera estructura adicta al partido a cambio de migajas. Estos sectores funcionan como mafias a las cuales se puede recurrir tanto para acarrear gente, como para golpearla u ocasionar desórdenes, según se requiera.

Los grandes negocios. Tanto el PRI “nacionalista” como el actual PRI neoliberal se distinguen por sus relaciones con las élites. No se puede entender al país sin comprender cómo surgen y cuáles son las relaciones de las grandes empresas como Televisa o Telmex, o bien el favoritismo hacia ciertas empresas en detrimento de otras y así. La transición en las últimas décadas de políticos nacionalistas a políticos empresariales favorece también hacer negocios desde el gobierno, gobernar para los cuates, o peor aún, que los cuates gobiernen para sÍ. También es notable el desfalco de instituciones como el IMSS (por décadas su “caja chica”) la depredación ambiental y la expulsión étnica por negocios (Sierra Tarahumara) la protección a socios (Guarderías ABC) sin olvidar la ostentación, el despilfarro y la arrogancia con que suelen actuar sus principales actores políticos.

Impacto de la cultura priista. La cultura priista está donde quiera: es el chofer de transporte público cetemista con el radio a todo volumen y manejando descuidadamente; es la vendedora ambulante de fritangas de la CNOP a fuera de todos los eventos masivos; es el grupo de colonos acarreados para romper y golpear una manifestación legítima o a grupos opositores; es el editorialista cínico laureando las bondades del PRI; es el candidato a un puesto de elección popular prometiendo lo que no va a cumplir; es el maestro dispuesto al soborno. Es también la lenta burocracia, el agente corrupto, la complicidad de la tranza; la impunidad, la adicción al poder y la enajenación política de la vida social.

Es inútil negar la influencia priista en la cultura mexicana. Si somos un país predominante corrupto, enajenado, mediocre, subdesarrollado, ignorante, sin duda es por la forma cómo se ha manejado ese partido en el poder haciéndose sinónimo de autoritarismo y corrupción. Cierto es que no todo lo malo de México proviene del priismo, pero es difícil deslindarlo del todo porque el PRI tiene sus méritos: sigue haciendo y siendo aquello que se le critica.

Para saber más sobre la cultura priista, les recomiendo dos películas: La Ley de Herodes (Luis Estrada; 1999) y La sombra del caudillo (Julio Bracho, 1960) basada en la novela homónima de Martín Luis Guzmán.

No soluciones, no elecciones

Revolución MMX

jueves, 27 de mayo de 2010

Elecciones México 2010, ¿retroceso o avance?





No guts, no glory

Bolt Thrower



13 estados de la república tienen elecciones este año (Yucatán celebró la primera de ellas el 16 de mayo) para renovar 1481ayuntamientos y 451 diputaciones locales, así como diez gubernaturas. Además del fenómeno del abstencionismo, invitado permanente y creciente de estos eventos, en medio de la peor crisis de seguridad pública nacional por la controversial “guerra contra el narco”, las campañas en los estados muestran la debilidad del sistema político mexicano a través de la pobre oferta partidista de propuestas y candidatos, además de la renovada guerra sucia electoral herencia del viejo PRI, pero ahora de todos contra todos.

Desde la regularización de las elecciones en México a partir de un organismo ciudadanizado, como en efecto fue el Instituto Federal Electoral (IFE) a finales del siglo pasado, la competencia partidista (que ya se venía dando a partir de la década del ochenta) se amplía como efecto de la confianza en el IFE y los organismos electorales locales como avales. Lo que sucedió fue la alternancia y redistribución del poder político en el país, más las viejas formas de hacer política priista extendida a todas las fuerzas políticas (priistización de los partidos). El resultado final es un sistema de elecciones que permite la “competencia” de partidos controlados por grandes grupos de interés que operan dentro y fuera de ellos, quienes deciden en realidad el futuro del país.

El avance de este tipo de democracia mínima en México, entendida como la celebración de elecciones periódicas de gobernantes y representantes en comicios creíbles (respeto al voto) ofrece un panorama distinto al viejo régimen de partido de Estado del siglo XX, pero no soluciona el problema de la confianza en las instituciones y la participación electoral; el mediocre desempeño de los gobernantes y representantes (independientemente del partido) más el agravamiento de las condiciones socioeconómicas y políticas para la gran mayoría de la población como resultado, son elementos presentes en el conflictivo proceso por aspirar a ser una nación respetada y respetable.

