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lunes, 9 de enero de 2017

República de chairos


República de chairos
Carlos Murillo González


El inicio del 2017, con el aumento a la gasolina en México, ha provocado un escenario inusitado de protestas a lo largo y ancho del país con una sociedad harta de los abusos del poder político. El “gasolinazo” es la gota que derrama el vaso de la cada vez más insoportable situación económica y política de un régimen sumido en la cerrazón y totalmente separado de la realidad e intereses de la nación.  

La clase política se ha esforzado insensiblemente por irritar sin cansancio al pueblo mexicano de múltiples formas, pensando quizá en el profundo letargo de una sociedad despolitizada, enajenada y dividida que le permite hasta el momento, seguir despojándola de derechos y riquezas. Eso puede cambiar si se logra unir a todos los movimientos, frentes y luchas no sólo para revertir el gasolinazo, sino para recuperar el país que se ha robado el neoliberalismo a través de los partidos políticos y las élites económicas.
     
República de mirreyes

Los mirreyes son producto de la decadencia de las élites. Cobijados por el poder y la impunidad, estos juniors, frecuentes protagonistas de excesos de todo tipo (por ejemplo, ¿recuerdan a Los Porkys violadores de Veracruz?) hijos de políticos y empresarios (aunque no necesariamente) son las ladies y lores de los escándalos, famosos por sus actitudes prepotentes y su mentalidad clasista, ven con desprecio a la mayoría de las y los mexicanos y no dudan en discriminar a quienes no gozan de sus privilegios (ejemplo: los twits de las hijas de Peña Nieto).

Esta generación de inútiles, donde fácilmente podemos ubicar al presidente de la república y su gabinete son, desgraciadamente por que así se los hemos permitido, quienes conducen el destino del país. Las y los mirreyes están en todas partes y sobre todo en puestos políticos claves: gobernadores, legisladores, presidentes de partidos, regidurías…pero son enemigos de la nación; un obstáculo para la plena realización de la sociedad: corruptos, frívolos, megalómanos; su tiranía genera violencia y su avaricia está entregando nuestros recursos naturales a las transnacionales. En suma son el reflejo del precipicio que la sociedad mexicana quiere evitar.       

República de chairos

Chairo comenzó siendo un término despectivo para denominar a cualquier joven en busca de asumir una identidad de izquierda. Presuntamente por tomarla como una moda snobista, sin compromiso verdadero con alguna causa justa, las y los chairos se convirtieron rápidamente en sinónimo de poser, es decir, en personas sin ningún interés genuino, más bien pasajero, por la protesta social, ni imaginación para ofrecer alternativas de vida más allá de usar parafernalia socialista o anarquista, como las camisetas del "Che" Guevara, por ejemplo.

Si bien el término vino a diferenciar a activistas comprometidos(as) serios de oportunistas o curiosos ansiosos de tomarse selfies en las marchas para subir al Facebook, el chairo está tomando auge para identificar en general a todo aquel/aquella persona que hace uso de su derecho a protestar, quejarse o criticar al gobierno, sin duda como una táctica de la derecha y de grupos o personas conservadoras clasistas para demeritar expresiones genuinas; sin embargo y por esta reacción virulenta, muchos activistas se asumen ya como chairos con orgullo en contraposición al discurso que los deslegitima.

Movimiento pacífico

La lucha contra el gasolinazo es entonces una lucha de clases donde quienes protestamos, las y los chairos, nos enfrentamos a las políticas de privilegios de las y los mirreyes que no quieren abandonar. Así como hay chairos(as) con doctorado, hay mirreyes (o mirreinas) sin estudios. Mientras el movimiento social en contra del gasolinazo (y antes en contra de las reformas peñistas) se presenta pacífico, la reacción del régimen es violenta.

¿Y por qué la respuesta del Estado mexicano es violenta? Por que no tienen argumentos. La tiranía de los mirreyes ha escogido fortalecer el Estado policiaco y militar desde el sexenio de Vicente Fox para reprimir las protestas sociales de cualquier índole. Ayotzinapa y Atenco son ejemplos elocuentes al respecto. Por eso buscan pretextos para sacar el ejército a las calles, como lo hace ya la gendarmería y la Policía Federal, por lo que podemos presumir que Peña Nieto y su pandilla tienen miedo.   

