Campaña contra el autoritarismo en Chihuahua, ¡alto a los abusos del poder!
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miércoles, 24 de junio de 2015
jueves, 14 de mayo de 2015
Enajenación y elecciones
Enajelecciones
Carlos Murillo González
Ciudad
Cárcel, Chihuahua, primavera del 2015
El tiempo transcurre detenido en el siglo XX. Empieza un ciclo
electoral, termina otro. El único momento en que la “política” está permitida:
la “ciudadanía” “participa” en
prácticamente una de las pocas opciones pacificas para ejercer al menos, un
posicionamiento.
El porfiriato no se ha ido, regresa con refuego neoliberal a
proseguir el saqueo de la nación, ahora en su versión transnacionalizada. Al
menos Díaz era un nacionalista, mientras sus herederos del PRI, PAN, PRD y
demás, equivalen a los Conservadores del siglo XIX, los mismos que trajeron a
Maximiliano y Carlota. Con el México independiente se celebran elecciones más o
menos periódicas, para terminar con la farsa electoral porfiriana en teoría
sepultada, ya entrado el siglo XX. El siglo XXI todavía no empieza.

Todavía hay muchos fanáticos de Díaz, conservadores neoliberales (perdón por el
pleonasmo: conservador = neoliberal, así salió el engendro) mutantes
clasistas/racistas/misóginos, con aspiraciones aristocráticas, dispuestos a
hacer negocios turbios a expensas de la riqueza de la nación, que es patrimonio
de todos y todas; o del perjuicio a la salud, economía, cultura y territorio de
las personas, así como de daños irreversibles al medio ambiente. Ya no es
necesario el virrey cuando se es un protectorado (“aliado”) estadounidense.
Pareciera que ya no es la historia de
México, sino la de un país que fue.
Así las elecciones aseguran el tan preciado orden social. Pero,
¿quiénes votan? En el siglo XIX, al menos en el estado de Chihuahua votaban los
hombres mayores de veintiún años con alguna propiedad; es decir, terratenientes.
Indios, pobres y mujeres estaban excluidos. La revolución de 1910 supuso la
teoría del fin del fraude electoral y la reelección presidencial, pero las
mujeres alcanzaron el voto hasta 1957 y las y los jóvenes de dieciocho años
hacia 1967. Aún así, hoy se vota menos.
Las elecciones son una forma ordenada de simular democracia
(gobierno del pueblo) tanto en países capitalistas como socialistas. Las
elecciones son una herramienta política, y no per se, un sinónimo de democracia, ¿será que la gente lo sabe? Tal
vez no sepa qué es democracia, pero sabe de lo de Ayotzinapa, de la injusticia
y de la pobreza. Hoy votan los más pobres y los más ricos por intereses
encontrados; en medio una gran masa se desgrana entre votar o no votar; entre
el fútbol, las telenovelas y algo que no comprende.
La anestesia es eficaz. La gente añora regresar al pasado, a
soñados mejores tiempos que nunca existieron. No se dan cuenta que un tal
Duarte les está robando su dinero y quitando el futuro a sus hijos e hijas.
Prefiere ignorar las atrocidades cometidas en Juárez y la Sierra Tarahumara
antes que solidarizarse con víctimas y activistas. Esta es la gente más
peligrosa, la más dañada; la posible víctima o victimaria de la constante
violencia del Estado policiaco-militar.
Votar legitima al sistema y a la vez es casi el único recurso
conocido de participación ciudadana. Una participación sumisa, lacaya,
despreciable y despreciada. Las elecciones se han vuelto un desagradable y caro
circo que no divierte a nadie, no hace falta promover el abstencionismo, la
política está en otra parte.

En México votar es un derecho, mas no una obligación. Para
muchos(as) es un dilema ético, pues implica cuestionarse el beneficio o
desperdicio del voto (particularmente su
voto) para otro tanto es un esfuerzo inútil, un acto superfluo. Quienes ven
la utilidad del voto suelen cuestionar a quienes no lo hacen. Quienes practican
una política más allá de lo electoral, suelen criticar a quienes sólo votan.
Una vasta parte de la sociedad no lo hace por motivos mucho más humildes
(despolitización social y analfabetismo político) que a veces ni alcanza a
comprender.
