lunes, 24 de septiembre de 2012

Más policía no es la solución, pero…




Más policía no significa más seguridad. Una sociedad sana, pacífica, libre y equitativa, amistosa, no necesitaría este tipo de protección hacia dentro de sí misma o de un ejército que amenazase al exterior. Pero una sociedad así es más una aspiración que una realidad actualmente.

En las democracias neoliberales, tanto como en las sociedades totalitarias, existe un aparato  de seguridad al servicio del Estado; ese aparato, escudado en el discurso de la justicia y el bien, utiliza la violencia en todas sus formas y se hace  aliado de los grupos de poder traicionando a la sociedad que debe servir. Este grupo civil armado que puede ser secreto, antidisturbios, militarizado y hasta ejecutorio, se le denomina policía.

Una de las grandes tendencias de la ideología neoliberal es la utilización de la policía para imponer el “orden y progreso” a fuerzas, así sea reprimiendo cualquier manifestación que vaya en contra de sus programas o desacreditando y persiguiendo a personas y grupos opositores, defendiendo así sus intereses y de paso convirtiendo a la policía en sus cómplices, aunque a veces también combaten a la delincuencia. Los Estados policiacos son la moda en el neoliberalismo, haciendo la libertad tan ficticia como la igualdad y equidad, al estilo de los Estados Unidos con sus dos millones de encarcelados y sus cárceles privadas.

La siguiente  propuesta  de policía especializada, está inspirada por la policía  municipal de Ciudad Juárez a cargo de Julián Leyzaola, quien ha optado por la limpieza social y la violación a los más mínimos derechos humanos, tratando a las personas como delincuentes en potencia, sospechosos de cualquier cosa, con el visto bueno del alcalde priista, Héctor “Teto” Murguía y las élites económicas locales, incluida la iglesia católica. Ante este panorama de terrorismo de Estado y ante la imposibilidad de desaparecer dicho aparato, aquí una propuesta amable y humana para profesionalizarlos, que podría incluso reivindicarlos socialmente, aunque soñar no cuesta nada:

Policía ecológica. Sería la encargada de parar la contaminación al medio ambiente del transporte (público y privado) así como de las empresas; vigilar el respeto a la naturaleza, el cuidado del agua, que no se abuse del ruido, del desperdicio de recursos no renovables o se concentren en pocas manos.

Policía escolar. Se encargaría tanto de vigilar que no haya abusos de los maestros hacia el alumnado, ni entre el alumnado (bullying) así como de recoger a niños y niñas de la calle o explotados laboralmente, para llevarles a la escuela; también estaría vigilante de que lleguen los recursos a las aulas y que no se cobren cuotas a los padres y madres de familia.

Policía Protectora de animales. Aunque para los animales no existen derechos, si sufren las consecuencias del maltrato humano de múltiples formas; esta policía vigilaría desde los rastros, corridas de toros y peleas clandestinas de perros y gallos, hasta el trato doméstico a mascotas.

Policía antimonopolios. A esta policía le tocaría atacar a los grandes grupos de poder económico. Evitarían desde despidos y leyes injustas, hasta competencias desleales, mercados negros, las altas tarifas y precios y los acaparamiento de productos y servicios. Pondría especial atención a la protección de sueldos y prestaciones laborales y perseguiría a los grandes evasores de impuestos.

Policía gay. Como su nombre lo dice, estaría encargada de tratar asuntos de las identidades sexuales, cuyas sociedades son frecuentemente abusadas incluso, por la propia policía. Esta policía estaría integrada necesariamente por agentes gays y transgénero.

Policía antirracista. Acudiría a prestar sus servicios ante la discriminación de todo tipo: étnica, sexual, etial, religiosa, con especial énfasis en la protección de los grupo indígenas; vigilaría desde los insultos racistas hasta la discriminación laboral. En vez de desaparecer gente, ayudarían a combatir el racismo en México.

