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miércoles, 27 de mayo de 2015

50 años de La democracia en México



50 años de La democracia en México
Carlos Murillo González

Frente al México organizado del gobierno (con su sistema presidencialista, su partido, sus uniones de trabajadores) y frente a los sectores de poder, también organizados (como el ejército, la iglesia, los empresarios nacionales y extranjeros) hay un México que no está organizado políticamente.
Pablo González Casanova


En 1965 aparece la primera edición del libro de Pablo González Casanova La democracia en México*, el primer estudio sociológico donde se somete a prueba las condiciones de vida de las y los mexicanos en un régimen de apariencia democrática. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

El texto, terminado en mayo de 1963, es un amplio y rigoroso examen estructural de la economía, la política y la sociedad del México posrevolucionario. Para el lector(a) actual, acostumbrado al uso superficial del concepto de democracia, le parecerá raro encontrar dicha palabra mucho después de comenzada la lectura y en cambio entrar de lleno a la cuestión político económica con referencias directas de los indicadores más cercanos y confiables de la época, principalmente el Censo de 1960, así como anuarios estadísticos y otras fuentes de cuantitativas relevantes.

Se trata pues de una investigación de amplio alcance, hasta entonces algo inédito en el país, sobre el desarrollo de la democracia en base al desarrollo económico; los datos duros permiten ver un México marginal en muchos aspectos tan sensibles y básicos como la alimentación, el vestido y la educación. Es también un retrato de época, de la transición de una sociedad rural a una urbana. Las zonas rurales del siglo XX son tan marginales como las actuales; la diferencia es su ponderación poblacional: en 1960 representaban casi la mitad de la población (hoy son menos de la tercera parte).     

Para quienes gusten de los datos electorales, González Casanova ofrece varios
apartados interesantes que muestran comparativos por elección y porcentajes de participación. Hay también una crítica a la democracia capitalista y las aspiraciones burguesas de las élites económicas y políticas por mantener una situación favorable a sus intereses. Muestra lo que él llama un “México precapitalista y predemócrata” (página 187). Es la última etapa del “Milagro mexicano”, de la industrialización del país a partir de la sustitución de importaciones iniciada en los años cuarenta con motivo de la Segunda Guerra Mundial.

También entonces nota una atomización social, una distorsión política fruto del analfabetismo y el conservadurismo mexicano. Hacia esas fechas la protesta social y en general, inconformarse, demandar o exigir públicamente y organizarse para ello, son considerados más como actos delictivos que como derechos democráticos, tanto por el Estado, obvio, pero también por la sociedad. La tradición cultural autoritaria mexicana atraviesa clases y estratos para mezclarse con la apatía política, la sumisión cívica y lo que hoy llamaríamos el desencanto con las instituciones democráticas.  También para entonces es notable ya la penetración e influencia de los Estados Unidos en la vida del país: desde la inversión privada hasta la invasión cultural y por supuesto, la dependencia económica.

El análisis de las estructuras del poder político, sus actores y dinámicas, están representadas como fuerzas desiguales, donde el monopolio del poder se centra en alrededor del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el presidencialismo, pero subsisten a la vez partidos de oposición, movimientos sociales, organizaciones patronales, caciques regionales y un clero y sector católico de derecha todavía muy influyente,  según el autor, con tendencias fascistas. El gran actor marginal, el gran explotado, es el indígena, como ya se habrá imaginado el lector(a).

Las grandes ausencias en La democracia en México son los jóvenes, las mujeres y los medios de comunicación, quienes ahora juegan importantes roles en la sociedad del siglo XXI.  No obstante González Casanova reivindica que “No habrá otra revolución en México (y de ello es necesario tener plena conciencia) sino cuando la estructura social sea incapaz de resolver los problemas urgentes del desarrollo de la nación y cuando se hayan agotado las posibilidades de una lucha cívica” (página 96). Faltan datos sobre televisores, radios y su cálculo de usuarios, pues sería interesante conocer su penetración cultural por insignificante que fuese. En cambio el texto nos ofrece el número de tirajes de los principales periódicos a nivel nacional y estatal, pues se contaban por millones, algo inaudito en la actualidad.