Antes que tome posesión Trump

Es importante aumentar las presiones para exigir la renuncia de EPN e ir desmantelando las reformas retrógradas de su gobierno. Si cae Peña Nieto será más fácil llevar a la justicia a los Duarte, a los Moreira y a tantos otros traidores saqueadores de la nación. Entre más rápido mejor, pues se avecinan más peligros con  la asunción de Donald Trump el 20 de enero a la presidencia de los EEUU y corremos muchos riesgos con el entreguismo y torpeza de Peña. 

Si pensamos más allá de revertir el aumento a la gasolina y sacamos a Peña (quien por cierto, también merece un juicio popular por traición a la patria) convocando más que a nuevas elecciones, a un nuevo México empoderado por su gente y no por las élites político-económicas, tendremos más posibilidades de enfrentar en mejores condiciones los siguientes embates del imperio estadounidense en manos del racista Trump.


¿Qué prefieres, república de chairos o república de mirreyes? 

miércoles, 10 de junio de 2015

Lecciones postelectorales



Lecciones postelectorales
Carlos Murillo González

El proceso electoral del 2015 en México será sin lugar a dudas, un caso paradójico de “democracia” capitalista para el siglo XXI donde confluyen todos los elementos de esta farsa (represión, militarización, corrupción, fraude, engaño) con la máscara idealista de libertad, progreso, bienestar, igualdad, etcétera.     

Abstencionismo

La primera característica es la ausencia de votantes en las urnas. Tanto en los países de Europa occidental, como en Estados Unidos, por ejemplo, la participación electoral es más bien baja, con sus excepciones y coyunturas. El abstencionismo es pues un elemento importante en consideración del orden y planes de la clase dominante legitimada a través de las votaciones periódicas. El abstencionismo es señalado, culpabilizado, pero nunca trabajado, por que eso significaría el fin del actual régimen.

Voto nulo

En este caso el voto nulo juega un doble papel: se abstiene de elegir, pero participa. Es un abstencionista político o votante arrepentido que usa la boleta para manifestarse. Sin embargo tanto el voto nulo como el abstencionismo en general no son tomados como un síntoma social de malestar y hartazgo o fracaso, lo cual es obvio, sino son parte de la estrategia para mantener el poder político-económico. A final de cuentas, es una minoría la que elige y decide.

Participación electoral

Por el contrario, la participación electoral es cada vez más fácilmente identificable por su continua o constante disminución. Quiénes votan y por qué votan, se vuelve un ejercicio de militancia, de personas con una conducta moral más bien conservadora y, sobre todo, de quienes ven en la política una oportunidad de trabajo o negocio. Una mayor participación se anticipa cuando aparece algún líder carismático en la contienda, pero su efecto termina con el líder mismo.

Fraude electoral

El fraude electoral inicia desde las entrañas del sistema, su estructura y forma de organización y acción avaladas por las instituciones estatales y con el uso de las mismas. La tecnología juega un papel importante para ganar lo que no se pudo lograr en las urnas, como es el uso de softwares para el conteo de votos. La televisión sigue siendo fuente principal de enajenación, politización y particularmente, despolitización de masas y por si esto no fuera suficiente, no existen o promocionan formas de rendición de cuentas y castigo a quienes detentan cargos públicos. El equilibrio del poder favorece a quien concentra la riqueza, monopoliza la política y ejerce la violencia “legítimamente.

Violencia y democracia

Ese elemento perturbador que sería antagonista de la vida democrática, es protagonista en el capitalismo. Lo vemos en los noticieros, en los periódicos, y lo peor del caso, lo vivimos en carne propia. La tendencia política en esta etapa neoliberal del capitalismo consiste en imponer un Estado policiaco en detrimento de las libertades y derechos humanos. No importa el nivel de violencia, las elecciones se mantienen como garantía de lo mismo. Es un juego perverso, un negocio redondo, donde quien te vende seguridad es el mismo que te la genera.

Legalidad y legitimidad

Al no tener el respaldo de la mayoría, la legalidad se hace importante para esconder la ilegitimidad de un gobierno o representante impulsado por la minoría. Leyes e instituciones se crean para garantizar la voluntad popular, pero es ésta la primera que traicionan. La legalidad sin legitimidad es equivalente a una dictablanda, donde la sociedad vive en una situación delicada de relaciones asimétricas de poder. El presidente podrá ser un criminal y un asesino, pero primero será el presidente, esa es la realidad de este tipo de democracia.

 Así pues…

Difícilmente a un régimen político como el mexicano se le puede considerar democrático (no existe todavía un gobierno de la sociedad para la sociedad). A la sociedad mexicana, mayoritariamente conservadora, le precede una cultura autoritaria y machista, de la cual surge a la vez, las voces de protesta y emancipación. Esa transición se ve interrumpida y a la vez es causa del surgimiento de movimientos sociales por el constante retroceso y violación a los derechos humanos en distintos lugares del país.  


