jueves, 17 de junio de 2010

Obispos Electorales















El no votar es una falta grave de responsabilidad

y constituye un pecado de omisión

Obispos católicos de Chihuahua



Por su intromisión en política, los religiosos deben de tomar en cuenta que al hacerlo, se hacen responsables del impacto que tengan sus mensajes y atenerse además a las reacciones generadas por la calidad o veracidad de lo que expresen, pues el mundo no se fundamenta en las pretendidas verdades absolutas de la jerarquía católica. Desafortunadamente los obispos católicos de Chihuahua no han entendido la lección y sorprendentemente, dados los grandes escándalos alrededor de dicha religión, se atreven a dar clases de moral a una sociedad que hace mucho tiempo ha dejado de tomar en serio su doctrina.

En México existe un recelo histórico hacia la Iglesia católica por sus no pocas muestras de intromisión en la vida política del país actuando en beneficio propio. Por la misma razón, la Iglesia católica ha sido considerada como enemiga del desarrollo de las naciones, una institución encargada de esclavizar conciencias que apoya a los poderosos y desprecia a los débiles. Con la reforma constitucional del Artículo 130 de 1992 y sobre todo con la entrada de los gobiernos panistas, el protagonismo de dicha religión aumenta y hasta el momento sólo se ha detenido por los graves escándalos de pederastia sacerdotal que se supone los tiene asustados de hacer declaraciones, por eso ahora sorprende que hagan exhortos electorales.

En una carta pública aparecida como nota en varios medios de comunicación y firmada por los seis obispos de Chihuahua donde expresan el posicionamiento de su religión, se exhorta a los Chihuahuenses (nótese el discurso absolutista, como si todos los chihuahuenses fuéramos católicos o creyentes) a votar el 4 de julio en base a la democracia y otros valores, al grado de categorizar el acto abstencionista como pecado de omisión. Caray, y yo que pensaba que la Edad Media ya estaba superada; pero si los políticos contemporáneos tienen mentalidad del siglo XX, ¿por qué la jerarquía católica habría de cambiar su forma de pensamiento anacrónico? El regaño, sermón o señalamiento de los obispos alcanza también a los medios de comunicación parciales hacia ciertos partidos o candidatos.

Desafortunadamente en Chihuahua los obispos no han sido muy democráticos e imparciales como invitan a ser a la sociedad chihuahuense, con sus dignas y muy honrosas excepciones, como los obispos Manuel Talamás Camandari Adalberto Almeida y José Llaguno quienes en 1986 y aun antes, se pronunciaron contra el fraude electoral priísta y coadyuvaron en el avance de la democracia electoral. Pero esta nueva generación de obispos representa más los intereses del stablishment que el de una sociedad dejada a su suerte a la que no atinan más que a atosigarla con regaños en vez de reconocer la pobre y hasta perjudicial oferta partidista actual y su responsabilidad en la descomposición social del país y el estado.

Los obispos hacen notar o su parcialidad o su ignorancia de la realidad, pues pareciera que no se dan cuenta del grado de descomposición de la llamada clase política. ¿Quién puede creer en estos momentos en promesas de campaña o en la honorabilidad, ya no digamos capacidad, de los deslucidos y contradictorios candidatos(as)? Desafortunadamente estos señores no tienen la inteligencia ni la sagacidad de sus antecesores para ponerse de lado de la sociedad y exigir resultados a los políticos y no al revés, haciendo un deshonroso papel como paladines del régimen.

Ya antes, en el 2009, en otra carta abierta, pero de apoyo al gobernador Reyes Baeza, se vieron muy ligados al PRI, como si fueran otro sector más de dicho partido en rescate de uno de los suyos, carta que les generó roces con el gobierno federal y el panismo, así como críticas desde la sociedad civil. Este tipo de actitudes ni abonan a la democracia que dicen defender, ni abona a su religión, pues más gente de su grey se aleja al notar la parcialidad y deshonestidad de sus jerarcas.

Tibios también en cuanto al actual Estado de excepción que es Chihuahua, mejor las iglesias evangélicas se han visto mucho más movidas promoviendo marchas y otras acciones contra la violencia que un mayoritario catolicismo sumido en la mudez de sus sacerdotes, pese a ser víctimas de extorsiones y otros delitos; el catolicismo simplemente brilla por su ausencia, dejándose ver débil, silenciado o superado por el fenómeno, ¿o por el régimen?