La democracia es una bandera política de lucha tanto de izquierda
como de derecha. Los primeros buscan la horizontalidad, la igualdad de las
mayorías de manera equitativa. Los segundos enfatizan el lema de la libertad
(sobre todo económica) basada en el individuo y el orden jerárquico. La
democracia electoral es una herramienta política para legitimar regímenes, nada
más. Si quiere democracia, la tiene que aprender desde niño(a) en la casa, la
educación u (opcional) la religión, pero todos sabemos que la familia, la
escuela y la iglesia, suelen ser instituciones más bien autoritarias.
Hay además otras formas de hacer democracia o ir más allá de ella:
autogestión, autonomía, acracia, tribunales populares, cooperativas y cuando
éstas fallan, también están las protestas y mítines, la resistencia civil
pacífica, el boicot, la revocación de mandato, el plebiscito o el referéndum.
La democracia es mucho más participativa que sólo salir a votar.
jueves, 19 de marzo de 2015
¡Asesinan a Carmen Aristegui!
Imagínate esa noticia corriendo por las redes del ciberespacio,
¿qué harías al respecto?, ¿te indignarías un tiempo más o hasta el siguiente
mártir o suceso lamentable que entre de moda para sustituir y olvidarse del
actual? Sin desearle esta suerte a la famosa comunicadora y periodista, pero su
escandaloso despido debe servir también para ir más allá del enojo y
reflexionar sobre lo que pasa en México.
El problema no es la censura, si despiden o recontratan a
Aristegui, el problema es no ver el trasfondo del contexto donde esto sucede.
El país está en una profunda crisis política de la cual no se va a levantar
fácilmente. Después vendrán otras Aristegui, otros Ayotzinapa, otros fraudes
electorales y mil pesares más, pero si la gente no reacciona, cuando menos
piense, ya será un muerto viviente, un cuerpo inerte en la gran tragedia
neoliberal nacional al servicio del gringo.
La censura en los medios, por más lamentable que sea, no es el
principal problema de fondo, sino la forma pública y vulgar más conocida en que
el sistema conspira contra quien considera sus enemigos (su propio pueblo). El
problema de las y los mexicanos en particular (y de la humanidad en general) es
la permanencia de una clase política económica, patriarcal y violenta basada en
la filosofía de los privilegios de los pocos a costa de la explotación-dominación
de los muchos. Su forma visible es el Estado, con sus instituciones verticales,
sus alianzas político-económico-religiosas y militares en cúpula y, por su persistente
misantropía y desprecio por la vida. Es el sistema de organización humano
conocido como capitalismo que se está cargando al ecosistema del planeta con
sus prácticas antropocéntricas.
México se está convirtiendo rápidamente en un país recolonizado, vasallo; entregadas sus
riquezas naturales y el futuro de su gente por su clase dirigente al imperio en
turno. La apertura energética y la invasión transgénica, el espionaje
electrónico, la cada vez mayor injerencia de Washington coinciden con la
“guerra” contra el narco, la entrada del fracking
petrolero y la privatización del agua, todo de acuerdo a los planes de nuestros
nuevos amos para mantener su estatus quo con México y Canadá como sus socios
subordinados.
Las elecciones sólo son un simulacro de democracia para justificar
el régimen y que éste, a la vez criminalice a la sociedad (perdida en el
desconocimiento a sus derechos y garantías individuales, despolitizada) juntas
son parte de una política maniquea de y para la clase dirigente quedarse con
las riquezas de todos y todas, manteniéndonos como “enemigos del progreso” de
la nación; es decir, por interferir en sus intereses. De ahí el encarcelamiento,
la persecución y/o asesinato a activistas; la represión de la protesta pública;
la tortura y la desaparición forzada; la compra, soborno o censura de los
medios privados informativos; militarización (Estado policiaco) y otros
ejemplos más que el/la lector(a) debe identificar para ponerse al tanto y a
salvo.
Si creemos que el problema es el PRI, igual estamos equivocados,
pero no errados del todo. El PRI (Partido “Revolucionario” Institucional) como
el Estado, es un mal innecesario y pronto habrá que desaparecer. Peña Nieto,
Salinas de Gortari y sus secuaces de otros partidos, son los enlaces de la
entrega del país en aras del egoísmo neoliberal y hoy resultan más peligrosos
por su abierta cercanía (léase sometimiento)
a Washington. El peligro del PRI radica en su volatilidad etílica: puede
generar violencia en cualquier momento y a cualquier escala y esto puede dar
pie a una entrada bélica de EEUU para proteger sus intereses en México. Además
Washington piensa que todos los mexicanos somos priistas, es decir, corruptos.