Síndrome de Estocolmo

La sociedad mexicana está enferma de apatía y acostumbrada a la violencia. De una sociedad así de enferma, es necesario, urgente, curarse así misma, primero, reconociendo las graves deficiencias cívico-políticas-sociológicas de nuestra formación familiar, escolar y cultural. Cuando las personas recurren a votar por el partido que les hace daño, por el sistema que las maltrata y mata, por voluntad propia o comprada, desarrolla una relación emocional con su agresor (como en el síndrome de la mujer golpeada) es una respuesta defensiva, de supervivencia que a la larga le perjudica grandemente.

La política no es racional, ¡también es emoción!

Pero los números no mienten, el abstencionismo es el gran protagonista de la historia electoral mexicana. ¿Quiénes son esos, esas que no votan?, ¿estarán ausentes de otras manifestaciones públicas? Por lo pronto, es más sencillo identificar a quiénes sí votan y por qué o quién.


FALTAN 43

viernes, 5 de junio de 2015

Abstencionismo, México, 2015









Abstencionismo, México, 2015
Carlos Murillo González


Parecía una elección “normal”, de esas que no atraen tanto a la gente por que son intermedias  (para renovar la Cámara de Diputados) y en algunos estados, para presidencias municipales y gubernaturas. De repente el debate sobre el voto nulo y el voto útil en los reducidos ámbitos intelectuales, pero luego la presencia de lo hardcore en Guerrero, Chiapas y Michoacán. El boicot de las elecciones ha iniciado.

El derecho a votar o no votar

La constitución mexicana nos otorga el derecho al voto a la ciudadanía mayor de 18 años, mas no así el deber de votar. Precisamente es una obligación moral cuya decisión de abstenerse no está sujeta a castigo. En las democracias electorales contemporáneas, mayoritariamente occidentales, la vida democrática de la mayoría se reduce a depositar un voto cada determinado tiempo para continuar o cambiar con un régimen político-económico. La realidad de esta manera de organización falsamente llamada “democrática” es sobre todo psicológica: da la sensación de orden en un juego de ganar o perder a modo de apuesta. Todo está bien mientras se mantenga la seguridad, las instituciones, las y los líderes, etcétera.       

Despolitización, apatía y analfabetismo político

El grueso de la población mexicana difícilmente puede considerarse ciudadanizada; es decir, no es una sociedad consciente de sus derechos y obligaciones, apenas apurada por el gran esfuerzo que implica la supervivencia diaria, en el caso de los sectores más marginales, o enfocada totalmente hacia el individualismo egoísta en lo económico y pragmático en lo político en los sectores aburguesados y agringados. Ese es el principal obstáculo para una democracia que no aspira a la igualdad ni a la libertad: inmensos sectores a los cuales engañar o corromper, como sucede en los EEUU (país abstencionista por excelencia).

La agenda de Washington

Los intereses de los EEUU en México son cada día más claros: somos sus aliados, además de sus vecinos, y sobre todo, una rica fuente de recursos naturales, no renovables y humanos. Para la supervivencia de la gran potencia, México es indispensable, igual que Canadá y casi por los mismos motivos. Por lo tanto, el sistema político-económico-militar debe ser similar,  o sino será absorbido por el imperio, como parece ser el trasfondo de la ruta iniciada con la “guerra” contra el narco. Washington sabe muy bien el tipo de canallas que dirigen al país, mientras estos le sigan entregando las riquezas de la nación a sus empresas e intereses bélicos, no harán nada para cambiar este tipo de democracia.

Un sistema hecho para agandallar

El fraude electoral sigue siendo un hecho consumado en México. Ningún partido juega limpio y los que pretenden hacerlo por que así les favorece la preferencia electoral, no saben defender sus triunfos. Muchas personas saben que no se respeta el voto, que se compra la voluntad de las personas, y al desconocer la vida democrática, reproducen la cultura política del autoritarismo, el machismo, la intolerancia religiosa y de género, además del racismo. Es una situación favorable para el orden jerárquico, pero no para una organización políticamente sana, socialmente saludable. El fraude va desde las promesas de campaña (el futuro no se puede controlar) hasta el software que contabiliza y redistribuye los votos a favor de “x” candidato(a).   


