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martes, 7 de septiembre de 2010

México no quiere ser independiente (¿?)

Septiembre, al igual que diciembre, deben ser meses para la reflexión y no sólo para celebrar a lo pendejo. Al “mes de la patria” le debemos una muy sincera y profunda introversión antes de invocar a las y los “héroes de la patria”, ¿cómo somos “independientes”?, ¿con quién(es) vamos a “celebrar” la independencia?, ¿somos libres y autónomos(as) o somos autómatas creyendo ser libres? ¿Doscientos años de independencia, independencia de qué?

Las razones que dan origen a la independencia de la Nueva España para formar un nuevo país, México, se relacionan con conflictos raciales y económicos: la estructura socioeconómica de la colonia española permite privilegios para unos pocos (españoles) y en cadena descendente mayor carga de obligaciones de todo tipo a una sociedad de castas (criollos, mestizos, indios, negros, mulatos…) no había libertad para comerciar con otros países; no se podían comercializar ciertos productos; no se podía practicar o no practicar otras religiones fuera del catolicismo; existía la esclavitud y la explotación laboral, mucha ignorancia, abusos de poder y un largo etcétera.

A doscientos años de distancia notamos que pocas veces hemos sido independientes. La cara libertad que pagó México a España se empañó luego con gobiernos de “hombres fuertes” asumidos así mismos como indispensables para la supervivencia de la nueva nación. Para pasar de la dependencia de la corona española a la dependencia con Estados Unidos actualmente, no hizo falta hacer revoluciones armadas: simplemente fue necesario dejar de ser autosuficientes, perder la dignidad como nación, tolerar gobiernos corruptos y condenar olvidando a los movimientos sociales legítimos.

Psicológicamente parece que no nos gusta la libertad ni la autonomía. Nuestra historia política transita por el rumbo del autoritarismo, el paternalismo y el populismo. Los conservadores adujeron la presencia de un emperador, Maximiliano, para “unificar” la nación; Porfirio Díaz decía unos pocos años antes de su debacle que “México no estaba listo para la democracia”, el PRI siempre justificó su dictadura paternalista con mano dura y sin rendición de cuentas; el PAN y el PRI neoliberal su servilismo con el imperio norteamericano como el ineludible destino del país ligado al futuro estadounidense. No importa cuánta gente haya muerto en pro de la libertad y la justicia, el poder político resultante se vuelve con el tiempo contra el pueblo, la sociedad.

Independencia es un concepto muy grande y no tan abstracto como parece. Un(a) joven necesita ser independiente si quiere ser adulto y madurar. Una nación necesita ser autosuficiente en materia de salud, educación, alimentación, tecnología, seguridad y trabajo si quiere desarrollarse y mantener su independencia. Hoy no es necesario que un país invada a otro para debilitarlo, tan sólo con hacerlo adicto a su cultura y productos para hacerlo obedecer. México es principalmente exportador de materias primas y mano de obra barata, pero somos dependientes de cosas tan fundamentales y estratégicas como la tecnología y alimentos.

A nivel internacional el país se destacó, hasta hace muy pocos años, por su total apego a la diplomacia y la razón a favor de la autodeterminación de los pueblos, en su principio de no intervención, fundamentado en la Doctrina Estrada, lo que nos llevó a ir aun en contra de las decisiones imperialistas estadounidenses como por ejemplo, cuando el bloqueo económico a la Cuba comunista, todavía vigente, siendo México el único país latinoamericano que se mantuvo firme en mantener relaciones con la isla, pese a la presión gringa. Hoy somos una caricatura de lo anterior, somos un país palero de los estadounidenses incluso contra nosotros mismos, ahí está el ejemplo de la Iniciativa Mérida.

Por ironías de la vida, “celebraremos” 200 años de independencia con los enemigos en el poder: los descendientes ideológicos de los conservadores, la derecha, las élites; es decir, con los grupos que históricamente han representado precisamente al México jerárquico, injusto, explotador, racista y represor; en medio de la peor crisis de seguridad en tiempos de paz; en pleno desmantelamiento o despojo de las riquezas nacionales; auspiciando gobiernos corruptos de todos los partidos; presenciando el debilitamiento paulatino de la autonomía nacional, el prestigio internacional y la confianza de la sociedad mexicana, cada día más defraudada e irritada.

Así pues llegamos al 2010, con amenazas latentes de narcoatentados; prefiriendo que miles sigan muriendo violentamente antes que siquiera suponer la legalización de ciertas drogas, aunque miles más mueran por drogas legales, como el alcohol y el tabaco. El intervencionismo gringo sigue avanzando, tan sólo hay que esperar que hable el embajador Carlos Pascual para desmentir al gobierno o dictarle el camino a seguir. La “Ley Arizona” no tiene respuesta ni correspondencia mexicana, pues se sigue dejando a su suerte a los connacionales cuando en México se permite la venta de terrenos patrimonio de la nación a estadounidenses y otros extranjeros, mientras a las grandes compañías, también extranjeras, como las mineras, no se les roza ni con el pétalo de una rosa aunque contaminen. Miles de indocumentados centro y sudamericanos son violentados cada año en México para satisfacer las políticas antiinmigrantes de los gringos…

miércoles, 23 de septiembre de 2009

23 de septiembre, Madera, 1965: La historia olvidada de Chihuahua.


