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viernes, 5 de junio de 2015

Abstencionismo, México, 2015









Abstencionismo, México, 2015
Carlos Murillo González


Parecía una elección “normal”, de esas que no atraen tanto a la gente por que son intermedias  (para renovar la Cámara de Diputados) y en algunos estados, para presidencias municipales y gubernaturas. De repente el debate sobre el voto nulo y el voto útil en los reducidos ámbitos intelectuales, pero luego la presencia de lo hardcore en Guerrero, Chiapas y Michoacán. El boicot de las elecciones ha iniciado.

El derecho a votar o no votar

La constitución mexicana nos otorga el derecho al voto a la ciudadanía mayor de 18 años, mas no así el deber de votar. Precisamente es una obligación moral cuya decisión de abstenerse no está sujeta a castigo. En las democracias electorales contemporáneas, mayoritariamente occidentales, la vida democrática de la mayoría se reduce a depositar un voto cada determinado tiempo para continuar o cambiar con un régimen político-económico. La realidad de esta manera de organización falsamente llamada “democrática” es sobre todo psicológica: da la sensación de orden en un juego de ganar o perder a modo de apuesta. Todo está bien mientras se mantenga la seguridad, las instituciones, las y los líderes, etcétera.       

Despolitización, apatía y analfabetismo político

El grueso de la población mexicana difícilmente puede considerarse ciudadanizada; es decir, no es una sociedad consciente de sus derechos y obligaciones, apenas apurada por el gran esfuerzo que implica la supervivencia diaria, en el caso de los sectores más marginales, o enfocada totalmente hacia el individualismo egoísta en lo económico y pragmático en lo político en los sectores aburguesados y agringados. Ese es el principal obstáculo para una democracia que no aspira a la igualdad ni a la libertad: inmensos sectores a los cuales engañar o corromper, como sucede en los EEUU (país abstencionista por excelencia).

La agenda de Washington

Los intereses de los EEUU en México son cada día más claros: somos sus aliados, además de sus vecinos, y sobre todo, una rica fuente de recursos naturales, no renovables y humanos. Para la supervivencia de la gran potencia, México es indispensable, igual que Canadá y casi por los mismos motivos. Por lo tanto, el sistema político-económico-militar debe ser similar,  o sino será absorbido por el imperio, como parece ser el trasfondo de la ruta iniciada con la “guerra” contra el narco. Washington sabe muy bien el tipo de canallas que dirigen al país, mientras estos le sigan entregando las riquezas de la nación a sus empresas e intereses bélicos, no harán nada para cambiar este tipo de democracia.

Un sistema hecho para agandallar

El fraude electoral sigue siendo un hecho consumado en México. Ningún partido juega limpio y los que pretenden hacerlo por que así les favorece la preferencia electoral, no saben defender sus triunfos. Muchas personas saben que no se respeta el voto, que se compra la voluntad de las personas, y al desconocer la vida democrática, reproducen la cultura política del autoritarismo, el machismo, la intolerancia religiosa y de género, además del racismo. Es una situación favorable para el orden jerárquico, pero no para una organización políticamente sana, socialmente saludable. El fraude va desde las promesas de campaña (el futuro no se puede controlar) hasta el software que contabiliza y redistribuye los votos a favor de “x” candidato(a).   


Las encuestas y las campañas

En el entramado de la “lucha” electoral y sus jugosos premios (sueldazos, fuero, relaciones de poder, nula rendición de cuentas, viajes, etcétera) las y los candidatos se convierten en el mejor de los casos, de gentes bien intencionadas a futuros y comprobados tiranos, con sus honrosas excepciones. En general las propuestas de campañas para esta elección son igual de pobres y simplonas como las de siempre. Las encuestas por su parte están supeditadas a quien las paga y habría más de una razón para dudar de ellas en un país donde la mayoría de la gente no vota. Por eso las tendencias de las encuestas son más bien tendenciosas y no reflejan la realidad de un país despolitizado.    

