Mostrando entradas con la etiqueta independencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta independencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Chihuahua, pasado, presente y futuro

(Revista Aserto, número 89, diciembre del 2010)

Chihuahua vive uno de los peores momentos de su historia. Tres años han pasado ya desde el inicio de la “guerra contra el narco” implementada por el gobierno federal estancado al estado en una situación de muerte, violencia y destrucción. Aun si la “guerra” desapareciera hoy, las secuelas de la misma y la reconstrucción de Chihuahua durarían varios años.

El estado ha pagado muy caro su situación geopolítica y su crónico estancamiento de desarrollo social. La combinación de ambas (la cercanía con Estados Unidos y la marginación de buena parte de su población) son elementos sinérgicos de la prolongación de una guerra perdida desde el inicio que dice más por sus silencios que por sus acciones. Mientras tanto gente muere asesinada todos los días en las grandes ciudades como Juárez y Chihuahua; en los municipios serranos; en las ciudades pequeñas y medianas; en las carreteras. El festín de sangre y anomia es hoy sinónimo del “estado grande”: grande en masacres, impunidad y corrupción sin límites.

El presente brillante se opaca con la pérdida de miles de empleos además de las muertes violentas y la explosión de los delitos de todo tipo, algunos de ellos desconocidos para las y los chihuahuenses hasta la llegada de las fuerzas militares y federales: extorsiones, secuestros, derecho de piso, carjackings, violaciones a los derechos humanos y las garantías individuales entre otras. La prosperidad económica va de salida junto a miles de residentes del estado que buscan salvar sus vidas o sus propiedades al tiempo que se establece un sórdido Estado de excepción no declarado donde nadie tiene la vida asegurada. El miedo generalizado y la desconfianza en las instituciones públicas, sobre todo las de impartición de justicia y policiacas, hacen posible una atmósfera de enajenación estresante, tristeza y desesperanza ante los días por venir.

Del prestigio de Chihuahua como “cuna de la Revolución”, “salvaguarda de la república”, “defensora del respeto al voto y la apertura democrática”, sólo queda el recuerdo histórico. Hoy es más visible el feminicidio, las masacres juveniles y estudiantiles, la corrupción y cinismo gubernamental, la violencia por todos lados, la “tierra de nadie”; eventos por los cuales seremos conocidos. Hoy Benito Juárez, Francisco Villa, Abraham González o Pascual Orozco, son personajes desdibujados, sólo presentes en los discursos oficiales y los anhelos populares, dándole entrada a los nuevos “héroes” regionales: los narcos, los sicarios, los políticos sumisos y castrados, los empresarios sin escrúpulos.

El pasado se hace lejano y añorable, el presente angustioso e interminable; el futuro asusta. Chihuahuenses jóvenes y viejos, hombres y mujeres forman parte de la generación de la violencia anómica cortesía del Estado mexicano. La identidad chihuahuense cambia: el estado que es incapaz de protegerse a sí mismo, matándose para que la droga no llegue a los Estados Unidos, país de donde provienen las armas de la catástrofe. República de salvajes que justifica la intensidad de la violencia y el discurso belicista estadounidense que se adelanta al futuro deseado inventándolo: el Estado mexicano no puede.

El futuro chihuahuense a corto, mediano o largo plazo, no es el futuro neoliberal de la tierra prometida y gente bonita; se acerca más a la sobrevivencia de Estados en situación de guerra como Irak o Afganistán a los cuales habrá que hacerles posible la recuperación de la tranquilidad perdida. Olvidados por la política y los políticos, seguramente la sociedad chihuahuense hará enormes esfuerzos por reponerse con gobiernos, sin gobiernos o a pesar de los gobiernos, de seguir su actitud déspota como hasta ahora. Como en otras épocas de crisis, la solución estará en la capacidad de organización y decencia de su sociedad.

El 2010 al igual que el 2009 y el 2008, son años sumamente difíciles para quienes tenemos en Chihuahua nuestro hogar y el 2011 no se avizora mejor que los anteriores. Es difícil predecir cómo vendrá el nuevo año, si sobreviviremos el actual o si las personas y lugares que forman nuestro entorno común y cotidiano estarán a salvo. Nadie imaginábamos vivir un periodo como el actual. En el año del centenario de la Revolución y bicentenario de la Independencia son más los retos a afrontar que los ánimos por celebrar. No es que no exista el orgullo por el pasado, por cómo llegamos hasta aquí; se trata más bien de un choque con la realidad que nos tiene aturdidos y con ganas de terminar con esta situación absurda lo antes posible, pero ¡oh insensatez! Todavía tenemos mucho por hacer para en verdad darle sentido a una independencia, tal vez con una verdadera revolución social.

La esperanza es lo último que muere. Pero, ¿qué le da vida a la esperanza? Espero y sean nuestros anhelos de vivir en paz y armonía con nosotros mismos. Las soluciones no vendrán de la clase política ni de fantasmas del pasado; el carácter de un pueblo se forma ante la adversidad. Por antítesis, la imposibilidad actual de influir en la política de la violencia hará que las y los chihuahuenses encontremos nuestra propia síntesis.

martes, 7 de septiembre de 2010

México no quiere ser independiente (¿?)