23 de septiembre, Madera, 1965
Carlos Murillo G.


“Aquí no ha pasado nada, absolutamente nada…”

Práxedes Giner Durán, gobernador de Chihuahua en 1965.



Septiembre, mes de la patria. La historia oficial suele olvidar por cuestiones de conveniencia y propaganda, aquellas partes de su pasado que no le son favorables. La historia de México, en este caso tomando como escenario Chihuahua, está plagada de omisiones sangrientas, dolorosas y desafortunadamente también, del mismo tipo de situaciones contradictorias que las generan.

Hace cuarenta y cuatro años por problemas muy similares a los actuales, un grupo de ciudadanos del municipio de Madera, se alzaron en armas cansados de la injusticia que todavía prevalece en la Sierra Tarahumara por cuestión de la tenencia de la tierra y la indiscriminada explotación forestal, pero también por el abuso del Estado en toda la extensión de la palabra: corrupción, autoritarismo, oídos sordos, miseria, persecución y un largo etcétera. Los audaces atacantes del cuartel de Madera eran campesinos, estudiantes, maestros, gente de bien.

Militarmente hablando el ataque fue un fracaso, un intento verdaderamente suicida dadas las condiciones cómo se da la faena, pero no hubo marcha atrás; ni la lluvia, ni la falta de hombres y armas, ni la falta de preparación militar impidió que una docena de valientes plenamente identificados con sus convicciones libertarias hicieran lo que tenían que hacer: enfrentar la realidad macabra de la política mexicana desde siempre distanciada de las necesidades de su gente.

En el terreno sociológico la iniciativa fue todo un éxito. Después del ataque, minimizada oportunamente por el gobernador y los medios en turno, tuvo un fuerte impacto en la sociedad; de hecho fue el preámbulo de lo que vendría tres años más tarde a nivel estudiantil y nacional. Luego, en la década del setenta, un movimiento guerrillero rescataría la fecha para adjudicársela como nombre: la Liga Comunista 23 de Septiembre, que actuaba en las grandes ciudades del país como guerrilla urbana.

En esa época el Estado aplicó la guerra sucia como método de exterminio de los movimientos sociales con relativo éxito: terminó con guerrillas como la 23, o las de Genaro Rojas y Lucio Cabañas en Guerrero, despolitizó a las y los jóvenes y persiguió a las y los estudiantes, pero como nunca procuró poner fin a los privilegios de sus compadres y aliados, es decir, como siguió prevaleciendo la desigualdad, la corrupción, el autoritarismo, pues resultó imposible que aparecieran otros movimientos como el EZLN en Chiapas o el EPR en Guerrero.

En la transición del Estado paternal (el famoso “papá gobierno” de antaño) como en realidad se ejercía el Estado de bienestar, al actual Estado neoliberal, no sólo no cambian las malas condiciones socioeconómicas de la población, sino se empeoran y multiplican: hay más diversificación de la pobreza y mayor número de pobres, la política sigue distanciada de la sociedad como los jueces de la justicia y hay una mayor dependencia hacia Estados Unidos, no sólo en lo económico, sino también en lo político e ideológico.

A septiembre del 2009 pareciera que las cosas se complican en todas partes de Chihuahua: asesinatos por doquier; pérdida de soberanía en algunos municipios (Namiquipa) o regiones (noroeste) enfrentamientos entre campesinos y CFE; protestas contra las alzas en transporte público (Chihuahua) manifestaciones contra la banca (Cuauhtémoc) manifestaciones contra la PGR por la posible designación de Arturo Chávez Chávez como procurador (Ciudad Juárez) entre muchos otros, pero también cabe preguntarse, ¿es que alguna vez estuvimos mejor?

La gesta del ataque al cuartel militar en Ciudad Madera, en la madrugada del 23 de septiembre no puede ni debe considerarse un hecho aislado, mínimo y olvidable; por el contrario, se hace absolutamente necesario estudiarlo, rescatarlo, actualizarlo; eventos como este tienen bastante significación en la actualidad por que siguen vigentes los problemas que le dieron cause; la presencia castrense en la entidad y el río de sangre de la política de exterminio del Estado, así como su actitud fría y despectiva ante el hecho nos obliga.

¿Quién o quién no ha aprendido la lección de la historia, la sociedad o el Estado? Es difícil saberlo, dado que una es el reflejo del otro y viceversa, recorriendo el mismo camino, aunque en condiciones distintas. El Estado se nos cae a pedazos mientras la clase política prepara sus armas para la siguiente elección; la sociedad, más abstracta que nunca, explota en manifestaciones que van de la indolencia a la desesperación, de la apatía al activismo; no cabe duda que nos encontramos en una dialéctica negativa, grosera, en un círculo vicioso que empieza a romperse.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Para reflexionar septiembre en México

La nación demanda
Carlos Murillo G.