Ganarle al PRI

Participar en la farsa de las elecciones significa de antemano, legitimar el régimen y por lo tanto, al PRI. Es muy complicado ganarles electoralmente, pues cuentan con las instituciones de su lado, principalmente los electorales, sus partidos satélites (PVEM y Nueva Alianza) un verdadero ejército de “promotores”  (golpeadores) del voto, organización territorial y harto dinero para las campañas políticas. Al PRI no se le puede ganar a la buena y menos en un terreno que conoce bastante bien, pues lo ha construido a su modo. ¿Qué el PRI gana con el abstencionismo? Claro que sí, como también lo hace con cada elección. El PRI vive por y para las elecciones.

Propuestas

Si el camino electoral no es la respuesta, entonces cuál es. Hay muchas maneras de organización sociológica fácilmente identificables, desde las luchas armadas (rebeliones, revoluciones, golpes de Estado…) hasta las pacíficas (huelgas, insurgencia civil, boicots…) pasando por las institucionalizadas (plebiscitos, referéndums, revocación de mandato…) y, aunque no lo crea, fenómenos como el abstencionismo pueden hacer cambiar un sistema, pues es ridículo simular una democracia donde nadie vota. Por lo pronto ya tomaron la iniciativa las y los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) particularmente en Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

FALTAN 43


lunes, 16 de abril de 2012

Las drogas, las elecciones y Chihuahua



(Publicado también en revista Aserto, número 105, abril del 2012, Chihuahua, Chihuahua)

La “guerra” contra las drogas es el rasgo más distintivo de este sexenio conservador de derecha neoliberal. Se calcula una pérdida en vidas humanas de alrededor de 60 mil asesinatos, de los cuales una quinta parte suceden en Chihuahua. Hasta el momento, ningún candidato presidencial ha dejado claro cómo va a subsanar tamaño catástrofe, la militarización y el intervencionismo de Washington, cómo recuperar la paz. La legalización y despenalización de las drogas no es un problema menor.

El tema ni siquiera está en las propuestas de campaña, pese a que las dimensiones del genocidio por sí solo sería suficiente para detener cualquier proceso electoral en una auténtica democracia y paralizar al país en la búsqueda de justicia, pero no es el caso. A la derecha no le interesa cambiar el rumbo de la estrategia contra las drogas y la “izquierda” no parece muy dispuesta a arriesgarse a oponerse a los designios estadounidenses y menos a asustar a las conservadoras y desinformadas mentes de la ciudadanía que sí vota y que a cada elección es más escasa. Esto significa para estados fronterizos como Chihuahua, la continuación de una guerra de baja intensidad, clasista y selectiva.

El narcotráfico es un problema del capitalismo por que es un negocio.

No es un problema del ser humano, del individuo, por que cada quien tiene la libertad de elección y si alguien prefiere fumar marihuana, no debe considerarse como un delito y menos perjudicial para la salud; es mucho más perjudicial beber Coca-cola o fumar tabaco y sin embargo sigue siendo una decisión individual, aunque inducida. En las sociedades de consumistas, el problema es la enajenación compulsiva, no consciente, por eso se debe criminalizar a las empresas que manipulan a la población con necesidades creadas, las cuales constantemente seducen a la sociedad para venderles satisfactores que no necesita y crear clientes cautivos. Pero eso tampoco lo vamos a ver en las propuestas electorales, por que toca muchos intereses empresariales.

La “guerra contra el narco” nos ha traído como consecuencia un grave problema de seguridad pública, que si bien ya existía antes de este hecho, se multiplica y complica en pocos años trayendo desgracia, sufrimiento y estancamiento económico. Chihuahua es el vivo ejemplo del antes y el después de esta situación. Las consecuencias han sido en alto grado desfavorables para la sociedad en general y ha recrudecido, entre otras cosas, la violación a los derechos humanos, la persecución y asesinato de activistas, el exilio masivo de población a otros estados y países, además del aumento de delitos en todos los rubros; prácticamente en todos los municipios hay historias trágicas relacionadas con esta cuestión.

Chihuahua ha sido con mucho, el gran perdedor de esta “guerra”.

