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lunes, 18 de febrero de 2013

La izquierda no está en los partidos




Un gran engaño de los medios de comunicación, particularmente los televisivos, es reconocer como “izquierdas” al espectro de partidos políticos asumidos como tales; por ejemplo, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) o el Partido del Trabajo (PT) los más conocidos; al mismo tiempo se criminaliza a la mayoría de los movimientos sociales actuales y a la sociedad en su conjunto. Si la izquierda no está en los partidos, ¿dónde está?

Para las personas que recuerden un poco de historia mundial, podrán comparar con mucha facilidad las similitudes de los gobiernos totalitaristas del siglo XX (fascistas y socialistas) en relación con las democracias capitalistas neoliberales contemporáneas. La pérdida de libertades, la cultura de la violencia-miedo y el prejuicio negativo, son los ingredientes complementarios de la enajenación consumista actual, basada en “valores” conservadores, como la obediencia, el patrioterismo y la familia. El término burgués hoy casi en desuso, es el canon  de la cultura globalizada actual, simbolizada por el empresario exitoso, el no tan nuevo héroe nacional.

Hay todavía muchas personas que desconocen o confunden el significado político de izquierda y derecha. A la derecha se ubican desde hace siglos, los grupos de poder (religiosos, militares, económicos, intelectuales) casi siempre en función de un “líder” o como plutocracia (gobierno de unos pocos). A la izquierda está lo opuesto a la élite: la sociedad en sí, con sus múltiples facetas e identidades. La derecha crea y ejerce una estructura de dominación vertical basada en el patriarcado y la violencia. La izquierda es una respuesta defensiva a los excesos de los modelos de derecha. Los encuentros entre izquierda y derecha suelen llegar a ser violentos.

Otra gran confusión actual, es la dificultad para distinguir el activismo de izquierdas y de derechas. En los primeros ubicaríamos al zapatismo, las/los antiglobalización o las madres de desaparecidas; en los segundos, a la mayoría de los movimientos por la paz, los que están a favor de la militarización o los antiaborto. En la mayoría de los medios noticiosos regularmente se sataniza a los primeros, aunque en general el tratamiento es despectivo prácticamente en todos los casos. La protesta pública es mal vista: es una acción naca y no un derecho legítimo; por eso, bajo esa visión de las clases dominantes, la sociedad suele caer en despolitización y termina amando a sus amos y temiendo a sus libertadores.  

La gran contradicción de los movimientos de izquierda, es que cuando triunfan, suelen enviciarse de poder y terminan siendo iguales o peores que los movimientos de derecha: Napoleón, la URSS o la Revolución Mexicana son muestras de ello. Igual sucede con los partidos políticos de izquierda, que en su afán de poder, terminan siendo partidos burgueses, totalmente transformados a la vorágine seductora de la derecha, basada en valores exclusivistas de lujo y placer.  

En la cuestión electoral, los intentos por sacar adelante partidos de izquierda resultan en persecución, desintegración o lo que es peor, absorbidos o distorsionados por otros proyectos políticos. La lógica electoral es la de ganar elecciones, no la de gobernar; actualmente se le da más importancia a lo electoral que a lo gubernamental. Otra vez: hay que voltear a los medios a ver a cuáles políticos(as) le están vendiendo publicidad abierta y disfrazada; las elecciones también son negocio.

Así pues, cuando ve en los periódicos o en la televisión que se habla de la “buena” izquierda a esos grupos apoyadores de la privatización de PEMEX, los que hacen pactos con Washington o apoyan acciones en contra de la sociedad en general, no se pueden denominar de izquierda, sino oportunistas, igual a cualquier otro partido burgués (PRI, PAN, Verde…). Los partidos falsamente autodenominados de izquierda no son diferentes a los otros, pues al aceptar las reglas del juego electoral, automáticamente se transforman en el monstruo al que querían matar.

Ahora bien, la mayoría de la gente transita por el mundo sin una posición ideológica-política clara, pensando, por ejemplo, que con ser “un buen cristiano” es suficiente. En la realidad las sociedades son marcadamente conservadoras, moldeadas por la educación, la religión, la ignorancia y la pobreza. El valemadrismo, este sí un subgénero de la cultura naca, es otra forma de enajenación para mantener ocupada/desocupada a la sociedad. Cosa curiosa, mucha gente es de izquierda sin saberlo, ya sea obligados por las circunstancias, ya sea por convicción en alguna causa (DDHH, anticapitalismo, respeto a los animales …) emparentadas todas ellas como luchas de emancipación a problemáticas gratuitamente otorgadas por la derecha.

La cuestión es la dificultad para crear sociedades hasta el momento pensadas como ideales: pacíficas, inteligentes, armoniosas con el medio ambiente, prósperas…aunque la gente anhele éstas, hace poco, nada o incluso contribuye a evitar esta metamorfosis, pues está envuelta en una dialéctica negativa (círculo vicioso) que le impide ver la vida de otra manera.

¡Qué no le cuenten, qué no le digan!   La izquierda no está en los partidos.