Acusar a las y los abstencionistas de irresponsables es de su parte una irresponsabilidad mayor equivalente a la falta de sensibilidad e interés hacia el prójimo, de falta de voluntad para entender y comprender el abstencionismo o bien, su discurso es parte de la estrategia de cerrazón política de un régimen negado para la democracia y el desarrollo social, contrario a lo que andan promoviendo. La Iglesia católica es la menos habilitada para hablar de tolerancia, democracia o reconciliación, pues precisamente están posicionados en contra cuando nos dejan ver su intolerancia a la homosexualidad, al aborto o los cultos populares; o bien su tolerancia y silencio hacia el narco o sus benefactores, como los grandes empresarios, que parece ser, hacen callar sus crímenes con generosas limosnas a la iglesia.

No se deje engañar, no se puede tapar el sol con un dedo y usted conoce bien a esas pandillas del PRI, el PAN y los demás partidos. Votar por alguna de esas opciones es convertirse en cómplice de la violencia, la anomia y los privilegios de las élites, donde ha de incluirse a la jerarquía católica, siempre tan cercana a los grupos de poder.

NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX

martes, 15 de junio de 2010

Ciudad Juárez, periferia de México


(Tomado de la revista Sapiencia, Sociedad en movimiento, UAM-Azcapotzalco, México, 2010, número 5, pp 22-27) 



Las fronteras suelen ser lugares enigmáticos donde se delimita el fin o el inicio de algo. Esta particularidad las convierte en el imaginario colectivo como peligrosas, pero a la vez atractivas y da también pie para mitos y leyendas de todo tipo. Las fronteras políticas además, establecen límites de interacción y se prestan para la representación simbólica de la hegemonía de un pueblo, nación o sociedad. En el caso concreto mexicano las fronteras, tanto del norte como del sur, son delimitaciones periféricas de la nación que marcan también las deficiencias y límites del Estado.

Esta otra cuestión, la frontera comprendida como periferia, tiene una connotación socioeconómica y política que reproduce de manera cruda la realidad de esas mismas condiciones a escala nacional. La frontera periférica concibe bajo el mismo concepto lo más alejado del centro político en la misma manera que una periferia urbana: conforme se avanza hacia los extremos (hacia la periferia) se evidencia el abandono, la marginación, la invisibilización de la sociedad que vive en el límite: se le excluye de las decisiones políticas, de los beneficios económicos; se le condena al ostracismo y se le deja prácticamente a su suerte, a lo que su imaginación, esfuerzo y creatividad le proporcionen para salir adelante.

En el caso de las ciudades de la frontera norte, donde se ubica Ciudad Juárez, se les acusa además, de ser proclives a la cultura estadounidense en detrimento de la cultura mexicana, en lo que algunos llaman la “pérdida de la identidad” percepción por demás falsa, pues pese a que efectivamente existe una influencia estadounidense muy comprensible sobre todo en ciudades hermanas como Juárez-El Paso o Laredo-Nuevo Laredo, unidas por lazos económicos, culturales y hasta familiares, también es cierto que existe una conciencia y defensa de la mexicanidad en ambos lados de la frontera, así como no es muy diferente la población pronorteamericana de Juárez a la de la Ciudad de México, Chiapas o Guadalajara, con la única diferencia y con la cual se señala a los fronterizos como más proclives a, es precisamente por vivir en frontera.

De las ciudades de la frontera norte se destacan algunas peculiaridades que las distinguen como una región común: su economía maquiladora y transfronteriza, su marcado urbanismo (más en cuanto a vivir en ciudades que en la calidad de las mismas) su pronunciada migración constante y su a veces estrecha relación, con todo y conflictos, con sus pares estadounidenses. La frontera norte es sinónimo de progreso económico en cuanto a su dinamismo maquilador, de ahí el doble atractivo para las y los connacionales no fronterizos: como trampolín hacia el otro lado y/o como fuente de empleo en caso de imposibilitarse la primera opción. Pero también es sinónimo de vejaciones, racismo, chovinismo, violencia, narcotráfico y muerte; a pesar de ser ciudades más relajadas en sus relaciones sociales de clase y con posibilidades de prosperidad económica para las y los migrantes, existe una suerte de morbilidad que sopesa la balanza de la justicia y el rostro oculto de la cultura mexicana: aquí no se pueden ocultar la heterogeneidad de lo mexicano, como tampoco se puede ocultar el recelo al recién llegado, que al igual que en las ciudades de la frontera sur norteamericanas, depositan en el/la migrante, todo lo malo de sus infortunios y en tiempos de crisis económicas y sociales, son sus principales sospechosos y víctimas.