Paradójicamente, pero no inocente, el gran ganador de este pandemónium es Estados Unidos: se queda con la droga, vende armas a los grupos criminales, impone su visión estratégica al gobierno federal y hasta se da el lujo de beneficiarse con la gente huida a ciudades como El Paso, Texas, entre ellos muchos empresarios y empresas; todo un negocio. El precio que tiene que pagar Washington en comparación con sus ganancias es mínimo, basta un económico y condicionado Plan Mérida y algunos otros fondos “humanitarios” del USAID para “reparar el tejido social”. Por eso persiste el interés en que quien salga ganador(a) de la contienda electoral del 2012 continúe la estrategia sugerida.

La posición geográfica de Chihuahua, estratégica para el narco, pero también para Washington, nos deja en una situación vulnerable. Si continúa la “guerra” contra el narco se seguirá debilitando al estado, pues además quienes gobiernan a nivel estatal y municipal son incapaces de garantizar una mínima existencia pacífica a la sociedad. Obviamente legalizar no está en los planes de las y los políticos, los partidos ni los candidatos presidenciales, pese a la existencias de numerosos estudios académicos a favor e incluso, de la opinión de varios e influyentes políticos a escala internacional. Legalizar supondría una desestructuración de la política tal como la conocemos, pues además el narco ya estaba dentro desde mucho antes y genera millonarias ganancias. Hay pues, muchos intereses de por medio.


4-20. El 20 de abril se celebra mundialmente el día de la marihuana. Es una forma de protesta contracultural en varias partes del mundo, incluido México, para concentrarse públicamente, fumar mota y exigir la liberación del consumo. Esta “droga” tiene miles de años de ser conocida por sus cualidades curativas, alimenticias y textiles, pero sólo hasta el siglo XX es cuando se prohíbe, a insistencia de Washington, para proteger su industria algodonera.  Son inútiles e injustificables los discursos oficialistas para desacreditar a la marihuana y las acciones para criminalizar a sus usuarios y “combatir” a los cárteles. La ignorancia, hipocresía y avaricia detrás de la prohibición y persecución sólo delatan la complicidad de intereses con las consecuencias que lamentablemente ya conocemos.

miércoles, 7 de marzo de 2012

U.S. Must Expand, Not Suppress, Voting Rights




Compartido por Rainbow/PUSH Coalition 


By : Reverend Jesse L. Jackson, Sr.

In Selma, Ala., on Sunday, I joined thousands of citizens marching across the Edmund Pettus Bridge, marking the 47th anniversary of Bloody Sunday, the 1965 march and police riot that helped spark the passage of the Voting Rights Act.
The march was not a memory to the past, but a protest of the present. In Alabama, conservatives are moving once more to suppress the vote, part of a concerted effort across the country to make it harder for the poor, the elderly and minorities to vote.
Alabama’s voter ID law will require citizens to present photo identification at the polls. An Alabama immigration law requires police to determine citizenship status during traffic stops, essentially exposing Latino citizens and non-citizens to constant harassment.
Photo ID laws have been introduced or passed in at least 15 states. They discriminate against those who don’t have driver’s licenses — disproportionately poor, elderly and minorities. Nationally they could disenfranchise about 5 million voters. Several states are also pushing legislation to restrict voter registration and to limit early voting.
The current drive is the greatest insult to the Voting Rights Act since it was passed 47 years ago.
Republicans argue that the voting laws are needed to counter fraudulent voting. But they have produced zero evidence of organized efforts to tip elections with fraudulent voters. The laws, as noted by the Rev. Al Sharpton, one of the march organizers, are a “solution looking for a problem.”
On Bloody Sunday 47 years ago, Americans saw nonviolent African-American protesters brutalized in a police riot. The nation’s conscience was touched and Washington responded, as President Johnson pushed through the Voting Rights Act.
Protests against current efforts to suppress the vote have only just begun. But they will build — and they will once more pose a moral challenge to America.
Will Americans reward a party that is systematically seeking to make it harder to vote? Will they accept routine harassment of minorities because of their fears about immigration? Will the politics of division once more be effective?
In the old South, whites feared that they would suffer with the end of segregation. Their privileges would be reduced; their economy would be upended. In fact, the civil rights movement’s victories opened the South to a new prosperity. Investment flowed in. Companies that would have not gone into a segregated South moved to Atlanta and other cities.
It turned out that to hold African Americans in a ditch, whites had to stay down there with them. The end of segregation, the passage of voting rights, created new opportunity for all.
But the old South did not die. The modern Republican Party was built on its infamous Southern strategy, appealing to whites in reaction to the passage of the civil rights laws. Now that strategy, which alienated African-American voters, seems to be replaying itself in the party’s harsh rhetoric and actions about the new wave of immigrants. The result may well alienate Latino and Asian-American voters.
Worse, it means that one of America’s two major parties is increasingly devoted to finding ways to limit the vote rather than expand it. In fact, what we ought to have is a competition on how to ensure that every citizen can cast his or her vote easily. Automatic registration on birth, early voting, extended voting days, polls that are open on weekends and before and after work days — we should be having a competition on how to increase the vote, not on how to suppress it.

