¡ Tod@s a marchar contra la violencia estatal!
Lo recientemente ocurrido en Ciudad Juárez, donde un estudiante de sociología fuera gravemente balaceado por la Policía Federal, es completamente inaceptable y reitera, de nueva cuenta, la actitud de un gobierno capaz de desatar un conflicto que hasta ahora ha cobrado la vida de más de 28 000 mexican@s. Lo que revela que el Estado mexicano es capaz de asesinar al pueblo con tal de continuar la militarización del país y la criminalización de la protesta social.
Por lo anterior, hacemos un atento llamado al pueblo de México y a sus organizaciones sociales y políticas para marchar este martes 9 de noviembre, a las 15hrs, del Hemiciclo a Juárez a la Secretaría de Gobernación. Exigiendo castigo a los responsables materiales e intelectuales de este grave hecho así como el regreso del ejército a los cuarteles.
Atte: Asamblea Estudiantil de la Facultad de Filosofía, Estudiantes de Ciencias Políticas, CCH-Sur, Sindicato Mexicano de Electricistas, SUTUACM, PRT, GECR, CEIC, LTS, ContraCorriente,Teoría para la Acción, CEM, Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior,Tlacaelel(A,C) Frente Democrático Sec. 10 del SNTE, Comité Ejecutivo Nacional Democrático del SNTE, Redes Universitarias, CGH-Ho Chi Minh.
lunes, 8 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
MIEDO A LAS Y LOS ESTUDIANTES
(Tomado de El Diario 05/11/10)
¿Con quién hablar cuando no hay interlocutor? Los acontecimientos en los últimos días en contra de la comunidad estudiantil indican que el Estado mexicano no está dispuesto a dialogar con nadie y menos en materia de seguridad. Como en los viejos tiempos del PRI del siglo XX, hoy está de vuelta el Estado autoritario que prefiere el uso de la fuerza al diálogo u otras alternativas pacíficas, como bien lo indican las estadísticas en tres años de “guerra contra el narco”.
El atentado contra Darío Álvarez , estudiante de sociología, el viernes 29 de octubre, cuando participaba en la XI Kaminata contra la muerte para asistir al Foro Internacional contra la militarización y la violencia “Por una cultura diferente” a llevarse a cabo en las instalaciones del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) de la UACJ originó una rápida respuesta de las y los universitarios en contra de la violencia, la militarización y en defensa de la autonomía universitaria.
Luego, el martes 2 de noviembre, se convoca a una gran manifestación estudiantil, donde resulta detenida, golpeada y encarcelada la estudiante Alice Arteaga –quien lanzaba consignas contra Felipe Calderón– bajo cargos de ebriedad e insultos a la autoridad. La noche del 3 de noviembre se asesina a un estudiante de odontología de la UACJ junto con otros jóvenes en los departamentos del Fovissste, a unos pasos del ICB.
Desde el inicio de estas nuevas movilizaciones, las y los estudiantes no sólo se han enfrentado al hostigamiento policiaco, sino también al repudio de varios medios informativos que de alguna u otra forma buscan desacreditar la respuesta estudiantil. Asimismo y a pesar de contar con las simpatías de la sociedad juarense, las instituciones públicas han guardado silencio o se han deslindado de las iniciativas estudiantiles. Todo parece indicar una polarización mayúscula entre sociedad y Estado, entre ciudadanía y gobierno; es evidente el reacomodo de las instituciones alrededor del poder y no con la gente. No sólo las y los universitarios se están quedando solos, también la sociedad.
Ciudad Juárez está en una situación de abandono. Conflictuada por nuevas formas de terror, la ciudad experimenta un shock de permanente violencia: militarización, balaceras, noticias amarillistas, desinformación, desempleo, abusos policiacos, violencia intrafamiliar y más en un sinfín de tragedias que se suceden una tras otra sin descanso, obligando a la población a un estrés permanente y adicional al existente, debilitando la moral y exacerbando los ánimos de una sociedad que ya no sabe a dónde voltear para encontrar alivio a esta situación. El genocidio en la ciudad también deja huellas más allá del miedo y la muerte; ahí están las viudas(os) y huérfanos(as) o los sobrevivientes de secuestros, extorsiones, asaltos o atentados, que como Darío, llevarán secuelas en sus cuerpos.
La solución no vendrá de la clase política, la misma que está impidiendo que la sociedad se manifieste en su legítimo derecho y ante una situación insoportable, porque si no, ¿quién gana con silenciar a las y los estudiantes? Si son quienes están llevando la vanguardia en contra de la militarización y además exponiéndose a los hostigamientos policiacos que evidentemente no han cesado. El camino de la violencia no puede llevarnos sino a más violencia, ¿por qué es tan difícil entender esto? Por guardar las apariencias el Estado mexicano está enredándose en un conflicto mayúsculo que no podrá soportar y Ciudad Juárez no es ni aspira a ser Colombia.
Los movimientos estudiantiles han generado cambios en el mundo; ahí están los del 68, por ejemplo. La energía juvenil es un elemento importantísimo para dar nuevos bríos a una ciudad que se desmorona de tristeza y desesperación, presa del terrorismo de Estado que ha desatado los demonios de la violencia. Nos estamos matando por una soberana estupidez: para “proteger” de las drogas al pueblo estadounidense a costa de nuestras vidas. De por medio está una riquísima industria que genera miles de millones de dólares en los mercados negros que la hipócrita sociedad conservadora hace posible al prohibir la decisión personal de consumir estimulantes, volteando la cara hacia otro lado e incentivando el castigo como respuesta para protegernos de nosotros mismos.