Ciudad Juárez es la ciudad fronteriza más grande con su 1.3 millones de habitantes, según datos del II Conteo Rápido del INEGI en el 2005. Es el principal empleador maquilador a nivel nacional, por lo menos hasta el 2007; sede del gobierno liberal en el siglo XIX (de ahí su cambio de nombre en 1880 de Paso del Norte a Ciudad Juárez) cuna de la revolución social de 1910 (la toma de Ciudad Juárez marca el fin del porfiriato) cuna de la lucha por la apertura democrática y el respeto al voto en México en los años ochenta (movimiento que coadyuvó a la creación de un IFE ciudadanizado) pero también es el lugar al que se le debe el mote de la ciudad más perversa, por su gran cantidad de cantinas y bares (alguna vez la ciudad mexicana con mayor cantinas per capita) la que inspira el concepto de feminicidio, por la gran cantidad de mujeres asesinadas en los últimos años; actualmente la ciudad más violenta de México (más de dos mil asesinatos del 2008 a la fecha) debido a la tristemente célebre “guerra contra el narcotráfico“ precisamente por ser uno de los principales corredores de droga hacia Estados Unidos. Además es una de las ciudades más abstencionistas del país (la última elección del 2007 arroja una participación electoral del 28.9%).

Pionera también en la alternancia política del poder, el binomio PRI-PAN se sucede desde la década del ochenta del siglo pasado a la fecha; la ciudad no ha conocido, pese a la apertura democrática, más gobiernos que los de perfil empresarial y de corte neoliberal. Tierra árida y de clima extremoso, hay que aprender a amar al calor y al frío por igual para poder vivir aquí. La violencia, siempre presente desde tiempos de la Conquista y la Colonia, en la actualidad se desprende de la combinación de corrupción gubernamental, narcotráfico, la crisis económica (que particularmente ha azotado a las ciudades globalizadamente maquiladoras como Juárez) en una suerte sociológica de anomia, donde las leyes no se aplican ni respetan, poniendo en evidencia la mediocridad gubernamental, el metapoder de los cárteles de la droga y contradictoriamente también, la resistencia silenciosa y heroica de una sociedad que a pesar de todo sigue trabajando y viviendo en esta frontera, por lo cual el Estado de derecho no ha llegado a desbocarse totalmente.

La ciudad también se destaca por ser campeona nacional en consumo de cerveza, campeona latinoamericana en consumo de coca-cola; destaca en los primeros lugares nacionales en morbilidad de enfermedades como la diabetes, la hipertensión, depresión y cardiovasculares, además de ser, junto con Chihuahua como estado, los primerísimos campeones en obesidad infantil; también como estado, destaca en ser el menos asiduo a la lectura en estudiantes de secundaria a nivel nacional y uno de los de menor cobertura estructural a nivel preescolar. La mitad de su población percibe entre uno y tres salarios mínimos mensuales, pero eso sí, estamos en la media nacional de escolaridad (8.3 años equivalentes a segundo de secundaria).

En la actualidad, o mejor dicho, en los últimos años, la ciudad toma relevancia mundial por los cientos de feminicidios ahora sumados a los asesinatos del hampa, que combinados coinciden por la gran cantidad de casos sin resolver (casi todos) así como por la aparición de otros delitos anteriormente desconocidos en la región, como los secuestros, las “cuotas” de protección a negocios, así como por el gran incremento de delitos de todos los rubros. Según diarios estadounidenses, unos cien mil residentes juarenses han cambiado su residencia a ese país a raíz del incremento de la violencia. La vida nocturna, antes dinámica y emblemática de las y los juarenses, hoy es una nocturnidad desierta y peligrosa, atractiva sólo para los aventureros y para quienes no tiene otra opción. Los pocos centros nocturnos se ven vacíos la mayor parte del tiempo.