Cada estado de la república está librando en estos momentos alguna
o varias luchas contra el gobierno, empresas nacionales/transnacionales o
grupos delictivos armados, no sólo las más constantes o recientes, como
Michoacán, Guerrero, Tamaulipas o Chiapas: en Yucatán secuestran mujeres, en
Sonora se contaminan ríos y en Baja California se esclaviza a tarahumaras.
Igualmente activistas, derecho humanistas, periodistas éticos, ecologistas, etcétera,
se ven ultrajados todos los días contra las adversidades del neoliberalismo.
Con o sin Aristegui, esto va a continuar.
Un ejemplo de esto es Chihuahua. ¿Quién recuerda a sus periodistas
asesinados?, ¿la contaminación minera en la sierra?, ¿los feminicidios de
Ciudad Juárez?; ¿quién está enterado(a) de las corruptelas del gobernador César
Duarte, quien nos tiene endeudados mientras se enriquece ilícitamente?, ¿quién
mató a Marisela Escobedo y a tantos y tantas activistas?; ¿quién se queja en
Chihuahua de su prensa vendida, de las invasiones de la Border Patrol en la
frontera, de los municipios serranos tomados por el narco?, ¿quién del fracking
por venir y los recientes terremotos?, ¿quién de Lomas de Poleo y de las súper tranzas
del “Teto” Murguía? No se trata nada más de saber, sino de hacer.
Indignarse por las redes sociales está bien, pero si no sales de
ellas, entonces quien está asesinando a
Carmen Aristegui y quien está aniquilando a la escasa prensa libre alimentando
el monstruo, eres tú.
Ciudad Cárcel, Chihuahua,
a 18 de marzo del 2015, primer año de la reapropiación petrolera.
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miércoles, 3 de octubre de 2012
Arzate contra el Estado
Desde
el 3 de febrero del 2010 comenzó la pesadilla de Israel Arzate Meléndez. ¿Qué
hizo? Tener la mala fortuna de toparse
con una célula militar a unos días del escándalo internacional de la masacre de
Villas de Salvárcar (donde se asesinaron a 16 jóvenes) en Ciudad Juárez. Había
que encontrar a los culpables o fabricarlos para bajar la presión al gobierno
mexicano y eso fue lo que se hizo: encontrar chivos expiatorios en los barrios
pobres de la ciudad.
El
caso de Arzate es paradigmático por que refleja la precariedad del Estado
mexicano en todas sus formas: desde las criticadas prácticas de confesión bajo tortura,
la parcialidad de los jueces en complicidad con los diferentes niveles de
gobierno; hasta el desamparo que brinda la incapacidad gubernamental de
impartir justicia y protección a una sociedad temerosa e ignorante de sus
derechos. La historia de México esta repleta de casos de injusticias y Ciudad
Juárez continúa la tradición en el siglo XXI con sus feminicidios y juvenicidios
en un sistema político que es cómplice junto con el sistema económico, de la
depreciación de la vida humana (que ahora es desechable) y del trato a sus
ciudadanos como delincuentes dependiendo de la clase social (a los criminales
de cuello blanco no se les toca).
Esta
circunstancia, de entrada grave, permite precisamente una orientación
fascistoide del Estado, cuyas ventajas se pueden medir en cuanto a limpieza
social, echando mano de la población, sobre todo en aquellos sectores
vulnerables donde es más fácil engañar o abusar de la sociedad. En una ciudad
como Juárez, donde la policía te ve como sospechoso, el desamparo social se
pronuncia ahí donde hay más ignorancia y miseria. La pobreza no sólo es útil en
tiempos electorales, cuando se pueden comprar votos; también se aplica en esos momentos
críticos cuando hay que “solucionar” problemas (aunque en realidad los
compliquen más) echando mano de tanto pobre indefenso que hay y del que se
puede abusar. Esas complicaciones no son otra cosa que las contradicciones del
Estado por ocultar su naturaleza violenta intentando una imagen de eficacia.
Regresando
al caso de Arzate, lo primero que salta a la vista es la irregularidad de su
detención, aunque es una práctica típica de las policías mexicanas, muy común
también en los militares; la debilidad de los cargos que se le implican, siendo
el más grave, el de su participación como sicario en la masacre antes citada; y
la inexplicable actitud berrinchuda de las autoridades por mantenerlo recluido
bajo cualquier escusa antes que declarar que todo lo han hecho mal y están
negándole un juicio justo a Arzate y una investigación profesional, ÉTICA, a la
sociedad y sobre todo, a los familiares de las víctimas. La soberbia de los
gobernantes no tiene límite y el Estado mexicano es incapaz de reconocer sus
errores. Se juega con las personas como monedas de cambio en las intrigas
políticas, para acallar a la sociedad, mantener el orden y sobre todo, el
puesto a salvo.