El Estado claudica en brindar protección a su ciudadanía y ofrece mano dura contra la población desarmada que le exige sensatez; no hay interlocución. Estamos en peligro cuando el Estado y sus instituciones nos dan la espalda y se perfilan a la cerrazón y la intolerancia a la crítica. El miedo a las y los estudiantes es el miedo de quien no tiene la razón y se justifica detrás de las armas para cubrir sus miserias y complicidades. El miedo a las y los estudiantes significa miedo a la verdad, miedo a la libertad y falta de agallas para cumplirle a la sociedad.
¿Con quién hablar cuando no hay interlocutor? Los acontecimientos en los últimos días en contra de la comunidad estudiantil indican que el Estado mexicano no está dispuesto a dialogar con nadie y menos en materia de seguridad. Como en los viejos tiempos del PRI del siglo XX, hoy está de vuelta el Estado autoritario que prefiere el uso de la fuerza al diálogo u otras alternativas pacíficas, como bien lo indican las estadísticas en tres años de “guerra contra el narco”.
El atentado contra Darío Álvarez , estudiante de sociología, el viernes 29 de octubre, cuando participaba en la XI Kaminata contra la muerte para asistir al Foro Internacional contra la militarización y la violencia “Por una cultura diferente” a llevarse a cabo en las instalaciones del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) de la UACJ originó una rápida respuesta de las y los universitarios en contra de la violencia, la militarización y en defensa de la autonomía universitaria.
Luego, el martes 2 de noviembre, se convoca a una gran manifestación estudiantil, donde resulta detenida, golpeada y encarcelada la estudiante Alice Arteaga –quien lanzaba consignas contra Felipe Calderón– bajo cargos de ebriedad e insultos a la autoridad. La noche del 3 de noviembre se asesina a un estudiante de odontología de la UACJ junto con otros jóvenes en los departamentos del Fovissste, a unos pasos del ICB.
Desde el inicio de estas nuevas movilizaciones, las y los estudiantes no sólo se han enfrentado al hostigamiento policiaco, sino también al repudio de varios medios informativos que de alguna u otra forma buscan desacreditar la respuesta estudiantil. Asimismo y a pesar de contar con las simpatías de la sociedad juarense, las instituciones públicas han guardado silencio o se han deslindado de las iniciativas estudiantiles. Todo parece indicar una polarización mayúscula entre sociedad y Estado, entre ciudadanía y gobierno; es evidente el reacomodo de las instituciones alrededor del poder y no con la gente. No sólo las y los universitarios se están quedando solos, también la sociedad.
Ciudad Juárez está en una situación de abandono. Conflictuada por nuevas formas de terror, la ciudad experimenta un shock de permanente violencia: militarización, balaceras, noticias amarillistas, desinformación, desempleo, abusos policiacos, violencia intrafamiliar y más en un sinfín de tragedias que se suceden una tras otra sin descanso, obligando a la población a un estrés permanente y adicional al existente, debilitando la moral y exacerbando los ánimos de una sociedad que ya no sabe a dónde voltear para encontrar alivio a esta situación. El genocidio en la ciudad también deja huellas más allá del miedo y la muerte; ahí están las viudas(os) y huérfanos(as) o los sobrevivientes de secuestros, extorsiones, asaltos o atentados, que como Darío, llevarán secuelas en sus cuerpos.
La solución no vendrá de la clase política, la misma que está impidiendo que la sociedad se manifieste en su legítimo derecho y ante una situación insoportable, porque si no, ¿quién gana con silenciar a las y los estudiantes? Si son quienes están llevando la vanguardia en contra de la militarización y además exponiéndose a los hostigamientos policiacos que evidentemente no han cesado. El camino de la violencia no puede llevarnos sino a más violencia, ¿por qué es tan difícil entender esto? Por guardar las apariencias el Estado mexicano está enredándose en un conflicto mayúsculo que no podrá soportar y Ciudad Juárez no es ni aspira a ser Colombia.
Los movimientos estudiantiles han generado cambios en el mundo; ahí están los del 68, por ejemplo. La energía juvenil es un elemento importantísimo para dar nuevos bríos a una ciudad que se desmorona de tristeza y desesperación, presa del terrorismo de Estado que ha desatado los demonios de la violencia. Nos estamos matando por una soberana estupidez: para “proteger” de las drogas al pueblo estadounidense a costa de nuestras vidas. De por medio está una riquísima industria que genera miles de millones de dólares en los mercados negros que la hipócrita sociedad conservadora hace posible al prohibir la decisión personal de consumir estimulantes, volteando la cara hacia otro lado e incentivando el castigo como respuesta para protegernos de nosotros mismos.
El Estado claudica en brindar protección a su ciudadanía y ofrece mano dura contra la población desarmada que le exige sensatez; no hay interlocución. Estamos en peligro cuando el Estado y sus instituciones nos dan la espalda y se perfilan a la cerrazón y la intolerancia a la crítica. El miedo a las y los estudiantes es el miedo de quien no tiene la razón y se justifica detrás de las armas para cubrir sus miserias y complicidades. El miedo a las y los estudiantes significa miedo a la verdad, miedo a la libertad y falta de agallas para cumplirle a la sociedad.