Policía anticorrupción. Estaría en sus manos la vigilancia de las y los políticos, partidos y funcionarios públicos, por eso de los frecuentes robos y engaños a la nación de este singular grupo. Aquí el énfasis estaría desde las promesas de campaña hasta acciones consideradas como traición a la patria.

Policía clerical. Esta policía especializada se encargaría de todo abuso relacionado con las iglesias de toda denominación, particularmente de los casos de pederastia tan frecuentes de los sacerdotes católicos, que además gozan de impunidad actualmente, pero también combatiría a las religiones fraudulentas y engañosas.  

Policía fronteriza. Como respuesta a los frecuentes abusos e invasiones de la Border Patrol (patrulla fronteriza) y esporádicos ataques de ciudadanos de Estados Unidos hacia México, esta unidad daría cuenta de la protección de las y los connacionales en el norte del país. (Ya existe el Grupo Beta, pero como si no existiera).

Policía comunitaria. Es una especialidad existente, pero ahora se especializaría en evitar las conductas egoístas individuales y de grupo, evitando la concentración de poder y generando confianza entre las personas, unidad y autogestión, de tal manera que se hiciese innecesaria la presencia e incluso existencia policiaca.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Taller "Capitalismo Gore y Transfeminismos"


Sábado 27 de octubre

dentro del marco del 

Lady Fest 

Ciudad Juárez

 2012 

jueves, 6 de septiembre de 2012

La policía tiene miedo




La siguiente es una crónica basada en la observación de la actitud de la policía municipal de Ciudad Juárez en un día cualquiera, reflejo de la realidad cotidiana  que enfrentan las y los juarenses.

El miércoles 5 de septiembre del año en curso, acompañé a Vicky a un citatorio con un juez de barandilla en la Estación Universidad para conciliar un conflicto vecinal con la dueña de un perro Akita que tiene asolado al fraccionamiento cada vez que se le escapa de su casa y ha atacado por igual a humanos (incluyendo a Vicky y a una niña) perros y gatos (también debe la vida de mi gatita Blue). La última vez, el jueves pasado, volvió a salirse y ahora mordió a Hermes, el perro de Vicky. La cerrazón de la vecina y las amenazas de uno de sus familiares nos hizo llamar a la policía, pero cuando llegaron (con una hora de retraso) ya los vecinos se habían ido. Por recomendación de los mismos agentes, fuimos a poner una denuncia civil ante la sinrazón de los dueños del perro.

La cita fue a las doce del día. Nos estacionamos en la Junta Municipal de Agua contigua, pues la estación de policía no cuenta con estacionamiento (¿qué no hay una ley que reglamenta eso?). Como la vez anterior, cuando se puso la denuncia, el policía de la entrada solamente nos preguntó el motivo de la visita, bajo esa lógica íbamos a pasar, pero la policía de guardia en esta ocasión sólo dejó entrar a Vicky, previa entrega de una identificación y además nos regañó por “desconocer” la entrada principal (la “entrada” está acordonada con cinta amarilla y para “adivinarla” solamente hay un estrecho espacio contiguo a una caseta en una banqueta en ruinas).

Por la hora y el calor, crucé la calle hacia la cuadra de enfrente para alcanzar un poco de sombra mientras esperaba el desenlace del citatorio, pues además estaba lleno de gente alrededor de la “entrada principal”. Ya del otro lado tuve la oportunidad de platicar con un hombre humilde, un anciano al que había confundido con el parquero; me decía que estaba esperando visitar a su nieto de quince años detenido por una unidad policiaca cuando iba a un mandado; simplemente se lo llevaron y él no alcanzó a los agentes para abogar por su nieto. Tenía ahí más de una hora, pues a su nieto lo andaban paseando en la unidad y hacía apenas poco que lo habían remitido a los separos. Desconsolado, se quejaba del abuso policiaco. Después de un buen rato, por fin lo dejaron pasar.