Si al leer La democracia… siente que ha regresado al pasado, entérese que no ha salido de él. Ese pasado es el presente extendiéndose en el tiempo en un camino lento y tortuoso. La gran contribución de González Casanova es interpretar la democracia no sólo desde lo electoral, institucional y jerárquico, sino de atraer la atención sobre el problema de la desigualdad, la pareja del binomio libertad-igualdad básico de cualquier democracia. Por eso la legitimidad de la democracia en México se desmiente: por su enorme rezago social. 50 años después, La democracia en México de Pablo González Casanova nos sigue recordando las contradicciones mexicanas vigentes a la fecha, ¿qué haremos al respecto?



*Pablo González Casanova, La democracia en México, Ediciones Era, Vigésima reimpresión, México, 1995.

jueves, 6 de junio de 2013

Campaña anticampaña




Dedicado a El Burro Chón

La competencia electoral en México en poco tiempo dejó de ser considerada en serio. El desprestigio de las instituciones políticas es enorme, tan grande como el cinismo y la erosión de la llamada “clase política”, comenzando con el PRI, pero abarcando a todos los partidos políticos, institutos y tribunales electorales. Jugar a la democracia para justificar gobierno, es el juego y disfraz de un grupo parasitario al servicio de intereses particulares y egoístas.

Las elecciones del 2013 en Chihuahua de lo que más van a adolecer es de credibilidad: candidatos chapulines, pragmatismo partidista (alianzas y coaliciones desideologizadas) candidaturas marcadamente empresariales, discursos chatarra, compra de votos, instituciones públicas y privadas afines…todo está previsto para continuar con una costumbre desvirtuada cuyo significado es hoy sinónimo de despilfarro y engaño; de discurso y teatro; de formalidades para legitimar un sistema político-económico y cultural que hoy sigue sumiendo en la pobreza, ignorancia y apatía a su población.  

¿Qué significa la democracia? ¿Un grupo en el poder para gobernar sobre el resto de la sociedad? Ahí inicia el primer engaño: en la concentración del poder político en un grupo; eso implica desequilibrio, un sometimiento de los muchos a los pocos. En las democracias electorales el gobierno es elegido por mayoría, segundo engaño; el gobierno del pueblo termina siendo el juego de los grupos económicos, militares, religiosos, sin la participación de todos las y los individuos de una sociedad dada. Los representantes “populares” (diputados, senadores, regidores) son sólo soldados mercenarios tratando de hacer carrera fortaleciendo el sistema.

Ya para cuando estén las campañas en plenitud de sus actividades, la ciudadanía debe recordar de nuevo el feminicidio crónico y el genocidio chihuahuense de la “guerra” contra el narco, presente a la fecha en todo el estado; los abusos de  Julián Leyzaola en Ciudad Juárez; el asesinato de activistas, el acoso a periodistas  y un sinnúmero de casos de violación a los derechos humanos. Por que todo será alegría para quienes apoyan las campañas, como la Iglesia católica, las cámaras empresariales, y tal vez de manera indirecta, actores como las mineras canadienses y los dueños de los pozos clandestinos menonitas (es decir, los inversionistas extranjeros y las élites protegidas) mientras la hambruna y ecocidio en la Sierra Tarahumara se olvidará, vendrán los candidatos-payasos tipo el Teto Murguía a fastidiarnos con sus simplonadas y cinismo o si no, los clásicos románticos-populistas que te quieren bajar el sol, la luna y las estrellas a cambio de tu preciado voto.

Pero todo este circo es innecesario, evítenos la pena de avergonzarnos con sus miserias; está más que demostrado la efectividad de los monederos electrónicos, los celulares desechables y las tradicionales concentraciones populosas en viaje redondo con cachucha, camiseta, banderilla, su lonche y Pepsi-cola incluida como fuente formidable de compra de votos, así que para qué tanto circo si ya sabemos cómo van a ganar y quiénes van a votar. Ya sabemos para qué se usa la deuda pública contraída por estados (como Coahuila, Tabasco o Chihuahua) y los programas de gobierno tipo “combate a la pobreza” (comida chatarra por votos).