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jueves, 4 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
LOS FEDERALES DEBEN PARTIR
El auténtico poder consiste en sentirse a gusto con la falta de poder
Anthony de Mello
El camino hacia el Estado policiaco inicia en Juárez. Por casi cuatro años en Ciudad Juárez el Frente Nacional Contra la Represión, La Otra Campaña, el Comité Universitario de Izquierda, entre otras organizaciones, se han manifestado de una u otra forma para exigir la salida del ejército y la Policía Federal de la ciudad.
Desde entonces el hostigamiento y el asesinato han estado presentes contra la sociedad civil organizada y los movimientos sociales críticos y contrarios a las decisiones gubernamentales que apuntan hacia la extinción del Estado de derecho, como la actual “guerra contra el narco” incentivada por el gobierno federal. El último eslabón de esta cadena hostil es el atentado contra la IX Kaminata contra la muerte donde José Darío Álvarez, estudiante de sociología de la UACJ resulta herido de bala por la espalda dentro del campus universitario del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) por agentes de la Policía Federal. La caminata terminaría en ICB para dar inicio al Foro Internacional contra la Militarización y la Violencia “Por una cultura diferente”.
En Ciudad Juárez se está librando otra guerra más allá de la oficial contra el narco: se trata de la guerra contra la libertad de expresión, los derechos humanos y las garantías individuales, todas víctimas colaterales de esta situación. La ciudad está apuntalada desde la violación constitucional de tener el ejército en las calles, los excesos de las milicias involucradas (oficiales y clandestinas) la ausencia de un sistema de justicia que propicia la anomia y el peligro latente de terminar iniciando una guerra civil o en vías a un golpe militar.
Muchas de las discusiones de por qué es urgente el regreso a los cuarteles de los militares para mantener el Estado de derecho tienen parangón con las discusiones del por qué también debe mantenerse vigente el Estado laico: por el protagonismo en aumento de dos antiguos actores políticos que en ocasiones han sido enemigos de México: la milicia y el Clero católico. El país viene caminando hacia la derecha desde hace más de 25 años, con el fin del modelo paternalista y hacia una nueva edición del fascismo disfrazado hoy de neoliberalismo, pero ahora más letal, pues combina otras formas de enajenación masiva, probablemente inspiradas en los viejos regímenes autoritarios del siglo XX.
La intolerancia a las minorías, la confusión de ideas, la desinformación y la propaganda son los primeros síntomas seguros de un Estado fascista; el aliento a las denuncias anónimas, la aparición de escuadrones de la muerte, los retenes policiaco-militares, el asesinato de activistas sociales, los atentados a los sectores críticos del gobierno son un segundo eslabón que escala hacia ese Estado; un siguiente escalón puede dirigirse al destierro y los campos de concentración o de seguir las masacres, los exterminios masivos de grupos selectos de la sociedad. Todas las sospechas de cuatro años para acá han sido acertadas: la ciudad se ha descompuesto más a raíz de la militarización de la frontera (lo cual incluye también la militarización de la frontera sur de Estados Unidos).
Los estudiantes están solos. En la ciudad hay mucho malestar y queja, pero son pocos quienes se atreven a protestar. También hay quienes protestan por las protestas y quienes por miedo o por pretexto no participan aunque estén de acuerdo con quienes así lo hacen. Lo verdaderamente triste es el desamparo de las instituciones hacia la sociedad: con la capacidad de convocatoria que tienen las religiones o las universidades, por ejemplo, podría hacerse más, mucho más que lo que estos valientes y jóvenes locos hacen al arriesgar su vida para beneficio de la sociedad toda.
Todavía peor es la escala de conciencia en una sociedad individualista como la juarense. No necesariamente hay solidaridad y a la vez se aprenden nuevas formas de ella. Al igual que el chavo o chava que encuentra en la pandilla su modus vivendi y supervivencia desde la cual se rebela ante una sociedad que se ha olvidado de ellos, el o la joven politizado estará decidiendo entre sus viejos vínculos sociales, así tenga que renunciar a su familia o amigos, para entregarse de lleno a sus ideas políticas, al ejercicio de su conciencia y a formar nuevas sociedades junto a otros con quienes coincida en las ideas.
En Ciudad Juárez se están decidiendo muchas cosas. No pretendemos ser ratas de laboratorio para el experimento social de sufrimiento y destrucción que están perpetrando contra la población enemigos invisibles en una guerra que no nos pertenece. El Estado mexicano ha apostado a la guerra en contra de los intereses del pueblo y consulta previa con el pueblo.
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La sucesión política en Chihuahua
(Tomado de Aserto #87, octubre del 2010)
Chihuahua no está para ceremonias. El principal problema del estado, la violencia, no permite la simulación ni las promesas vacías. La fastuosidad y maquillaje de los informes gubernamentales y los cambios de poderes con invitados VIP no dejan mucho optimismo al chihuahuense de la calle. La desconfianza en las autoridades quizá sea el ánimo que marca la sucesión política en Chihuahua.
Las ilusiones perdidas de una sociedad prácticamente dejada a su suerte en materia de seguridad, marcan el contexto del Chihuahua de hoy: desolación, abandono, destrucción, tristeza, desesperanza. Sin orden, sin progreso, empobrecido y con un miedo mayúsculo, asoma el panorama sombrío de un estado que hasta hace unos años se jactaba de ser una de las economías más pujantes del país. En Chihuahua el tiempo se ha detenido: no se distingue el futuro, el pasado se ve lejano y el presente se vive con angustia.
