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domingo, 16 de agosto de 2020

Entrevista sobre libro "Sociología para la participación pública".


Por Emiliano Scaricaciottoli

 

"En marzo de 2019, viajé a Ciudad Juárez con compañerxs e integratxs del CIAMHH (Colectivo de Investigación y Acción desde el Metal de Habla Hispana) para unas Jornadas sobre Heavy Metal en la UACJ (Universidad Autónoma de Ciudad Juárez). Carlos Murillo fue uno de los juarenses más picantes y corrosivos que conocí. Habremos compartido dos o tres noches de charlas extensas entre militancia y metal. Su activismo anarquista, su compromiso pleno con la frontera (de este y de aquel lado) y sus tesis de trabajo me parecieron necesarias. Ni fascinantes ni maravillosas: necesarias, para los y las juarenses y para abrir al mundo lo que la frontera norte de nuestramérica soporta/padece/resiste contra el imperio gringo. Sobre sus imaginarias y reales murallas, sobre los límites de nuestra acción militante, dialogamos."

Enlace a la entrevista:

 https://www.lalunacongatillo.com/single-post/2020/08/03/Sociolog%C3%ADa-para-la-militancia-Di%C3%A1logo-a-la-distancia-con-Carlos-Murillo-Gonz%C3%A1lez?fbclid=IwAR3G6UBmCvKqIwyrgwJl7Ha9JGZZSNZwVKJFmDUJjefNuysDTqLBiW6xa1c

lunes, 3 de agosto de 2015

100 millones da pobres en México

100 millones de pobres en México
Carlos Murillo González



No es una nota relevante comparada con los grandes escándalos tipo el último chisme de Peña Nieto y Angélica Rivera, pero si usted no es parte de los 100 millones de pobres, tampoco tiene nada que festejar, pues, ¿quién cree que ayuda a los pobres de este país?, ¿el Estado?, ¿los ricos? No. La clase media: quienes pagan impuestos.

Hace unos días aparece el último reporte de la Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) donde expone, entre otros aspectos, el incremento de la pobreza alcanzando la cifra de 100 millones de mexicanos y mexicanas. La evaluación operada con aportes metodológicos del prestigiado economista antropólogo Julio Bolvitnik, hace pedazos el espejismo propagandístico del gobierno actual, impotente al esconder tanta pobreza. Cierto es, no sólo es responsabilidad del actual, nocivo y ladrón gobierno priista de todos y todas conocido, sino de 33 años de aplicación del modelo neoliberal en México.

Una generación de mexicanos(as) desconoce la democracia, particularmente la electoral, por falsa; pero desconoce también, por ignorancia, sus derechos y todas las prerrogativas que por ende le han sido negadas: alimentación, salud, educación, trabajo, vivienda; menos aún comprende todavía conceptos más abstractos como justicia, seguridad o laicismo. Esta sociedad despolitizada en búsqueda de una felicidad burbujeante y simplona, no construye nada hacia su libertad o emancipación; no se da cuenta incluso, de su pobreza, aunque la huela. 
 
Peor aún, la capacidad de una sociedad más justa va en detrimento a favor  de una sociedad teledirigida (es decir, donde un pequeño grupo o élite ejerce el poder sobre el resto) los gustos se democratizan en base al poder económico, atomizando a la sociedad hacia un individualismo egoísta extremo, donde precisamente el Leviatán se hace misántropo. La cultura o superestructura en acción sirve igual para liberar o, como en este caso, para enajenar.

Minicracia

El Estado neoliberal es minicrático: hace el trabajo suficiente para “facilitar” el libre mercado (ablanda leyes,  privatiza paraestatales, rescata bancos…) y deja la “mano invisible” smithiana al poder económico, llegando incluso a la violencia para proteger intereses de grandes empresas nacionales y transnacionales.  No hay una política ni visión sociológica o interés por ello, y cuando la hay, se traduce en apoyos altruistas raquíticos, apoyo a empresas “filantrópicas” como Televisa (Teletón) y programas de combate a la pobreza mal armados, maquillados y utilizados vilmente como favores políticos a cambio de votos.