Abstencionismo y voto nulo: verdaderos termómetros de una elección actualmente.

Votar o no votar es un ejercicio y decisión individual, pero votar no es elegir, sino legitimar y sin embargo, el efecto de culpa se instala como un chip y se aferra a reglas obsoletas y regímenes autoritarios; por temor se vota más que por ética. Votar significa estar contento con el régimen y no querer cambiar . Por el contrario, el voto nulo y la abstención son dos caras de la misma moneda: una protesta silenciosa, un descontento y reflejo de la real politik del todavía vigente Old Regime y de cómo la gente responde al engaño, así esté despolitizada.

Es muy posible que en estas elecciones del 2013 se rompan records de inasistencia (abstencionismo) pues la actividad es como volver al pasado, cuando se votaba para legitimar al PRI. La participación electoral anda por debajo del 30% en elecciones estatales intermedias de los años recientes. La diferencia podría ser el voto nulo, en su ambivalencia de participación electoral y abstencionista, cuyo número crece a cada elección. Para anulistas, apartidistas y abstencionistas las siguientes sugerencias:

Dedícale tu voto a alguna causa que valga la pena apoyar o llamar la atención, por ejemplo, contra la privatización del agua, el maíz transgénico o el abuso policiaco.

Agrega el nombre exigiendo justicia por alguna de las personas desaparecidas o asesinadas de este estado.

Vota por tu lucha particular (legalización de la marihuana o los matrimonios gay; contra el maltrato a los animales; defensa del Estado laico, poligamia…)

También puedes dejar tu boleta en blanco si tienes la suficiente confianza de que no será alterada. Recuerda que el voto es anónimo, si te place o te sirve de desahogo, hasta puedes mentar madres y padres.

En el inevitable caso de enfrentarte en la vida cotidiana con campañas y candidatos se recomienda:

Pega un escrito o calcamonía en un lugar visible de tu casa o carro (una ventana, por ejemplo) donde expliques muy claro que no recibes propaganda partidista de ningún tipo o a candidatos(as).

Si hay comité de vecinos donde vives, vigila que no se organicen mítines partidistas sin consentimiento vecinal.

Sí hay un mitin partidista y están contaminando con ruido excesivo u obstruyendo las vías de tráfico, puedes llamar a tránsito o la policía, las campañas no les da privilegios ni impunidad.

No es obligación recibir propaganda no deseada en tu casa, trabajo o la vía pública.



viernes, 23 de marzo de 2012

Partidos prohibidos en México




Después de la visita papal a México, en marzo del 2012, algunas cosas cambiaron en el país: se prohiben los matrimonios gay y los abortos; se crean internados para niños, se declara el catolicismo como religión única de los mexicanos, se cancela a las mujeres el derecho a votar y se establece la familia como base de la sociedad mexicana. La escritura se vuelve masculina y el mundo vuelve a ser lo de antes (Edad Media).

El capitalismo neoliberal se institucionaliza, siendo tolerado por El Vaticano a cambio de repartirse las mentes y los corazones de la gente: deseando con placer y sufriendo con culpa. La vida democrática continúa religiosamente con sus ceremoniales sexenales, obligados ahora a votar debido a otra reforma constitucional,  so pena de cárcel. Para evitar riesgos de inestabilidad social, se eliminan las ciencias sociales y las humanidades de toda currícula escolar, así como se cancela el derecho a reunión; las blasfemias son ahora pagadas con pena de muerte y quedan prohibidos los siguientes partidos:

Partido Laico. Surge de la ruptura social por las reformas constitucionales al Artículo 24 de ese mismo año, previendo los peligros para el país, en caso de continuar las concesiones a la iglesia católica en el lobby político, como finalmente fue; en algunos estados surgió la rebelión (llamada “La guerra laica”) pero son combatidos, exiliados y encarcelados hasta terminar como partido político, pero en el extranjero. Su tesis principal es la libertad de creencias (religiosas, científicas, artísticas…) y se declaran continuadores de las ideas juaristas.

