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lunes, 16 de abril de 2012

Las drogas, las elecciones y Chihuahua



(Publicado también en revista Aserto, número 105, abril del 2012, Chihuahua, Chihuahua)

La “guerra” contra las drogas es el rasgo más distintivo de este sexenio conservador de derecha neoliberal. Se calcula una pérdida en vidas humanas de alrededor de 60 mil asesinatos, de los cuales una quinta parte suceden en Chihuahua. Hasta el momento, ningún candidato presidencial ha dejado claro cómo va a subsanar tamaño catástrofe, la militarización y el intervencionismo de Washington, cómo recuperar la paz. La legalización y despenalización de las drogas no es un problema menor.

El tema ni siquiera está en las propuestas de campaña, pese a que las dimensiones del genocidio por sí solo sería suficiente para detener cualquier proceso electoral en una auténtica democracia y paralizar al país en la búsqueda de justicia, pero no es el caso. A la derecha no le interesa cambiar el rumbo de la estrategia contra las drogas y la “izquierda” no parece muy dispuesta a arriesgarse a oponerse a los designios estadounidenses y menos a asustar a las conservadoras y desinformadas mentes de la ciudadanía que sí vota y que a cada elección es más escasa. Esto significa para estados fronterizos como Chihuahua, la continuación de una guerra de baja intensidad, clasista y selectiva.

El narcotráfico es un problema del capitalismo por que es un negocio.

No es un problema del ser humano, del individuo, por que cada quien tiene la libertad de elección y si alguien prefiere fumar marihuana, no debe considerarse como un delito y menos perjudicial para la salud; es mucho más perjudicial beber Coca-cola o fumar tabaco y sin embargo sigue siendo una decisión individual, aunque inducida. En las sociedades de consumistas, el problema es la enajenación compulsiva, no consciente, por eso se debe criminalizar a las empresas que manipulan a la población con necesidades creadas, las cuales constantemente seducen a la sociedad para venderles satisfactores que no necesita y crear clientes cautivos. Pero eso tampoco lo vamos a ver en las propuestas electorales, por que toca muchos intereses empresariales.

La “guerra contra el narco” nos ha traído como consecuencia un grave problema de seguridad pública, que si bien ya existía antes de este hecho, se multiplica y complica en pocos años trayendo desgracia, sufrimiento y estancamiento económico. Chihuahua es el vivo ejemplo del antes y el después de esta situación. Las consecuencias han sido en alto grado desfavorables para la sociedad en general y ha recrudecido, entre otras cosas, la violación a los derechos humanos, la persecución y asesinato de activistas, el exilio masivo de población a otros estados y países, además del aumento de delitos en todos los rubros; prácticamente en todos los municipios hay historias trágicas relacionadas con esta cuestión.

Chihuahua ha sido con mucho, el gran perdedor de esta “guerra”.

Paradójicamente, pero no inocente, el gran ganador de este pandemónium es Estados Unidos: se queda con la droga, vende armas a los grupos criminales, impone su visión estratégica al gobierno federal y hasta se da el lujo de beneficiarse con la gente huida a ciudades como El Paso, Texas, entre ellos muchos empresarios y empresas; todo un negocio. El precio que tiene que pagar Washington en comparación con sus ganancias es mínimo, basta un económico y condicionado Plan Mérida y algunos otros fondos “humanitarios” del USAID para “reparar el tejido social”. Por eso persiste el interés en que quien salga ganador(a) de la contienda electoral del 2012 continúe la estrategia sugerida.

La posición geográfica de Chihuahua, estratégica para el narco, pero también para Washington, nos deja en una situación vulnerable. Si continúa la “guerra” contra el narco se seguirá debilitando al estado, pues además quienes gobiernan a nivel estatal y municipal son incapaces de garantizar una mínima existencia pacífica a la sociedad. Obviamente legalizar no está en los planes de las y los políticos, los partidos ni los candidatos presidenciales, pese a la existencias de numerosos estudios académicos a favor e incluso, de la opinión de varios e influyentes políticos a escala internacional. Legalizar supondría una desestructuración de la política tal como la conocemos, pues además el narco ya estaba dentro desde mucho antes y genera millonarias ganancias. Hay pues, muchos intereses de por medio.


4-20. El 20 de abril se celebra mundialmente el día de la marihuana. Es una forma de protesta contracultural en varias partes del mundo, incluido México, para concentrarse públicamente, fumar mota y exigir la liberación del consumo. Esta “droga” tiene miles de años de ser conocida por sus cualidades curativas, alimenticias y textiles, pero sólo hasta el siglo XX es cuando se prohíbe, a insistencia de Washington, para proteger su industria algodonera.  Son inútiles e injustificables los discursos oficialistas para desacreditar a la marihuana y las acciones para criminalizar a sus usuarios y “combatir” a los cárteles. La ignorancia, hipocresía y avaricia detrás de la prohibición y persecución sólo delatan la complicidad de intereses con las consecuencias que lamentablemente ya conocemos.

domingo, 11 de septiembre de 2011

¿Qué cambió el 9/11?