Las elecciones son el juego de unos cuantos, la democracia no existe. La decadencia de la clase política no le permite ver el fango en el que está metida. Hoy los actores políticos(as) no tienen el perfil para enfrentar los retos que la inmediatez requiere; sólo son personajes con aspiraciones de poder sin el menor sentido de la política. Por otro lado la sociedad chihuahuense reacciona a ratos: ayer Creel y los Le Barón, hoy Asención, mañana quién sabe. Las grandes ciudades de la entidad, principalmente Juárez y Chihuahua, alarman los noticieros y periódicos con sus altos costos de muerte, cada día más sanguinarios, mientras en la Sierra Tarahumara o El Valle de Juárez el silencio de los medios acalla desconocidos encuentros fatales que rara vez salen a la luz (sólo cuando alcanzan a los políticos).
La pugna por el territorio. En la lógica de los partidos todo se somete a lo electoral, por eso son contiendas a morir. Los partidos, como los cárteles, pintan su raya y hacen incómoda o imposible la vida del rival. Tenemos un gobierno federal panista, un gobierno estatal panista y en medio, la sociedad chihuahuense. Programas que no funcionan, emergencias que no se activan, divisiones hacia dentro de los partidos, las inevitables corruptelas a todos los niveles y la mediocridad de quienes asumen algún puesto público, son ingredientes de la tragicomedia mal llamada clase política (en realidad funciona como un estrato social) que además funciona por encargo de quienes pagan sus campañas (empresarios) o fundamentan su moral hipócrita (iglesia católica).
Solamente los editorialistas del régimen y los periódicos vendidos celebran las “buenas obras” o el “futuro brillante” de quien entra y sale de ejercer el poder político estatal, ¡claro! Seguirán cobrando por hacer su trabajo y con eso basta. Pero es inevitable que haya un cambio en la forma de hacer política en el estado. Si el conservadurismo y el pensamiento de derecha no permiten el avance social, el progreso y salir de la ignorancia a la mayoría de las y los chihuahuenses, la propia realidad hará reaccionar a más de uno que todavía cree en Santa Claus.
La izquierda chihuahuense, si es que se le puede llamar así a los distintos y pequeños movimientos existentes no partidistas, simplemente existe para no dejarse llevar por la loca vorágine de la sociedad de las apariencias que promueve el estado de Chihuahua. Del “aquí no pasa nada” al “aquí pasa de todo” hace reaccionar a distintos actores (jóvenes, mujeres, campesinos, estudiantes) tocados de alguna u otra forma por la crisis de más de tres años en el estado. Con o sin izquierda el estado (es decir, la gente) tendrá tarde que temprano una reacción que le haga recuperar la dignidad y decir “hasta aquí”.
Cuando las y los políticos son parte del problema, ¿a quién le toca poner orden, recuperar la paz, redireccionar el rumbo? A la sociedad; pero una sociedad no ciudadanizada (es decir, que no asume su calidad ciudadana) difícilmente lo hará de una forma equilibrada. Ahí está un peligro latente: que el caos genere reacciones violentas de la población, sed de venganza (con justa razón) y pequeños núcleos de poder animados sólo a conveniencia. Las crisis son momentos coyunturales, pero no siempre se está preparado para enfrentarlas.
La “guerra contra el narco” nos ha marcado de por vida. La generación actual tendrá mucho que contar, si sobrevive este genocidio, a sus descendientes. Pero más interesante será cuando esas historias estén diciendo de cómo se movilizó la sociedad para impedir el avance de la violencia y acabar con los malos gobiernos (malos por sanguinarios, mentirosos, mediocres y negligentes). Mientras tanto la retórica la tiene el discurso oficialista ante la falta de valientes (anónimos todavía) que no saben del papel que les tocará jugar en la historia para recuperar Chihuahua.
Más vale malo por conocido, que bueno por conocer
Refrán popular mexicano
Chihuahua no está para ceremonias. El principal problema del estado, la violencia, no permite la simulación ni las promesas vacías. La fastuosidad y maquillaje de los informes gubernamentales y los cambios de poderes con invitados VIP no dejan mucho optimismo al chihuahuense de la calle. La desconfianza en las autoridades quizá sea el ánimo que marca la sucesión política en Chihuahua.
Las ilusiones perdidas de una sociedad prácticamente dejada a su suerte en materia de seguridad, marcan el contexto del Chihuahua de hoy: desolación, abandono, destrucción, tristeza, desesperanza. Sin orden, sin progreso, empobrecido y con un miedo mayúsculo, asoma el panorama sombrío de un estado que hasta hace unos años se jactaba de ser una de las economías más pujantes del país. En Chihuahua el tiempo se ha detenido: no se distingue el futuro, el pasado se ve lejano y el presente se vive con angustia.
Las elecciones son el juego de unos cuantos, la democracia no existe. La decadencia de la clase política no le permite ver el fango en el que está metida. Hoy los actores políticos(as) no tienen el perfil para enfrentar los retos que la inmediatez requiere; sólo son personajes con aspiraciones de poder sin el menor sentido de la política. Por otro lado la sociedad chihuahuense reacciona a ratos: ayer Creel y los Le Barón, hoy Asención, mañana quién sabe. Las grandes ciudades de la entidad, principalmente Juárez y Chihuahua, alarman los noticieros y periódicos con sus altos costos de muerte, cada día más sanguinarios, mientras en la Sierra Tarahumara o El Valle de Juárez el silencio de los medios acalla desconocidos encuentros fatales que rara vez salen a la luz (sólo cuando alcanzan a los políticos).