 

viernes, 29 de julio de 2011

Anarquía, la tercera vía de la izquierda




Cuando se piensa en la izquierda, lo primero que llega a la mente es socialismo y comunismo, pocas veces la anarquía. Si de por sí hablar de socialismo o comunismo implica una serie de discusiones tan sólo para definir sus conceptos, con la anarquía ni siquiera llega a abordarse su definición por considerarse una opción caótica, o poco seria incluso para la gente de Izquierda.

La mala fama que gozan las y los anarquistas es tanto por ignorancia, como por un discurso descalificador y hostil hacia la anarquía. El mito más conocido es confundir la anarquía (sociedad sin gobierno) con la anomia (sociedad sin leyes o que no respeta leyes) por ejemplo, desde la Antigüa Grecia peyorativamente se utilizaba el término como desgobierno; en la actualidad se le relaciona con neo conceptos no menos peyorativos como Estado fallido. Sin embargo la anarquía ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad y no precisamente como elemento perturbador de la sociedad, sino de los gobiernos, grupos y personas que la oprimen y explotan. Durante buena parte del siglo XIX y por supuesto todo el siglo XX, diversas formas de entender la anarquía a manera de corrientes (anarquismos) han dejado rastro en muchos movimientos sociales, principalmente los libertarios y los antiautoritarios.

Sin necesidad de Estado. La anarquía es una forma de vida sin necesidad de un órgano controlador, de un Big Brother que establezca las reglas y sanciones de convivencia como medidas de coacción y cohesión social. Contraria a las ideas deterministas y conservadoras que inventan para su conveniencia una naturaleza violenta humana como justificación para la existencia del Estado, la anarquía se sostiene en la convicción de una naturaleza colectiva de la humanidad, de un instinto de sociabilidad pacífico y contrario a la idea de un salvajismo con tendencias autodestructivas en que se basa la “autoridad” para aplicar el monopolio de la violencia (Max Weber dixit) a través del Estado. Por esta razón, se aspira a vivir en anarquía, a ser anarquista para vivir en una sociedad sin autoridad, basada en acuerdos y no tanto en reglas, mientras el Estado es una forma depurada, sofisticada de dominación que sigue estableciendo como agenda el mal uso o uso excesivo del poder político a costa de la consciencia social.

En la historia podemos encontrarnos muchos ejemplos de anarquía, desde sociedades anárquicas, hasta movimientos y luchas sociales. La modernidad, incluso la posmodernidad, no pueden explicarse sin el papel trascendental de la anarquía. Al rechazar cualquier forma de dominación, la emancipación anárquica consiste en la vida en libertad consciente y en armonía con la naturaleza, incluso con el cosmos, además de la colaboración mutua y voluntaria para la satisfacción de necesidades de manera frugal. Hoy muchos de los llamados Nuevos Movimientos Sociales (pacifismo, feminismo, derechos humanos…) tienen su inspiración en ideas anarquistas tanto como el viejo sindicalismo (también surgido en la modernidad con el inicio de la industrialización) desarrollando iniciativas emancipadoras de las y los primeros anarquistas en conjunto con la de las y los socialistas y comunistas.  

Corrientes anárquicas. Dentro del anarquismo hay una muy amplia gama de tendencias anarquistas: anarcosindicalismo, anarcocomunismo, dos de los más arraigados; anarquismo ecologista (o anarquismo verde) que rechazan la tecnología depredadora; anarquismo individualista, con énfasis en la persona sobre la sociedad; feminismo anarquista, un anarquismo por excelencia; anarquismo cristiano, que sitúa a Jesús como precursor anarquista y hasta existe un anarquismo de derecha que defiende el libre mercado (anarquismo capitalista). En el México contemporáneo tenemos el zapatismo (EZLN y FZLN) cuyas ideas autonomistas y comunitarias surgidas de las comunidades indígenas chiapanecas no sólo aportan al movimiento, sino surgen en un momento coyuntural importante de la humanidad (caída del “mundo socialista” y subida de la globalización neoliberal capitalista).    

Pensadores anarquistas. A diferencia del socialismo, donde predominan las ideas de Marx y las corrientes marxistas, en el anarquismo existe una tradición intelectual más libre y tan interesante como la marxista. Desde la Antigüedad podemos contar con pensadores protoanarquistas como Lao Tse en China o Zenón de Citio en Grecia. En la época moderna se cuenta con Pierre-Joseph Proudohn, el primero en nombrarse como tal, Mijail Bakhunin célebre también por sus diferencias con Marx; Henry David Thorau (Desobediencia civil) Enrico Malatesta (El método anarquista) Noam Chomsky, tal vez el más conocido de las y los anarquistas contemporáneos, hasta llegar al siglo XXI con el no menos famoso Julian Assange, creador de Wikileaks. En México los hermanos Enrique y Ricardo Flores Magón expusieron sus ideas con su periódico Regeneración a principios del siglo XX, fundamentales para la Revolución y la propuesta de reforma agraria zapatista.