Conforme avanza el pluripartidismo en México, notamos cómo concentran el poder político casi de manera plutocrática y aun en contra de la nación. Hoy por hoy los partidos representan, además de una calamidad, un orden político elitista paradójicamente controlado a su vez por poderosos grupos de interés. La democracia electoral de este país permite que una pequeña (¿y ridícula?) minoría gobierne por encima de la sociedad mexicana. Por lo mismo, las contiendas electorales se convierten en verdaderas batallas de vida o muerte, pues en ellas se juega no el futuro de una ciudad, estado o nación, sino el del candidato, partido, alianza y grupos de interés.

En algunos estados como Sinaloa, Durango, Chihuahua o Tamaulipas la violencia del narco es por demás inocultable ante el escandaloso número de víctimas mortales o las amenazas y asesinatos de candidatos y militantes partidistas; en Quintana Roo el candidato a gobernador por el PRD es detenido por presuntos nexos con el crimen organizado. Otros estados, como Oaxaca, Puebla y Veracruz, no han conocido la alternancia de otro gobierno estatal que no sea el PRI y otros donde ya se ha dado la alternancia, como Chiapas, Zacatecas o Aguascalientes, los conflictos internos los tienen debilitados.

En la antesala para la elección presidencial federal del 2012 la obsesión por el poder político recurre a todos los medios posibles para deshacerse de la oposición (guerra sucia) como bien nos informan los medios de comunicación; el problema es que con tanta escoria hecha pública, el impacto en el electorado es sumamente negativo para la participación, lo que hace suponer que el abstencionismo estará presente, por lo menos en los partidos más grandes e influyentes, más que como un fenómeno evitable, como un elemento más a considerar para ganar.

Se habla mucho del retorno del PRI como el gran “ganador” (sic) electoral este año y perfilándose para el 2012 ante el pésimo del PAN como gobierno. La verdad es que tanto uno como el otro han resultado nocivos para el desarrollo del país y no garantizan un futuro prometedor si analizamos sus resultados gubernamentales; desafortunadamente los otros partidos tampoco salen bien librados de sus respectivos desempeños; por encima de todos, los grupos de interés (empresariales, religiosos, transnacionales) asumen de una forma u otra el control de las y los políticos, quienes se vuelven sus cabilderos.

En general el panorama electoral en México para el 2010 luce bastante desalentador ante la falta de opciones serias de acuerdo a la oferta, lo cual es abono para el abstencionismo, el voto nulo o blanco y la protesta civil. En la mayoría de los estados del norte del país, así como en Oaxaca, ni siquiera debería de pensarse en realizar elecciones ante la gravedad de la anomia existente, pues se pone en riesgo incluso la integridad de quienes quisieran ejercer el voto y la verdad, si en estos momentos los actuales “gobernantes” no pueden resolver o son parte del problema de la violencia, ¿podrán resolverlo los entrantes?

NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX

miércoles, 12 de mayo de 2010

Doce razones para revocar a Calderón



Los días 22, 23 y 24 de mayo del 2010 se celebrará la Consulta Nacional para la Revocación de Felipe Calderón como presidente (sic) de México. Para muchas personas hay suficientes motivos para hacerlo, pero para muchas otras no; con el deseo de coadyuvar en la comprensión de la magnitud de problema que representa para la nación el actual presidente, aquí doce razones:

1.- Presidente Ilegítimo (espurio). Para nadie es secreto que Calderón llegó por vía fraudulenta al poder en el 2006. La sola sospecha de fraude tendría que ser suficiente para separar de su cargo a cualquier político en cualquier momento para enfrentar un juicio político, pero como nunca es el caso, entonces se requiere presionar desde la sociedad civil para obtener justicia.

2.- Hombre violento (incapacidad para mandar o gobernar). En teoría un gobierno democrático tendría a los mejores hombres y mujeres al frente; tampoco es el caso. Quien saca al ejército a las calles sin consultar con nadie, provocando Estados de excepción y violando las garantías individuales, es en realidad un peligro para México. Habría que hacerle también un examen psicológico y de honestidad (detector de mentiras) a él y a todos los políticos y aspirantes, a ver si están mental y emocionalmente capacitados para “gobernar”.