Mientras seguía esperando a Vicky, un carro con placas vencidas se estacionó exactamente en la curva para dar vuelta en la calle donde se encuentra la estación policiaca, donde se dificulta el tráfico; descendió un hombre joven con lentes oscuros y actitud prepotente, saludó a unos agentes cuyas unidades estaban estacionadas en doble fila y entró en la estación; poco después salió caminando de forma curiosa con las manos en las bolsillos de su amplio shorts; era evidente que en uno de sus bolsillos cargaba una pistola, ¿una escuadra, tal vez? Se entretuvo un poco haciendo no sé qué, con la puerta abierta de su carro hacia la calle y luego se marchó.

Tiempo después, por la arteria de la curva antes mencionada, arribó una camioneta negra sin placas y vidrios polarizados; luego dio un giro de 180 grados para quedar enfrente de la estación; al principio me asusté un poco, pero rápidamente del lado del copiloto descendió un hombre de pelo casi a rape con una mochila y se dirigió hacia las oficinas; ninguno de los agentes se sorprendió, supongo que era un agente que entraba a su turno laboral. Me quedo con la duda de saber si solamente los policías pueden andar en las calles con vehículos particulares con placas vencidas o sin ellas.

Después uno de los agentes cuyas camionetas estaban estacionadas en doble fila se dirigió hacia mí. Muy amablemente me preguntó qué hacía y me pidió una identificación; al preguntarle el porqué de su atrevimiento, pues yo no estaba molestando a nadie, me decía que por “seguridad” policiaca, pues han sufrido atentados y “simplemente” quería estar seguro de mi presencia ahí (es decir, tenía miedo de que fuera yo un “halcón” o sicario) “¿y a mí quién me protege de ustedes?”, le pregunté, “no todos los policías son malos” me contestó, mientras seguía interrogándome (es obvio que no saben distinguir entre sospechosos y ciudadanos comunes y yo no le inspiraba confianza) al último le dije que me daba tristeza el comportamiento de la policía, que sin criterio nos tratan a todos como delincuentes por igual.

Mientras todo esto ocurría (alrededor de unos cincuenta minutos de mi espera) no dejaban de pasar unidades policiacas con detenidos levantados de la calle, expuestos al sol y esposados, exhibidos como verdaderos criminales, ¿también les piden cuota de detenidos a los policías, como lo hacen con los agentes de tránsito y las infracciones? Finalmente Vicky salió y afortunadamente la vecina cambió de actitud y se comprometió regalar a su perro asesino. Ojalá lo cumpla.

Un punto a favor de la policía: una anciana trataba de cruzar la calle precisamente por donde está la banqueta destruida y un agente rápidamente se dispuso a ayudarla.  


*Hago responsable a Julián Leyzaola de lo que pueda pasarle a mi familia o a mí, pues el agente que me pidió la identificación leyó detenidamente mis datos y la desconfianza es mutua.          

  

jueves, 30 de agosto de 2012

La felicidad que enajena




El verbo chingar significa el triunfo de lo cerrado,
del macho, del fuerte, sobre lo abierto.
Octavio Paz

Según la Wikipedia “la felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada… (es) una sensación interna de satisfacción y alegría”; para llegar a ese estado de ánimo implica un recorrido lúcido, ético o sensato; cuando no es así, estamos ante una felicidad enajenada y si además es colectiva, es posible encontrar un uso político detrás.   

La felicidad como engaño

Cuando la felicidad se emplea sociológicamente para favorecer a los grandes sistemas político-económicos, es un agente enajenante eficaz para dirigir masas. De esta manera por ejemplo, en sociedades jerárquicas, la felicidad equivale a ser rico, exitoso o poderoso, metas fascinantes que obligan a las personas a buscarlas para sentirse completas. O bien, otros satisfactores consumistas sirven para, frente a la imposibilidad de que toda una sociedad disfrute de una felicidad colectiva (sólo unos cuantos(as) lo logran bajo los “valores” antes mencionados) sirven como premios de consolación comprar, comer, beber, drogarse, admirar a “triunfadores”, encerrarse en la religión y un largo etcétera.

