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lunes, 25 de septiembre de 2017

Los signos del fin del mundo/Los sismos de otoño

Imagen tomada de Neomexicanismos en Twitter

Los signos del fin del mundo/Los sismos de otoño
Carlos Murillo González


“…Todo poder emana del pueblo…el pueblo tiene en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar su forma de gobierno.”
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

Los signos del fin del mundo

Tantas cosas pasando en tan corto tiempo: huracanes, terremotos, tsunamis, el retorno de la Guerra Fría, crisis económicas, escasez de agua, todo pareciera indicar la próxima destrucción del mundo como lo conocemos. ¿Estos fenómenos son cíclicos o naturales?, ¿los ha provocado la misma especie humana?, ¿estamos viviendo el fin de los tiempos, la extinción del homo sapiens y otras especies?

Teoría apocalíptica

De acuerdo con el cristianismo, llegará un momento en que ocurra “El juicio final” el Apocalipsis, una gran catástrofe donde la mayoría de los humanos(as) quienes por portarse mal, sufrirán como castigo divino la destrucción del mundo. No sólo las religiones apocalípticas (Testigos de Jehová, Siervos de Dios, Adventistas del Séptimo Día…) están en constante advertencia de estos signos y en búsqueda de su salvación, sino también otras muchas religiones escapistas no cristianas constantemente señalan tiempos, ¡y hasta fechas! Del fin del mundo. Bajo estos dogmas, no hay solución alguna, solamente resignación ante lo inevitable, los designios de dios.     

Teoría del cambio climático

En la actualidad suceden al mismo tiempo numerosos movimientos sociales de todo tipo (ecologistas, académicos, juveniles…) y tamaño (Greenpeace, movimiento ecologista, anarquismo verde…) así como científicos y especialistas, denunciando el calentamiento mundial. El consumismo y la industria, fenómenos del capitalismo, han provocado un desequilibrio en nuestro hábitat, causando o acelerando fenómenos como el calentamiento global, la contaminación del agua y los mares, la muerte y desaparición de especies animales y vegetales, entre otros. Bajo este paradigma, la responsabilidad corre de la mano del ser humano y, si no damos marcha atrás, tenemos los días contados en un futuro no muy lejano; algunos pronósticos auguran la catástrofe en menos de un siglo.
 
Teorías conspirativas

Existe la sospecha de una conspiración de las élites mundiales (Club Bilderberg, Illuminatis y otros anónimos…) hacia un Nuevo Orden Mundial, para disponer de los medios naturales a su antojo y prescindir de la vida de millones de personas, particularmente pobres. Se consideran muchas de las acciones bélicas actuales (como la guerra en Siria, Yemen o Libia, pero en general cualquier guerra) la aparición de enfermedades como el SIDA y el uso de semillas y productos transgénicos de dudosa calidad alimenticia, como parte de su posible estrategia para eliminar grandes grupos de personas. En el mundo existen un millón de millonarios y la Tierra no puede sostener el ritmo de vida de este tipo de gente. La solución en el criterio de las élites, no es su conversión a la frugalidad ni la renuncia a sus privilegios, sino el exterminio masivo humano para seguir manteniendo intocable su status quo.    

Guerras de nueva generación

Guerras de tercera y cuarta generación, guerras asimétricas, armas geológicas, guerras preventivas, contrainsurgencia urbana, guerra teledirigida…la evolución del arte bélico va a la vanguardia con la tecnología. Es el perfeccionamiento de las armas y técnicas de (auto)destrucción masiva, casi instantánea, donde el enemigo no necesariamente es un ejército, sino una población, sociedad, región o país: es una guerra contra civiles. La “guerra” contra el narco en México, el exterminio de Palestina por Israel,  la genocidio del pueblo Rohingya en Myanmar (Birmania) son ejemplos de entre muchos otros casos de guerras disfrazadas. Sismos, tsunamis y huracanes bien podrían están relacionados con armas geológicas surgidas de programas tipo HAARP (High Frequency Active Auroral Research Program: Programa de Investigación de Aura Activa en Alta Frecuencia) que actúan en la ionósfera y producen cambios climáticos capaces de provocar tormentas eléctricas y movimientos telúricos. El aumento de la intensidad, frecuencia y capacidad de destrucción de los fenómenos naturales, bien puede ser resultado de un HAARP.