Las encuestas y las campañas

En el entramado de la “lucha” electoral y sus jugosos premios (sueldazos, fuero, relaciones de poder, nula rendición de cuentas, viajes, etcétera) las y los candidatos se convierten en el mejor de los casos, de gentes bien intencionadas a futuros y comprobados tiranos, con sus honrosas excepciones. En general las propuestas de campañas para esta elección son igual de pobres y simplonas como las de siempre. Las encuestas por su parte están supeditadas a quien las paga y habría más de una razón para dudar de ellas en un país donde la mayoría de la gente no vota. Por eso las tendencias de las encuestas son más bien tendenciosas y no reflejan la realidad de un país despolitizado.    

Ganarle al PRI

Participar en la farsa de las elecciones significa de antemano, legitimar el régimen y por lo tanto, al PRI. Es muy complicado ganarles electoralmente, pues cuentan con las instituciones de su lado, principalmente los electorales, sus partidos satélites (PVEM y Nueva Alianza) un verdadero ejército de “promotores”  (golpeadores) del voto, organización territorial y harto dinero para las campañas políticas. Al PRI no se le puede ganar a la buena y menos en un terreno que conoce bastante bien, pues lo ha construido a su modo. ¿Qué el PRI gana con el abstencionismo? Claro que sí, como también lo hace con cada elección. El PRI vive por y para las elecciones.

Propuestas

Si el camino electoral no es la respuesta, entonces cuál es. Hay muchas maneras de organización sociológica fácilmente identificables, desde las luchas armadas (rebeliones, revoluciones, golpes de Estado…) hasta las pacíficas (huelgas, insurgencia civil, boicots…) pasando por las institucionalizadas (plebiscitos, referéndums, revocación de mandato…) y, aunque no lo crea, fenómenos como el abstencionismo pueden hacer cambiar un sistema, pues es ridículo simular una democracia donde nadie vota. Por lo pronto ya tomaron la iniciativa las y los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) particularmente en Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

FALTAN 43


viernes, 29 de mayo de 2015

Votar o no votar y La sociedad anónima VENTA



Estimados(as) lectores:


Dos textos fundamentales para conocer el fenómeno del abstencionismo electoral en Ciudad Juárez y comprender de paso el abstencionismo por venir en México.

Envío gratis a toda la república mexicana.






La sociedad anónima es una investigación sociológica de corte cuantitativo y georeferencial. ¿Existe la abstención electoral? Sí y va a la alza. El abstencionismo no es un fenómeno nuevo, pero hasta hace pocos años no se habían realizado estudios serios sobre el tema. El texto no sólo brinda la oportunidad de conocer a fondo el abstencionismo, sino también ofrece generosos datos geoestadísticos de la participación electoral en Ciudad Juárez y el contexto histórico en que se desarrolla. Uno de los primeros libros escritos en México sobre el tema del abstencionismo.  




Votar o no votar es un estudio sociológico cualitativo pionero en su género. Contiene decenas de entrevistas grupales e individuales, un anexo de mapas y recomendaciones generales para el IEE (Instituto Estatal Electoral de Chihuahua) partidos políticos y ciudadanía. Un libro clave para comprender la cultura política del(a) juarense, su opinión política y el papel de las instituciones encargadas de promocionar la participación democrática.

Para una síntesis más amplia de ambos libros, dé click en sus respectivos banners a la derecha de este blog.

miércoles, 27 de mayo de 2015

50 años de La democracia en México



50 años de La democracia en México
Carlos Murillo González

Frente al México organizado del gobierno (con su sistema presidencialista, su partido, sus uniones de trabajadores) y frente a los sectores de poder, también organizados (como el ejército, la iglesia, los empresarios nacionales y extranjeros) hay un México que no está organizado políticamente.
Pablo González Casanova


En 1965 aparece la primera edición del libro de Pablo González Casanova La democracia en México*, el primer estudio sociológico donde se somete a prueba las condiciones de vida de las y los mexicanos en un régimen de apariencia democrática. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

El texto, terminado en mayo de 1963, es un amplio y rigoroso examen estructural de la economía, la política y la sociedad del México posrevolucionario. Para el lector(a) actual, acostumbrado al uso superficial del concepto de democracia, le parecerá raro encontrar dicha palabra mucho después de comenzada la lectura y en cambio entrar de lleno a la cuestión político económica con referencias directas de los indicadores más cercanos y confiables de la época, principalmente el Censo de 1960, así como anuarios estadísticos y otras fuentes de cuantitativas relevantes.