Miedo a la anarquía. La anarquía está en la vida cotidiana de manera tan común, que ni siquiera nos damos cuenta de ella: en la literatura con autores como George Orwell (1984, Rebelión en la Granja) en la música, con artistas como Nirvana, los Sex Pistols y en general con la corriente punk rock. En la ciencia, con  Paul Feyerabend  y su anarquismo metodológico; en formas de vida como el vegetarianismo; en los cómics y el cine (V de Vendetta) o en los desastres naturales (provocados o no) cuando la consciencia colectiva se sintoniza en el tono de la solidaridad sin condiciones. Incluso el Día del Internacional del Trabajo, conmemorado el primero de mayo en memoria de los Mártires de Chicago, es una fecha tan anarquista como lo es del movimiento obrero mundial. 

Le debemos a la anarquía algo más que una disculpa.

miércoles, 5 de enero de 2011

El fin de la lucha de clases

 
Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo
y con sus hechos los traicionan.

 Benito Juárez

 
“La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases” así inicia el Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Marx y Engels en 1848. Siglo y medio después la frase sigue vigente más que nada, por los constantes conflictos y problemas ocasionados por los grupos de poder contra la humanidad y el medio ambiente en un mundo globalizado, ¿estaremos cerca de la lucha que ponga fin a esta sinrazón para organizar otra sociedad humana más inteligente y menos autodestructiva?

 
En la idea de contar ciclos anuales para reflexionar sobre pasado y futuro, el horizonte para el 2011 no se distingue optimista en comparación con los años posteriores recientes como tampoco para el futuro inmediato. En México como en Estados Unidos, Europa o Asia, la crisis económica mundial neoliberal y el arrastre de siglos de explotación, injusticias y genocidios, nos tienen atados(as) a un destino igual o peor al que ha conocido nuestra especie. No hay posibilidades de solución, sólo ciclos que se repiten (luchas de clase) en una dialéctica negativa sin alcanzar el estruendo de una nueva era exenta de guerras y de privilegios para unos pocos.

 
Los intelectuales de derecha suelen confundir malévola o ingenuamente la lucha de clases como una propuesta bélica constante, interminable, que genera odio, destrucción y fomenta la división social. Obviamente no han entendido nada sobre emancipación y niegan la realidad del mundo construido día a día desde hace milenios en base a engaños, alienación y pretenden cambiar los papeles de forma maniquea para presentar a los hombres y mujeres de izquierda como retrógradas peligrosos sin, por supuesto, escandalizar por el ejercicio de dominación político-económicas de las élites (gobiernos incluidos).

 
¿Qué significa el fin de la lucha de clases? El momento en que superemos como humanidad el grado de enajenación productora de sociedades jerarquizadas para beneficio de unos cuantos; por consiguiente, el fin de las condiciones que originan los conflictos, las contradicciones, las guerras, ¿es difícil comprender esto? No, lo que es difícil es lograr convencer por vías pacíficas a quienes se enriquecen y benefician de forma egoísta, a quienes hacen mal uso del poder. Cada nueva lucha nace con la esperanza de ser la última, pero hasta el momento eso no es posible; hemos pasado del esclavismo al feudalismo y ahora estamos en el capitalismo esperando o provocando la crisis que dé lugar a un cambio sustancial, a una nueva era de las relaciones humanas.

 
El ejercicio del poder sin duda es una acción que requiere de mayores y profundos estudios si buscamos encontrar la solución a las contradicciones humanas. Michel Foucault y Max Weber nos han aportado nociones al respecto, pero falta más, mucho más si queremos comprender y transformar la condición humana actual. ¿Por qué nos engolosinamos con el poder?, ¿cómo es que la avaricia y la ambición devienen en vicio?, ¿han fracasado las revoluciones sociales?, ¿somos destructivos por naturaleza o es algo culturalmente aprendido?, ¿por qué la riqueza genera pobreza?...sin duda hay muchas interrogantes por resolver.

 
Hoy la lucha de clases está presente en pequeños y grandes movimientos sociales; en individuos y sociedades; en la gente que quiere vivir en paz y libertad, con inteligencia y alegría, en rebeldía a las innumerables injusticias y corruptelas de gobiernos, instituciones, empresas y movimientos reaccionarios. Hoy los enemigos de la humanidad y de sí mismos (pues sin duda son desleales a la especie) siguen en el poder escudándose detrás de la democracia, la libre empresa, el futuro luminoso y otros engañosos discursos para justificar que las cosas no cambien, imponiendo su visión del mundo y retrasando la emancipación social.

 
El 2011 mexicano nos trae la continuación de la “guerra contra el narco” con su secuela de muerte y violaciones a las garantías individuales; otro aumento de la gasolina “que no genera inflación”, un insultante aumento al salario mínimo, mayor desconfianza a las instituciones de justicia y gobernanza, además de todo lo que se viene arrastrando en materia social (pobreza, enfermedad, ignorancia, austeridad, desempleo…).

 
La Independencia y la Revolución son dos ejemplos de la lucha de clases en México. Los dos momentos, en su momento, sirvieron para generar cambios sociales, pero no alcanzaron para erradicar las diferencias de clase y con el paso del tiempo se generaron nuevas viejas formas de explotación e injusticia, por tanto, sigue pendiente la lucha que dé fin a las contradicciones sociales en México.