La
masacre de Villas de Salvárcar es un asunto ya muy politizado, muy manoseado,
donde la justicia brilla por su ausencia y buena parte de los vecinos afectados
han sido comprados con regalos y dinero del gobierno (municipal , estatal y
federal) o incluso, por consejo de ONG´s, han optado por aceptar lo que diga la
versión oficial, antes que llegar a la verdad de los hechos. El engaño de
atrapar culpables que luego resultan ser inocentes, es una película muy vista
en Juaritos, por eso no es posible creer en las “autoridades” cuando presumen
que han “atrapado” a alguien. El caso de Arzate Meléndez, como el de muchos
otros, entra desafortunadamente en esta categoría.
Convertirse
en enemigo del gobierno de la noche a la mañana, sin aviso previo y con toda la
ignorancia que la despolitización social y el egoísmo individualista permite,
es una violación táctica que el Estado hace con aquellas personas escogidas al
azar o selectivamente para vaciar al Estado de culpas y someter al
desdichado(a) con toda la fuerza del poder, donde no sólo participan las
diferentes instancias de gobierno, sino también aliados y grupos de interés.
Uno de los cómplices del poder son los medios informativos, que juegan una
doble moral al, por un lado, alinearse o negociar noticias con los gobiernos y
grupos de poder, y por el otro, generar o desviar la atención sobre algún tema
en particular. En el caso Arzate, sobresale el tratamiento que le dan algunos
medios masivos, que lo juzgan culpable antes que las autoridades, fungiendo
como aliados del Estado e influyendo así
con su opinión en las masas.
¿Por
qué el afán del Estado contra Israel Arzate? Tal vez su delito más grave ha
sido tener la suficiente valentía para denunciar los abusos y torturas que ha
sufrido con la “justicia” mexicana, llamando la atención de organismos de
Derechos Humanos nacionales y de medios de comunicación serios e
independientes. El Estado no sabe reconocer que sigue fracasando en impartir
justicia; que proyectos sociales como el “Todos somos Juárez” no funcionan; que
la violencia ha bajado pero sigue habiendo homicidios, feminicidios, asaltos y
que el sistema de justicia (jueces y policías) no es confiable.
El Estado
mexicano sigue teniendo una gran deuda pendiente en materia de calidad de vida
para las y los juarenses. Más penoso todavía, su legitimidad sigue en descenso,
con la consiguiente antipatía social más allá de las urnas. El Estado, el PRI,
los partidos, podrán comprar a buena parte de la sociedad, pero no a toda la
sociedad.
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lunes, 30 de julio de 2012
El Estado egoísta y el PRI
(Caricatura tomada de caricaturistapacote.blogspot.com)
Existe un miedo sociológico real al Partido Revolucionario Institucional
(PRI) por su pretendido “retorno” al
poder. Para ciudades como Juárez o Oaxaca, que conocemos muy bien los gobiernos
del PRI, sabemos la que le espera al país. No es que el PRI sea el peor de
todos los partidos, sino además en su etapa neoliberal, conservadora y de
derecha, los hace cada vez más peligrosos.
Se trata de un estilo de gobierno autoritario muy conocido
por sus métodos represivos y antidemocráticos que son marca de la casa y que
luego también han aplicado y siguen
aplicando todos los demás partidos (incluyendo los de “izquierda”) por que, tal
vez la única institución a la cual el Estado no se atreve a renunciar (privatizar)
es al aparato policiaco-militar, la institución máxima del poder masculino, un
símbolo altamente patriarcal y hegemónico; el famoso monopolio de la violencia
weberiano, ahora llevado a las esferas del capitalismo salvaje y en crisis que
no duda en el recurso de la guerra para solucionar sus problemas o justificar
su sanguinaria mediocridad, como Calderón en México.
El Estado es egoísta por culturaleza. De la monarquía a la oligarquía, del
esclavismo a la democracia capitalista y el socialismo totalitarista, sus
acciones pasan siempre por hombres de poder, no esos y esas que se hacen llamar
“presidentes” sino de los grupos de poder (élites,
como dice Wright Mills): El Papa quién es sin la Curia, Obama sin el ejército y
los empresarios, Calderón sin el PRI y EUA. Desde Thomas Hobbes se justifica “científicamente”
un poder práctico en pocas manos. Preservar el orden social, el status quo, es preservar el Estado; es
decir, la seguridad de su clase dirigente; ningún rey o dictador puede decir
que “gobernó” solo, ni aún Hitler.