Se trata pues de una investigación de amplio alcance, hasta entonces algo inédito en el país, sobre el desarrollo de la democracia en base al desarrollo económico; los datos duros permiten ver un México marginal en muchos aspectos tan sensibles y básicos como la alimentación, el vestido y la educación. Es también un retrato de época, de la transición de una sociedad rural a una urbana. Las zonas rurales del siglo XX son tan marginales como las actuales; la diferencia es su ponderación poblacional: en 1960 representaban casi la mitad de la población (hoy son menos de la tercera parte).     

Para quienes gusten de los datos electorales, González Casanova ofrece varios
apartados interesantes que muestran comparativos por elección y porcentajes de participación. Hay también una crítica a la democracia capitalista y las aspiraciones burguesas de las élites económicas y políticas por mantener una situación favorable a sus intereses. Muestra lo que él llama un “México precapitalista y predemócrata” (página 187). Es la última etapa del “Milagro mexicano”, de la industrialización del país a partir de la sustitución de importaciones iniciada en los años cuarenta con motivo de la Segunda Guerra Mundial.

También entonces nota una atomización social, una distorsión política fruto del analfabetismo y el conservadurismo mexicano. Hacia esas fechas la protesta social y en general, inconformarse, demandar o exigir públicamente y organizarse para ello, son considerados más como actos delictivos que como derechos democráticos, tanto por el Estado, obvio, pero también por la sociedad. La tradición cultural autoritaria mexicana atraviesa clases y estratos para mezclarse con la apatía política, la sumisión cívica y lo que hoy llamaríamos el desencanto con las instituciones democráticas.  También para entonces es notable ya la penetración e influencia de los Estados Unidos en la vida del país: desde la inversión privada hasta la invasión cultural y por supuesto, la dependencia económica.

El análisis de las estructuras del poder político, sus actores y dinámicas, están representadas como fuerzas desiguales, donde el monopolio del poder se centra en alrededor del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el presidencialismo, pero subsisten a la vez partidos de oposición, movimientos sociales, organizaciones patronales, caciques regionales y un clero y sector católico de derecha todavía muy influyente,  según el autor, con tendencias fascistas. El gran actor marginal, el gran explotado, es el indígena, como ya se habrá imaginado el lector(a).

Las grandes ausencias en La democracia en México son los jóvenes, las mujeres y los medios de comunicación, quienes ahora juegan importantes roles en la sociedad del siglo XXI.  No obstante González Casanova reivindica que “No habrá otra revolución en México (y de ello es necesario tener plena conciencia) sino cuando la estructura social sea incapaz de resolver los problemas urgentes del desarrollo de la nación y cuando se hayan agotado las posibilidades de una lucha cívica” (página 96). Faltan datos sobre televisores, radios y su cálculo de usuarios, pues sería interesante conocer su penetración cultural por insignificante que fuese. En cambio el texto nos ofrece el número de tirajes de los principales periódicos a nivel nacional y estatal, pues se contaban por millones, algo inaudito en la actualidad.

Si al leer La democracia… siente que ha regresado al pasado, entérese que no ha salido de él. Ese pasado es el presente extendiéndose en el tiempo en un camino lento y tortuoso. La gran contribución de González Casanova es interpretar la democracia no sólo desde lo electoral, institucional y jerárquico, sino de atraer la atención sobre el problema de la desigualdad, la pareja del binomio libertad-igualdad básico de cualquier democracia. Por eso la legitimidad de la democracia en México se desmiente: por su enorme rezago social. 50 años después, La democracia en México de Pablo González Casanova nos sigue recordando las contradicciones mexicanas vigentes a la fecha, ¿qué haremos al respecto?



*Pablo González Casanova, La democracia en México, Ediciones Era, Vigésima reimpresión, México, 1995.

martes, 31 de marzo de 2015

¡Juangrabiel en Juárez!


Panem et circenses
Juvenal

La despolitización social es un hecho, como lo es la desaparición de mujeres y el feminicidio. No es un mito, como pretende el gobierno del estado, el empresariado y los medios de comunicación de Chihuahua para aparentar la “buena imagen” de Ciudad Juárez.

No es coincidencia la presentación de Juan Gabriel “El divo de Juárez” en un momento crítico de la vida política del estado cuando el endeudamiento público ha llegado a cifras estratosféricas coincidiendo con el aparente desvío de dinero de las arcas del Estado para la creación del banco Unión Progreso, donde aparece como inversionista el actual gobernador, César Duarte, quien enfrenta actualmente el desafío de la ley ante denuncia interpuesta por el activista Jaime García Chávez, apoyado por el movimiento Unión Ciudadana y políticos de derecha, como el senador Javier Corral.