Si los acontecimientos históricos son los que marcan a una ciudad, en Juárez los contrastes de su historia la colocan entonces como un lugar dialéctico. Por alguna razón, tal vez por la misma condición de vivir en frontera, esta ciudad se adelanta a lo que luego viene a suceder en el resto de México: como se comentaba anteriormente, los acontecimientos electorales, por ejemplo, incentivan la movilización ciudadana cuando el fraude es evidente, pero mientras no es así, la participación electoral es mínima. La militarización experimentada desde el 2008, por otro lado, hace alusión a un Estado de excepción no declarado, donde los abusos militares se suman a la violencia del narco; los gobiernos locales (municipal y estatal) se distinguen por su debilidad y corrupción; las maquilas huyen hacia la nueva mano de obra barata de China o revientan ante la debacle neoliberal, mientras la sociedad todavía no despierta del letargo, pese a verse acorralada por varios frentes violentos: el del narco, el del Estado y el de la crisis mundial económica, además del permanente recelo de nuestros vecinos paseños, que han sumado una nueva cerca al Río Bravo en el último año. La condición de frontera permite el abuso de la distancia, la nota amarillista, el morbo mundial, pero muy poca solidaridad, ni siquiera de los connacionales.

La enajenación juarense se percibe en su falta de arraigo e identidad con una ciudad que casi toda su vida ha avanzado contra su bien fundamentada mala fama; difícil es la comparación con El Paso y la admiración a todo lo norteamericano, pues siempre sale perdiendo lo local y mexicano; al igual que otras urbes, el fútbol, las bebidas embriagantes, el internet y la televisión son las principales causas de alienación. La despolitización de la sociedad, principalmente de las y los jóvenes, no avizoran un futuro prometedor, sino sumiso. Todo alrededor se observa decadente, sin futuro y sin remedio, según las opiniones de la gente común; de las religiones, la mayoritariamente católica se perfila en mantener una feligresía abandonada a su suerte y en busca de otras opciones religiosas; las religiones protestantes y protocristianas recogen a las y los decepcionados del catolicismo con sus cientos de templos diseminados por toda la ciudad. Las universidades y tecnológicos, públicos y privados, siguen maquilando profesionistas para la maquila, casi totalmente desconectados de las otras realidades y necesidades locales. El obrero maquilador se desconoce como tal, ahora es un orgulloso operador de los cientos y miles que trabajan en esa industria, esperando las navidades para retornar a su lugar de origen en Veracruz, Durango o Centroamérica. La anteriormente bonanza económica de la maquiladora permitía enajenarse sin los contratiempos de la militarización y la guerra contra el narco; ahora sólo queda abandonar la ciudad.

Salir de la ciudad, ya sea de visita, negocios o de retorno al lugar de nacimiento, representa llevar consigo el estigmatismo de vivir o haber vivido en Juárez: si eres hombre, te expones al rechazo, la sospecha, la desconfianza de ser un violador o narco en potencia; si eres mujer, a la conmiseración o el señalamiento de ser víctima o responsable de las violaciones feminicidas. Si antes la expectativa del norteño subyacente en la identidad del fronterizo juarense se consideraba sinónimo de dinero y bonanza, hoy es sinónimo de recelo ¡cuidado con los juarenses! La mala fama disemina en todas las direcciones las leyendas de los últimos años.

Podría seguir describiendo la periferia de México en la realidad de Ciudad Juárez, pero no es posible hacerlo en un solo y sintético ensayo. Para concluir, baste decir que Juárez es un verdadero laboratorio para lo que se guste investigar, los problemas sociales abundan y es una especie de paraíso sociológico para todo aquel o aquella que busque en este campo respuestas a las interrogantes sociológicas, poner a prueba las teorías o simplemente introducirse en una realidad a veces surrealista y antitética, pero casi siempre cruda para quien todo lo conoce en los libros. Les invito colegas a conocer un poco más de esta región, a visitarnos, pero sobre todo, a que estén bien informados de los acontecimientos de este lugar.

viernes, 11 de junio de 2010

miércoles, 9 de junio de 2010

Violencia transfronteriza y Estado policiaco





La violencia en la frontera norte de México suma una víctima más por parte de la Border Patrol (patrulla fronteriza) en el cuerpo de un adolescente quien murió de un balazo en la cabeza, de lado mexicano y ante decenas de testigos que en esos momentos cruzaban la frontera de Ciudad Juárez a El Paso. Una semana antes, en la frontera de Tijuana-San Diego muere otro connacional a golpes por agentes de Estados Unidos, ¿está es la respuesta estadounidense a las críticas, manifestaciones y boicots contra la ley SB 1070 de Arizona?