Septiembre, al igual que diciembre, deben ser meses para la reflexión y no sólo para celebrar a lo pendejo. Al “mes de la patria” le debemos una muy sincera y profunda introversión antes de invocar a las y los “héroes de la patria”, ¿cómo somos “independientes”?, ¿con quién(es) vamos a “celebrar” la independencia?, ¿somos libres y autónomos(as) o somos autómatas creyendo ser libres? ¿Doscientos años de independencia, independencia de qué?

Las razones que dan origen a la independencia de la Nueva España para formar un nuevo país, México, se relacionan con conflictos raciales y económicos: la estructura socioeconómica de la colonia española permite privilegios para unos pocos (españoles) y en cadena descendente mayor carga de obligaciones de todo tipo a una sociedad de castas (criollos, mestizos, indios, negros, mulatos…) no había libertad para comerciar con otros países; no se podían comercializar ciertos productos; no se podía practicar o no practicar otras religiones fuera del catolicismo; existía la esclavitud y la explotación laboral, mucha ignorancia, abusos de poder y un largo etcétera.

A doscientos años de distancia notamos que pocas veces hemos sido independientes. La cara libertad que pagó México a España se empañó luego con gobiernos de “hombres fuertes” asumidos así mismos como indispensables para la supervivencia de la nueva nación. Para pasar de la dependencia de la corona española a la dependencia con Estados Unidos actualmente, no hizo falta hacer revoluciones armadas: simplemente fue necesario dejar de ser autosuficientes, perder la dignidad como nación, tolerar gobiernos corruptos y condenar olvidando a los movimientos sociales legítimos.

Psicológicamente parece que no nos gusta la libertad ni la autonomía. Nuestra historia política transita por el rumbo del autoritarismo, el paternalismo y el populismo. Los conservadores adujeron la presencia de un emperador, Maximiliano, para “unificar” la nación; Porfirio Díaz decía unos pocos años antes de su debacle que “México no estaba listo para la democracia”, el PRI siempre justificó su dictadura paternalista con mano dura y sin rendición de cuentas; el PAN y el PRI neoliberal su servilismo con el imperio norteamericano como el ineludible destino del país ligado al futuro estadounidense. No importa cuánta gente haya muerto en pro de la libertad y la justicia, el poder político resultante se vuelve con el tiempo contra el pueblo, la sociedad.

Independencia es un concepto muy grande y no tan abstracto como parece. Un(a) joven necesita ser independiente si quiere ser adulto y madurar. Una nación necesita ser autosuficiente en materia de salud, educación, alimentación, tecnología, seguridad y trabajo si quiere desarrollarse y mantener su independencia. Hoy no es necesario que un país invada a otro para debilitarlo, tan sólo con hacerlo adicto a su cultura y productos para hacerlo obedecer. México es principalmente exportador de materias primas y mano de obra barata, pero somos dependientes de cosas tan fundamentales y estratégicas como la tecnología y alimentos.

A nivel internacional el país se destacó, hasta hace muy pocos años, por su total apego a la diplomacia y la razón a favor de la autodeterminación de los pueblos, en su principio de no intervención, fundamentado en la Doctrina Estrada, lo que nos llevó a ir aun en contra de las decisiones imperialistas estadounidenses como por ejemplo, cuando el bloqueo económico a la Cuba comunista, todavía vigente, siendo México el único país latinoamericano que se mantuvo firme en mantener relaciones con la isla, pese a la presión gringa. Hoy somos una caricatura de lo anterior, somos un país palero de los estadounidenses incluso contra nosotros mismos, ahí está el ejemplo de la Iniciativa Mérida.

Por ironías de la vida, “celebraremos” 200 años de independencia con los enemigos en el poder: los descendientes ideológicos de los conservadores, la derecha, las élites; es decir, con los grupos que históricamente han representado precisamente al México jerárquico, injusto, explotador, racista y represor; en medio de la peor crisis de seguridad en tiempos de paz; en pleno desmantelamiento o despojo de las riquezas nacionales; auspiciando gobiernos corruptos de todos los partidos; presenciando el debilitamiento paulatino de la autonomía nacional, el prestigio internacional y la confianza de la sociedad mexicana, cada día más defraudada e irritada.

Así pues llegamos al 2010, con amenazas latentes de narcoatentados; prefiriendo que miles sigan muriendo violentamente antes que siquiera suponer la legalización de ciertas drogas, aunque miles más mueran por drogas legales, como el alcohol y el tabaco. El intervencionismo gringo sigue avanzando, tan sólo hay que esperar que hable el embajador Carlos Pascual para desmentir al gobierno o dictarle el camino a seguir. La “Ley Arizona” no tiene respuesta ni correspondencia mexicana, pues se sigue dejando a su suerte a los connacionales cuando en México se permite la venta de terrenos patrimonio de la nación a estadounidenses y otros extranjeros, mientras a las grandes compañías, también extranjeras, como las mineras, no se les roza ni con el pétalo de una rosa aunque contaminen. Miles de indocumentados centro y sudamericanos son violentados cada año en México para satisfacer las políticas antiinmigrantes de los gringos…

lunes, 14 de septiembre de 2009

Para reflexionar septiembre en México

La nación demanda
Carlos Murillo G.