Además se acercan las elecciones intermedias para elegir a la siguiente legislatura federal. Esto significa la continuación del régimen y el apuro por endulzar la enajenación social para evitarle la amarga realidad de que está siendo robada desde siempre por sus propios gobiernos. El retorno del PRI al poder coincide con la entrada del quinto poder: las redes sociales, eso hace posible ver en el momento mismo el tamaño de las triquiñuelas de las y los políticos adictos al poder y ahora es posible no sólo conocer el atraco a la sociedad chihuahuense, sino de otros hechos que son del dominio público, pero todavía nadie se atreve a denunciar: la relación de Duarte con el negocio de farmacéutico, la compra de ranchos y propiedades en posición ventajosa, entre otras cosas.

El PRI no juega a gobernar, sino a ganar elecciones, ese es su secreto. De ahí los grandes recursos para comprar conciencias por todos los medios, como lo hace su comparsa, el Partido Verde (¿no este debería perder el registro?) lo importante es ganar, no competir. Ya estando en el ejercicio del poder, pueden hacer cualquier cosa, como todos y todas sabemos. Su fórmula es una combinación de abstencionismo/violencia, más compra de votos y/o alianzas con otros partidos. Adicionalmente su más nuevo recurso es una herencia del PAN, el software que contabiliza los votos de manera electrónica; pero por si eso no bastara, también está un INE que avale todo y un TRIFE que lo ratifique.

Por la triste condición enajenante de la mayoría juarense, es víctima de la manipulación de las élites y ahí es donde entra el factor Juan Gabriel. Muchos(as) de los artistas y deportistas no tienen conciencia social, pues están en la misma cultura individualista de “hacer carrera” a la que nos somete la sociedad posmoderna capitalista actual. Por eso a los “exitosos” los vemos como artículos al servicio del sistema; héroes y heroínas con miles y hasta millones de seguidores a quienes seduce y saca jugo el poder político y el mercado.

No es la primera vez que Juan Gabriel apoya al PRI. En 1983 estuvo en el cierre de campaña de Santiago Nieto por la presidencia municipal de Juárez, quien perdió ante el candidato Francisco Barrio del PAN. Luego en el 2007 fue literalmente rescatado por el entonces alcalde Héctor Murguía, el “Teto” ante la amenaza de cárcel por evasión de impuestos. Lo más reciente antes del magno concierto del sábado 28 de marzo, fue la fiesta privada de cumpleaños del actual gobernador en el 2013. El vínculo es pues existente y añejo.

El carisma de Juan Gabriel, su labor altruista en la ciudad y su calidad de ídolo popular, desarma a la gente y la engaña en manos de patrocinadores políticos. Dejándose seducir, la gente olvida rencores y se concentra en la fiesta, el espectáculo, el orgullo. Tampoco se trata de encauzar votos al PRI en agradecimiento, sino de desviar la atención de la catastrófica realidad de Ciudad Juárez y el estado: violencia, narco, represión, militarización, robo y por si fuera poco, la próxima entrada de la explotación del gas de lutitas con la técnica de la fracturación hidráulica o fracking.

Es inútil pensar en la ingenuidad de “Juanga” y la bondad de Duarte; en la práctica  política éstas no existen. Una cosa es tener simpatía o ser admirador de un artista y otro es negar sus preferencias de vida. En estos momentos la relación de Juan Gabriel y el PRI es innegable y tan reprobable como los artistas que tocan en fiestas de narcos, aunque éstos dicen ignorar a veces quién los contrata, pero en este caso y a estas alturas, todo mundo sabe quien es el PRI, ¿será posible que Juan Gabriel no?

Así que no se deje engañar. Toda esta faramalla de la presencia de Juan Gabriel en Ciudad Juárez obedece a intereses bien concretos de quien lo trajo de manera “gratuita” (o sea, con dinero público y/o acuerdos comerciales con franquicias) y no para beneficio del pueblo.  Al igual que los televisores de regalo del gobierno para dar el “salto digital” no sustituyen el hambre ni la pobreza de la sociedad a la que va dirigida, la presencia y presentación de Juan Gabriel sólo es una ridícula y poco efectiva respuesta momentánea y desesperada de quienes más tarde habrán de enfrentar la justicia pensando que así se ganarán la simpatía de la gente.


¿Cuándo es el partido de México contra Brasil?