viernes, 11 de febrero de 2011

El individualismo mexicano y la amenaza estadounidense (2/2)

¡Felicitaciones al pueblo egipcio!

Por su merecida y esforzada autoliberación

En los últimos años, precisamente coincidiendo con el inicio de la “guerra” contra el narco emprendida de manera unilateral por Felipe Calderón, el discurso estadounidense se endurece en cuanto a la apreciación de México, cuyo destino “preocupa” por ser una “amenaza” creciente para su nación. Atrapado en la trampa de una guerra que jamás podrá ser ganada, México cae en el perverso juego de Washington, cuyo objetivo es fabricarse enemigos para aplicar la economía bélica y extender su influencia imperialista, justo en medio su peor crisis económica en décadas.

En el gobierno de George W. Bush se establece una abierta política belicosa de intervencionismo militar para, según ellos, evitar futuros escenarios de conflicto y peligro (para sus intereses, claro) al cual denominan como guerra preventiva y funciona atacando primero cualquier indicio de amenaza que consideren requiera una respuesta armada. Bajo esta lógica, como todos(as) conocemos, se apresuró la invasión de Irak bajo el pretexto de que estaban desarrollando armas de destrucción masiva (jamás encontradas) además de estar relacionados con la organización Al Qaeda. Después de la invasión y fracaso de sus guerras preventivas en Irak y Afganistán, la mirada de Washington apunta a su “patio trasero” como les gusta llamar a México, a fin de satisfacer su enorme necesidad (¿o adicción?) de sangre, petróleo y drogas.

El imperio estadounidense está pasando por un pésimo momento: su “liderazgo” en el mundo se desploma no sólo por los escándalos de los documentos desclasificados de Wikileaks, sino por el pragmatismo indolente de su capitalismo depredador que, en la búsqueda de la mayor ganancia posible, está haciendo añicos no sólo su economía, sino generando crisis mundiales con un modelo económico anómico (neoliberalismo) en decadencia y frente a la emergencia de nuevos liderazgos mundiales como el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) en un siglo que se pretende multipolar, es decir, con un equilibrio multinacional y no monopolizado en un solo centro neurálgico como hasta ahora. En este contexto la peligrosidad del imperio se vuelve mayúscula para el mundo (es el país más y mejor armado) y más en estos momentos para México, pues el discurso de Washington cada vez resulta más insistente, arrogante y amenazante hacia este país.

¿Por qué México? Mal que bien somos vecinos desde hace siglos y, se supone, amigos o por lo menos socios comerciales, aunque en realidad todos los conflictos que forman nuestra historia en común están protagonizados por ellos, desde la independencia de Texas (luego anexada) pasando por la Revolución (la conspiración del embajador Taft y la expedición de Pershing) hasta las actuales intervenciones del embajador Pascual y las agencias de inteligencia estadounidenses, sin contar las constantes agresiones de los agentes de la Border Patrol en la franja fronteriza contra connacionales ¡y de lado mexicano!. Sin embargo es obvio el “descuido” de la política de Washington hacia una América Latina girando a la izquierda a la cual es urgente recuperar y donde México juega un papel importante más allá de su cercanía. Estados Unidos no se puede permitir el lujo de tener un México próspero, independiente, autónomo y soberano de vecino.

