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miércoles, 27 de mayo de 2015

50 años de La democracia en México



50 años de La democracia en México
Carlos Murillo González

Frente al México organizado del gobierno (con su sistema presidencialista, su partido, sus uniones de trabajadores) y frente a los sectores de poder, también organizados (como el ejército, la iglesia, los empresarios nacionales y extranjeros) hay un México que no está organizado políticamente.
Pablo González Casanova


En 1965 aparece la primera edición del libro de Pablo González Casanova La democracia en México*, el primer estudio sociológico donde se somete a prueba las condiciones de vida de las y los mexicanos en un régimen de apariencia democrática. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

El texto, terminado en mayo de 1963, es un amplio y rigoroso examen estructural de la economía, la política y la sociedad del México posrevolucionario. Para el lector(a) actual, acostumbrado al uso superficial del concepto de democracia, le parecerá raro encontrar dicha palabra mucho después de comenzada la lectura y en cambio entrar de lleno a la cuestión político económica con referencias directas de los indicadores más cercanos y confiables de la época, principalmente el Censo de 1960, así como anuarios estadísticos y otras fuentes de cuantitativas relevantes.

Se trata pues de una investigación de amplio alcance, hasta entonces algo inédito en el país, sobre el desarrollo de la democracia en base al desarrollo económico; los datos duros permiten ver un México marginal en muchos aspectos tan sensibles y básicos como la alimentación, el vestido y la educación. Es también un retrato de época, de la transición de una sociedad rural a una urbana. Las zonas rurales del siglo XX son tan marginales como las actuales; la diferencia es su ponderación poblacional: en 1960 representaban casi la mitad de la población (hoy son menos de la tercera parte).     

Para quienes gusten de los datos electorales, González Casanova ofrece varios
apartados interesantes que muestran comparativos por elección y porcentajes de participación. Hay también una crítica a la democracia capitalista y las aspiraciones burguesas de las élites económicas y políticas por mantener una situación favorable a sus intereses. Muestra lo que él llama un “México precapitalista y predemócrata” (página 187). Es la última etapa del “Milagro mexicano”, de la industrialización del país a partir de la sustitución de importaciones iniciada en los años cuarenta con motivo de la Segunda Guerra Mundial.

También entonces nota una atomización social, una distorsión política fruto del analfabetismo y el conservadurismo mexicano. Hacia esas fechas la protesta social y en general, inconformarse, demandar o exigir públicamente y organizarse para ello, son considerados más como actos delictivos que como derechos democráticos, tanto por el Estado, obvio, pero también por la sociedad. La tradición cultural autoritaria mexicana atraviesa clases y estratos para mezclarse con la apatía política, la sumisión cívica y lo que hoy llamaríamos el desencanto con las instituciones democráticas.  También para entonces es notable ya la penetración e influencia de los Estados Unidos en la vida del país: desde la inversión privada hasta la invasión cultural y por supuesto, la dependencia económica.

El análisis de las estructuras del poder político, sus actores y dinámicas, están representadas como fuerzas desiguales, donde el monopolio del poder se centra en alrededor del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el presidencialismo, pero subsisten a la vez partidos de oposición, movimientos sociales, organizaciones patronales, caciques regionales y un clero y sector católico de derecha todavía muy influyente,  según el autor, con tendencias fascistas. El gran actor marginal, el gran explotado, es el indígena, como ya se habrá imaginado el lector(a).

Las grandes ausencias en La democracia en México son los jóvenes, las mujeres y los medios de comunicación, quienes ahora juegan importantes roles en la sociedad del siglo XXI.  No obstante González Casanova reivindica que “No habrá otra revolución en México (y de ello es necesario tener plena conciencia) sino cuando la estructura social sea incapaz de resolver los problemas urgentes del desarrollo de la nación y cuando se hayan agotado las posibilidades de una lucha cívica” (página 96). Faltan datos sobre televisores, radios y su cálculo de usuarios, pues sería interesante conocer su penetración cultural por insignificante que fuese. En cambio el texto nos ofrece el número de tirajes de los principales periódicos a nivel nacional y estatal, pues se contaban por millones, algo inaudito en la actualidad.