Mercancía-consumidor-consumido

El estado capitalista neoliberal se ha encargado de minar las esperanzas y expectativas de vida de las sociedades donde se establece. En este sentido, no hay diferencia entre una granja de gallinas y las sociedades humanas de economía y cultura neoliberal: en ambos casos se convierten en mercancía, más el valor agregado del perfil consumista humano,  que hace una dialéctica en su contra: ahora vive más tiempo, pero también más enfermo y atado a medicamentos, por ejemplo, entonces el/la humano no deja de ser explotado hasta el último momento de su existencia.

El imán capitalista

La gran ilusión capitalista, la gran meta, es ser rico. Absortos por el gran estímulo psicológico al esfuerzo individual, el héroe neoliberal es emprendedor, masculino, irresistible, exitoso. Para el idealista capitalista, tan común en estas épocas, no hay nada que se le oponga o atraviese, ningún obstáculo capaz de privarlo de su(s) objetivo(s). Claro es, pocos, muy pocos, alcanzan sus objetivos, ¡y qué bueno!

El problema con este tipo de filosofía, esta forma de ver la vida, es que se adueña del mundo literalmente y se concentra en sus objetivos ignorando todo lo demás. Lo mismo le da al burgués capitalista, romántico o pragmático, resolver el problema de la escasez de agua, que rociar cultivos alimenticios con glifosato. Aunque más común el segundo ejemplo, cabe señalar la mentalidad del culto a sí mismo como algo propio de los patriarcados, de reyes y militares, pero democratizado y adaptado para el posmoderno siglo XXI: todos podemos ser reyes, ricos, famosos. Ahí el problema de este pensamiento: es retrógrada.

“El cambio está en uno mismo”

¿Así que estás convencido(a) del cambio de actitud para vencer adversidades; de la pobreza como sinónimo de malos hábitos, etcétera? El espejo de la realidad dice del desprecio hacia la pobreza no por que se tenga que pagar por ella o ello (tanto la caridad como el crimen van y vienen de la mano de la pobreza material y de espíritu) si no por que el propio sistema enseña a odiarlo (y a odiarse) a pesar de ser el encargado de reservar parte de los impuestos (dinero de todos y todas) para evitar el desequilibrio económico y la desigualdad social.

La pobreza no es sólo un asunto personal-individual, es también un asunto de la colectividad. Haber nacido pobre o ser víctima de una crisis económica mundial es un asunto sociológico. Perder el patrimonio por desastres naturales o caer enfermo a tal grado de no poder trabajar, es una situación circunstancial ajena también a la persona, pero atrae lo colectivo. Tomar decisiones equivocadas o ser estafado, son asuntos personales, pero aún así, existen tribunales o formas de resolverlo.

Como quiera que sea, la pobreza es un asunto que nos afecta a todos, pero tiene solución.





miércoles, 27 de mayo de 2015

50 años de La democracia en México



50 años de La democracia en México
Carlos Murillo González

Frente al México organizado del gobierno (con su sistema presidencialista, su partido, sus uniones de trabajadores) y frente a los sectores de poder, también organizados (como el ejército, la iglesia, los empresarios nacionales y extranjeros) hay un México que no está organizado políticamente.
Pablo González Casanova


En 1965 aparece la primera edición del libro de Pablo González Casanova La democracia en México*, el primer estudio sociológico donde se somete a prueba las condiciones de vida de las y los mexicanos en un régimen de apariencia democrática. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

El texto, terminado en mayo de 1963, es un amplio y rigoroso examen estructural de la economía, la política y la sociedad del México posrevolucionario. Para el lector(a) actual, acostumbrado al uso superficial del concepto de democracia, le parecerá raro encontrar dicha palabra mucho después de comenzada la lectura y en cambio entrar de lleno a la cuestión político económica con referencias directas de los indicadores más cercanos y confiables de la época, principalmente el Censo de 1960, así como anuarios estadísticos y otras fuentes de cuantitativas relevantes.

Se trata pues de una investigación de amplio alcance, hasta entonces algo inédito en el país, sobre el desarrollo de la democracia en base al desarrollo económico; los datos duros permiten ver un México marginal en muchos aspectos tan sensibles y básicos como la alimentación, el vestido y la educación. Es también un retrato de época, de la transición de una sociedad rural a una urbana. Las zonas rurales del siglo XX son tan marginales como las actuales; la diferencia es su ponderación poblacional: en 1960 representaban casi la mitad de la población (hoy son menos de la tercera parte).     