El escenario de la situación actual de vida en México ha sido estudiado y planeado por los gringos. Los discursos propagandísticos como “Estado fallido” o “narco insurgencia”, han sido previamente creados para preparar el camino de la intervención o lo que pretendan. Otro indicio está en los inofensivos videojuegos de la empresa Ubisoft, como el Ghost Recon Advanced Warfighter 2 y el Call of Juarez, donde el escenario es una Ciudad Juárez invadida por la armada estadounidense en “defensa” de su país y en rescate del gobierno mexicano ante el embate de insurgentes narcotraficantes. No menos importante es el aumento de la xenofobia antiinmigrante hacia mexicanos y latinoamericanos, el endurecimiento del discurso de la derecha, el crecimiento de grupos de odio, la militarización de la frontera, todo alimentado por una política del miedo a través de los medios informativos cuyo mensaje indica un envenenamiento de la consciencia estadounidense en perjuicio de la opinión que tiene o tenía sobre México y los mexicanos(as).

Los intereses estadounidenses en juego en México obedecerían al control de los recursos naturales como el petróleo; a la protección de sus empresas; al control del tráfico de drogas; al control de una mano de obra barata de reserva; a la prolongación de guerras fuera de su territorio apuntando hacia Centro y Sudamérica; a una búsqueda más o menos desesperada por mantener su dominio e influencia en la región y, no menos importante, a generar ingresos a su economía en general, pero principalmente a su industria bélica, carcelaria, armamentista, entre otras, ahora que los negocios andan mal. Claro que la sociedad estadounidense no está dispuesta a cambiar su estilo de vida y para ello se requiere que otros se sacrifiquen por ella, ¡Qué mejor que México y las y los mexicanos!: así la droga llega a donde debe llegar, nos hacemos menos matándonos con armas compradas en sus tiendas, ya no cruzamos hacia su país y le damos la oportunidad a los Marines de ser de nuevo héroes para sus paisanos; negocio redondo.

Desafortunadamente el entreguismo e intereses de la clase política-empresarial mexicana no da pie a que esto no suceda. Ese individualismo miope mexicano combinado con la influencia de la cultura enajenante del capitalismo neoliberal, tendiente a la fragmentación social, son campo propicio para la intervención gringa. Incluso hay opiniones en la sociedad mexicana a favor de dicha intervención y una simpatía por los gringos en estos momentos inexplicable y aparentemente surgida de la desconfianza inspirada por las autoridades de todos los niveles del Estado en el imaginario colectivo mexicano. Aquí es cuando se vuelve evidente el perjuicio ocasionado a la sociedad por la despolitización: su ignorancia política y su inocencia hacia las intenciones de Washington nos hacen presa fácil en lo que probablemente también sea parte de la estrategia gringa: la manipulación de la sociedad mexicana a manera que se cree la necesidad de ser rescatados por ellos.

En teoría una democracia no puede invadir o hacerle la guerra a otra democracia. Sin embargo hay maneras de hacer trampa. Washington necesita manipular tanto la opinión pública (de ahí la estrategia del discurso de que “México no puede”) buscando crear el ambiente propicio de su intervención demandada por la propia sociedad, como hacerse de aliados en el gobierno (mejor si son peleles o corruptibles) para penetrar de manera camuflada e influir en los destinos del país. Hasta ahora la situación prosigue su curso de manera ininterrumpida hacia lo que parece es el plan de Washington: el pretexto de la “guerra” contra el narco para (no sabemos hasta donde) intervenir en la agenda político-económica mexicana.

jueves, 29 de abril de 2010

Amor odio miedo licantropía




Homo homini lupus

Thomas Hobbes

La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, dicen Karl Marx y Friedrich Engels al principio del Manifiesto del Partido Comunista de 1848. Esto da lugar a interpretar la historia de la humanidad como la historia de la guerra; es decir son los pueblos guerreros quienes por ofensa o defensa han forjado la historia, ya sea combatiendo y exterminando a las sociedades pacíficas, ya sea convirtiéndose en guerreros para no ser exterminados o para liberarse del yugo de un imperio o gobierno tiránico explotador.