Si al leer La democracia… siente que ha regresado al pasado, entérese que no ha salido de él. Ese pasado es el presente extendiéndose en el tiempo en un camino lento y tortuoso. La gran contribución de González Casanova es interpretar la democracia no sólo desde lo electoral, institucional y jerárquico, sino de atraer la atención sobre el problema de la desigualdad, la pareja del binomio libertad-igualdad básico de cualquier democracia. Por eso la legitimidad de la democracia en México se desmiente: por su enorme rezago social. 50 años después, La democracia en México de Pablo González Casanova nos sigue recordando las contradicciones mexicanas vigentes a la fecha, ¿qué haremos al respecto?



*Pablo González Casanova, La democracia en México, Ediciones Era, Vigésima reimpresión, México, 1995.

viernes, 6 de septiembre de 2013

¿Otoño en Chihuahua?


  
Valentía, Lealtad, Hospitalidad
Lema del escudo del estado de Chihuahua

Septiembre, el mes patrio; octubre, Movimiento Estudiantil del 68; noviembre, revolución. El otoño tiene un significado profundo en la memoria histórica de las y los mexicanos. Si algún evento importante en la vida del país va a suceder, hay muchas probabilidades de que suceda en esta época del año.
¿Qué influencia tiene el otoño para la gente de esta nación?, ¿será el clima, será mera coincidencia o será un ciclo de vida repitiéndose? Aún no sabemos. Lo que sí sabemos es que el resultado de esas fechas conmemorativas son el fruto de muchos años de soportar problemas políticos, sociológicos y económicos impactando de lleno la vida cotidiana de sus habitantes (incluida la vida vegetal y animal) y empujando hacia la lucha política como forma de solución a una situación anómica. El resultado es lo que somos.
En el estado de Chihuahua, su historia nos cuenta de guerras del gobierno contra los indios y contra los gringos; de la guerra de la gente contra su gobierno en 1910; del ataque al cuartel militar de Madera por la guerrilla rural y luego por la urbana de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Poco menos conocidas son la Rebelión de Tomóchic a finales del siglo XIX por cuestiones religiosas y las innumerables guerras y otras formas de resistencia tarahumaras contra el gobierno y cultura chabochi. Finalizando el siglo XX, las luchas pacíficas por la apertura democrática y el respeto al voto son el preámbulo de la actual diversidad de nuevos movimientos sociales de todos los sabores y tamaños: feministas, agrarios, ecologistas, estudiantiles, pacifistas…
¿Cómo es el siglo XXI chihuahuense? En el año trece del tercer milenio, los flagelos cotidianos son: los malos gobiernos, la violencia del narco, la inseguridad en general; la mala educación y la pésima alimentación, con altos índices de homicidio, feminicidio y juvenicidio; bajísimos índices en gusto por la lectura, número de museos, bibliotecas, librerías, etcétera; primeros lugares nacionales en diabetes, obesidad, hipertensión. Políticamente con baja participación y cultura democrática; sociológicamente mayormente urbana y mestiza, con marcadas diferencias de clase y estrato. La economía debilitada y las familias empobrecidas. Solamente el Estado festejando ficticias cifras alegres y privilegiando a las élites.  
Con el abrumador avance del PRI en todos los niveles de gobierno y “representación” popular, lo hace un rival poderoso, fortalecido más con su recuperación del gobierno de la república. El neoliberalismo ahora característico de este partido, presenta una de sus puntas de lanza en México en la fronteriza Ciudad Juárez, donde se experimenta con una economía neoliberal desde hace treinta años, haciendo de esta ciudad maquiladora un conglomerado anómico, un lugar donde se experimenta con el capitalismo en distintas formas y, una combinación posmoderna de puerto pirata con pueblito del Viejo Oeste: un lugar donde se trafica legal/ilegalmente de todo y a todas las escalas.   
Claro que existe también la reacción de la clase en el poder y la burguesía que aspira al poder: esa sociedad filoempresarial, despectiva, fría y conservadora, alineada a los gringos y a la Iglesia católica y aliada del PRI en lo político, no duda en violentar los derechos del grueso de la población si es necesario. El Estado chihuahuense se apoya en los sectores más reaccionarios del estado encaminándose hacia el fascismo en la forma de Estado policiaco como garante del status quo. La diferencia es: ante este escenario difícil, puede haber una confrontación de intereses económicos contra derechos sociales (derecha contra izquierda) como de hecho está sucediendo a baja escala (guerra sucia) con la limpieza social y la satanización de los movimientos sociales en muchos medios de comunicación, sobre todo los masivos.
Las manifestaciones espontáneas en contra del gobierno estatal a finales de agosto en la ciudad de Chihuahua, ocasionadas por la corrupción, la mala planeación y el pésimo inicio del nuevo sistema de transporte público, Vive Bus, obtuvieron como respuesta represión policiaca. En Ciudad Juárez (la principal economía y la única metrópoli de la entidad) mil seiscientas personas se han amparado contra la autorización de una escolta personal por tiempo indefinido para el actual presidente municipal y su jefe de policía cuando terminen su gestión. Ascensión, en el norte del estado, en el 2010 todo el pueblo se sublevó contra la inseguridad y tomó la ciudad para rescatarse de los grupos de secuestradores extorsionistas. También desde la implementación y continuación de la fatal “guerra contra el narco” calderonista-peñista, el incremento  de la represión, las agresiones y asesinatos de periodistas, activistas, derecho humanistas (y en general, de todo movimiento social) se incrementa en todas las regiones del estado: Ojinaga, Delicias, Parral, Cuauhtémoc, las regiones serranas tomadas por el narco… ¿cuál municipio se libra de esta situación?
Motivos no faltan para el malestar social en Chihuahua…y en Sonora, Michoacán, Nuevo León, Tamaulipas, Guerrero, Morelos… A nivel nacional las reformas neoliberales del salinato peñista en la educación y los intentos de venta de PEMEX, han levantado la alerta a buena parte de la población y la sociedad civil organizada. ¿Qué va a pasar cuando sea imposible taparse los oídos, callar o voltear a otro lado ante esta realidad, cuando el internet falle y nos devoren los gringos?      
Septiembre, inicio del otoño y, ¿la revolución?  