Así frente a la frustración de no ser el/la mejor en nada, ni rico(a) ni poderoso(a) el individuo(a) moderno se contenta con los alicientes cotidianos como un trabajo “seguro”, ver telenovelas o el fútbol. Este tipo de felicidad despolitizada para no causar daño a las/los precursores del sistema tal cual, se nutre de la individualización egoísta y narcisista que crea un mundo de ilusiones para cada quien dependiendo de sus gustos (también manipulados) y posibilidades, haciendo de la felicidad momentos esporádicos, como las ya famosas tarjetas Monex-Soriana que dio el PRI para comprar votos: una felicidad inmediata a cambio de una más larga y grande.

Las empresas no se quedan atrás. El gran secreto del éxito de la Coca-Cola, consiste en el bombardeo publicitario de su marca como sinónimo de felicidad: tomando Coca-Cola el mundo es más bonito. Claro que este tipo de mercadotecnia que invita a la adicción de ese veneno, esconde además otros peligros como la osteoporosis y la diabetes, primera causa de muerte en países como México. Pero no hay nada más refrescante que una Coca-Cola bien fría y esa felicidad instantánea es difícil de erradicar por que es un negocio.

La felicidad que chinga

El poder es la adicción de los políticos; les da una enorme felicidad que les digan “sr.(a) presidente(a)”, “sr.(a) gobernador(a)”, “sr.(a) diputado(a)” etcétera y tener dominio sobre los demás. No hay nada más alentador que el triunfo sobre el rival, chingárselo, y luego hacer tranzas con otros poderes, como el económico y el religioso. En este mundo la traición y el fraude son más eficaces que la competencia y los ideales; narcisismo puro, egocentrismo egoísta.

Esta felicidad es más notable en los políticos, por que estos se han acostumbrado a servir a un patrón (empresas y grupos de poder) chingando a la sociedad en general. No es nada nuevo descubrir el derroche en nimiedades como el nuevo avión presidencial y la nueva sede del Senado, grandes símbolos de poder, contrastando con la austeridad para con la sociedad, sobre todo en los sectores más marginados, por ejemplo, en los frecuentes y raquíticos presupuestos para el deporte, el arte y la educación o, en un ejemplo más reciente, el de las ya famosas sillas de ruedas donadas por la SEDESOL al gobierno de Sonora, un verdadero fraude.

No debe sorprendernos la felicidad de los priistas, cuya autorrealización consiste en ganar elecciones de manera fraudulenta e ilegal. Otras profesiones y gremios como el académico, tal vez se conforme con mucho menos: un buen sueldo, estímulos y de vez en cuando un reconocimiento a la labor para mantenerlos contentos y calladitos; igual el policía, el médico cirujano, el carnicero o el cazador, basan la felicidad sublimando su violencia a través de prácticas legítimas.  Otras profesiones como la de sicario, son todavía más energúmenas pues su felicidad consiste directamente en el daño generado a terceros.

La felicidad se pinta como un valor tan abstracto como el amor, y como éste, se interpreta de millones de maneras. Para fines prácticos y usos políticos, es tan útil para las religiones como para la política y la economía, pues a través de ella es posible homologar los sentimientos y sobre todo, las energías de la sociedad en la búsqueda de satisfactores de acuerdo a la época y sistema socio-económico y cultural que le toca vivir, pero manteniendo un orden que en realidad no le deja ser feliz, desarrollarse en todo su potencial.

Final feliz, ¿para quién?