Tanto la religión como la ciencia y la guerra son construcciones humanos. Las catástrofes “naturales” podrían no serlo tanto sino fenómenos provocados o manipulados intencionalmente por mezquinos intereses humanos específicos. El futuro puede ser incierto si no tomamos en serio lo que sucede. Un cambio de conciencia implica también acciones para salvarnos a nosotros  y al planeta de la autodestrucción. Las acciones individuales no servirán de mucho, se requiere de una movilización social extraordinaria.


Los sismos de otoño

La tragedia del terremoto del 19 de septiembre, justo treinta y dos años después del sismo de 1985, también devastador, es un ejemplo muy claro de la descomposición del Estado y la clase política mexicana, pero también es un momento para la radicalización de la sociedad en cuanto a despojarse de los gobiernos  y élites que tanto daño nos han hecho.

Septiembre es el mes patrio de México por que nos recuerda, incluso más allá de los peligros, las traiciones y los desencantos, la oportunidad y derecho de elegir el propio destino. En el otoño se fraguan los momentos coyunturales de las y los mexicanos donde han coincidido los más graves acontecimientos de nuestra historia, así como sus transformaciones como consecuencia de estos. La independencia de 1810, la revolución de 1910, el movimiento estudiantil de 1968 o el terremoto de 1985 dejaron su marca y generaron cambios en la cotidianidad nuestra; conmemorarlos conlleva también profundizar en lo que hicieron las anteriores generaciones para superarlos y el otoño es la época favorita de las y los mexicanos para emprender radicalizaciones y revoluciones.

Gobierno, ¿lo necesitamos?

El Estado es de las y los mexicanos, el Estado nos pertenece, surge de la sociedad y por lo tanto, nosotros tenemos el poder de decidir su cambio o fin. De entre los cientos o miles de noticias, mensajes y videos ciudadanos en los aciagos días posteriores al terremoto, cuyo desenlace está todavía lejos de terminar, se destacan las denuncias contra los distintos gobiernos y políticos, así como de las burocracias, particularmente la policía y el ejército, por obstruir labores de rescate, desviar e inhibir la ayuda solidaria a víctimas y peor aún, ocultar o robar los víveres donados, posiblemente para posteriores usos político electorales, provocando la ira y descontento de la sociedad mexicana, verdadera protagonista de la ayuda voluntaria en este desastre. En el terremoto del 85 surgieron las Asambleas de barrio en la Ciudad de México como una legítima respuesta de la sociedad ante la ineptitud estatal.

Héroes entre nosotros

Las y los jóvenes, las mujeres y la gente del pueblo nos han dado una hermosa lección de entrega y solidaridad sólo posibles cuando acontece la desgracia masiva, recordándonos a los olvidados Niños Héroes, esos cadetes voluntarios que entregaron su vida defendiendo la patria durante la invasión estadounidense en 1847, tal vez por ello ya no se les dedican espacios importantes para conmemorarlos. Pero la respuesta automática, el deseo de ayudar, el deseo de servir, no ha sido todavía arrancado de la sociedad por más esfuerzos que haga y hace el Estado por evitar la unión de las personas, pues desnudaría las carencias e ineficiencia del aparato gubernamental que, reacio, se opone totalmente a ser reconocido, tal como ha sido demostrado, como prescindible.    

Miedo y manipulación mediática

La desconfianza supera al Estado, la burocracia y los partidos políticos para extenderse hacia los grandes medios televisivos (particularmente Televisa) y las grandes empresas tipo Walmart. Abundan los casos de negligencia, de corrupción, de desinformación. La gente, enojada, ha confrontado a la clase política, desde Peña Nieto y Osorio Chong, pasando por los gobernadores de Chiapas, Puebla, Oaxaca y Morelos, así como con las y los presidentes municipales y jefes(as) delegacionales, y por supuesto, los grandes empresarios que, a diferencia de los pequeños y micro empresarios de negocios de barrio que han donado sus mercancías mientras los otros simplemente brillan por su avaricia y tacañería. El miedo a un pueblo sublevado es propio de quienes tienen deudas con la justicia social, son aliados del gobierno o jefes de los gobernantes y, necesariamente enemigos de la libertad, la igualdad y la equidad.     