La pugna por el territorio. En la lógica de los partidos todo se somete a lo electoral, por eso son contiendas a morir. Los partidos, como los cárteles, pintan su raya y hacen incómoda o imposible la vida del rival. Tenemos un gobierno federal panista, un gobierno estatal panista y en medio, la sociedad chihuahuense. Programas que no funcionan, emergencias que no se activan, divisiones hacia dentro de los partidos, las inevitables corruptelas a todos los niveles y la mediocridad de quienes asumen algún puesto público, son ingredientes de la tragicomedia mal llamada clase política (en realidad funciona como un estrato social) que además funciona por encargo de quienes pagan sus campañas (empresarios) o fundamentan su moral hipócrita (iglesia católica).
Solamente los editorialistas del régimen y los periódicos vendidos celebran las “buenas obras” o el “futuro brillante” de quien entra y sale de ejercer el poder político estatal, ¡claro! Seguirán cobrando por hacer su trabajo y con eso basta. Pero es inevitable que haya un cambio en la forma de hacer política en el estado. Si el conservadurismo y el pensamiento de derecha no permiten el avance social, el progreso y salir de la ignorancia a la mayoría de las y los chihuahuenses, la propia realidad hará reaccionar a más de uno que todavía cree en Santa Claus.
La izquierda chihuahuense, si es que se le puede llamar así a los distintos y pequeños movimientos existentes no partidistas, simplemente existe para no dejarse llevar por la loca vorágine de la sociedad de las apariencias que promueve el estado de Chihuahua. Del “aquí no pasa nada” al “aquí pasa de todo” hace reaccionar a distintos actores (jóvenes, mujeres, campesinos, estudiantes) tocados de alguna u otra forma por la crisis de más de tres años en el estado. Con o sin izquierda el estado (es decir, la gente) tendrá tarde que temprano una reacción que le haga recuperar la dignidad y decir “hasta aquí”.
Cuando las y los políticos son parte del problema, ¿a quién le toca poner orden, recuperar la paz, redireccionar el rumbo? A la sociedad; pero una sociedad no ciudadanizada (es decir, que no asume su calidad ciudadana) difícilmente lo hará de una forma equilibrada. Ahí está un peligro latente: que el caos genere reacciones violentas de la población, sed de venganza (con justa razón) y pequeños núcleos de poder animados sólo a conveniencia. Las crisis son momentos coyunturales, pero no siempre se está preparado para enfrentarlas.
La “guerra contra el narco” nos ha marcado de por vida. La generación actual tendrá mucho que contar, si sobrevive este genocidio, a sus descendientes. Pero más interesante será cuando esas historias estén diciendo de cómo se movilizó la sociedad para impedir el avance de la violencia y acabar con los malos gobiernos (malos por sanguinarios, mentirosos, mediocres y negligentes). Mientras tanto la retórica la tiene el discurso oficialista ante la falta de valientes (anónimos todavía) que no saben del papel que les tocará jugar en la historia para recuperar Chihuahua.
viernes, 29 de octubre de 2010
¿Quién confía en los políticos?
(Publicado en El Diario viernes 28/10/10)
En el actual estado de violencia anómica de Ciudad Juárez, lo que llamamos “clase política” (en realidad es más estrato que clase) favorece dicha situación. Convencidos de ser indispensables para la sociedad, los políticos(as) inventan una imagen de sí mismos(as) no correspondiente con la realidad, menos con la presente situación de emergencia; los autodenominados “líderes” políticos son parte del problema que estamos viviendo. Veamos qué hace que pierdan nuestra confianza.
Los políticos son gente abierta. Tal vez en su etapa de ascenso o en campaña electoral muestren su cara más amable y “buena onda”, pero en un puesto de poder son otra cosa. Los últimos treinta años de alternancia política y neoliberalismo en el estado comprueban más bien un perfil conservador, autoritario, poco abierto a los cambios e insensible ante las necesidades sociales. Acciones como el horario de venta de alcoholes establecida por Fernando Baeza o el “toque de queda para menores” de la primera administración de “Teto” Murguía; el exhorto a no legalizar las uniones de convivencia del pasado Congreso estatal o la negación a despenalizar las drogas son vivos ejemplos de ello.
Los políticos nunca se equivocan o son infalibles. La construcción del político presenta siempre una falsa imagen de seguridad que termina por convertirlos, si no es que ya lo eran, en gente soberbia y mitómana. El ejemplo emblemático de esto es el fracaso de la “guerra” contra el narcotráfico en Chihuahua: comenzando con Calderón (“el presidente del empleo”) los secretarios de Estado, el gobernador, hasta el militante más bajo del partido, todos niegan sus errores y falta de resultados. Es muy difícil ver destellos de humildad y honestidad en ellos; entre más grande el puesto, menor es esa posibilidad.
Los políticos son éticos. El político tiene dos caras: la que muestra en público y la que ofrece a sus amigos y patrones en privado, por eso es difícil saber lo que piensan y cómo van a actuar. Su falta de ética permite fenómenos como la pobreza económica y educativa de grandes sectores de la población sin los cuales les sería muy difícil gobernar. Mientras haya necesidad e ignorancia la ética política alcanzará para que sigan actuando en forma deshonesta, sin transparencia, como mafia.