3.- Entreguista-peligro para la soberanía nacional. Aunque este es un síntoma de todos los presidentes neoliberales (de Salinas para acá) conforme avanza el tiempo el entreguismo presidencial se vuelve descarado. Inspirados en el neoliberalismo y tal vez en el interés personal (los presidentes neoliberales tienen relación o terminan de empleados del capitalismo global) Calderón sigue esta tradición vendiendo el país a las transnacionales (Pemex para los españoles y norteamericanos) comprometiendo la seguridad nacional y la droga a los gringos (Plan Mérida) y alineándose a las políticas del FMI, BM y OCDE de manera acrítica.

4.- No escucha razones: criminaliza y toma decisiones unilaterales. Como consecuencia del malestar y miedo que representa el peligro de la “guerra contra el narcotráfico”, la sociedad mexicana se manifiesta contra el hecho, pero esto sólo ha servido para la criminalización de la protesta social y el desacato de recomendaciones de organismos nacionales e internacionales, sobre todo de derechos humanos. Calderón confronta y agrede a la nación en vez de unirla.

5.- Le pagamos su sueldo y lo legitimamos. A final de cuentas es un empleado de los mexicanos(as) y nos tiene que rendir cuentas claras, ¿por qué habríamos de seguir pagando por un servicio malo de un empleado déspota que ni siquiera goza de respaldo social?
6.- Presidente débil, se apoya en las armas. Un presidente legítimo no necesita de un ejército para cuidarse. La militarización de la vida cotidiana tampoco es democracia y refleja la debilidad del régimen; un gobernante sin apoyo popular no es garantía de seguridad nacional.

7.- Persona mentirosa: no cumple lo que promete. Como buen político, Calderón ofreció promesas de campaña incumplibles (presidente del empleo, la eliminación de la tenencia vehicular…) igual con el asunto de la “guerra contra el narco” (nadie se lo solicitó) igual con la tan anunciada ayuda a Ciudad Juárez (el burocrático, insensible, lento y electorero Todos somos Juárez) el engaño está presente de una u otra forma; no es de confiar.

8.- Para detener el derramamiento de sangre. Es urgente detener la militarización del país y el Estado policiaco. Este camino lleva a la privatización de la guerra (como industria económica de empresas bélicas transnacionales) so pretexto de la guerra contra el crimen organizado. Si realmente se quiere dar la “guerra” contra las drogas, se requiere de otro tipo de políticas (legalizar la droga, campañas de prevención de adicciones, clínicas de rehabilitación…) no haciendo progresar el consumo y la industria con el precio de la muerte.
9.- Para convocar a un gran diálogo nacional. Calderón ayudaría a unirnos contra la incongruencia de vivir en un país empobrecido e idiotizado por su clase dirigente. Puede ser la oportunidad de establecer nuevas formas de interrelación e interacción social y el inicio de nuevas formas de organización sociopolítica (democracia participativa) y económica todo en beneficio de México.

10.- Para detener y defendernos del neoliberalismo depredador-conservador. Las reformas laborales antiobreras y pro-empresariales del secretario Lozano, la impunidad de los casos San Salvador Atenco, Oaxaca, Guarderías ABC, entre otras; el desmantelamiento de Pemex y la arbitraria extinción de Luz y Fuerza, el alineamiento sumiso hacia Estados Unidos…el sometimiento a una ideología económica agotada como es el neoliberalismo capitalista no augura un buen futuro.

11.- Para entablar otro tipo de relación con EUA, Latinoamérica y el mundo. Defender la bandera del neoliberalismo global, así como los intereses de Estados Unidos en la región, nos ha hecho ver mundialmente como una nación lacaya sin prestigio internacional. Urge recuperar la dignidad, la autonomía, la libertad e independencia: nos hundimos en un modelo económico decadente y nos alejamos en los mismos parámetros recuperables de la experiencia sudamericana actual.

12.- Para que sirva de ejemplo a los demás políticos y partidos. Que sea un mensaje muy claro: ya no pueden hacer lo que se les dé la gana, el pueblo gobierna. Las relaciones entre partidos y políticos nos muestran alianzas obscenas donde Calderón brinda el ejemplo con Elba Esther Gordillo y el SNTE; con el PRI de Beatriz Paredes, Ulises Ruiz y Mario Marín; con el PRD de Jesús Ortega; con los grandes empresarios nacionales y transnacionales y, lo que parece ser un secreto a voces, con el cártel del Chapo Guzmán.


NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX

jueves, 6 de mayo de 2010

MÉXICO LICÁNTROPO



Tonatiuh y sobre todo Huitzilopochtli, deben estar muy complacidos con el banquete de sangre del 2006 a la fecha en México: un holocausto a cambio de nada. De la cultura mesoamericana, los mexicas o aztecas fueron los más sanguinarios en cuanto a los sacrificios humanos; no sólo capturaban guerreros para sacarles el corazón, también los devoraban y desollaban (los sacerdotes vestían su piel). Otros imperios sanguinarios como los romanos, los mongoles o los norteamericanos, se ven inofensivos ante el canibalismo y la concepción de la muerte que ofrecen los aztecas. Ellos simplemente no le temían a la muerte, pues creían en la reencarnación; su mayor miedo era hacia la nada.

Cinco siglos más tarde, el dios de la guerra es convocado desde las ruinas de lo que algún día fue La Gran Tenochtitlan para ser invitado de honor de un festín de sangre ajeno ya a su cultura, pero repleto de heridas que evitan ser curadas, repitiendo ciclos de horror y sufrimiento. La historia de México también puede ser vista como la historia de los holocaustos: cada vez que se genera un cambio sociopolítico, económico y cultural, es a través de una gran cuota de sangre: de los imperios mesoamericanos al imperio español; de la Colonia a la Independencia; de la dictadura porfirista a la Revolución; de la dictadura priista a la dictadura panista y así. ¿Cómo hacerle para salir de estos ciclos de sangre y alcanzar la autonomía republicana, la independencia económica, la revolución de la consciencia y el equilibrio con la naturaleza y el cosmos?

Empecemos por reconocer que no vivimos una democracia. Ni existe de los gobernantes y representantes hacia la sociedad y viceversa, ni entre los propios miembros de la sociedad mexicana, ni entre México como nación en relación a otras naciones (principalmente Estados Unidos) y organismos internacionales. La democracia de por sí nació viciada (nunca fue popular en Grecia) luego fue ignorada por siglos y en la modernidad rescatada de la mala fama (en el siglo XIX europeo era insultante ser demócrata) mientras en la actualidad es el emblema del capitalismo y el discurso favorito para hacer guerras de intervención en nombre de las libertades (sobre todo del libre mercado). Vivimos pues una falacia.

Reconozcamos también la crisis de las instituciones. El gobierno ha fallado, la religión ha fallado, la escuela ha fallado, la familia ha fallado, el individuo(a) ha fallado. Gobiernos que alientan la guerra y obedecen intereses de otros gobiernos y empresas transnacionales; religiones que protegen pederastas, inhiben la libertad sexual y apoyan gobiernos espurios; escuelas públicas sujetas a dirigencias sindicales corruptas; familias desprotegidas, marginadas y victimizadas; individuos miedosos, envidiosos, egoístas e infelices. El país no se colapsa por que a final de cuentas el instinto de supervivencia nos lleva a la organización frente a la anomia.

La enajenación y el bajo nivel de consciencia. La antítesis del disfuncionamiento y desgobierno de las instituciones, más el poder de la superestructura neoliberal-capitalista que constantemente nos estimula con mensajes e imágenes de violencia, codicia, sexo, deseo, avaricia y un largo etcétera, confunde y permite la confrontación de intereses, donde el pez grande se come al chico, en una mala interpretación del darwinismo social encaminándolo hacia la depredación del planeta y la autodestrucción de la especie. México se establece como una república de salvajes, nada más de apreciar el infinito desprecio con el que las élites del poder político-económico-religioso solventan la pobreza, la ignorancia, la enfermedad y la impunidad.

Rompamos el ciclo. La vida sin riesgos no vale la pena ser vivida. Es muy cómodo no hacer nada (cómo la ranita cocida en agua lentamente hasta que hierve) mientras las y los inconscientes destruyen todo, hasta que luego es muy tarde rectificar. Empecemos rompiendo el círculo de la simulación. No somos un país pobre, pero hemos dejado que todo mundo (menos el pueblo de México) se aproveche de nuestras riquezas naturales explotándolas. No somos un país libre, la libertad no se conquista ni se gana, es un estado del ser que se materializa y retroalimenta en las relaciones sociales y el entorno; ser libre para emborracharse, ver el fútbol o hacer lo que se me da la gana incluso si perjudico a alguien más no es libertad, es enajenación con un bajísimo nivel de consciencia.