Para quienes gusten de los datos electorales, González Casanova ofrece varios
apartados interesantes que muestran comparativos por elección y porcentajes de participación. Hay también una crítica a la democracia capitalista y las aspiraciones burguesas de las élites económicas y políticas por mantener una situación favorable a sus intereses. Muestra lo que él llama un “México precapitalista y predemócrata” (página 187). Es la última etapa del “Milagro mexicano”, de la industrialización del país a partir de la sustitución de importaciones iniciada en los años cuarenta con motivo de la Segunda Guerra Mundial.

También entonces nota una atomización social, una distorsión política fruto del analfabetismo y el conservadurismo mexicano. Hacia esas fechas la protesta social y en general, inconformarse, demandar o exigir públicamente y organizarse para ello, son considerados más como actos delictivos que como derechos democráticos, tanto por el Estado, obvio, pero también por la sociedad. La tradición cultural autoritaria mexicana atraviesa clases y estratos para mezclarse con la apatía política, la sumisión cívica y lo que hoy llamaríamos el desencanto con las instituciones democráticas.  También para entonces es notable ya la penetración e influencia de los Estados Unidos en la vida del país: desde la inversión privada hasta la invasión cultural y por supuesto, la dependencia económica.

El análisis de las estructuras del poder político, sus actores y dinámicas, están representadas como fuerzas desiguales, donde el monopolio del poder se centra en alrededor del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el presidencialismo, pero subsisten a la vez partidos de oposición, movimientos sociales, organizaciones patronales, caciques regionales y un clero y sector católico de derecha todavía muy influyente,  según el autor, con tendencias fascistas. El gran actor marginal, el gran explotado, es el indígena, como ya se habrá imaginado el lector(a).

Las grandes ausencias en La democracia en México son los jóvenes, las mujeres y los medios de comunicación, quienes ahora juegan importantes roles en la sociedad del siglo XXI.  No obstante González Casanova reivindica que “No habrá otra revolución en México (y de ello es necesario tener plena conciencia) sino cuando la estructura social sea incapaz de resolver los problemas urgentes del desarrollo de la nación y cuando se hayan agotado las posibilidades de una lucha cívica” (página 96). Faltan datos sobre televisores, radios y su cálculo de usuarios, pues sería interesante conocer su penetración cultural por insignificante que fuese. En cambio el texto nos ofrece el número de tirajes de los principales periódicos a nivel nacional y estatal, pues se contaban por millones, algo inaudito en la actualidad.

Si al leer La democracia… siente que ha regresado al pasado, entérese que no ha salido de él. Ese pasado es el presente extendiéndose en el tiempo en un camino lento y tortuoso. La gran contribución de González Casanova es interpretar la democracia no sólo desde lo electoral, institucional y jerárquico, sino de atraer la atención sobre el problema de la desigualdad, la pareja del binomio libertad-igualdad básico de cualquier democracia. Por eso la legitimidad de la democracia en México se desmiente: por su enorme rezago social. 50 años después, La democracia en México de Pablo González Casanova nos sigue recordando las contradicciones mexicanas vigentes a la fecha, ¿qué haremos al respecto?



*Pablo González Casanova, La democracia en México, Ediciones Era, Vigésima reimpresión, México, 1995.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Fractalia






No soy de aquí, ni soy de allá.
Facundo Cabral



Disfrutemos los últimos días de libertad. Nada como la Navidad para estar en paz…pero, ¡qué difícil! ¿Qué va a pasar con México?, ¿con Chihuahua?, ¿con Juárez?, ¿seremos expulsados de nuestras tierras?, ¿erraremos sin patria?, ¿quiénes errarán sin patria? Más bien, ¿sin matria, en qué nos convertiremos?

Si recorremos la historia como un fractal, entendemos algo que se mueve, se transforma, está en constante cambio y sucede en distintos momentos del fenómeno que denominamos tiempo. Alejo Carpentier, por ejemplo, es un maestro en la descripción del eterno retorno, de la desestructuración del tiempo recorrido hacia atrás o en cualquier momento y con Borges entendemos de la posibilidad de todos los tiempos, El Aleph, y de otros mundos paralelos o invisibles, como dice el antropólogo escritor Carlos Castañeda o, mejor aún, el efecto óptico de la obra de M.C. Escher, retando a la tercera dimensión, o la realidad onírica del surrealismo de la terna Buñuel-Dalí. Pensar o experimentar cualquiera de estos ejemplos provenientes del arte, facilita la comprensión de lo diminuto y rígido de la historia lineal a la que estamos acostumbrados.