Tres años sin los 43 de Ayotzinapa

Si bien la magnitud de la catástrofe sísmica opaca otras tragedias como el repunte de los homicidios y feminicidios en Chihuahua, los asesinatos de periodistas y derecho humanistas o la “guerra” contra el narcotráfico, el agravio de la injusticia y la impunidad que aquejan al pueblo de México lo está empujando a tomar decisiones lógicas con respecto a sus gobiernos, comenzando con el federal. El martes 26 de septiembre se cumplen tres años de la desaparición de los estudiantes normalistas de la Isidro Burgos, coincidiendo la fecha con la de la primer semana del terremoto. La encrucijada del Estado es cómo disminuir, cómo quitarle valor a este y otros acontecimientos de tal manera que la sociedad mexicana se inmovilice, no proteste ni se organice, pues es la única forma en que el Estado puede seguir “gobernando”.

Del pueblo, para el pueblo, por el pueblo

Cuando las personas de este país se den cuenta de su poder, será la ruina de sus gobernantes. Por eso esta generación de políticos, una de las peores, si no es que la peor de la historia, se refugian detrás de las fuerzas armadas para sentirse seguros dentro de una realidad artificial totalmente ajena a las preocupaciones de la gente. Por eso es importante reconocernos en el espejo de las y los que sufren, por que no hay manera de zafarse del infortunio: de una u otra manera estamos siempre en el ojo del huracán, a veces víctimas de las circunstancias, a veces como salvadores circunstanciales, siempre como testigos de un destino del que no alcanzamos a ser totalmente dueños.


Si los sismos de otoño están haciendo cimbrar al país, es tiempo entonces de sacudirse también todo aquello que perjudica e inhibe la realización y prosperidad del pueblo de México, incluyendo a sus clases parásitas y explotadoras. La historia de México es inequívoca: en otoño suceden los grandes cambios de este país.

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martes, 4 de noviembre de 2014

Otoño, México y la revolución





Otoño, México y la revolución
Carlos Murillo González

Ante los signos de tristeza y enojo de la sociedad mexicana frente a la tragedia de los 43 normalistas de Ayotzinapa por su desaparición forzada el 26 de septiembre, pasa desapercibido el otoño, esa época del año donde suceden los grandes cambios en este país. De todos los sucesos deplorables de injusticia en México, ¿cómo es que éste en particular cala tan hondo y despierta las múltiples protestas incluso más allá de nuestras fronteras poniendo a temblar al Estado mexicano?

Ni los estudiantes asesinados en Villas de Salvárcar (enero del 2010) ni los bebés calcinados de la Guardería ABC de Sonora (junio del 2009) ni los excesos de San Salvador Atenco (mayo del 2006) o los más recientes del fusilamiento de 22 supuestos “narcos” en Tlatlaya por el ejército (junio del 2014) tan sólo para mencionar algunos de los más notables, han despertado tanta movilización social. No se trata de minimizar ningún hecho en sí, sino de observar que ninguno de ellos u otros más antiguos como las masacres de Acteal (diciembre de 1997) o Aguas Blancas (junio de 1995) han indignado tanto al mexicano(a) al grado de poner al sistema político en jaque. 

El gran problema del pueblo mexicano es su clase gobernante, corruptible hasta el tuétano. La historia política de México es la sucesión de esfuerzos (sociales) por combatir esa plaga y hacer una nación más justa y equitativa. País rico y empobrecido, por alguna razón todavía desconocida, es durante el otoño cuando hace posible los cambios de régimen, aunque a base de grandes esfuerzos y sacrificios en periodos más bien largos, como es notable en la Guerra de Independencia (1810-1821) y la Revolución Mexicana (1910-1917) ambas iniciadas en el otoño (septiembre y noviembre, respectivamente).