Los políticos son capaces de llegar al sacrificio. Si ya paró de reírse, esto significa que es tanto el amor por su patria, ciudad, comunidad, etcétera, que en ningún momento el político pondrá en riesgo su puesto, mucho menos su integridad, ¿pues qué acaso no se sienten indispensables para la sociedad? Así pues cualquier sospecha, indicio o prueba de corrupción u otro delito los hará sentirse ofendidos aun si se les comprueba que son culpables; pero no habrá ninguna disculpa, mucho menos renuncia, pues el “sacrificio” consiste precisamente en estar dentro del presupuesto gubernamental, en ejercitar el poder.
Los políticos inspiran confianza. No, los políticos no inspiran confianza; por el contrario, cada vez es menor la población que está dispuesta a confiarles su voto, su seguridad o creer en su honestidad y promesas. Acciones como la construcción del Camino Real, la prácticamente nula procuración de justicia y la forma como se protegen entre ellos, dificulta las simpatías de la sociedad. Ciudad Juárez no olvida que aunque Calderón nos metió en su “guerrita”, el PRI facultó la anomia actual.
Los políticos van a sacar los problemas del país, la ciudad, etcétera. Y si no pueden dirán que es porque la sociedad no ayuda, o que por ésta las cosas no funcionan. La realidad de los políticos refleja la sociedad de donde emanan: el sanguinario gobierno de Felipe Calderón muestra un conservadurismo autoritario de derecha, condescendiente con los Estados Unidos y severo con las y los mexicanos; no escucha críticas y se aferra a sus decisiones sin importarle el sufrimiento de la gente. Igual a nivel estatal el PRI neoliberal no se aleja mucho de la descripción anterior y no se diga del régimen de Murguía con su neoliberalismo populista que ya conocemos.
Los políticos quieren que la sociedad se mantenga estoica, sumisa y viviendo en “valores” ante la ola de violencia sin descanso en medio de la mayor crisis económica y de seguridad que haya experimentado Ciudad Juárez, por eso es necesario hacer política sin políticos, porque están nuestras vidas y futuro de por medio.
Es indispensable que la sociedad se asuma política (o sociológica si le molesta que le relacionen con lo político) porque las soluciones no van a salir de los políticos profesionales (los que cobran) sino de la gente. Como sociedad hemos dejado crecer a los políticos sin vigilarlos y, como los niños que crecen sin vigilancia, los hemos convertido en verdaderos monstruos que hacen lo que quieren y no aceptan regaños, mucho menos castigos, de ahí su sentimiento de superioridad y el peligro que nos representa su egoísmo.
¿Usted cree en los políticos? Yo tampoco
jueves, 28 de octubre de 2010
Carta en solidaridad por las masacres de Ciudad Juárez
Con dolor y en solidaridad, les pedimos suscribir y circular. A todos y todas, gracias.
PARA NUESTROS HERMANOS Y HERMANAS DE JUAREZ, DE MEXICO Y DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Llevamos latente el luto y el dolor de nuestros hermanos y hermanas, padres, hijos, hijas y amigos que nos ha arrebatado una guerra que no es nuestra.
Sin acabar de entender por qué nos están matando, sin comprender por qué niños, jóvenes, mujeres, ciudadanos comunes son el blanco de asesinos, el día de hoy 28 de octubre, en este absurdo cruel, les arrancan la vida a 5 mujeres obreras, humildes, pobres que regresan de trabajar de noche en una maquiladora y dejan heridos a muchos otros compañeros y compañeras.
Se nos acaban las palabras y nos desborda la indignación y el dolor de una comunidad abandonada, amenazada y sin gobierno.
A las familias de quienes perdieron la vida y de los que están heridos, les decimos: no sabemos que hacer, pero estamos con ustedes y lloramos con ustedes las heridas y las vidas arrebatadas. Cuentan con nosotros.
A la sociedad civil le invitamos a reforzar esfuerzos para buscar juntos la fuerza que necesitamos para recobrar Cd. Juárez.
A la comunidad internacional, le pedimos expresar su solidaridad con nuestra ciudad ante esta realidad de muerte que nos agobia y devasta.
CON PROFUNDO DOLOR NOS PREGUNTAMOS: QUE MAS TENDREMOS QUE PADECER Y … HASTA CUANDO
En solidaridad
PARA NUESTROS HERMANOS Y HERMANAS DE JUAREZ, DE MEXICO Y DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Llevamos latente el luto y el dolor de nuestros hermanos y hermanas, padres, hijos, hijas y amigos que nos ha arrebatado una guerra que no es nuestra.Sus nombres ya no son noticia y sólo sus familias los lloran, la masacre de Salvárcar sigue esperando una justicia que no llega y Horizontes del Sur está velando sus muertos con el desgarramiento del dolor, del miedo y la impotencia.
Sin acabar de entender por qué nos están matando, sin comprender por qué niños, jóvenes, mujeres, ciudadanos comunes son el blanco de asesinos, el día de hoy 28 de octubre, en este absurdo cruel, les arrancan la vida a 5 mujeres obreras, humildes, pobres que regresan de trabajar de noche en una maquiladora y dejan heridos a muchos otros compañeros y compañeras.
Se nos acaban las palabras y nos desborda la indignación y el dolor de una comunidad abandonada, amenazada y sin gobierno.