jueves, 6 de junio de 2013

Campaña anticampaña




Dedicado a El Burro Chón

La competencia electoral en México en poco tiempo dejó de ser considerada en serio. El desprestigio de las instituciones políticas es enorme, tan grande como el cinismo y la erosión de la llamada “clase política”, comenzando con el PRI, pero abarcando a todos los partidos políticos, institutos y tribunales electorales. Jugar a la democracia para justificar gobierno, es el juego y disfraz de un grupo parasitario al servicio de intereses particulares y egoístas.

Las elecciones del 2013 en Chihuahua de lo que más van a adolecer es de credibilidad: candidatos chapulines, pragmatismo partidista (alianzas y coaliciones desideologizadas) candidaturas marcadamente empresariales, discursos chatarra, compra de votos, instituciones públicas y privadas afines…todo está previsto para continuar con una costumbre desvirtuada cuyo significado es hoy sinónimo de despilfarro y engaño; de discurso y teatro; de formalidades para legitimar un sistema político-económico y cultural que hoy sigue sumiendo en la pobreza, ignorancia y apatía a su población.  

¿Qué significa la democracia? ¿Un grupo en el poder para gobernar sobre el resto de la sociedad? Ahí inicia el primer engaño: en la concentración del poder político en un grupo; eso implica desequilibrio, un sometimiento de los muchos a los pocos. En las democracias electorales el gobierno es elegido por mayoría, segundo engaño; el gobierno del pueblo termina siendo el juego de los grupos económicos, militares, religiosos, sin la participación de todos las y los individuos de una sociedad dada. Los representantes “populares” (diputados, senadores, regidores) son sólo soldados mercenarios tratando de hacer carrera fortaleciendo el sistema.

Ya para cuando estén las campañas en plenitud de sus actividades, la ciudadanía debe recordar de nuevo el feminicidio crónico y el genocidio chihuahuense de la “guerra” contra el narco, presente a la fecha en todo el estado; los abusos de  Julián Leyzaola en Ciudad Juárez; el asesinato de activistas, el acoso a periodistas  y un sinnúmero de casos de violación a los derechos humanos. Por que todo será alegría para quienes apoyan las campañas, como la Iglesia católica, las cámaras empresariales, y tal vez de manera indirecta, actores como las mineras canadienses y los dueños de los pozos clandestinos menonitas (es decir, los inversionistas extranjeros y las élites protegidas) mientras la hambruna y ecocidio en la Sierra Tarahumara se olvidará, vendrán los candidatos-payasos tipo el Teto Murguía a fastidiarnos con sus simplonadas y cinismo o si no, los clásicos románticos-populistas que te quieren bajar el sol, la luna y las estrellas a cambio de tu preciado voto.