Tal vez sea el momento de retornar las plegarias a los viejos dioses, dado que los actuales han huido cobardemente o ya los mato la violencia. Señor Huitzilopochtli, sirvan estas decenas de miles asesinatos para darnos fuerza para el presente y el futuro. Ayúdanos a desprendernos de los malos gobernantes que como garrapatas, nos chupan la sangre y traicioneramente venden nuestras consciencias y se apoderan de nuestras riquezas. Ayúdanos a vencer a nuestros enemigos, locales, nacionales y extranjeros, que viven a costa de nuestra felicidad, unidad y libertad desviándonos de ellas. Que todas las vidas cobradas por la “guerra contra el narco” nos hagan reflexionar profundamente sobre la vida y la muerte haciéndonos mejores hombres y mujeres, conscientes y amantes de la naturaleza y la paz.

NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX

jueves, 29 de abril de 2010

Amor odio miedo licantropía




Homo homini lupus

Thomas Hobbes

La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, dicen Karl Marx y Friedrich Engels al principio del Manifiesto del Partido Comunista de 1848. Esto da lugar a interpretar la historia de la humanidad como la historia de la guerra; es decir son los pueblos guerreros quienes por ofensa o defensa han forjado la historia, ya sea combatiendo y exterminando a las sociedades pacíficas, ya sea convirtiéndose en guerreros para no ser exterminados o para liberarse del yugo de un imperio o gobierno tiránico explotador.

Las relaciones sociales ¿siempre son difíciles? Para autores como Hobbes sí, porque la humanidad es mala por naturaleza, por eso la “necesidad” de un monarca para controlar al Leviatán presente en toda sociedad humana y evitar así matarnos unos a otros, idea totalmente contraria a la propuesta de Jean Jacob Rousseau, quien estima que el ser humano es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe cuando es mal gobernada: un pueblo que gobernase bien, no tendría necesidad de ser gobernado (Rousseau, El contrato social: 1762). La cuestión no resuelve el problema, el conflicto prevalece: nos seguimos enfrentando a situaciones de guerra cotidianamente desde hace diez mil años.

La trinchera de los problemas nacionales de México se amplía y supera sus fronteras. Frente al nuevo Estado policiaco neoliberal mundial propuesto y aplicado por los Estados Unidos, la guerra se adapta al nuevo panorama de conflictos globalizados sin fin (terrorismo, narcotráfico, regreso al socialismo (sic) etcétera) promocionando el engaño, la desinformación y el miedo social en apoyo de una economía bélica que reinventa toda una industria privada (armamento, mercenarios, cárceles, consultorías) para “resolver” problemas originados por ellos mismos (crisis económicas, prohibiciones, corrupción política-empresarial, depredación ecológica). Los gobiernos entreguistas de México, desde Salinas de Gortari a Calderón, han colocado al país de acuerdo a los intereses de esa nación siguiendo su juego y en contra de los intereses de la sociedad mexicana.

La propaganda gubernamental de Estados Unidos en y hacia sus países neoliberales satélites (Colombia, México, Honduras) nos venden la idea hobbiana de una sociedad violenta agregando además un factor racial: los países latinoamericanos son incapaces por sí solos de gobernarse (Estados fallidos) por eso un Plan Colombia, un Plan Mérida, etcétera, sino luego se convierten en un peligro, ya no para nosotros mismos, sino para los estadounidenses y el mundo. La misma retórica se aplica para justificar las guerras de intervención en Panamá y Granada en América, Afganistán e Irak en Asia y el discurso hostil hacia Venezuela, Cuba, Irán y Corea del Norte. Claro, los Estados Unidos aunque sean la nación más armada del planeta, no representan peligro alguno para el mundo, por eso el premio Nobel de la paz 2009, Barack Obama, puede firmar tratados internacionales de reducción del arsenal nuclear mundial cuando ya cuenta con armamento más sofisticado y destructivo que las temidas bombas atómicas.

La justificación maniquea, además de la racial, se entiende porque los estadounidenses creen firmemente en cosas como la Doctrina Monroe (América para los americanos) y el Destino manifiesto (que son el pueblo elegido de Dios y Dios los ama) se sienten paladines de la democracia y la libertad (sic) y así. Su ideología guerrerista, hedonista, individualista, hipercompetitiva y aislacionista, los aleja de la realidad mundial y por lo mismo la distorsionan: no entienden por qué el mundo los rechaza, ¡si son tan buenos! Incapaces de adaptarse al mundo, promueven la adaptación del mundo a sus intereses y gustos como en una típica película de Hollywood: el estadounidense heroico que salva solo al mundo de todos sus enemigos (terroristas islámicos, narcos mexicanos, extraterrestres horrorosos, sectas proféticas, etcétera) arrogante y sin heridas ante un planeta débil e ignorante que se rinde a sus pies; el sueño americano imperial.