Estados Unidos acusa a México de ser algo así como un vecino incómodo: pobre, sucio, corrupto, incapaz de gobernarse (Estado fallido) ignorante y peligroso; por lo menos esa es la imagen común que representamos allá sobre todo para los descendientes de europeos con mentalidad de cowboys. La aparición de la ley SB 1070 viene a destapar la parte más oscura de la cultura estadounidense, aquélla que promueve el odio racista disfrazado de nacionalismo y patriotismo. Se quejan de la delincuencia mexicana, de cómo son afectados por la violencia de la migración ilegal, pero, curiosamente, las agresiones siempre vienen de su parte y las muertes las ponemos nosotros (¿?).

La paranoia nacional-racista del pueblo estadounidense, alimentada por los medios de comunicación y por su política imperial-guerrerista, es manipulable hacia la violencia no encontrando mejor “enemigo” que el peligrosísimo vecino mexicano para depositar su ira y frustraciones aislacionistas. En estos momentos en que Estados Unidos batalla por sobrevivir la crisis económica (y mundial) que ellos mismos generaron, tratando de recuperar empleos, piensan que cerrando sus fronteras y endureciendo las leyes contra la inmigración ilegal van a reparar todo el daño que han ocasionado.

El capitalismo neoliberal actual liderado por Estados Unidos es la suma de los excesos de la ganancia a costa de lo que sea, más la concentración del poder político-económico en pocas manos. Particularmente los estadounidenses han podido disfrutar de las “bonanzas” de su país gracias a la explotación de los recursos naturales de los países más pobres y débiles a los cuales han podido invadir, persuadir y corromper a sus gobernantes o simplemente frustrando o alentando revueltas (según sea el caso) para garantizar los recursos a esas naciones. Muchos de los afectados en esos países por las políticas imperialistas estadounidenses son candidatos a convertirse en migrantes ilegales a Estados Unidos u otras naciones prósperas.

La “democracia” a la estadounidense es el pretexto de dicho país para autoproclamarse como la policía del mundo y ejercer su derecho unilateral de declarar quién es terrorista o enemigo; de reservarse el derecho de crear “guerras preventivas”, a qué países bloquear o invadir, o a quiénes certificar o atacar. La influencia estadounidense global apunta a fortalecer su presencia bélica o policiaca, para mantener un orden geopolítico a su beneficio y agrado, o bien, apoyar regímenes a modo que le garanticen ganancias o privilegios, aun si eso implica el derramamiento de sangre, la destrucción cultural y ecológica o el exterminio racial.

Este tipo de conducta es ya reproducido por los aliados estadounidenses, como España o Italia, quienes han seguido sus pasos en cuanto a la política migratoria, pero también sin éxito, mientras otros como Honduras o Paquistán, simplemente hacen lo que los estadounidenses les dicten; otros más, como Arabia Saudí, reproducen conductas hostiles y represivas contra cualquier tipo de manifestación o bien Inglaterra, que ha seguido a EUA en sus aventuras bélicas a costa de su prestigio internacional. El representante más letal de esta nueva política policiaca mundial es definitivamente Israel. La ideología sionista en el poder político israelí es más parecida al conservadurismo fundamentalista estadounidense: se creen elegidos de Dios, por lo tanto se consideran superiores a los demás pueblos y eso les da la pauta para ejercer el terrorismo de Estado contra quienes considere sus enemigos, como ya nos lo hizo saber al mundo con el ataque a la flota humanitaria de ayuda al pueblo palestino a finales de mayo. ¿Pero quién le pone el alto a los Estados policiacos?

México también se ha dejado persuadir por los intereses estadounidenses. Tan es así que la llamada “guerra contra el narcotráfico” no es más que una más de las líneas políticas estadounidenses para México, como la política de persecución contra migrantes ilegales de Centro y Sudamérica, el desmantelamiento de Pemex, la represión a sindicatos o la posición servil ante el Tratado de Libre Comercio. La violencia en la frontera norte de México no pasará de unas cuantas protestas de parte del gobierno mexicano, que tratará de no molestar a su aliado tratándolo como señor. La militarización de la vida cotidiana en México es parte de ese Estado policiaco mundial que aspira a establecer y fortalecer una industria armamentista, carcelaria, espía y represiva del orden requerido por Estados Unidos para incentivar su economía beneficiando a sus empresas privadas que se encargan de aniquilar al mundo en nombre de la democracia capitalista (sic) vendiendo los servicios antes mencionados.