La felicidad de alguien puede ser el sufrimiento de alguien más cuando la persecución de este fin se convierte en algo desleal y sin sentido de colectividad. En México tenemos muchos ejemplos de ello gracias a la televisión, la iglesia, el modelo económico y los traumas y rencores generacionales sin resolver. Curiosamente en estos tiempos, nadie parece feliz buscando la felicidad del otro(a) o los otros(as) incluyendo a otras especies o el planeta mismo y eso, querámoslo o no, es una de las formas en que estamos esclavizados y a merced de los grupos de poder egoístas, cuya felicidad depende de que sigamos engañados. 

miércoles, 22 de agosto de 2012

Segunda Marcha de Las Putas, Ciudad Juárez



Comité Organizador de la Marcha de las Putas 2012


 PROGRAMA
2ª MARCHA DE LAS PUTAS 2012

23 de agosto
11:00hrs.       Rueda de Prensa
Samborns Ciudad Juárez
Paseo Triunfo de la Republica #3809 Circuito PRONAF

24 de agosto

17:00hrs.       Punto de Encuentro
Parque Borunda
Calle Gregorio M. Solís

18:00hrs.       Inicio Marcha de las Putas
Ave. 16 de Septiembre

19:00hrs.       Carrera Mixta en Tacones 100 mts.
Inicio Calle Fco. I Madero
Meta Av. Lerdo

Continuidad de la Marcha

20:00hrs.       Cierre de la Marcha de las Putas
            Evento
Plaza de Armas
Av. 16 de Septiembre y calle Noche Triste
20:00 a 20:05  Recibimiento de la marcha por parte de las y los maestrxs de ceremonias
20:05 a 20:10  Lectura del pronunciamiento e invitación al público para que lo suscriban
20:10 a 20:25 Show Travesti
20:25 a 20:45 Presentación musical por Dite Demons
20:45 a 20:55 Presentación musical por MX
20:55 a 21:00 Cierre del evento

martes, 21 de agosto de 2012

Vivir en la mentira




No hay mejor almohada que una consciencia tranquila
Refrán alemán


Ciudad Cárcel, Chihuahua, verano del 2012


La sociedad de las apariencias es aquella que desarrolla constantemente elementos satisfactores inmediatos para una realidad no agradable de las relaciones sociales. Así por ejemplo, el alcohol (la cerveza, el licor)  cumple una labor social similar al de las religiones: conducen hacia la enajenación del alivio del espíritu, del alma; combate el estrés, para hablar en términos cotidianos actuales.

Este tipo de relaciones se da mayormente en sociedades totalitarias, jerárquicas y economías capitalistas; puede tener connotaciones nacionalistas, como describe Octavio Paz en El Laberinto… por ahí por las “Máscaras mexicanas. La preferencia por la Forma…”. En las sociedades contemporáneas además, la apariencia viene acompañada de soledad, por el individualismo, la desaparición de la comunidad y la noción de ella. 

Pero, ¿qué estimula la aparición y permanencia de dicho fenómeno?, ¿a quién se quiere engañar?, ¿para qué? La apariencia también puede disfrazarse de silencio, de ausencia; ahí está el elocuente ejemplo del silencio de la iglesia católica frente al fraude electoral en México. ¿De qué protege la apariencia? Los gobiernos bajo cualquier argumento (de seguridad nacional, confidencialidad, moral y buenas costumbres, etcétera) suelen cometer abusos, como el emblemático ejemplo de Wikileaks y el caso Julian Assange/Bradley Manning, perseguidos por Estados Unidos al revelar públicamente cables diplomáticos y sobre todo, información secreta de masacres a civiles realizadas en Afganistán por fuerzas de ese país, entre otros documentos.

La sociedad actualmente está predispuesta a las apariencias. Las y los políticos aparentan ser inteligentes y honestos; los noticieros y periódicos, pretenden ser veraces. O bien en el microcosmos de la vida diaria, actuando de acuerdo a la ocasión, con seriedad en un funeral, con alegría en una boda o con rutina al trabajar, poniéndonos un disfraz para cada ocasión. Es una costumbre disimular, aparentar, engañar; es la astucia de vivir y sobrevivir sociedades que además, suelen ser hostiles por herencia del patriarcado. La competitividad tan característica de las sociedades de libre mercado, también procura trampas, secretos, traiciones, así sea en un mercado o empresa, o en el deporte y la música; todo depende del grado de enajenación de la sociedad.