Partido Pacifista. Los problemas con el narcotráfico siguieron su curso, bajo pequeñas modificaciones de subsecuentes programas de militarización de la vida cotidiana y criminalización de la sociedad. El Partido Pacifista se crea de religiosos(as) marginados(as) y decepcionados(as) de todas las religiones, bajo una filosofía anarco-pacifista y la admiración a Gandhi. Surge ante la continuación de la “guerra” contra el narco, prolongada por las sugerencias de Washington a los subsecuentes gobiernos mexicanos, ante el alto grado de violaciones a los derechos humanos.

Partido Nudista. Surgido de un movimiento artístico, la desnudez se convierte en símbolo de protesta frente a la falsa moral religiosa y política. Las y los desnudistas no sólo pugnan  por la libertad de la desnudez del cuerpo y su individualidad, sino también por la desnudez de ideas y la transparencia política y gubernamental. Se solidarizan con las y los desposeídos, por una sociedad sin clases.

Partido Agnóstico. Constituido por intelectuales, científicos y militantes de las distintas izquierdas (anarquistas, comunistas, liberales, socialistas, teologistas libertarios…) practican nuevas formas de organización sociopolíticas y económicas, nuevas formas de convivencia. Se pronuncian por la pluralidad de la convivencia de humanos con la vida del planeta y la organización horizontal sin liderazgo (todos y todas somos líderes).

Partido Feminista. Después de la prohibición de las profesiones para mujeres, y en general por el rápido detrimento de sus derechos y calidad de vida, viendo el aumento del machismo y la violencia de género, el feminismo se radicaliza y se convierte en guerrilla urbana, siendo sus principales objetivos, la destrucción del Estado patriarcal y el catolicismo de derecha. El Partido Feminista es su brazo político.

Partido Frugal. El movimiento ecologista en México es el precursor del Partido Frugal. Ante el derroche de recursos naturales, el desperdicio de alimentos, la contaminación ambiental y la vida de consumo en las grandes urbes, este partido promueve una sociedad consciente y moderada, equilibrada con la naturaleza. Su motivación es autarkista e indigenista. El Partido Frugal es anónimo y sigue luchando por la despenalización de la marihuana.

Partido Transexual. El mal humor, la depresión y el estrés con que viven las y los mexicanos del siglo XXI (o la familia, hablando en términos oficialistas) debido a la represión sexual (muchas prácticas eróticas quedaron criminalizadas, como la masturbación, por ejemplo) más el vacío de vida que generan la vida de consumo posmoderna y la vigilancia panóptica, producen un ambiente enajenante que perjudica la salud y la felicidad individual y colectiva. Constituido originalmente por hombres abusados sexualmente en la infancia (en particular por sacerdotes) y en unión política con personas transexuales, crean este partido por la sexualidad libre y el castigo a pederastas. El Estado mexicano y la iglesia católica niegan la existencia de este partido, pero es inútil ocultar el proselitismo y presencia de éste a nivel internacional, donde ha influido en la inspiración de nuevos movimientos a favor de la sexualidad y/o en contra de los abusos de la iglesia católica. En lo político son transexenales y en lo sociológico, a favor de la pluralidad y la multiculturalidad.

lunes, 19 de marzo de 2012

Requisitos para hacer carrera política




Advertencia. Lea detenidamente las instrucciones. Contiene verdades muy duras. No apto para personas sensibles, ingenuas, irasibles, con asma o males cardiacos. Puede causar náuseas, taquicardia, miedo, repugnancia, tristeza o desesperanza. Si usted ya está en del ámbito político o vive de la política, pase directamente al texto.