En cuanto a la relación México-Estados Unidos, la violencia no abona en nada a fortalecer la vecindad. A pesar de que irónicamente EUA sigue siendo el sueño de millones de mexicanos(as) cada vez es mayor el número de connacionales decepcionados o conscientes de lo que en realidad significa Estados Unidos. Seguramente la violencia va a alimentar más violencia y se avecinan conflictos raciales; eso es peligroso porque puede ser pretexto para represalias del vecino del norte, sólo imaginémonos las mismas circunstancias de la escena, pero de lado estadounidense y con una víctima anglo: un adolescente desarmado asesinado en su país por un agente de otro país y ante la mirada de sus compatriotas, ¿no habrían puesto ya el grito en el cielo los gringos?

lunes, 7 de junio de 2010

Ciudad Juárez, votar y ser cómplice




El abstencionista por definición no puede ser clientelista,



no puede hipotecar su voto por un favor.

Antanas Mockus



A menos de un mes de celebrarse elecciones vuelven las mismas cantaletas de las y los fanáticos de las votaciones contra el abstencionismo (ojo, votar no necesariamente significa democracia) sobre el deber ciudadano y la importancia de votar, ¿pero quiénes son éstos que se atreven a dar lecciones de civismo y desde qué posición lo dicen?, ¿por qué se critica a la sociedad y no a la clase política?

Ciudad Juárez es una de las ciudades más abstencionistas de México y está en el estado más abstencionista de la nación. Cierto que en esta ciudad se luchó cívicamente desde la ciudadanía contra el PRI-gobierno de los ochenta del siglo pasado para obligarlo a respetar resultados electorales y que desde esa época hay una alternancia en el poder, sobre todo PRI-PAN, como también y en mucho menor medida del PRD y el PVEM. Cierto también es que las expectativas ciudadanas de un cambio político-económico-social quedó corto como frustradas las posibilidades de conocer una alternativa real al corrupto sistema político que, apoyado en las elecciones, puede sobrevivirse así mismo sin necesidad de mejorar las condiciones de vida de la sociedad donde surge.

La falta de seriedad en la política para con la ciudadanía favorece el abstencionismo. La realidad de la ciudad, marginada y desgastada durante décadas por la falta de infraestructura y carencia de una política pública-social incorruptible, luego es el suelo fértil primero para el feminicidio y actualmente para la ola de violencia y muerte generalizada que la colombianización del macabro Plan Mérida estadounidense impone a través del gobierno federal ilegítimo de Felipe Caderón. La sociedad civil mexicana (y juarense) sólo cuenta para las elecciones, para seguir manteniendo los privilegios de quienes se aprovechan del poder político haciendo poco o nada a cambio, pero se desvanece fuera de lo electoral, invisibilizada hasta la siguiente contienda que le dé continuidad al régimen.

Luego la oferta partidista de candidatos(as) y alianzas alientan un panorama desolador e insultante para la participación electoral. Sin imaginación, sin propuestas, sin carisma y con una terrible fama de corrupción, mediocridad, cinismo y hasta relaciones con el narco, los principales candidatos de esta contienda llegan con la inercia de sacar una elección adelante, pero sin el interés o inteligencia de generar credibilidad para los locales. El PRI en alianza con el PT, PANAL y PVEM le apuestan al “carisma” populista y neoliberal del “Teto” Murguía, diputado federal con licencia, ex presidente municipal de Juárez en el periodo 2004-2007, cuyo gobierno despótico se caracterizó por imponer intereses particulares (Camino Real) enemistarse con ONG´s, reprimir movimientos ciudadanos, sostener en la jefatura policiaca a un narcoempresario (Saulo Reyes) entre otras muchas más, contra un poco conocido César Jáuregui del PAN, cuyo principal enemigo, más que el Teto, es el actual ocupante de Los Pinos.

La paradoja de la actual contienda radica en que no hay opciones. Sufragar equivale o a la desmemoria o a la ingenuidad cívica, pero sobre todo, a la complicidad con el régimen; a que se está a gusto con los resultados, con la evolución del Estado no importa quien gobierne. Quienes están más interesados en votar son precisamente quienes desean de todo corazón que las cosas no cambien, pues perderían privilegios; por eso también en cada nueva elección se reduce la participación ciudadana, porque cada vez son menos las y los que obtienen algo, a tal grado que las elecciones se están convirtiendo en asunto de los pocos beneficiarios (plutocracia): grupos de interés, clientelares y parásitos.