Gracias a las aportaciones de Benoit Mandelbrot, a partir de una fórmula matemática, ya es posible hacer reproducciones hasta el infinito de imágenes casi idénticas, pero no iguales, de un objeto dado (el famoso Mandelbrot Set o Conjunto de Mandelbrot) ayudando también con eso, a descubrir la geometría fractal de la naturaleza, como en el brócoli, y a desarrollar toda una nueva tecnología basada en está realidad. Ahora es posible medir con mayor precisión superficies ásperas o terrenos accidentados y no se diga de los avances en materia de pixeles para la industria cinematográfica y fotográfica ligada los programas computacionales.

Pero en las ciencias sociales ya no es un objeto raro e incomprendido; hay un acercamiento cualitativo, amistoso con las ciencias duras por medio de la computación; ya existen programas y aplicaciones para investigación social, como el ATLAS.ti, que utilizan fractales. La posmodernidad, desde la filosofía a partir del libro de François Lyotard, La condición posmoderna, es un referente obligado para entender los dispositivos on/off, los metarrelatos, y otros tantos conceptos ya vigentes para describir las nuevas sociedades posindustriales donde ahora vivimos buena parte de la humanidad y, en lo político, la aportación de lo multi y lo trans, el reconocimiento de la diversidad y el empoderamiento de los débiles. Michel Foucault descubrió, sin saberlo, una realidad fractal de las relaciones humanas: todas y todos tenemos y ejercemos poder y este atraviesa nuestras vidas, nuestros cuerpos.

Un discípulo de Mandelbrot, el economista Nacim Taleb, predijo el desastre financiero del 2008, aunque cree que “el pasado no puede usarse para predecir el futuro” (Wikileak´s  quote) utilizando teorías del caos y matemáticas fractales. Por el contrario, si hacemos una síntesis de fractales con materialismo histórico, podemos observar ciclos que se repiten, que nacen, se desarrollan y mueren transformándose en otra cosa: sociedades, economías, países, religiones. El materialismo dialéctico reconoce la negación de la negación; la transformación dinámica y constante de la naturaleza: la semilla es la contradicción de la raíz y esta de las hojas y estas de los frutos y así.

Aun las y los seguidores de las teorías darwinistas de la evolución natural, están al tanto, sin quererlo, de una relación de fractales, de ensayo y error en la supervivencia y adaptación a un mundo en constante cambio: el fenómeno de la vida como fractal. Religiones como el hinduismo, el judaísmo, el cristianismo y las antiguas religiones mesoamericanas, suponen una realidad fractal con diferentes niveles de mundos alternos, universos infinitos, vibraciones que producen movimiento a niveles indescriptibles para la mente humana, las cuales inspiran técnicas de contacto con lo divino, modos de ascetismo, como el uso de sustancias alucinógenas (con visiones fractales) en la búsqueda de dios. La dialéctica ya está presente.

Nuestras vidas acaso en lo cotidiano, ¿no reproducen también las ideas de nuestros ancestros, los hábitos de nuestros padres y madres, incluso sus neurosis? También el lenguaje se transforma con neologismos y va dejando palabras en desuso. Luego la vida no es lo mismo en la infancia que en la juventud o en la vejez. Si se puede notar esto, entonces el aparente caos de las cosas empieza a tener sentido, armonía. Los ciclos de la vida son fractales que se cierran y abren, grandes y pequeños, siguiendo el matrón o patrón que las produjo. De ahí también los prejuicios, las rutinas, los deseos y otras tantas cosas que componen el fractal de la vida cotidiana humana.