Instrucciones. Para leer los siguientes requisitos es preferible hacerlo en la casa, en ayunas y relajarse leyendo una tira cómica o escuchando música suave antes. Si ya comió, es mejor tener un recipiente hondo, agua y pañuelo a la mano o estar cerca de un baño. Si está tomando medicamentos como antidepresivos o antihistamínicos, es preferible que los tome antes de leer o tenga sus medicamentos a la mano. NO LO LEA SI SE ENCUENTRA EN LA CALLE, SOLO Y NO DISPONE DE LOS MEDIOS ANTES INDICADOS. Cualquier semejanza con la realidad, es mera realidad.

Efectos secundarios. Es posible que se le quite el apetito el resto del día o tenga pesadillas.

Aquí los requisitos:

1.- Aprender a comer mierda y sonreír.

2.- Sangre fría. Indispensable para mandar matar enemigos, reprimir manifestaciones, amenazar a grupos vulnerables, desviar dinero público para su conveniencia personal, ignorar o minimizar catástrofes humanitarias y ecológicas.

3.- Tener padrino, madrina o grupo que lo apoye, al(a) cual, luego le devolverá el favor, la protección o lo que sea necesario en agradecimiento.

4.- Cinismo, pese a las evidencias, niéguelo todo o haga mofa fingiendo demencia hasta que un juez u organismo internacional lo sentencie. En caso de desgracia, es importante tener corta memoria y hacer valer su poder político (ver requisito 2).

5.- Hipocresía. No demostrar sus emociones ni lo que verdaderamente piensa o va a hacer.

6.- Traicionar. Las veces que sea necesario, incluyendo a su familia, amantes, socios, padrinos y madrinas, el partido, el municipio, el estado y la nación. Incluye sus convicciones e ideales.

7.- Engañar. Particularmente a las y los votantes en las campañas electorales y a la sociedad ya en el puesto logrado.

8.- Robar. Sobre todo de obras públicas, monumentos, fideicomisos, fondos y programas a través del desvío de recursos y nómina oculta. Puede y debe contraer deuda pública para este fin bajo este o cualquier otro pretexto (los contribuyentes pagan).

9.- Siempre demostrar entereza, convicción, liderazgo, fortaleza (aunque por dentro se lo esté llevando la chingada). Nada más tenga cuidado de no desarrollar cáncer.

10.- Nunca llorar en público (a menos que sea una estrategia política o engaño) ni demostrar debilidad o estar equivocado, podría peligrar su carrera y acelerar su caída.

11.- Acudir con especialistas en marketing e imagen. Es preferible verse bien y decir lo correcto antes que mostrarse tal cual.

12.- Ignorar críticas, acusaciones y señalamientos (a menos que sea muy grande el escándalo).

13.- Sobornar o meter en nómina a medios informativos, periodistas, intelectuales, publicistas y demás, para contrarrestar las críticas y que hablen favorablemente  bien de usted.  Lo mismo aplica para “comprar” amigos o acallar críticos.

14.- Crear sucesores  a modo (también llamados “títeres” o “monigotes”) que le cubran las espaldas cuando deje el poder y/o  pueda huir del país si es necesario.

15.- Escalar posiciones por intercambio sexual y chantajear si es necesario. No se preocupe si es usted homosexual o lesbiana, hay muchos en el medio (aunque es recomendable guardar las apariencias contrayendo matrimonio heterosexual).

16.- Oculte cómo es el trato con su familia, sobre todo si existen conflictos; destruya toda evidencia que comprometa su carrera, como comentarios públicos, relaciones con personajes de dudosa calidad moral o cualquier documento, fotografía, audio y video que delate sus “debilidades”, sobre todo si ha tenido problemas con la justicia.

17.- Si existe un(a) rival o varios que le obstruyan su carrera o compitan con usted, elimínelo(s) vea el requisito 2.

18.- Pactar con sus enemigos si es necesario para mantener y/o acceder al poder o salvar el pellejo.

19.- Tráfico de influencias. En todo momento debe hacer uso de su poder político.

20.- No se olvide nunca  (créaselo aunque sepa que no es cierto) que usted es indispensable para el puesto que quiere o tiene.

Si reúne todos los requisitos, puede acudir a cualquier partido político o formar el propio.