Aun si no existieran las condiciones de violencia suficientes para cancelar elecciones, las dos opciones con posibilidades de ganar (PRI y PAN) privilegian una política neoliberal de sometimiento político a los grandes empresarios, más las inercias de compadrazgo, nepotismo y corrupción de todos conocidos. Ambos partidos representan el triunfo de la derecha en México, el desmantelamiento de la nación, el sometimiento a Estados Unidos, el aumento de la violencia y el empobrecimiento de las y los mexicanos. A nivel local se auguran más tranzas, más anomia, más negocios lúgubres, o lo que es lo mismo, menos desarrollo social, menos libertades, menos justicia; el neoliberalismo de estos partidos y personas no pueden con la violencia, porque al estar en la lógica de la ganancia y la avaricia proporcionan las condiciones para la desigualdad y por ende, se convierten en parte del problema, la generan.

La contradicción de hacerse cómplice votando sugiere que el sufragio no es meditado, aun si se vota con alevosía y complicidad buscando un beneficio particular egoísta. Esto refiere a entender el abstencionismo como una respuesta ante el ejercicio de simulación en que se han convertido las elecciones: procesos para legitimar tanto a mafias partidistas y sus aliados, como a sistemas corruptos y mediocres o políticos peligrosos por incapaces, idiotas o sanguinarios. El camino de la democracia, si es acaso el que se anda buscando, aunque puede pasar por una boleta depositada en una urna, en estos momentos no representa más que el reforzamiento de aquello que el ciudadano(a) desearía descartar de su vida colectiva, por eso no es posible votar pues significaría que miles de muertes no han significado nada; que no nos importa lo que le suceda a esta ciudad, estado y país; que aunque nos quejemos, estamos complacidos con la clase política. ¡Qué contradicción! Hoy en Ciudad Juárez ser democrático, liberal, revolucionario o simplemente consciente, significa no votar.



NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES



Revolución MMX

miércoles, 2 de junio de 2010

La cultura priista

México es la dictadura perfecta

Mario Vargas Llosa



Los hábitos hacen cultura. Así como la costumbre de comer saludable y hacer ejercicio promueven una cultura sana o el embriagarse todos los días cultiva el alcoholismo, la forma de vivir y hacer política priista es un lastre que supera incluso al partido, para instalarse, queramos o no, como parte de nuestra cultura mexicana y de los problemas de la nación.

La cultura política mexicana, esa que desarrollamos todos los días y a todos los niveles y estratos sociales se alimenta de prácticas, hábitos y costumbres, haciendo tradiciones difíciles de erradicar por estarse renovando constantemente en la cotidianidad: la tranza, la simulación, el cinismo, el nepotismo, la mordida, el chingar, se vuelven acciones comunes para la población porque las circunstancias están dadas para ello y se refuerzan todos los días simplemente con observar el comportamiento de los “líderes” o el grado de impunidad de los poderosos; ¿para qué esforzarse por hacer el bien si el mal paga mejor? Pareciera que nos dicen este tipo de actitudes.

La existencia de más de 80 años del PRI en el poder formaron y perfeccionaron una verdadera escuela del mal ejercicio del poder a través del corporativismo: todo dentro del partido, nada fuera de él; de esa manera se buscaba ligar a la sociedad mexicana con el PRI para que significasen lo mismo: el PRI era México y México era del PRI. El resultado, de todos y todas conocido, fue una semi-dictadura con décadas de subdesarrollo social y sumisión política a cambio de una violenta paz disfrazada de democracia. El siglo XX priista está plagado de historias de autoritarismo, corrupción, represión, fraudes electorales, traiciones y demás.

De la amplia gama de la cultura priista empecemos por el sindicalismo. Del sindicalismo priista surge el charrismo, esa curiosa alianza de líderes sindicales con patrones empresariales y el aparato gubernamental de aval que lo mismo manipula elecciones que vende huelgas. El sindicato de PEMEX, la CROC, la CNOP, la CTM y la SNTE, son los vivos ejemplos del charrismo sindical par excellence. Elba Esther Gordillo, Carlos Romero Deschamps, Joaquín Gamboa Pascoe, son dignos representantes del charrismo heredado de un Fidel Velázquez, un Carlos Jongitud Barrios o un Joaquín Hernández Galicia (La Quina); el poder de estos sindicatos es indiscutible, como también lo debe ser su legado de corrupción que tanto ha pegado a la economía nacional y la educación pública.