Pero todo este circo es innecesario, evítenos la pena de avergonzarnos con sus miserias; está más que demostrado la efectividad de los monederos electrónicos, los celulares desechables y las tradicionales concentraciones populosas en viaje redondo con cachucha, camiseta, banderilla, su lonche y Pepsi-cola incluida como fuente formidable de compra de votos, así que para qué tanto circo si ya sabemos cómo van a ganar y quiénes van a votar. Ya sabemos para qué se usa la deuda pública contraída por estados (como Coahuila, Tabasco o Chihuahua) y los programas de gobierno tipo “combate a la pobreza” (comida chatarra por votos).

Abstencionismo y voto nulo: verdaderos termómetros de una elección actualmente.

Votar o no votar es un ejercicio y decisión individual, pero votar no es elegir, sino legitimar y sin embargo, el efecto de culpa se instala como un chip y se aferra a reglas obsoletas y regímenes autoritarios; por temor se vota más que por ética. Votar significa estar contento con el régimen y no querer cambiar . Por el contrario, el voto nulo y la abstención son dos caras de la misma moneda: una protesta silenciosa, un descontento y reflejo de la real politik del todavía vigente Old Regime y de cómo la gente responde al engaño, así esté despolitizada.

Es muy posible que en estas elecciones del 2013 se rompan records de inasistencia (abstencionismo) pues la actividad es como volver al pasado, cuando se votaba para legitimar al PRI. La participación electoral anda por debajo del 30% en elecciones estatales intermedias de los años recientes. La diferencia podría ser el voto nulo, en su ambivalencia de participación electoral y abstencionista, cuyo número crece a cada elección. Para anulistas, apartidistas y abstencionistas las siguientes sugerencias:

Dedícale tu voto a alguna causa que valga la pena apoyar o llamar la atención, por ejemplo, contra la privatización del agua, el maíz transgénico o el abuso policiaco.

Agrega el nombre exigiendo justicia por alguna de las personas desaparecidas o asesinadas de este estado.

Vota por tu lucha particular (legalización de la marihuana o los matrimonios gay; contra el maltrato a los animales; defensa del Estado laico, poligamia…)

También puedes dejar tu boleta en blanco si tienes la suficiente confianza de que no será alterada. Recuerda que el voto es anónimo, si te place o te sirve de desahogo, hasta puedes mentar madres y padres.

En el inevitable caso de enfrentarte en la vida cotidiana con campañas y candidatos se recomienda:

Pega un escrito o calcamonía en un lugar visible de tu casa o carro (una ventana, por ejemplo) donde expliques muy claro que no recibes propaganda partidista de ningún tipo o a candidatos(as).

Si hay comité de vecinos donde vives, vigila que no se organicen mítines partidistas sin consentimiento vecinal.

Sí hay un mitin partidista y están contaminando con ruido excesivo u obstruyendo las vías de tráfico, puedes llamar a tránsito o la policía, las campañas no les da privilegios ni impunidad.

No es obligación recibir propaganda no deseada en tu casa, trabajo o la vía pública.



miércoles, 29 de mayo de 2013

El Príncipe Azul, cuento infantil para ganar elecciones




La manera más fácil de ganar una contienda o concurso de mayorías, como las elecciones en las democracias contemporáneas, es apostando todo al carisma. Pero no es fácil encontrar gente carismática que además quiera participar en  democracias de dudosa legitimidad. Con el método del Príncipe Azul es casi inevitable la victoria. Sólo se requiere, eso sí, harto dinero para la compra y realización de todo el entramado logístico de una campaña electoral.