¿Qué tiene que ver todo esto con los miedos del futuro colectivo, con la política y el presente de un país como México? Difícil ser optimista ante la avalancha que viene. ¿Cuántas y cuántos estaremos reflexionando o haciendo algo ante la inminente pérdida de derechos, del aumento de las violaciones a DDHH? Se fue la Asarco, pero regresó convertida en Godzilla petrolera, ya se sienten los temblores de su fracking, mientras el gobierno, la policía y el ejército, que antes te “defendían a ti”, ahora defenderán a los inversionistas (como ya viene ocurriendo) contra cualquier tipo de manifestación, movimiento o demanda (remember Blueberry). Este fractal se fue al lado oscuro, hace falta girarlo. La rotación del poder político es posible con la lógica fractal.


   

jueves, 16 de mayo de 2013

Ciudad anárquica




Breaking The Law
Judas Priest


Hay un discurso que utiliza el concepto de anarquía  (sin gobierno) como sinónimo de destrucción y caos. Este discurso proviene no sólo de gobiernos y empresarios, como es de esperarse, sino también y con frecuencia, de la prensa y la academia.  El concepto más indicado es el de anomia (sin ley) por lo que sucede en países como México y ciudades como Juárez, donde la violación a la ley es una constante, comenzando con la constitución y terminando con los derechos humanos.

En ese mundo surrealista oficial, de imágenes de bienestar que ocultan hambrunas y genocidios, donde todo es normal (los asesinatos diarios, la explotación sexual, la violencia doméstica) es más fácil distorsionar conceptos que utilizarlos correctamente, pero a costa de desinformar e influir en un público tal vez susceptible de manipular; en una sociedad desacostumbrada a pensar por sí misma. Sociológicamente la anomia es tanto una sociedad sin ley, como una donde no se respeta la ley. En su aspecto positivo, si hay conciencia individual y social, la anomia representa la falta de necesidad de vivir regulado, o bien la rebeldía ante un gobierno o ley tiránica. En su aspecto negativo (el más usado) indica la degeneración de la ley; la instrumentación del poder político y económico en paisajes de impunidad, en estructuras caníbales y autodestructivas.

La anomia en la época del capitalismo posmoderno del siglo XXI recién iniciado, se autoproclama magnánima, capaz de aplicarse en el propio país, ciudad o dónde sea, a través de la industria del miedo y la insatisfacción social perenne, generando competencia, conflictos de interés y violencia; un moebius de dominación además individualizante y egoísta. Por eso no ha de entenderse una situación anómica negativa como algo fortuito solamente, fruto de la ignorancia o la inexperiencia, sino algo también provocado por terceros. El “orden y progreso” capitalista neoliberal, para su supervivencia, hace posible la anomia: corrupción, fraude, despolitización social, guerras, pobreza y ecocidio, son ejemplos anómicos reales.

Ciudad Juárez, ciudad anómica

El neoliberalismo en Ciudad Juárez no sólo tiene que ver con las maquilas, las transnacionales, los grandes consorcios o las franquicias. El narcotráfico, el trafico de personas, el contrabando en general, también son capitalistas. Pero hay otro aspecto más cruel: aniquilar poblaciones enteras para llevar “el progreso”, como sucede en Lomas de Poleo y el Valle de Juárez, literalmente eliminadas para convertirlas en “áreas de desarrollo” económico, proyecto que además apuesta por dividir a Juárez y finalmente, ¿desaparecerla? No hay complicidad entre gobiernos y empresarios, por que finalmente son los mismos turnándose en puestos empresariales y públicos. El caso neoliberal incluye en su versión priista, los siguientes actores y situaciones:

Ruteros

Después de los sicarios, los choferes de transporte público o “ruteros” son quienes causan más muertes violentas en Ciudad Juárez. Son de alguna forma, un brazo armado del priismo, pues igual transportan votantes y golpeadores en tiempos de elecciones o ellos mismos se convierten en grupo de choque en cualquier época del año. Los ruteros hacen y deshacen en las calles juarenses: chocan, atropellan, amenazan y de paso dan mal servicio, con la aparente complacencia o miedo, tanto del gobierno, como de la sociedad juarense. 

La policía

La policía juarense desde siempre ha gozado de mala reputación por hartas evidencias de abuso cometidas. En la era Teto-Leyzaola, esa impunidad aumenta hasta llegar a extremos fascistas de limpieza social. Los policías encubiertos, por ejemplo, que trabajan en famosas licorerías convertidas en superettes, tienen licencia para matar. Infinidad de personas, desde verdaderos criminales de profesión hasta muchas personas inocentes, han sido maltratadas, golpeadas y/o asesinadas en los oficios policiacos. La brutalidad policiaca es aprobada por las autoridades y de alguna manera apoyada por sectores de la ciudad proclives al apartheid y otras formas de discriminación. No ha de olvidarse que pese a las protestas, el empresariado juarense ha apoyado incondicionalmente la permanencia de Leyzaola.