A las familias de quienes perdieron la vida y de los que están heridos, les decimos: no sabemos que hacer, pero estamos con ustedes y lloramos con ustedes las heridas y las vidas arrebatadas. Cuentan con nosotros.
A la sociedad civil le invitamos a reforzar esfuerzos para buscar juntos la fuerza que necesitamos para recobrar Cd. Juárez.
A la comunidad internacional, le pedimos expresar su solidaridad con nuestra ciudad ante esta realidad de muerte que nos agobia y devasta.
CON PROFUNDO DOLOR NOS PREGUNTAMOS: QUE MAS TENDREMOS QUE PADECER Y … HASTA CUANDO
En solidaridad
CENTRO DE PASTORAL OBRERA DE CD. JUAREZ
CENTRO DE PASTORAL OBRERA
Ignacio Mejía # 1751 Ote., col. Partido Romero, edificio CECADE
Cd. Juárez, Chih., México
tél/fax: (656) 614-0718
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miércoles, 27 de octubre de 2010
martes, 26 de octubre de 2010
Limpieza social: aquí no pasa nada.
Horizontes del sur se suma a la larga lista de masacres acontecidas en Ciudad Juárez a partir de la despiadada y cada vez más absurda “guerra contra el narco” declarada por el gobierno federal y acatada servilmente por el estatal y municipal. Primero los ataques a los centros de rehabilitación de usuarios a drogas, luego la matanza de Villas de Salvárcar; ahora Horizontes del sur.
El viernes 22 de octubre cerca de la media noche, un comando armado acribilla a las y los asistentes de una fiesta particular dejando hasta el momento 14 muertos y una cantidad similar de heridos; entre las víctimas se encuentran jóvenes, mujeres y niños. El acontecimiento viene a opacar el resto de asesinatos que se dieron ese fin de semana, mas no así la incompetencia del Estado, totalmente rebasado y a la vez cómplice de estas tragedias por su incapacidad para brindar protección a su sociedad.
Todo parece indicar que estamos ante una política de exterminio social tolerada y estimulada a través de escuadrones de la muerte, como sospecha el senador Ricardo Monreal, pues "estos grupos actúan al margen de la ley con complicidad, reconocimiento o tolerancia del Estado mexicano" (“Ven limpieza social, no narcoguerra”, El Universal, 18/10/10) al hacer un balance sobre las cerca de 30,000 muertes violentas desde que inició la famosa “guerra”. Esta es una sospecha grave, por eso el Senado estudia la relación de los hechos bajo este criterio, tomando en consideración declaraciones y actuaciones de varios alcaldes del país, así como las estrategias de las operaciones policiaco-militares del gobierno federal.
Regresando al caso de Juárez, hoy convertida en la capital de la impunidad, pareciera que es un experimento donde se pone a prueba los límites de la tolerancia social al llevarla a extremos de violencia: desde el inicio de los desparecidos Operativo Conjunto Chihuahua y Juárez en 2008 para combatir el narcotráfico, el general Felipe de Jesús Espitia, coordinador de los mismos, declaraba cosas como “son enemigos menos” o “se están matando entre ellos mismos” cuando empezaban a aumentar escandalosamente el número de asesinatos a raíz de dichos operativos. Luego vendrían las grandes matazones en Creel, Chihuahua, el Valle de Juárez y Ciudad Juárez; los abusos y desapariciones con los militares; los secuestros y extorsiones con la llegada de la PFP, la persecución y asesinato a activistas sociales, científicos, derechohumanistas, artistas, estudiantes…
La misma actitud de los gobernantes refleja esa sensibilidad indolente que tanto repulsa a la sociedad: a la mañana siguiente de la masacre en Horizontes del sur, el alcalde de Juárez, Héctor “Teto” Murguía, daba inicio a una más de sus audiencias públicas rodeado de policías y sólo ante la insistencia de las y los periodistas fue que pudieron sacarle un comentario sobre el hecho; es decir un tácito “aquí no pasa nada”. Un día antes, el viernes al mediodía, una marcha y mitin convocada por el gremio médico entregaba a representantes del municipio y el estado, pero con la ausencia de alguien del gobierno federal, un pliego petitorio de exigencia de acciones contra la violencia; por la noche tuvieron su respuesta.
El rasgo común de quien muere violentamente en Juárez, según el criterio gubernamental es por estar involucrado en el crimen organizado, lo cual es una descalificación prejuiciada que ya le costó fuertes criticas al gobierno federal en boca de Calderón cuando la matanza de Villas de Salvárcar a principios del 2010. Pero un rasgo muy común del que casi no se habla, indica que la gran mayoría de las víctimas pertenecen a estratos pobres de la población.
Doblemente victimizadas, la justicia está ausente en nueve de cada diez casos de asesinato; estamos en presencia de un genocidio selectivo de personas consideradas indeseables o desechables para el Estado mexicano, pero por otro lado asistimos al colapso ético de las instituciones: no sólo es una política de desgobierno, como apunta el sociólogo Alfonso Herrera, también es una situación abiertamente provocada por la clase política en el juego del poder partidista y del alineamiento con las nuevas políticas de vecindad de Estados Unidos con nuestro país.
Esta nueva faceta del neoliberalismo en su etapa policiaca, indica claramente su tendencia exterminadora: países como México hacen el trabajo sucio de países como Estados Unidos al implementar diversas medidas de limpieza social en los segmentos más bajos de la sociedad, como sucede en Juárez o también con las y los indocumentados de Centro y Sudamérica que pasan por nuestro país rumbo al norte, como si con eso se evitara el colapso de la economía capitalista en su crisis actual.