(imagen tomada de loqtedelagana.blogspot.mx)






miércoles, 7 de marzo de 2012

U.S. Must Expand, Not Suppress, Voting Rights




Compartido por Rainbow/PUSH Coalition 


By : Reverend Jesse L. Jackson, Sr.

In Selma, Ala., on Sunday, I joined thousands of citizens marching across the Edmund Pettus Bridge, marking the 47th anniversary of Bloody Sunday, the 1965 march and police riot that helped spark the passage of the Voting Rights Act.
The march was not a memory to the past, but a protest of the present. In Alabama, conservatives are moving once more to suppress the vote, part of a concerted effort across the country to make it harder for the poor, the elderly and minorities to vote.
Alabama’s voter ID law will require citizens to present photo identification at the polls. An Alabama immigration law requires police to determine citizenship status during traffic stops, essentially exposing Latino citizens and non-citizens to constant harassment.
Photo ID laws have been introduced or passed in at least 15 states. They discriminate against those who don’t have driver’s licenses — disproportionately poor, elderly and minorities. Nationally they could disenfranchise about 5 million voters. Several states are also pushing legislation to restrict voter registration and to limit early voting.
The current drive is the greatest insult to the Voting Rights Act since it was passed 47 years ago.
Republicans argue that the voting laws are needed to counter fraudulent voting. But they have produced zero evidence of organized efforts to tip elections with fraudulent voters. The laws, as noted by the Rev. Al Sharpton, one of the march organizers, are a “solution looking for a problem.”
On Bloody Sunday 47 years ago, Americans saw nonviolent African-American protesters brutalized in a police riot. The nation’s conscience was touched and Washington responded, as President Johnson pushed through the Voting Rights Act.
Protests against current efforts to suppress the vote have only just begun. But they will build — and they will once more pose a moral challenge to America.
Will Americans reward a party that is systematically seeking to make it harder to vote? Will they accept routine harassment of minorities because of their fears about immigration? Will the politics of division once more be effective?
In the old South, whites feared that they would suffer with the end of segregation. Their privileges would be reduced; their economy would be upended. In fact, the civil rights movement’s victories opened the South to a new prosperity. Investment flowed in. Companies that would have not gone into a segregated South moved to Atlanta and other cities.
It turned out that to hold African Americans in a ditch, whites had to stay down there with them. The end of segregation, the passage of voting rights, created new opportunity for all.
But the old South did not die. The modern Republican Party was built on its infamous Southern strategy, appealing to whites in reaction to the passage of the civil rights laws. Now that strategy, which alienated African-American voters, seems to be replaying itself in the party’s harsh rhetoric and actions about the new wave of immigrants. The result may well alienate Latino and Asian-American voters.
Worse, it means that one of America’s two major parties is increasingly devoted to finding ways to limit the vote rather than expand it. In fact, what we ought to have is a competition on how to ensure that every citizen can cast his or her vote easily. Automatic registration on birth, early voting, extended voting days, polls that are open on weekends and before and after work days — we should be having a competition on how to increase the vote, not on how to suppress it.

lunes, 23 de enero de 2012

Razones para no votar




No robes, el gobierno no tolera la competencia
Anónimo

El abstencionismo activista es una especie de revancha cívica. Aquí no se está en contra de un partido o candidato(a) sino de todo el sistema político. Quienes hacen de la anulación de su voto un arma política están expresando no sólo su inconformidad, ¡también su inteligencia! pues empujan hacia la sensatez, no hacia el conformismo.

La preocupación de los políticos es entonces sí el abstencionismo en general llegue a ser tan abrumador que su peso obligue a cambiar la forma de hacer política en México y por lo tanto, el fin de su era, de su modus operandi; después de todo hay demasiados motivos para no votar o anular el voto y el cambio revolucionario no vendrá de la clase política. Votar en la actualidad significa ser cómplice de la mafia de los partidos. No votar, irónicamente, resulta en estos momentos más democrático, pues va forzar a una nueva concepción y dinámica de la política comenzando con las relaciones de poder partidos-sociedad.