La apariencia de la mentira, cuando es social (es decir, cuando sociológicamente tiene un impacto en la forma de pensar y actuar de la gente o un sector de la misma) se transforma en hábito, costumbre y finalmente, cultura (generacional, nacional, etcétera) y es difícil de quitar. ¿Cómo se puede vivir en la mentira? Rehusándose a constatar la realidad o considerar otros puntos de vista, amparándose en la negación, la hipocresía o el cinismo, como el reciente caso de la elección federal, con tantos actores e instituciones involucradas, negando evidencias, ocultando información o simplemente haciendo como si nada.

Ciudad Cárcel cada vez se hace más grande, enorme. No tardan en llegar las cárceles privadas, por que la persecución policiaca arrasa con todo y pronto no va a haber cupo para tanta persona, además de la herencia de la narcoguerra. Nadie da cuenta de las desapariciones, pese a tanta denuncia y policía, que no se da abasto con tanto civil convertido en delincuente, aunque sea por no traer identificación o “para protegerte”, como suelen ahora decir las y los agentes discípulos de Julián Leyzaola antes de encarcelarte. En Ciudad Cárcel la apariencia se convierte en cifras: primero te crean una guerra ficticia, donde efectivamente muere mucha gente, y luego de disimular que no pasa nada y se exagera, se presumen estadísticas de la disminución de homicidios (contrariamente y pese a lo que se diga, los feminicidios continúan).

La promesa también es apariencia, por lo tanto, engaño y mentira (ensayo y error). En el neoliberalismo se adora el futuro, por que en él está la felicidad, por eso es inalcanzable. No es coincidencia la semejanza con la recompensa del cristianismo a posteriori, El Cielo, pues Adam Smith era monje. La promesa juega con la esperanza convertida en fe, por eso es tan dañina.

En las ciudades Cárcel se aprende a cuidarse del desconocido tanto como del policía; las y los ciudadanos de bien se convierten en potenciales terroristas, desde el que no paga impuestos o es desempleado, como el/la que sale a las calles a protestar, así sea estudiante o anciano. Sólo las sociedades cerradas dentro de Cárcel, las élites, gozan de un macabro juego de sobrevivencia con la libertad que da el dinero y las relaciones, es parte de la apariencia.

¿Cómo se sabe si vives en la mentira? Hay verdades sociales innegables, como la pobreza, la injusticia; pero también hay verdades personales, secretos que no se comparten con cualquiera (hay versiones sobre la orientación sexual de cierto priista cuarentón de copete que además tiene fama de golpeador, otro chisme basado en hechos sin importancia que sucedieron en San Salvador Atenco y con ser el número uno en feminicidios). Otras formas de enajenación están en la televisión, el fútbol, el sexo, las cantinas, el internet…todo lo necesario para olvidar la realidad, al menos un rato; la enajenación de la nada, de no involucrarse en nada, voltear al otro lado, encerrado en la casa, el cuarto, el fraccionamiento, vivir con precaución.    

No toda la gente vive en la mentira. Ahora la resistencia es moral, dialéctica de consciencia personal y colectiva, del presente y para el presente. Es época de cambios, pero sucede que mucha gente se quedó dormida en el siglo XX. La posmodernidad no significa fragmentos, sino fractales; de lo que ocurra hoy dependerá el mañana; el futuro no existe sino como perspectiva en un espacio caótico sin límites y sin centro, en constante movimiento, según dice Albert Einstein. Esa es la realidad que nos provee la ciencia para el siglo XXI.

Pero mientras la mentira es parte de la doble moral, del malestar social, del engaño y el error, Serge Galam, sociofísico de la Universidad de Jussieu, Francia, explica bajo modelos matemáticos lo que llama inercia: que un sistema democrático termina siendo conservador e inmovilista, inerte.