Hoy hemos retrocedido un siglo con las “reformas” del retornado Partido Revolucionario Institucional (PRI) que en contubernio con el resto de los partidos políticos (burgueses) han vendido al país despojando al pueblo de sus riquezas y derechos ganados a sangre y fuego. El PRI actual no tiene nada de revolucionario y sí mucho de conservador y retrógrada. Con el neoliberalismo como bandera económica y el entreguismo como política servilista, principalmente hacia Estados Unidos y las grandes firmas transnacionales, México no está muy lejos de desaparecer como nación (balcanización) sumida desde hace años en un caos de violencia, próxima a ser repartidas sus riquezas naturales, principalmente el petróleo, entre intereses particulares favorables a Washington.

El Estado mexicano no podrá mantenerse tal cual por largo tiempo. Es mucho el enojo y varias las “zonas calientes” del país. De Guerrero a Chiapas, Oaxaca, Estado de México, Tamaulipas, Chihuahua o Michoacán, hay “focos rojos” de alerta por la violencia desatada y son más bien pocos los estados que pueden presumir cierta estabilidad política-económica y sobre todo, pacífica. los constantes asesinatos, ataques y amenazas a activistas y periodistas éticos son un síntoma agudo y visible del deterioro del Estado, de la misma manera que los medios deshonestos como los de Televisa o Milenio y los grupos paramilitares del narco o de las fuerzas armadas estatales son percibidas vivamente al servicio político de gobernantes y empresarios en ese engendro llamado “terrorismo de Estado”.

En el estado de Chihuahua vivimos todavía y pese al hipócrita discurso oficial repetido por políticos y empresarios de “haber recuperado la paz”, una violencia exacerbante e inmerecida. Aunque los grandes medios televisivos, radiales  e impresos callen o se autocensuren con lo que está sucediendo en la Sierra Tarahumara o no mencionen palabras como “ejecutado” o “narco” (ya se sabe las grandes cantidades de dinero que les destina el gobernador para publicidad) es imposible ocultar las matanzas constantes en Guachochi o Parral, las desapariciones forzadas en Cuauhtémoc o los crímenes de alto impacto en Ciudad Juárez.

Chihuahua también es escenario de gran indignación social: los accidentes mortales sin justicia del Aeroshow y la fábrica Blueberry en 2013, los despilfarros cínicos del gobernador César Duarte, su agenda receptiva hacia el posible próximo advenimiento en el estado del fracking (técnica ecocida para extraer del subsuelo gas no convencional) y no menos importante, las acusaciones legales hechas por el activista Jaime García Chávez a Duarte y parte de su gabinete por peculado, son elementos que se suman al dominio público y exigen respuestas. La pesadilla de los corruptos apenas comienza.  
 
A más de cinco semanas de la desaparición de los 43 normalistas, las protestas no han cesado ni disminuido. La economía va mal, las violaciones a derechos humanos no cesan y la clase política, como mafia, busca protegerse a sí misma guardando un bajo perfil y haciendo acuerdos entre ellos, pues no saben cómo salir del embrollo. La polarización social es por demás evidente entre la mayoría de las y los excluidos del régimen y la élite beneficiaria del mismo. Si la dialéctica no falla (materialismo) este otoño estamos entrando a un ciclo de cambios trascendentales para México.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Mexicanismo y nacionalidad





¡Muera el mal gobierno!
Miguel Hidalgo y Costilla

27 de septiembre de 1821, 202 aniversario de la consumación de la Guerra de Independencia de México.

El orgullo se relaciona con la nacionalidad. Estar orgulloso de tú país, de su gente, de su cultura, etcétera, influye en el comportamiento y estado de ánimo de una persona. En lo colectivo se convierte en energía, moral y eso impactará en su relación con otros pueblos y consigo mismo. Es una construcción social imaginada e implementada en eso que llamamos realidad o mundo material.

¿Cómo se asume el mexicano(a) del siglo XXI?

No es asunto ligero esta cuestión. La mexicanidad del siglo XXI nos brinda mirarnos en el espejo de lo heterogéneo y lo tradicional. En el México del siglo XXI conviven clases y castas, religiones cuasioficiales con los cultos populares y el terrible ateísmo, diversidades sexuales y machismos patriarcales. Igual como en los siglos anteriores, una parte de México busca un cambio; el otro, no. El desequilibrio de fuerzas se complica más con las influencias externas; no es fácil la era de la globalización y el internet ni convivir vecinalmente con tamaño poder imperial. ¿Hemos cambiado algo en dos siglos de existencia?