Pero aquí no pasa nada. Ciudad Juárez sufre una especie de locura colectiva muy cabrona; una enajenación que es a la vez nuestro escudo y escape de una realidad que no alcanzamos a comprender en una guerra con enemigos invisibles y autoridades que no se ven. Nos vamos acostumbrando sin reaccionar a la violencia, como zombies, ante la mirada recelosa de los vecinos del norte y ante la incomprensión del país, que no se quiere mirar reflejado en el espejo de Juárez.
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La matanza de mujeres en Juárez
(publicado en El Diario, sábado 23 de octubre, 2010)
El feminicidio, concepto mundialmente conocido e inspirado por los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, está llegando a niveles insólitos de crecimiento, como indican las estadísticas. Las actuales condiciones de inseguridad y anomia permiten un genocidio sin precedentes donde se asesina por igual y cotidianamente a hombres, mujeres, niños(as), jóvenes, ancianos(as) y no se ve para cuándo acabe esta masacre.
En las condiciones de criminalización de la sociedad juarense por el estigma federal de “combate” a los cárteles de la droga (donde el estado y principalmente Juárez son sinónimo de “tierra de narcos”) no podemos aspirar ni esperar mucho del Estado mexicano, más interesado en maquillar cifras minimizando su fracasada misión en sus tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) que en combatir la violencia, particularmente hacia las mujeres, pues poco comprometidos se han visto a pesar de la presión mundial y exigencias como el de la resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el caso de las asesinadas en el campo algodonero.
El caso del feminicidio es emblemático porque lejos de desaparecer el fenómeno en Juárez, se incrementa desde que inicia la tristemente famosa “guerra” contra las drogas emprendida por el gobierno federal de manera unilateral e irresponsable.
En las últimas semanas a partir de septiembre, los medios de información hacen saber de ejecuciones de mujeres prácticamente todos los días y con particular saña. Uno de los últimos casos, el de la mujer secuestrada, videograbada y luego aparecida muerta, es una señal inequívoca de una dialéctica negativa y dañina en cuestión de género: en vez de mejorar la condición de la mujer, se deplora en el ámbito de la anomia incrementando el genocidio sin distinción de sexo.
No se trata de poner el tema de las mujeres por encima de otros igual de urgentes (de hecho la ciudad vive una situación de emergencia no reconocida) pero llama la atención el perjuicio total hacia la mujer, de por si desprotegida y vulnerable en una sociedad machista y patriarcal, más en las condiciones actuales.
La misma “guerra” está llevando la vida cotidiana juarense a niveles inadmisibles de gobernabilidad, pues no hay instituciones que respondan a los cada vez mayores reclamos de paz y armonía que exige la sociedad.
Llama la atención en esta nueva etapa del feminicidio, los motivos por los cuales se les está matando: por sus vínculos con el narco y/o el crimen organizado; para secuestrarlas y cobrar rescate o simplemente robarlas; por vendettas y rivalidades; por “limpieza social”. Además se debe agregar el incremento de asaltos, extorsiones y demás delitos que acosan a la sociedad juarense en general y a la mujer en particular. No es una situación fácil y por conocimiento de causa, no es posible esperar mucho de los nuevos gobiernos municipal y estatal; del federal sólo se espera más anomia.
Las nuevas circunstancias de inseguridad y crisis económica están cambiando nuestros hábitos cotidianos y costumbres. Por esta razón las mujeres han tenido que ceñirse y enfrentar el porvenir oscuro en que el estamos parados: mujeres policías, sicarias, extorsionadoras, choferes, agentes de tránsito, son los nuevos roles, mientras se incrementan los de masajistas, prostitutas, traficantes, viudas y huérfanas. Es doloroso constatar además la situación de empobrecimiento, desempleo, depresión y miedo que ambientan la ciudad y donde las mujeres se encuentran tanto y más desamparadas que los hombres.
La situación parece insostenible y sin embargo la ciudad sigue su marcha. El miedo y la enajenación no son todavía lo suficientemente “alarmantes” para lograr la cohesión social necesaria que pueda poner fin a tanta desgracia, lo cual festejan estos gobiernos que no gobiernan ni dan resultados, ni se comprometen a nada (verdaderos “ni-nis”).
De hecho el Estado mexicano es tan responsable de este genocidio (casi siete mil asesinatos tan sólo en Ciudad Juárez desde el 2008) como quienes se dedican específicamente a ello. La “guerra contra el narcotráfico”, además de ficticia, es una guerra perdida que sólo está debilitando al gobierno, arriesgando a la población y destruyendo la economía.
COLOFÓN DIALÉCTICO
El 19 de octubre por propuesta de la Organización Mundial de la Salud, se celebra mundialmente el Día internacional de la lucha contra el cáncer de mama. Desde el 2006 es la primera causa de muerte de mujeres mayores de 25 años en México, según datos de la Secretaría de Salud aunque de acuerdo al diario Milenio (Milenio semanal del 9 /5/10) en el 2010 la violencia intrafamiliar es ya la primera causa de muerte de mujeres en México.
De seguir las cosas como van para el 2011 ó 12 el asesinato será la primera causa de muerte femenina en México, como de seguro ya lo es o está cerca de serlo en Ciudad Juárez.
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