(Foto tomada de Taringa "Homenaje a las Torres Gemelas")


La adversidad es ocasión de virtud. Lo que importa no es lo que te suceda, sino cómo lo lleves.
Séneca

La vida cotidiana del mundo tuvo un giro a partir del advenimiento de la moderna tragedia nacional estadounidense, inmediatamente convertida en mundial, del doble avionazo y misterioso derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York y del aparatoso ataque al Pentágono del que no quedó ni rastro del presunto avión estrellado…¿Qué hacías el 11/09/01?, ¿cómo está el mundo diez años después?, ¿cómo estás tú?

Neoterrorismo

Una nueva era de terrorismo se inaugura el once de Septiembre del 2001.  Ese día y por tal motivo Manuel Arroyo[1] suspendió la clase de Teoría Social, tuvimos una breve charla sobre el suceso y de inmediato surgió la hipótesis del complot, ¿cómo la potencia herida en su corazón? Imposible. En la biblioteca se instaló un televisor para estar al tanto de la noticia, para ese momento ya se había estrellado el segundo avión. El shock mediático era intenso y constante, ¡increíble!

La guerra de Irak y la invasión de Afganistán.

Toda buena película tiene un buen villano ¡Osama Bin Laden! Una vez más el presidente en turno dirigía los destinos de la emoción estadounidense, convertida en furia y encontró un culpable, un terrible enemigo capaz de unir a América para un solo fin: matar a Bin Laden. ¿Cómo se coló Saddam Hussein?, ¿Qué tenía que ver Irak en esto? Petróleo. A la fecha, Osama Bin Laden sigue siendo (y para la eternidad) un personaje que sólo salía en la tele gabacha. Saddam, como Karzai en Afganistán o Noriega en Panamá, son personajes creados por EUA, ¿Bin Laden también fue inventado?

La globalización de la protesta.

Duramos cinco semanas ininterrumpidas de manifestación afuera del Consulado gringo en Ciudad Juárez, más las marchas, los foros y los performances; de ahí surgió Fronteras por la Paz; ahí conocí a Itzel. A veces éramos cuatro, cinco chícharos, a veces cientos, nunca miles; de todos modos se hizo la guerra…ahí entendimos el poder de internet y las redes sociales; ahora comprendo que también nos forjó para lo que vendría después en la era de terror mexicana.

La guerra contra el narco

El mundo se hizo un lugar más inseguro. La paranoia gringa se contagia a la buena o a la mala y se impone en vastas zonas y países. Hay que inventar enemigos donde no los haya; hay que hacer guerras donde haya paz.

El feminicidio ya era un problema grave cuando se vino la crisis económica del 2001-2002 y se perdieron muchos empleos de maquila, pero nunca pensamos que la violencia fuera a alcanzarnos a estos niveles de descaro; el feminicidio devino también en infanticidio, homicidio ¡genocidio! El Valle de Juárez convertido en un panteón del que ahora se jactan será una zona de desarrollo ¡viva el capitalismo!

La crisis económica actual

La economía y la sociedad tiene ciclos y ambos están ligados por la política. A partir de España en el siglo XVII, los imperios duran cien años, un siglo, no más. Económica y moralmente se agotan. No es de extrañar que la crisis económica actual provenga de Estados Unidos.  Si el mundo siguiera el ejemplo de vida de consumo que llevan las y los estadounidenses, no hay planeta que nos aguante. Mientras europeos, asiáticos y estadounidenses conocen las bondades del neoliberalismo, Sudamérica experimenta hacia otras direcciones mientras China se China se encamina a potencia con sus 1,300 millones de seres humanos.  

La política del miedo, el reino de terror

El narcotráfico también es capitalismo.  Pasó el 2010 con mucha esperanza y también zozobra; doscientos años de Independencia y cien de Revolución en medio de una severa crisis de libertad, de arrojo y de robo. El individualismo a ultranza, la enajenación al máximo: tele, fútbol, cerveza, drogas, sexo, dinero, fama; mexicanos(as) muriendo por montones, políticos aferrándose groseramente al poder, pobreza en aumento, malestar general.

Vivir con miedo no es vivir.

El 9/11 es todavía una amenaza latente por que está insertado en nosotros, como un chip programador, de ahí la diatriba del poder político y mediático de estar relacionando todo con terrorismo . El siglo XXI está todo por hacerse, las crisis son momentos, oportunidades de cambio por que nada está garantizado ¡ni la vida! Si se puede desde el poder político inventar nuevas formas de sometimiento social, como el neoterrorismo (de Estado por supuesto) también se puede, desde la sociedad, abrir procesos pacíficos de cambio y en estos momentos el mundo está cambiando.

Pero ya viene el 2012, año del fin del mundo. ¡Compre ya su camiseta del 2012, que se acaban!