De los Niños Héroes a los nuevos héroes

Las peleas de Saúl “El Canelo” Álvarez, los partidos del “Tri”;  los narcocorridos, las comidas con Coca-Cola, los artistas de moda, las borracheras…los nuevos símbolos de lo mexicano ambulan entre gigantescas pantallas de promoción y consumo. Los nuevos héroes son momentáneos, mientras dure su brillo. Del charro del siglo XX saltamos a la ausencia de símbolos únicos, sino compartidos enajenadamente (cada quién su héroe o heroína). Ahora los sueños son individuales, aspiracionales, ya no importa el destino de un país, sino mi destino. El padre y la madre dejan de ser admirados, sustituidos por “verdaderos” héroes salidos de la televisión y las películas, del narcotráfico y la política. 

Conservación del conservadurismo

Ciclos de cien años que nos regresan al abismo. Reformas borbónicas, liberalismo y neoliberalismo bien pueden sustituir las fechas de 1810, 1910, 2010. Cada era se repite cambiando sólo los actores y los escenarios, pero en abstracto, son lo mismo. Cada vez que la vida social en México se vuelve insostenible, conflictiva y confrontada, el desenlace es sangriento. La tendencia de las revoluciones sociales al concluirse, es la vuelta de un grupo conservador al poder; un retorno a la situación anterior. Por ese moebius, los fractales se hacen dañinos y destructivos. No importa qué tan marcadas o reconciliables sean las diferencias sociales, si no hay soluciones ante lo obvio y lo profundo, el desenlace ya lo conocemos. 

De nacos y fresas

El naco aspira a ser fresa. La naquez está de moda; los nuevos mirreyes saltan igual al mundo del espectáculo que al de la política; a los negocios lícitos e ilícitos. Estudiar por un título, para subir al menos en el estrato social; o mejor no estudiar y usar ese tiempo para escalar en el trabajo partidista-gubernamental; o también largarse al Norte o a vender droga. El México de las ladies and gentlemen está plagado de quienes comparten el sueño de “ser alguien”; de quienes hacen posible el fascismo y la intolerancia que luego se hace masiva y en contra de uno mismo: niños y niñas negando su origen moreno indio y aspirando a la belleza europea blanca.

Libertad y mexicanidad

¿Cómo se siente ser mexicano(a)?; ¿qué nos causa orgullo y qué no?; mexicanas y mexicanos del mundo, uníos.Mexicanidad que aspira a libertad. Nuestro país es uno más en el mundo, pero es el nuestro. Ese sentido de pertenencia, por nacimiento o elección de ser, por voluntad, conlleva también sacrificios, no sólo beneficios. La sociedad de las apariencias mexicana nos permite el anonimato del disfraz: pretendemos ser lo que no somos. Un político(a) no es un(a) estadista (todas y todos somos políticos) un(a) pobre no es clase media y un(a) rico no es dios. tod@ssemosmexicanaos.

¿Existe la mexicanidad?

Este año el cielo ha llorado como nunca; una tragedia más derrama al país, como si no fuera suficiente la “guerra” contra el narco. Desastres prevenibles, inversiones inútiles, pérdidas humanas, se suman a la surreal mezcla de huelgas y malestares con nacionalismos vanos y recuerdos de la historia de esta nación, de escaso valor para la mayoría. Pierde el “Tri”, pierde “El Canelo”, el mundo no se va acabar; el carrusel posmoderno girando alrededor de uno mismo; memorias del terremoto de 1985 y San Juanito; memorias de Madera.En la frontera de ser mexicano(a), hay algo mágico de México que no podemos negar. Un México que sorprende, nutre e intriga: agnósticos, hippitecas, neoadelitas y transmexicanos, surgen por doquier y por contagio; María Sabina y El Santo renuevan el mutante santoral azteca.


Ciudad Cárcel, Chihuahua, septiembre del año 13 del tercer milenio de esta era.