¿Qué es un Príncipe Azul (PA)? El hombre perfecto, precisamente lo que todo político serio contemporáneo desea ser. Por ser un ideal individualista es ideal también para su uso comercial en la sociedad de masas consumista. Buena parte de la sociedad, la gente mayormente acostumbrada a vivir bajo una cultura autoritaria y machista, es el público-target al que se dirige el PA. Pero también puede funcionar, si se prepara bien con un equipo de profesionales encargados de elaborar una imagen universal (hasta donde sea posible) en base a la gracia o talento de la persona elegida para tal evento, en otros sectores-target más específicos.

En la posmodernidad, todas las combinaciones para construir un PA son posibles: un papa humilde, un presidente Nobel de la paz guerrerista…todos los oxímorones son realizables por que el entramado político es más que un mercado; también es el escenario donde sucede el circo, maroma y teatro, donde el PA no es más que un modelo programado y programable (un pelele) hecho para la ocasión, para ganar elecciones. Se juega con la ignorancia, la inocencia, la necesidad de la sociedad a través del engaño, el discurso y la despolitización.

La política no es, como se quiere convencer a la opinión pública, un acto meramente racional. Hay infinidad de actos irracionales en el actuar político (por pactos de sangre, ideológicos, religiosos, egoístas….) tantos como actos planificados en base a decisiones subjetivas, como las guerras. En cierta manera el caos y el orden conviven  en sociedades estratificadas y de clase trayendo como consecuencia un sinnúmero de contradicciones, desde la censura o el Estado policiaco, hasta la invasión de países y las enfermedades incurables. El uso de la manipulación social es imprescindible para “mantener” el orden político-económico, la jerarquía piramidal.

Las campañas políticas en general son un juego de seducción: atraer a la causa; dar notoriedad a una situación determinada. Las campañas electorales van todavía más allá haciendo uso de los trucos más viejos, pero a fin de cuentas útiles, para mantener la “paz” y el “progreso”. Basta con generar y lucrar con la ignorancia y la pobreza social, pero es además imprescindible un bien aceitado sistema de comunicación de masas, como la televisión, la radio, el cine, todo tipo de publicidad, sino, el PA por sí solo, no tendrá la penetración necesaria para traducirlo en un fetiche de masas, en un producto de consumo de moda. La televisión viene a sustituir el poder convocatoria que anteriormente tenían las iglesias.

La costumbre de adorar a héroes y dioses, facilita la asimilación de las personas a la obediencia hacia figuras de autoridad, comenzando desde temprana edad en las unidades políticas patriarcales denominadas familia, hoy tan presentes en la sociedad “civilizada” occidental. Más cruel aún es el uso del miedo para aumentar la sensación de inseguridad en una sociedad dada. Así se resuelve la necesidad de tener “líderes que guíen al pueblo”, mesías todopoderosos de sociedades despolitizadas, idiotizadas e ignorantes de su capacidad de organización e inteligencia sin necesidad de patriarcas o matriarcas y oligarquías basadas en mitos y haciendo uso del monopolio de la violencia. Cuidado, entre menos ignorancia, menos Príncipe Azul.

Escójase pues entre los correligionarios, simpatizantes o personas destacadas de la sociedad, a aquella que reúna el mejor capital social (más simpatías, empatías, apoyo) de manera gratuita (por sí misma). Si no es posible encontrar o convencer a la persona indicada, se procede a fabricarla. En este caso se decide por la apariencia física y la juventud. Considere los cánones de belleza establecidos, la vestimenta y maquillaje adecuado, los dictados de la moda. Dé a las masas lo que las masas anhelen para sí en una sociedad de clases.  

El PA representa el éxtasis ascético, el clímax sexual, la felicidad extrema y, así sea hombre y vaya dirigido a un público femenino, así también hay que jugar con la sexualidad masculina y gay; a final de cuentas la homosexualidad reprimida o abierta de muchos hombres se traducirían en apoyo al PA seleccionado; por lo tanto, ha de buscarse un prototipo actoral que alcance a resaltar símbolos identatarios con lo masculino: el ideal de hombre según los hombres. El Príncipe Azul debe dirigirse siempre a la segunda persona del singular: “es a ti y sólo a ti a quien te hablo”.