[1] Doctor en Ciencias Sociales, maestro de la UACJ asesinado el 2009 en Ciudad Juárez, crimen todavía sin resolver.

viernes, 1 de abril de 2011

Neoimperialismo gringo


La entrada al tercer milenio y siglo XXI nos permite observar con mayor claridad la nueva geopolítica del poder mundial donde Estados Unidos sigue siendo la gran potencia y representante imperial de un neoliberalismo globalizado y unipolar, pero donde están surgiendo o consolidándose nuevos poderes macro regionales como la Unión Europea o el BRIC, cuyos miembros (Brasil, Rusia, India y China) en sí mismos son naciones con mucho potencial en desarrollo.

La hegemonía estadounidense está seriamente amenazada. Tanto por el liderazgo de estos países, pero también y muy destacable, por la mala dirección de su economía interna, de impacto internacional y no menos importante, por el desgaste y fracaso de sus últimas intervenciones bélicas en Irak y Afganistán. Además el prestigio internacional de Washington prosigue a la baja desde la invasión a Irak, la exposición de los cables desclasificados de Wikileaks y lo que publique la prensa sobre sus frecuentes abusos militares en el mundo o sobre sus nuevas leyes xenofóbicas y racistas contra las y los trabajadores ilegales.

Si Estados Unidos no ha dejado de ser la superpotencia que es, se debe a su gran poderío bélico; es el país más y mejor armado del mundo y probablemente de todas las épocas. Esta peligrosa característica, además de su política intervencionista y autoproclamada de “policía mundial” los ha hecho protagonistas de infinidad de invasiones, atentados, bombardeos, conspiraciones o golpes de Estado en un sinnúmero de países durante todo el siglo XX, tradición que procuran seguir (con mucho esfuerzo) en este siglo. Su ideología y hambre de poder los hace una nación ensimismada y depredadora en perjuicio del mundo.

El intervencionismo estadounidense no sólo es bélico o económico, también descansa en la superestructura de la educación, el cine, la televisión, los deportes o el espectáculo, vías de aculturación (enajenación) de masas exportable que se combina con otros recursos de maquillaje como fundaciones, ONG´s, donativos, certificaciones, misiones religiosas, becas, etcétera, para formar la cara amable del imperio. Pero no hay que confundirse: lo anterior está pensado para facilitar la dominación estadounidense de manera más sutil, no para cambiar o mejorar la situación del mundo, sino para garantizar los intereses del imperio.

Para mantener en funcionamiento la enorme economía y sociedad estadounidense hace falta también una enorme cantidad de recursos y energía. El petróleo, la mano de obra barata (indocumentada, of course) las drogas (lícitas e ilícitas) las materias primas venidas de todas partes para el desarrollo de tecnología de punta o nuevos energéticos como el etanol, son de los ejemplos más destacables. Para lograr mantener en flujo constante lo anterior, Washington se reserva el derecho de hacerlo de manera “colaborativa”, como el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, o bien con acciones bélicas, como su actual aventura en Libia. No es fácil ser una superpotencia.

Desde finales del siglo pasado el discurso político de Washington ha creado o refinado conceptos acorde a sus necesidades y conveniencia: terrorismo, Estado fallido, guerra preventiva, etcétera. De ellas se ha valido para justificar acciones y descalificaciones hacia naciones o personajes que obstaculicen sus intereses, como la “guerra” contra el narcotráfico en México o la persecución de Julian Asange, creador de Wikileaks. Tales discursos se usan a discreción y ser aliado de Washington no significa en ningún momento que no se vuelvan en su contra.

El discurso del terrorismo ha sido de gran utilidad para el imperio. Bajo este concepto y ante la ausencia de otra superpotencia que le haga contrapeso, la palabra se ha convertido en el gran aliado gringo, como peligro para quien se le adjudica tal reconocimiento. Este concepto ampliado y ambiguo a la vez en la actualidad, permite a los gringos ubicar e imaginar nuevos enemigos para el pueblo estadounidense y el mundo: Osama Bin Laden, Al Qaeda, Irán, Libia y últimamente los cárteles del narcotráfico. De seguir así las cosas, no tardan en declarar como terroristas a las y los migrantes indocumentados en su país. ¡Cuidado de ser señalado como terrorista!

La vecindad con el imperio tampoco es garantía de una relación segura y pacífica. Por más que digan lo contrario, la violencia en la frontera entre México y Estados Unidos está plagada de atentados provenientes de la ribera norte del Bravo hacia mexicanos(as). El aumento generalizado de un discurso hostil hacia este país, so pretexto de la seguridad nacional estadounidense por causa del narco y el tráfico humano, es a la postre una amenaza para la seguridad de México y no como se quiere dar a entender. El imperio enseña sus garras en momentos de debilidad de su hegemonía mundial.

Como imperio, Estados Unidos se comporta al viejo estilo romano: como una plutocracia hacia dentro y con uso de la fuerza indiscriminada hacia el exterior. Funciona como una democracia en cuanto a legitimar su régimen a través de elecciones, pero en el fondo es una sociedad manejada y dirigida por una élite empresarial y militar. La enajenación de su sociedad es posible por que aplican la misma superestructura que exportan al mundo anteriormente señalada. Pero si la economía doméstica no mejora en el corto plazo, la gran potencia podría estar experimentando su propia caída, quién lo dijera, desde dentro y no a causa de alguno de los enemigos externos por ellos creado.