…¡qué la nación me lo demande!
Frase culminante de las tomas de protesta política

Dadas las actuales circunstancias de violencia pública, desestabilidad económica y gobiernos e instituciones débiles, ¿cuál puede ser la mejor manera de conmemorar el mes patrio siendo congruentes? Todo parece indicar que más que conmemorar o celebrar, se trata de hacer.
En la época de la Independencia, el futuro México era un conglomerado muy disperso y heterogéneo de súbditos viviendo bajo un sistema político monárquico, un sistema económico mercantilista de sobre explotación de materias primas y un racista sistema sociológico de castas, donde una pequeña minoría (españoles) gobernaba, explotaba, discriminaba o restringía a la inmensa mayoría nativa (criollos, mestizos e indios) y permitía además la esclavitud, ¿cuántas cosas han cambiado desde entonces?
La invención de este país llamado México surgió de contradicciones insostenibles, muchas de las cuales todavía prevalecen. Ya no vivimos bajo un régimen monárquico, pero los políticos gobernantes se comportan tan déspotas como sus predecesores aristócratas; la economía se ha multiplicado y diversificado, pero la distribución de la riqueza sigue siendo precaria; ya no existen las castas y está prohibida la esclavitud, pero prevalece el racismo y la explotación humana; ya somos ciudadanos(as) de una democracia, pero predomina la mentalidad de súbdito y el autoritarismo.
Hoy como entonces, existe malestar en la gente por las situaciones por todos y todas conocidas, pero también como entonces, son pocas las personas que se proponen hacer algo al respecto; la inconformidad generalizada no llega necesariamente a la movilización social total. A final de cuentas no se trata de un despertar de consciencia homogéneo, pese a los factores presentes en ello, sino de brotes de inteligencia aquí, allá y acullá, precisamente como sucedió en la Independencia y Revolución.
En el pasado muy reciente, los días primero de septiembre se paralizaba el país para, en teoría, escuchar y ver el informe presidencial, un evento protocolario cuasi religioso que sin lugar a dudas tenía el mismo significado para las mayorías de este país: una serie de frases elocuentes, maquilladas y alejadas de la realidad cotidiana de la persona común. El 15 y el 16 de septiembre, por el contrario, son días de fiesta y desfile, sin tanto rollo e ideales para las chelas y el ocio, aunque adoleciera de una reflexión más profunda de conexión entre el pasado, presente y futuro, la cosa es y sigue siendo por lo visto, festejar por festejar en la enajenación plena.
Por segundo año consecutivo circula una invitación por internet para conmemorar la Independencia en silencio, como forma de protesta cívica ante la incongruencia estatal; de seguro hay más acciones para la ocasión, como de seguro habrá quien aun conociéndolas, hará caso omiso y disfrutará de lo que el Estado le ofrezca para la noche de El Grito. No es de alarmarse la apatía ciudadana, más bien de esperarse, por eso es importante empezar a imaginar conmemoraciones diferentes, más audaces y por qué no, eficaces.
Plebiscitos, referéndums y revocación de mandatos. Tenemos estas tres herramientas políticas que prácticamente no usamos. ¿Por qué no imaginarnos los septiembres como el mes donde se hace un escrutinio serio, pero de las acciones de gobierno y en base a resultados implementar cualquiera de las tres acciones señaladas? Con frecuencia se nos olvida que la democracia va mucho más allá de las elecciones periódicas, que el poder radica en el pueblo (Artículo 39 constitucional) y por ello, tenemos la responsabilidad y el derecho de hacernos justicia desde la ciudadanía y con la ley en la mano (Constitución).
Aprender a exigir. Es curioso que en esta época capitalista las y los ciudadanos, convertidos en clientes y consumidores(as), no traslademos la cultura consumista a la política; si fuera así, fácil sería exigir lo justo, por ejemplo, convirtiendo el voto en moneda y ponderando la calidad de lo comprado: plena satisfacción del producto o la devolución de su dinero, porque en el mundo político, la garantía no existe. O igual si nos asumimos y pensamos como las y los grandes capitalistas de México, como si fuera el país una empresa, se nos facilitaría tomar decisiones y despedir o contratar y sobre todo controlar, a políticos, burócratas y demás, de acuerdo a las necesidades de la empresa, al estilo racional que nos propone Max Weber.
El verdadero grito. Bueno, ¿y qué demanda la nación? Pues para empezar demanda presencia, que se le vea y se le escuche o en su defecto, que se interprete su silencio. Demanda resultados no demagogia. Demanda una nueva relación sociedad-Estado, ciudadanía-gobierno. Demanda trabajo, comida, vestido, servicios, privilegios como los ricos, paz, justicia y todo aquello que hace falta gritar, porque nadie oye. ¡Viva México!, ¡Muera el mal gobierno!, ¡Vivan los mexicanos(as) pacíficos!, ¡Mueran los violentos!