El problema con el egoísmo es la supervivencia. Existe un
debate entre las ciencias sociales y las naturales sobre la naturaleza o
aprendizaje de la especie humana; si somos sociables (amigables) o más bien
somos egoístas (si sólo podemos pensar en el beneficio personal) si es lo
primero, seguramente está por ahí uno o varios genes que nos predisponen a
socializar (como el apareamiento, por ejemplo, para preservar la especie) y de
ahí todo estaría relacionado: el amor como punto de partida. Pero si es lo
segundo, entonces tenemos una situación de adaptación más o menos forzada,
donde ante la percepción de un ambiente hostil se anima una convivencia, más o
menos pacífica, con otros grupos e individuos; se tiende a lo individual o a pequeños
grupos, pero no se va más allá, salvo que sea para dominar a otros grupos e
individuos. Las clases altas y el culto al héroe capitalista, serían un ejemplo
actual de esto, como el esclavismo lo fue en el pasado.
En el plano político, que involucra lo económico y lo
sociológico, la democracia representativa-electoral es la última moda desde la
Segunda Guerra Mundial para acá. En algunos países como México, el monopolio de
participación política la tienen los partidos; en el caso de Estados Unidos, se
trata sólo de dos partidos. La consolidación de los partidos políticos se da en
el siglo XX; burgueses y socialistas, ambos sistemas ejercen Estado; desde ahí
se dirigen las finanzas, los recursos; se aplica la ley, se reprime a la
oposición o se invaden países; todo en nombre y beneficio del Estado.
¿A qué nos vamos a enfrentar con el PRI? Seguramente arden
en ganas de venganza ante tanta presión social, nacional e internacional. En
Ciudad Juárez tenemos la policía de Leyzaola, que ya hace lo que es lo suyo:
violar la ley; más la violencia del narco, más la observancia de la Border
Patrol o la migra, como cariñosamente
se le dice por estos rumbos. También tenemos CTM, FUTV, CROC, sindicatos priistas
que hacen posible uno de los peores transportes públicos de México, por
ejemplo. Pero más importante y alarmante aún, es la división de la ciudad en
dos: hacia el poniente y el oriente, la destrucción del centro y el desvío de
recursos para desarrollar dos nuevos polos económicos y urbanos, Gerónimo y lo
que antes era el Valle de Juárez, hoy asesinado bajo el pretexto de la “guerra”
contra el narco, para desarrollar una nueva urbe en el poblado de Guadalupe,
cruce con Tornillo, Texas, mientras Gerónimo con Santa Teresa, Nuevo
México. En ambos casos se despoja, expulsa
o mata a sus habitantes, todo en tiempos priistas.
El narco ya estaba ahí, Televisa ya estaba ahí, la
corrupción ya estaba ahí; el PRI nunca se ha ido de la vida de México y las y
los mexicanos. ¿Qué es lo que lo hace ahora más peligroso? Que termine con la
rotación de poder partidista es lo de menos; que terminen de peleles de alguien
más es muy grave. No sabemos qué y cómo han pactado con el narco, con los
empresarios, con Washington; qué tan debilitados llegan por la falta de
legitimidad; eso puede ser muy perjudicial para el país, pues pueden negociar
desfavorablemente y en contra de la sociedad y a favor de sus enemigos.
Ejemplos en nuestra historia muchos, como el de Santa Anna en el siglo XIX,
¿recuerdan la pérdida de la mitad territorio? Los políticos son capaces de
cualquier cosa con tal de alcanzar o mantenerse en el poder, pero también para
salvar el pellejo.
El PRI está en crisis como el Estado “democrático” y el
capitalismo neoliberal. Sus políticos dejan mucho que desear en todos los planos,
pero sobre todo, en el intelectual, lo cual agregado a sus ya conocidos apetitos
de poder y corrupción, hacen que el Estado priista pierda poder en relación con
sus aliados, pero se vuelva más virulento para la sociedad, su riqueza y medio
ambiente, como de hecho no ha dejado de suceder desde la Colonia y como está
pasando en estados como Tamaulipas, Coahuila y Chihuahua en relación con el
narcotráfico.
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