ADVERTENCIA. El  método del Príncipe Azul es de uso exclusivo para campañas electorales (sólo sirve en campañas). El resultado de sus acciones ya en función de gobierno y lo que esto pueda originar de crisis económicas y revoluciones sociales, es totalmente responsabilidad del grupo oligárquico que lo ha instalado. Úsese con sumo cuidado. Inflamable, manténgalo alejado de movimientos sociales, grupos de intelectuales, organizaciones derecho humanistas, universitarios y en general, de gente pensante e inteligente.

El Principe Azul, ¿si gana elecciones, qué no ganará? 



jueves, 16 de mayo de 2013

Ciudad anárquica




Breaking The Law
Judas Priest


Hay un discurso que utiliza el concepto de anarquía  (sin gobierno) como sinónimo de destrucción y caos. Este discurso proviene no sólo de gobiernos y empresarios, como es de esperarse, sino también y con frecuencia, de la prensa y la academia.  El concepto más indicado es el de anomia (sin ley) por lo que sucede en países como México y ciudades como Juárez, donde la violación a la ley es una constante, comenzando con la constitución y terminando con los derechos humanos.

En ese mundo surrealista oficial, de imágenes de bienestar que ocultan hambrunas y genocidios, donde todo es normal (los asesinatos diarios, la explotación sexual, la violencia doméstica) es más fácil distorsionar conceptos que utilizarlos correctamente, pero a costa de desinformar e influir en un público tal vez susceptible de manipular; en una sociedad desacostumbrada a pensar por sí misma. Sociológicamente la anomia es tanto una sociedad sin ley, como una donde no se respeta la ley. En su aspecto positivo, si hay conciencia individual y social, la anomia representa la falta de necesidad de vivir regulado, o bien la rebeldía ante un gobierno o ley tiránica. En su aspecto negativo (el más usado) indica la degeneración de la ley; la instrumentación del poder político y económico en paisajes de impunidad, en estructuras caníbales y autodestructivas.

La anomia en la época del capitalismo posmoderno del siglo XXI recién iniciado, se autoproclama magnánima, capaz de aplicarse en el propio país, ciudad o dónde sea, a través de la industria del miedo y la insatisfacción social perenne, generando competencia, conflictos de interés y violencia; un moebius de dominación además individualizante y egoísta. Por eso no ha de entenderse una situación anómica negativa como algo fortuito solamente, fruto de la ignorancia o la inexperiencia, sino algo también provocado por terceros. El “orden y progreso” capitalista neoliberal, para su supervivencia, hace posible la anomia: corrupción, fraude, despolitización social, guerras, pobreza y ecocidio, son ejemplos anómicos reales.

Ciudad Juárez, ciudad anómica

El neoliberalismo en Ciudad Juárez no sólo tiene que ver con las maquilas, las transnacionales, los grandes consorcios o las franquicias. El narcotráfico, el trafico de personas, el contrabando en general, también son capitalistas. Pero hay otro aspecto más cruel: aniquilar poblaciones enteras para llevar “el progreso”, como sucede en Lomas de Poleo y el Valle de Juárez, literalmente eliminadas para convertirlas en “áreas de desarrollo” económico, proyecto que además apuesta por dividir a Juárez y finalmente, ¿desaparecerla? No hay complicidad entre gobiernos y empresarios, por que finalmente son los mismos turnándose en puestos empresariales y públicos. El caso neoliberal incluye en su versión priista, los siguientes actores y situaciones:

Ruteros

Después de los sicarios, los choferes de transporte público o “ruteros” son quienes causan más muertes violentas en Ciudad Juárez. Son de alguna forma, un brazo armado del priismo, pues igual transportan votantes y golpeadores en tiempos de elecciones o ellos mismos se convierten en grupo de choque en cualquier época del año. Los ruteros hacen y deshacen en las calles juarenses: chocan, atropellan, amenazan y de paso dan mal servicio, con la aparente complacencia o miedo, tanto del gobierno, como de la sociedad juarense. 

La policía

La policía juarense desde siempre ha gozado de mala reputación por hartas evidencias de abuso cometidas. En la era Teto-Leyzaola, esa impunidad aumenta hasta llegar a extremos fascistas de limpieza social. Los policías encubiertos, por ejemplo, que trabajan en famosas licorerías convertidas en superettes, tienen licencia para matar. Infinidad de personas, desde verdaderos criminales de profesión hasta muchas personas inocentes, han sido maltratadas, golpeadas y/o asesinadas en los oficios policiacos. La brutalidad policiaca es aprobada por las autoridades y de alguna manera apoyada por sectores de la ciudad proclives al apartheid y otras formas de discriminación. No ha de olvidarse que pese a las protestas, el empresariado juarense ha apoyado incondicionalmente la permanencia de Leyzaola.