…¡qué la nación me lo demande!
Frase culminante de las tomas de protesta política

Dadas las actuales circunstancias de violencia pública, desestabilidad económica y gobiernos e instituciones débiles, ¿cuál puede ser la mejor manera de conmemorar el mes patrio siendo congruentes? Todo parece indicar que más que conmemorar o celebrar, se trata de hacer.
En la época de la Independencia, el futuro México era un conglomerado muy disperso y heterogéneo de súbditos viviendo bajo un sistema político monárquico, un sistema económico mercantilista de sobre explotación de materias primas y un racista sistema sociológico de castas, donde una pequeña minoría (españoles) gobernaba, explotaba, discriminaba o restringía a la inmensa mayoría nativa (criollos, mestizos e indios) y permitía además la esclavitud, ¿cuántas cosas han cambiado desde entonces?
La invención de este país llamado México surgió de contradicciones insostenibles, muchas de las cuales todavía prevalecen. Ya no vivimos bajo un régimen monárquico, pero los políticos gobernantes se comportan tan déspotas como sus predecesores aristócratas; la economía se ha multiplicado y diversificado, pero la distribución de la riqueza sigue siendo precaria; ya no existen las castas y está prohibida la esclavitud, pero prevalece el racismo y la explotación humana; ya somos ciudadanos(as) de una democracia, pero predomina la mentalidad de súbdito y el autoritarismo.
Hoy como entonces, existe malestar en la gente por las situaciones por todos y todas conocidas, pero también como entonces, son pocas las personas que se proponen hacer algo al respecto; la inconformidad generalizada no llega necesariamente a la movilización social total. A final de cuentas no se trata de un despertar de consciencia homogéneo, pese a los factores presentes en ello, sino de brotes de inteligencia aquí, allá y acullá, precisamente como sucedió en la Independencia y Revolución.
En el pasado muy reciente, los días primero de septiembre se paralizaba el país para, en teoría, escuchar y ver el informe presidencial, un evento protocolario cuasi religioso que sin lugar a dudas tenía el mismo significado para las mayorías de este país: una serie de frases elocuentes, maquilladas y alejadas de la realidad cotidiana de la persona común. El 15 y el 16 de septiembre, por el contrario, son días de fiesta y desfile, sin tanto rollo e ideales para las chelas y el ocio, aunque adoleciera de una reflexión más profunda de conexión entre el pasado, presente y futuro, la cosa es y sigue siendo por lo visto, festejar por festejar en la enajenación plena.
Por segundo año consecutivo circula una invitación por internet para conmemorar la Independencia en silencio, como forma de protesta cívica ante la incongruencia estatal; de seguro hay más acciones para la ocasión, como de seguro habrá quien aun conociéndolas, hará caso omiso y disfrutará de lo que el Estado le ofrezca para la noche de El Grito. No es de alarmarse la apatía ciudadana, más bien de esperarse, por eso es importante empezar a imaginar conmemoraciones diferentes, más audaces y por qué no, eficaces.
Plebiscitos, referéndums y revocación de mandatos. Tenemos estas tres herramientas políticas que prácticamente no usamos. ¿Por qué no imaginarnos los septiembres como el mes donde se hace un escrutinio serio, pero de las acciones de gobierno y en base a resultados implementar cualquiera de las tres acciones señaladas? Con frecuencia se nos olvida que la democracia va mucho más allá de las elecciones periódicas, que el poder radica en el pueblo (Artículo 39 constitucional) y por ello, tenemos la responsabilidad y el derecho de hacernos justicia desde la ciudadanía y con la ley en la mano (Constitución).
Aprender a exigir. Es curioso que en esta época capitalista las y los ciudadanos, convertidos en clientes y consumidores(as), no traslademos la cultura consumista a la política; si fuera así, fácil sería exigir lo justo, por ejemplo, convirtiendo el voto en moneda y ponderando la calidad de lo comprado: plena satisfacción del producto o la devolución de su dinero, porque en el mundo político, la garantía no existe. O igual si nos asumimos y pensamos como las y los grandes capitalistas de México, como si fuera el país una empresa, se nos facilitaría tomar decisiones y despedir o contratar y sobre todo controlar, a políticos, burócratas y demás, de acuerdo a las necesidades de la empresa, al estilo racional que nos propone Max Weber.
El verdadero grito. Bueno, ¿y qué demanda la nación? Pues para empezar demanda presencia, que se le vea y se le escuche o en su defecto, que se interprete su silencio. Demanda resultados no demagogia. Demanda una nueva relación sociedad-Estado, ciudadanía-gobierno. Demanda trabajo, comida, vestido, servicios, privilegios como los ricos, paz, justicia y todo aquello que hace falta gritar, porque nadie oye. ¡Viva México!, ¡Muera el mal gobierno!, ¡Vivan los mexicanos(as) pacíficos!, ¡Mueran los violentos!