Obras viales

Un préstamo multimillonario de más de dos mil millones de pesos para “mejorar las vialidades” que el Congreso del estado aprobó al presidente municipal de Ciudad Juárez (sin consulta previa a la ciudadanía) de repente se pone en acción en varios puntos de la ciudad, acometiendo como en una guerra, abriendo hoyos aquí y allá, cerrando calles. De pronto se generaron nuevos empleos, ¿para captar votos esta temporada y de paso, asegurarse que las/los abstencionistas no salgan a votar, haciéndoles enojar con tanta falta de planeación urbana?

Destrucción del centro

El ahora “Centro Histórico” de Ciudad Juárez, no será el mismo después de las también impopulares obras de mejoramiento del centro, pues se trata de algo más que cambiarle radicalmente la fisionomía y peor aún, se desconoce, cómo será el “progreso” que traerá el nuevo centro, pero el estilo de desalojo es parecido al de los ya citados, Lomas de Poleo y Valle de Juárez (también se han quemado y derrumbado casas y asesinado a gente “indeseable”…).  Ni las protestas ni los peritajes del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) ni la inconformidad de los locatarios del centro, nada detiene al neoliberalismo priista.

Privatización de la cultura

El embate de la derecha por criminalizar a la sociedad en sus diferentes manifestaciones (protesta pública, artistas de la calle…) también aboga por hacer de todo un negocio: un malabarista callejero que no paga impuestos es un criminal, mientras Sebastián, el escultor de la espantosa “X” (el nuevo monumento juarense) se lleva varios millones de pesos por una obra que nadie en Ciudad Juárez pidió, pero la sociedad pagará de sus impuestos. Seguramente se explotará de manera económica por algún político-empresario para su propio beneficio.  El muy manoseado y prometido Centro de Convenciones se hará, pase lo que pase, en el ahora ex hipódromo y ex galgódromo y pese a las protestas de vecinos, artistas e intelectuales para convertirlo en un centro cultural comunitario, no en un centro de espectáculos empresarial privado. ¿A quién le interesa la cultura? Ciudad Juárez es una de las ciudades menos lectoras, de un país que no lee.

La enajenación religiosa.

¿La sordidez es algo común en el catolicismo? Por la forma como conducen los asuntos públicos, parece que sí. La pedofilia de muchos sacerdotes, el encubrimiento de los mismos; el protagonismo político de esta religión por encima de otras y su predilección por gobiernos de derecha (incluidas las dictaduras) así como el apoyo de parte de los gobernantes católicos (por ejemplo, César Duarte en Chihuahua) serían más que motivos suficientes para por lo menos, una reflexión introspectiva de quienes se asumen como practicantes de dicha religión y más aún para quienes comprenden y defienden el Estado laico. La anomia incluye los espacios de lo “sagrado”.

La desconfianza

La anomia también es desconfianza. En una situación o espacio donde nadie confía, no hay paz ni armonía. La simulación se convierte en la cotidianidad, vivir por vivir, pero sin profundizar en la existencia misma. Desconfianza, miedo, prejuicios: la enfermedad del patriarcado, base de la violencia estructural presente en todos los regímenes jerárquicos. La ciudad no confía en los gobernantes y éstos tampoco confían en la ciudad. Por eso la credibilidad y la legitimidad del régimen político-económico es cuestionable; la participación electoral es el mejor termómetro de la desconfianza política, la protesta y la apatía social.


La sociedad anárquica es una aspiración, no una realidad. La anomia es la norma de ciudades como Juárez, Chihuahua o varias otras de México. La ciudad anómica (título tácitamente verdadero de este texto) es en referencia a la refinación del capitalismo en su esencia destructiva y caótica, con ayuda del Estado. El caso de Ciudad Juárez es paradigmático, pues representa muy bien el ideal avaricioso del capitalismo: destructivo, racional, anómico, machista.