La irresponsable “guerra contra el narco” no sólo es el parapeto de la presidencia espuria del sanguinario Felipe Calderón (quien en un país con un poquito de dignidad, ya lo hubiera juzgado por crímenes de lesa humanidad) sino también un capítulo del proyecto geopolítico estadounidense en aras de mantener su imperio. La reacción de la nueva ley antiinmigrante de Arizona, nos permite ver el terrible miedo del estadounidense anglo, conservador redneck; el W.A.S.P., el neonazi y el Ku Kux Klan envueltos en el nacionalismo patriotero en defensa de su mundo feliz, prototipo de la Alemania Nazi de Hitler y del Israel sionista contemporáneo. Es un odio irracional al temido enemigo explotado e invisibilizado por el capitalismo voraz que ellos promueven en la figura del inmigrante despojado, pobre, sin rostro y sin derechos sin el cual no podrían explotar y consumir a gusto el 40% de todos los bienes, energéticos y productos del mundo, a pesar de representar sólo el 2% de la población mundial.

El amor degenerado en odio a través del miedo convierte al humano en demonio, en bestia autodestructiva, un verdadero hombre y mujer lobo feroz devorando a otros lobos por cosas que no comprende. Sin embargo, ¿por qué El Paso, Texas es una de las ciudades más tranquilas del violento Estados Unidos y Ciudad Juárez es la ciudad más violenta del mundo “democrático”? si las dos fueron fundadas y están llenas de mexicanos(as). Para mí la respuesta es que en condiciones socioeconómicas favorables, una sociedad no aspira a la destrucción o la violencia y El Paso es un ejemplo de ello: una ciudad dinámica de migrantes pacíficos, quienes a pesar de la marginación gubernamental (por el hecho de estar full of Mexicans) tiene un buen desarrollo en términos generales, mientras en Juárez la rapiña política-empresarial desinteresada en el desarrollo social, siempre sacan beneficios de la ciudad, pero no los devuelven, generando las condiciones ideales para la violencia, el abuso y la impunidad; aquí el problema es el gobierno, pero también el conflicto emocional-racista de nuestra cultura: la tragedia de odiarnos por ser mexicanos(as) de otra manera no se entiende tanto odio hacia nosotros mismos, pero sí el por qué no logramos despegar y progresar, pues si no nos amamos.

Para reescribir el presente.

NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX

jueves, 22 de abril de 2010

Presentación de la revista Sapiencia




Sapiencia es un esfuerzo de los estudiantes de sociología de la UAM-Azcapotzalco con temas sociológicos, pero en este número con un dossier dedicado a Ciudad Juárez

Jueves 22 de abril del 2010
Aula R. Almada
ICSA/UACJ
18:00 Horas

Nuevos partidos para una sociedad crítica





Son tiempos de actuar. Las actuales circunstancias de vida exigen soluciones ya y los políticos no pueden ni tienen la capacidad, inteligencia ni honorabilidad para hacer frente al problema que ellos mismos han originado. No se crea eso que la sociedad tiene la culpa de la violencia, los violentos están en el gobierno, pues violencia también es negar el acceso a la salud, negar la justicia, concentrar la riqueza en pocas manos o declarar guerras sin consultar a la nación.

La pobre oferta partidista de México y en particular de Chihuahua, hace suscitar un halo desmotivante en la participación electoral de frente al problema mayúsculo de inseguridad, tema al que rehúyen los candidatos, pero que es inevitable resolver antes de celebrar elecciones, pues no podemos jactarnos de vivir en una democracia en estas condiciones ni podemos esperar demasiado de quienes son parte del problema y en su momento no supieron evitar lo que ahora vivimos; no pudieron antes, ¿podrán ahora?

La sociedad es la solución. No basta con quejarse de los políticos, hay que detenerlos. La oferta política de los partidos es pan con lo mismo; en la medida que votamos por ellos estamos refrendando su labor, respaldando sus privilegios y sumando en contra de la sociedad. La opción electoral en Chihuahua es de dos sopas: derecha priista o ultra derecha panista, pero en cuanto a prácticas corruptas, están al mismo nivel.

La participación ciudadana es necesaria e inevitable. No es posible desde la sociedad tomar posiciones cómodas como abstenerse de votar o anular el voto, aunque eso no signifique no hacerlo, pues son nuestras “armas políticas” ciudadanas, pero no es suficiente; estas personas forman parte del círculo mafioso denominado como clase política y requieren algo más que darles la espalda, porque ellos felices si nadie les pone un límite a sus tranzas y excesos.