Las relaciones sociales ¿siempre son difíciles? Para autores como Hobbes sí, porque la humanidad es mala por naturaleza, por eso la “necesidad” de un monarca para controlar al Leviatán presente en toda sociedad humana y evitar así matarnos unos a otros, idea totalmente contraria a la propuesta de Jean Jacob Rousseau, quien estima que el ser humano es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe cuando es mal gobernada: un pueblo que gobernase bien, no tendría necesidad de ser gobernado (Rousseau, El contrato social: 1762). La cuestión no resuelve el problema, el conflicto prevalece: nos seguimos enfrentando a situaciones de guerra cotidianamente desde hace diez mil años.

La trinchera de los problemas nacionales de México se amplía y supera sus fronteras. Frente al nuevo Estado policiaco neoliberal mundial propuesto y aplicado por los Estados Unidos, la guerra se adapta al nuevo panorama de conflictos globalizados sin fin (terrorismo, narcotráfico, regreso al socialismo (sic) etcétera) promocionando el engaño, la desinformación y el miedo social en apoyo de una economía bélica que reinventa toda una industria privada (armamento, mercenarios, cárceles, consultorías) para “resolver” problemas originados por ellos mismos (crisis económicas, prohibiciones, corrupción política-empresarial, depredación ecológica). Los gobiernos entreguistas de México, desde Salinas de Gortari a Calderón, han colocado al país de acuerdo a los intereses de esa nación siguiendo su juego y en contra de los intereses de la sociedad mexicana.

La propaganda gubernamental de Estados Unidos en y hacia sus países neoliberales satélites (Colombia, México, Honduras) nos venden la idea hobbiana de una sociedad violenta agregando además un factor racial: los países latinoamericanos son incapaces por sí solos de gobernarse (Estados fallidos) por eso un Plan Colombia, un Plan Mérida, etcétera, sino luego se convierten en un peligro, ya no para nosotros mismos, sino para los estadounidenses y el mundo. La misma retórica se aplica para justificar las guerras de intervención en Panamá y Granada en América, Afganistán e Irak en Asia y el discurso hostil hacia Venezuela, Cuba, Irán y Corea del Norte. Claro, los Estados Unidos aunque sean la nación más armada del planeta, no representan peligro alguno para el mundo, por eso el premio Nobel de la paz 2009, Barack Obama, puede firmar tratados internacionales de reducción del arsenal nuclear mundial cuando ya cuenta con armamento más sofisticado y destructivo que las temidas bombas atómicas.

La justificación maniquea, además de la racial, se entiende porque los estadounidenses creen firmemente en cosas como la Doctrina Monroe (América para los americanos) y el Destino manifiesto (que son el pueblo elegido de Dios y Dios los ama) se sienten paladines de la democracia y la libertad (sic) y así. Su ideología guerrerista, hedonista, individualista, hipercompetitiva y aislacionista, los aleja de la realidad mundial y por lo mismo la distorsionan: no entienden por qué el mundo los rechaza, ¡si son tan buenos! Incapaces de adaptarse al mundo, promueven la adaptación del mundo a sus intereses y gustos como en una típica película de Hollywood: el estadounidense heroico que salva solo al mundo de todos sus enemigos (terroristas islámicos, narcos mexicanos, extraterrestres horrorosos, sectas proféticas, etcétera) arrogante y sin heridas ante un planeta débil e ignorante que se rinde a sus pies; el sueño americano imperial.