Obras viales

Un préstamo multimillonario de más de dos mil millones de pesos para “mejorar las vialidades” que el Congreso del estado aprobó al presidente municipal de Ciudad Juárez (sin consulta previa a la ciudadanía) de repente se pone en acción en varios puntos de la ciudad, acometiendo como en una guerra, abriendo hoyos aquí y allá, cerrando calles. De pronto se generaron nuevos empleos, ¿para captar votos esta temporada y de paso, asegurarse que las/los abstencionistas no salgan a votar, haciéndoles enojar con tanta falta de planeación urbana?

Destrucción del centro

El ahora “Centro Histórico” de Ciudad Juárez, no será el mismo después de las también impopulares obras de mejoramiento del centro, pues se trata de algo más que cambiarle radicalmente la fisionomía y peor aún, se desconoce, cómo será el “progreso” que traerá el nuevo centro, pero el estilo de desalojo es parecido al de los ya citados, Lomas de Poleo y Valle de Juárez (también se han quemado y derrumbado casas y asesinado a gente “indeseable”…).  Ni las protestas ni los peritajes del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) ni la inconformidad de los locatarios del centro, nada detiene al neoliberalismo priista.

Privatización de la cultura

El embate de la derecha por criminalizar a la sociedad en sus diferentes manifestaciones (protesta pública, artistas de la calle…) también aboga por hacer de todo un negocio: un malabarista callejero que no paga impuestos es un criminal, mientras Sebastián, el escultor de la espantosa “X” (el nuevo monumento juarense) se lleva varios millones de pesos por una obra que nadie en Ciudad Juárez pidió, pero la sociedad pagará de sus impuestos. Seguramente se explotará de manera económica por algún político-empresario para su propio beneficio.  El muy manoseado y prometido Centro de Convenciones se hará, pase lo que pase, en el ahora ex hipódromo y ex galgódromo y pese a las protestas de vecinos, artistas e intelectuales para convertirlo en un centro cultural comunitario, no en un centro de espectáculos empresarial privado. ¿A quién le interesa la cultura? Ciudad Juárez es una de las ciudades menos lectoras, de un país que no lee.

La enajenación religiosa.

¿La sordidez es algo común en el catolicismo? Por la forma como conducen los asuntos públicos, parece que sí. La pedofilia de muchos sacerdotes, el encubrimiento de los mismos; el protagonismo político de esta religión por encima de otras y su predilección por gobiernos de derecha (incluidas las dictaduras) así como el apoyo de parte de los gobernantes católicos (por ejemplo, César Duarte en Chihuahua) serían más que motivos suficientes para por lo menos, una reflexión introspectiva de quienes se asumen como practicantes de dicha religión y más aún para quienes comprenden y defienden el Estado laico. La anomia incluye los espacios de lo “sagrado”.

La desconfianza

La anomia también es desconfianza. En una situación o espacio donde nadie confía, no hay paz ni armonía. La simulación se convierte en la cotidianidad, vivir por vivir, pero sin profundizar en la existencia misma. Desconfianza, miedo, prejuicios: la enfermedad del patriarcado, base de la violencia estructural presente en todos los regímenes jerárquicos. La ciudad no confía en los gobernantes y éstos tampoco confían en la ciudad. Por eso la credibilidad y la legitimidad del régimen político-económico es cuestionable; la participación electoral es el mejor termómetro de la desconfianza política, la protesta y la apatía social.


La sociedad anárquica es una aspiración, no una realidad. La anomia es la norma de ciudades como Juárez, Chihuahua o varias otras de México. La ciudad anómica (título tácitamente verdadero de este texto) es en referencia a la refinación del capitalismo en su esencia destructiva y caótica, con ayuda del Estado. El caso de Ciudad Juárez es paradigmático, pues representa muy bien el ideal avaricioso del capitalismo: destructivo, racional, anómico, machista.