Nuevos partidos. Haciendo mofa de la democracia electoral, esa que sirve sólo para legitimar gobiernos aunque la gente no vote, pues por lo menos la oferta habría de cambiar para ser más representativa de la realidad mexicana contemporánea. Ojalá sirva de inspiración para quienes se identifiquen, pero no haciendo un partido imitando a los ya conocidos (PRI, PAN, PRD…) sino movimientos y organizaciones lúcidas con capacidad de lograr cambios benéficos para la sociedad toda:

El partido ateo. No se dedicaría a demostrar la inexistencia de dios, sino a defender el Estado laico, la ciencia progresista y la educación no dogmática (en cualquiera de sus formas). La política actual está influida por el carácter cristiano y católico: la idea de un mesías (líder) que viene a resolver todos los problemas, ¿cómo funcionaría un Estado sin dios?

El partido de la marihuana. Diez mil años de historia medicinal, espiritual, económica y alimenticia no fueron suficientes para evitar su prohibición y tabú en el siglo XX cortesía de los puristas racistas e hipócritas estadounidenses; hoy la ausencia de María inhibe el avance científico y la calidad de vida de la sociedad; este partido no sólo lucharía por sus legalización (lo cual de entrada reduciría considerablemente las matanzas y el mercado negro) sino facilitaría el camino para el desarrollo de la industria del cáñamo y sus usos terapéuticos, cosa imposible de tratar con los ignorantes políticos persignados de esta época.

El partido de las mujeres. ¿Por qué no? En las familias donde es jefa de familia se administran mejor los gastos y se reduce considerablemente la violencia hacia la prole. Seguro se trabajaría contra la misoginia y el machismo, buscando la equidad de oportunidades en ambos sexos y hasta instituciones chiquitas como la familia saldrían ganando con la perspectiva de género.

El partido de la juventud. En el sesenta y ocho las y los jóvenes movilizados movieron al mundo. Hoy la juventud brilla por su ausencia y sin embargo, son mayoría. La juventud es un estado del ser, lo que significa estar fresco de ideas, lleno de energía y dispuesto a los cambios, o sea, todo lo contrario de la clase política. Jóvenes de ayer y de hoy, ¿dónde están?

El partido indígena. Quinientos años de exterminio no fueron suficientes, la raza de bronce se levanta de sus heridas y adquiere personalidad jurídica ante el futuro negado, el racismo y la marginación social. La venganza indígena puede ser una bofetada con guante blanco para los “civilizados” criollos y mestizos mexicanos(as): mandar obedeciendo, decisiones consensadas, rotación de poder, amor y armonía con la tierra y la vida.

El partido gay. Sería muy emblemático que de la tierra de Juan Gabriel surgiera una fuerza política de lucha por el reconocimiento de la diversidad sexual. La sexualidad es otro tabú inhibidor de la felicidad y realización social, ¿por qué le tememos a la persona gay?, ¿qué oscuros sentimientos escondemos en ese repudio a esta preferencia sexual?, ¿quiénes son las y los políticos gay de closet? Un partido de estas características podría ayudarnos por lo menos, a perderle el miedo a la sexualidad.

La política es muy importante como para dejarla en manos de los políticos, no lo permitamos.

NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX

domingo, 18 de abril de 2010

'La Sociedad Anónima': Radiografía estadística y social del abstencionismo, en un libro de Carlos Murillo González

(Tomado de arrobajuarez: http://arrobajuarez.com/notas.php?IDNOTA=16240&IDSECCION=Portada&IDREPORTERO=De la Redacción)

Como un retrato estadístico y socioeconómico del fenómeno del abstencionismo en la entidad, y particularmente en Juárez, fue considerado el libro "La Sociedad Anónima", del autor, sociólogo y Mtro. en Ciencias Sociales por la UACJ, Carlos Murillo González, presentado en su segunda edición este jueves en el Colegio de Chihuahua (ColeCh).

Más allá de reunir con precisión las cifras que demuestran la no participación en las urnas de mas de la mitad de los chihuahuenses en el lapso del '92 al 2004, el texto aporta un ejercicio hasta ahora inédito, el de enlazar la dirección del voto y la abstención respecto a las áreas y estamentos socioeconómicos en Ciudad Juárez, expusieron los presentadores de la obra Dr. Gustavo Córdova, la Dra. Patricia Hernández y el Mtro. Hugo Almada, moderados por el Mtro. Luis Alfonso Herrera.