La irresponsable “guerra contra el narco” no sólo es el parapeto de la presidencia espuria del sanguinario Felipe Calderón (quien en un país con un poquito de dignidad, ya lo hubiera juzgado por crímenes de lesa humanidad) sino también un capítulo del proyecto geopolítico estadounidense en aras de mantener su imperio. La reacción de la nueva ley antiinmigrante de Arizona, nos permite ver el terrible miedo del estadounidense anglo, conservador redneck; el W.A.S.P., el neonazi y el Ku Kux Klan envueltos en el nacionalismo patriotero en defensa de su mundo feliz, prototipo de la Alemania Nazi de Hitler y del Israel sionista contemporáneo. Es un odio irracional al temido enemigo explotado e invisibilizado por el capitalismo voraz que ellos promueven en la figura del inmigrante despojado, pobre, sin rostro y sin derechos sin el cual no podrían explotar y consumir a gusto el 40% de todos los bienes, energéticos y productos del mundo, a pesar de representar sólo el 2% de la población mundial.

El amor degenerado en odio a través del miedo convierte al humano en demonio, en bestia autodestructiva, un verdadero hombre y mujer lobo feroz devorando a otros lobos por cosas que no comprende. Sin embargo, ¿por qué El Paso, Texas es una de las ciudades más tranquilas del violento Estados Unidos y Ciudad Juárez es la ciudad más violenta del mundo “democrático”? si las dos fueron fundadas y están llenas de mexicanos(as). Para mí la respuesta es que en condiciones socioeconómicas favorables, una sociedad no aspira a la destrucción o la violencia y El Paso es un ejemplo de ello: una ciudad dinámica de migrantes pacíficos, quienes a pesar de la marginación gubernamental (por el hecho de estar full of Mexicans) tiene un buen desarrollo en términos generales, mientras en Juárez la rapiña política-empresarial desinteresada en el desarrollo social, siempre sacan beneficios de la ciudad, pero no los devuelven, generando las condiciones ideales para la violencia, el abuso y la impunidad; aquí el problema es el gobierno, pero también el conflicto emocional-racista de nuestra cultura: la tragedia de odiarnos por ser mexicanos(as) de otra manera no se entiende tanto odio hacia nosotros mismos, pero sí el por qué no logramos despegar y progresar, pues si no nos amamos.

Para reescribir el presente.

NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX

viernes, 26 de febrero de 2010

¿Juárez City, USA?



Primero fue la Iniciativa Mérida a través de los operativos conjuntos; luego el Crime Stoppers; después la exigencia de los cascos azules de la ONU; ahora son los centros de operaciones de la CIA, FBI y DEA que operarán en Ciudad Juárez, y luego, ¿qué seguirá?, ¿la entrada de los marines?, ¿un gobierno provisional norteamericano o sugerido por ellos?, ¿la anexión a Estados Unidos, dado que no podemos gobernarnos solos?

No sólo la “guerra contra el narco” es el parapeto de Felipe Calderón para “¿legitimar?” su sexenio; ahora podemos dar cuenta también del grado de entreguismo de este gobierno pro-norteamericano en aras de “asimilar” el país con las políticas que dictan sus pares, ¿o debo decir superiores? estadounidenses. La pérdida de la soberanía política de México es una lamentable y cruel muestra del camino equivocado, por lo menos desde Carlos Salinas de Gortari (otro presidente surgido del fraude electoral) por acercar (léase integrar) al país con los Estados Unidos.

El intervencionismo norteamericano en México no es reciente, así como tampoco lo es el entreguismo de algunos gobiernos y políticos mexicanos hacia este u otros imperios, como los conservadores (antepasados de la derecha neoliberal priista y panista en México) que trajeron a Maximiliano de Habsburgo en el siglo XIX con el apoyo militar de Francia y la iglesia católica (luego dicen que la historia no se repite) para crear un imperio fallido.

Hoy la “guerra contra las drogas” son el pretexto para el intervencionismo de Washington en lo que ellos consideran un problema de seguridad nacional, o lo que es lo mismo, un asunto de geopolítica del poder; es decir, cómo mantener “controlado” a México, de tal manera que garantice la droga, se mantenga “fiel” a Estados Unidos y su política imperial-capitalista, así como sus recursos energéticos (petróleo sobre todo) disponible en estos tiempos de desasosiego económico en que corre peligro el liderazgo norteamericano mundial.