Por eso la aparición de nuevos movimientos sociopolíticos surgidos desde la sociedad, particularmente en internet y a favor de la anulación del voto o el voto en blanco (abstencionismo activista) son satanizados por la clase política, pues implican la desestabilización del sistema no en cuanto a “debilitar” la democracia (¿cuál?) sino sus privilegios elitistas. Aun la crítica desde la izquierda de que el voto nulo fortalece a la derecha en contra de opciones más progresistas es una ilusión, pues para empezar la “izquierda” electoral no defiende sus triunfos, como sucedió en las elecciones presidenciales de 1988 y 2006 o bien trueca sus ideales como el PRD.

No es de extrañar que la política se haga cada vez más pensada para ganar elecciones que para gobernar; las elecciones significan mucho más que un mero acto cívico-ciudadano-democrático: son el instrumento-meta de quienes viven de ella. Las elecciones son pues un instrumento de exclusividad de los partidos y por ello se afanan en “fortalecerlas” a su favor con la selección de consejeros electorales o últimamente, con iniciativas como la reelección o el voto obligatorio. No importa que no se ofrezcan verdaderas ofertas interesantes o se ciudadanice equitativamente el poder; importa seguir mamando de los impuestos de todos y todas.

Siguiendo esta lógica los partidos se han convertido en verdaderos nidos de ratas donde se incorporan muchos individuos sin ética a puestos gubernamentales o de elección popular que luego vemos en los noticieros cometiendo un sinfín de ilícitos y, si tenemos suerte por ser mucho menos frecuente, enfrentando la ley. La influencia de las malas mañas del Partido “Revolucionario” Institucional (PRI) en el resto de los partidos, nuevos o viejos, no hace sino crear escuela y generar una competencia partidista, sí, pero en el sentido de ver cuál es que el que corrompe más para llegar al poder o ya instalados, a ver quién roba más.   

La imagen que los políticos mexicanos(as) proyectan hacia la sociedad es el de personas soberbias (nunca se equivocan) poderosas (imposible verles llorar) mesiánicas (o es él/ella o es la catástrofe) faltos de palabra (no cumplen lo que prometen) y traicioneros (capaces de vender el país o causar genocidios). En pocas palabras, no inspiran confianza. Conforme pasan los años este perfil alimenta el imaginario colectivo alejando a la gente de las urnas y lo que es peor, de la vida política del país; pocos o casi nadie quieren hacer política, sino ser políticos; es decir, gozar de los privilegios de vivir de ella, lo equivalente a considerar la política como una carrera personal y no como una vocación o servicio a la sociedad.

El engaño radica en mantener una “paz social” a través del mecanismo de las elecciones periódicas para simular vivir en una democracia. Luego el analfabetismo político y la despolitización social se implementan desde el Estado para facilitar una cultura de la corrupción manteniendo un permanente estado de embriaguez cívica y ciudadana que hace posible la llegada al poder de personas y grupos temibles por su mediocridad y/o peligrosidad. En México el poder político se sigue entendiendo como un asunto de los pocos y por lo tanto, arriesgado para el/la ciudadano común. 

La historia de las elecciones en México está repleta de todo tipo de fraudes: desde la represión y el asesinato, hasta la falta de respeto al voto y las promesas de campaña incumplidas. No habiendo todavía mecanismos para hacer rendir cuentas a las y los políticos, éstos son capaces de firmar ante notario público sus promesas o llegar incluso hasta el crimen sabiendo de antemano que nada les pasará. Entre más grande es el poder del político(a) más fuerte es su impunidad.

A inicios del siglo XX en México existía la necesidad de derrocar al régimen porfirista, celebrar elecciones libres y mejorar las condiciones de vida de la población. Cien años más tarde la periodicidad de las elecciones se sostiene, mas no así la mejora de las condiciones de vida de las y los mexicanos; México se deshizo de un dictador quedando en su lugar una nociva clase política adicta al poder y fortalecida en cada elección. ¿Más razones para no votar?

(Publicado en gurupolitico.com, imagen tomada de tuyverdad.blogspot)