El concepto creado por Murillo González: los Grupos de Áreas Geoestadísticos Electorales (GAGES), es un método que ha servido para realizar estudios de variables socioeconómicas con resultados electorales: Si los hombres o las mujeres, si los viejos o los jóvenes, si los nativos o foráneos, votan más.

Almada afirma: "Es la paciente tarea, de hacer la homologación de las variables socioeconómicas con las secciones electorales...construye zonas mas grandes -GAGES- (a diferencia de las Áreas Geoestadísticas Básicas, AGEB,s, de INEGI, que no coinciden con las zonas electorales) y a partir de ahí ya es posible, efectivamente, en 25 grandes áreas comparar las variables económicas y las variables electorales...este es un trabajo de infraestructura, de obra negra por decirlo de alguna manera, que puede ser aprovechada por incluso por otro tipo de estudios".

Asevera que "es un libro que tiene varias virtudes, por una parte desarrolla la tendencia del abstencionismo mostrándolo con mucha más claridad que lo que se ha hecho de manera cotidiana, al comparar de manera puntual elección por elección, y mostrar como para cada una de los tipos de elecciones, en todo el periodo que cubre el libro, la baja en la participación electoral es una constante...la participación se derrumba".

La investigación se vierte en otro de sus apartados sobre los orígenes del abstencionismo como estrechamiento del ámbito político; la sensación de la inutilidad de la política que no tiene que ver con ninguno de los problemas de la vida diaria de salario, seguridad, educación, etc.; un tercer concepto que es la desaparición del sentido de comunidad, de las redes sociales; y finalmente un supuesto antagonismo entre la sociedad y la política: la política está tan jodida que no vale la pena participar en ella, reflexiona Almada.

Es, añade, un trabajo académico serio y también es un trabajo de emergencia en el sentido de que llama la atención sobre un problema sensible en nuestra convivencia de ciudad en estos momentos y de alguna manera llama también al quehacer social y político

En su libro, Murillo González, "trata de explicarse con una reflexión profunda, matemática, objetiva pero también subjetiva. En el primer caso, hace un esfuerzo por exponernos mapas y estadísticas que muestran, en efecto, esta fatiga o apatía del electorado; en el segundo caso, da cuenta de que contamos con un ciudadano poco interesado en la cosa pública, tal vez porque ya tiene empleo, y concentra todo su esfuerzo en no perder su puesto en la línea de producción, o ya cuenta con un nivel de vida...se encuentra en la zona de confort, o bien se automargina por ignorante, miedo. o para no comprometerse...", según el Dr. Córdova en sus comentarios presentados vía documento.

Agotada su primera edición impresa en 2006, "La Sociedad Anónima: Los factores socioeconómicos y políticos del abstencionismo en el municipio de Juárez (1992-2004)" permaneció como único en el tema en el país - al margen de capítulos aislados en otros libros y revistas- hasta 2009 cuando apareció otra publicación en Zacatecas., entidad con un problema de abstencionismo menos agudo.

Carlos nos conduce, a través de esta revisión y del análisis que acompaña –dice Patricia Hernández-, a reflexionar si realmente la democracia se está consolidando….a partir de una investigación que se basa en el análisis socioeconómico de Juárez, tomando en cuenta los indicadores más recientes, encuentra interesantes hallazgos que van apareciendo a nuestra mirada a lo largo de la lectura…

El autor toma como estrategia el análisis del abstencionismo del municipio de Juárez a través de algunos de sus factores socioeconómicos más relevantes para tratar de comprender y conocer, geográfica y demográficamente, donde y en que grupos sociales se participa más, y donde y en que grupos menos, además de relacionarlo con su contexto histórico y cultural, añade Hernández.

La publicación que desde su salida al público adelantaba el decrecimiento de la votación en la entidad, la frontera incluida, confirma su tesis al paso de los años, comentaron los presentadores.

El trabajo del sociólogo y Mtro. en Ciencias Sociales por la UACJ, Murillo González, comenta el Dr. Córdova, "explica este fenómeno -del abstencionismo- como el divorcio entre la sociedad y la política, la cual es un asunto grave para el contexto en que vivimos...renuncia a la ciudadanía que implica al menos el derecho de participar en el patrimonio social...la apatía, falta de confianza en el sistema, falta de confianza en sí mismo, falta de información, fatiga electoral, entre otros términos y conceptos a lo largo del texto".

De la Redacción