Por lo menos desde la muerte del agente encubierto de la DEA (la agencia de cumplimiento de leyes contra las drogas norteamericana) Enrique Camarena en México, a mediados de los años ochenta del siglo pasado, sabemos del trabajo de agentes norteamericanos en nuestro país. Sabemos también, cómo la política exterior norteamericana influye en derrocar democracias que nos les son favorables (como el caso del gobierno de Manuel Zelaya en Honduras) cómo apoya gobiernos ademocráticos (como el caso de Álvaro Uribe en Colombia) y cómo desde siempre es un agente desestabilizador de nuestro país (¿quién apoyó a Victoriano Huerta en la Decena Trágica que derrocó a Francisco I. Madero en febrero de 1913?).

Desafortunadamente mucha gente aplaude el intervencionismo norteamericano en México, particularmente en Ciudad Juárez, porque piensa es la única forma de hacer frente al problema de inseguridad pública y anomia al cual Washington no ha tenido empacho en declarar como Estado fallido. La psicosis de miedo como crisis de inseguridad y la desconfianza ciudadana en el Estado mexicano, sirven para crear un ambiente favorable para la violencia así como para justificar la intervención estadounidense so pretexto de su “seguridad nacional” que se supone, comienza del Río Bravo hacia el norte (¿?).

Es ingenuo pensar que el gobierno estadounidense actúa de buena voluntad preocupado por la violencia en México. Es más creíble pensar en un movimiento estratégico de ese país, del tipo aplicado en Afganistán, Irak o cualquier otra nación de la era reciente en el que Washington ha aplicado su criterio de guerras preventivas. ¡Cuidado! no hay que anteponer el sentimiento o deseo de “progreso”, tan comprada en el imaginario colectivo mexicano en relación con el “sueño americano”, pues aquí se trata de otra cosa: tanta propaganda hostil a México de parte de los norteamericanos (Estado de excepción, narcoestado, Estado fallido, etcétera) el crecimiento del Fuerte Bliss en El Paso, Texas (el segundo más grande de Estados Unidos) el reforzamiento y crecimiento de la Patrulla Fronteriza, además de la ayuda económica (Plan Mérida) las asesorías y entrenamientos al gobierno y policía mexicanas, merecen toda la atención ciudadana.

Es muy sospechosa la posición estadounidense frente a las drogas: todo lo malo en relación con ellas proviene de los malvados cárteles mexicanos, quienes envenenan a las pobres víctimas estadounidenses, llevando la corrupción y la delincuencia a sus inocentes vidas; sí, cómo no. Para nadie son secretas las enormes ganancias generadas por el narcotráfico, medidas en miles de millones de dólares, un jugoso negocio que no paga impuestos del cual sería incomprensible cómo es que no hay bancos, empresarios y cárteles norteamericanos que no quisieran entrar en ese mercado, sobre todo en estos tiempos de crisis económica, ¿pues qué no son los Estados Unidos líderes del capitalismo mundial?

Anécdota. Inspirado después de haber visto la película Invictus la noche del miércoles 17 de febrero, salí a eso de las 10 de la noche a correr con mi perra Bonita al bordo del Río Bravo por lado mexicano. Cuál no sería mi sorpresa al notar que una patrulla fronteriza al vernos nos empezó a seguir. Molesto, nos dimos la media vuelta y seguimos el corredor del bordo en dirección al norponiente. Poco después, ya no nos seguía la mencionada patrulla, ¡sino un helicóptero! Al principio pensé que era una coincidencia, pues el aeromóvil nos seguía de lado mexicano (unos quince o veinte metros dentro de México) y creí era de la PFP, pero no, era de la Border Patrol , nos echaba la luz en la cara mientras pasaba de largo; luego, más adelante, otra patrulla de la migra; como estos agentes tienen fama de racistas y violentos, opté por regresar a la casa. Si esto está sucediendo a febrero del 2010 y no los detenemos, ¿qué podemos esperar después?

¡NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES!

Revolución MMX