El sector popular. Generaciones de priistas forman hoy las estructuras territoriales sin las cuales sus mítines estarían vacíos y sus opositores no serían amedrentados. La participación electoral priista es estimulada (cooptada) desde siempre por la despensa, la camiseta, la cachucha, el costal de cemento, la recomendación, la tolerancia, entre otros obsequios y prerrogativas a cambio del voto en sectores marginales donde siempre hace falta todo. Claro que para lograrlo, primero hizo falta su empobrecimiento económico más el embrutecimiento educativo manteniendo las cosas como están (de donde surge la idea priista de que ellos sí saben gobernar, aunque la sociología lo denominaría como lumpenización) para hacerse de una verdadera estructura adicta al partido a cambio de migajas. Estos sectores funcionan como mafias a las cuales se puede recurrir tanto para acarrear gente, como para golpearla u ocasionar desórdenes, según se requiera.

Los grandes negocios. Tanto el PRI “nacionalista” como el actual PRI neoliberal se distinguen por sus relaciones con las élites. No se puede entender al país sin comprender cómo surgen y cuáles son las relaciones de las grandes empresas como Televisa o Telmex, o bien el favoritismo hacia ciertas empresas en detrimento de otras y así. La transición en las últimas décadas de políticos nacionalistas a políticos empresariales favorece también hacer negocios desde el gobierno, gobernar para los cuates, o peor aún, que los cuates gobiernen para sÍ. También es notable el desfalco de instituciones como el IMSS (por décadas su “caja chica”) la depredación ambiental y la expulsión étnica por negocios (Sierra Tarahumara) la protección a socios (Guarderías ABC) sin olvidar la ostentación, el despilfarro y la arrogancia con que suelen actuar sus principales actores políticos.

Impacto de la cultura priista. La cultura priista está donde quiera: es el chofer de transporte público cetemista con el radio a todo volumen y manejando descuidadamente; es la vendedora ambulante de fritangas de la CNOP a fuera de todos los eventos masivos; es el grupo de colonos acarreados para romper y golpear una manifestación legítima o a grupos opositores; es el editorialista cínico laureando las bondades del PRI; es el candidato a un puesto de elección popular prometiendo lo que no va a cumplir; es el maestro dispuesto al soborno. Es también la lenta burocracia, el agente corrupto, la complicidad de la tranza; la impunidad, la adicción al poder y la enajenación política de la vida social.

Es inútil negar la influencia priista en la cultura mexicana. Si somos un país predominante corrupto, enajenado, mediocre, subdesarrollado, ignorante, sin duda es por la forma cómo se ha manejado ese partido en el poder haciéndose sinónimo de autoritarismo y corrupción. Cierto es que no todo lo malo de México proviene del priismo, pero es difícil deslindarlo del todo porque el PRI tiene sus méritos: sigue haciendo y siendo aquello que se le critica.

Para saber más sobre la cultura priista, les recomiendo dos películas: La Ley de Herodes (Luis Estrada; 1999) y La sombra del caudillo (Julio Bracho, 1960) basada en la novela homónima de Martín Luis Guzmán.

No soluciones, no elecciones

Revolución MMX

jueves, 27 de mayo de 2010

Elecciones México 2010, ¿retroceso o avance?





No guts, no glory

Bolt Thrower



13 estados de la república tienen elecciones este año (Yucatán celebró la primera de ellas el 16 de mayo) para renovar 1481ayuntamientos y 451 diputaciones locales, así como diez gubernaturas. Además del fenómeno del abstencionismo, invitado permanente y creciente de estos eventos, en medio de la peor crisis de seguridad pública nacional por la controversial “guerra contra el narco”, las campañas en los estados muestran la debilidad del sistema político mexicano a través de la pobre oferta partidista de propuestas y candidatos, además de la renovada guerra sucia electoral herencia del viejo PRI, pero ahora de todos contra todos.

Desde la regularización de las elecciones en México a partir de un organismo ciudadanizado, como en efecto fue el Instituto Federal Electoral (IFE) a finales del siglo pasado, la competencia partidista (que ya se venía dando a partir de la década del ochenta) se amplía como efecto de la confianza en el IFE y los organismos electorales locales como avales. Lo que sucedió fue la alternancia y redistribución del poder político en el país, más las viejas formas de hacer política priista extendida a todas las fuerzas políticas (priistización de los partidos). El resultado final es un sistema de elecciones que permite la “competencia” de partidos controlados por grandes grupos de interés que operan dentro y fuera de ellos, quienes deciden en realidad el futuro del país.

El avance de este tipo de democracia mínima en México, entendida como la celebración de elecciones periódicas de gobernantes y representantes en comicios creíbles (respeto al voto) ofrece un panorama distinto al viejo régimen de partido de Estado del siglo XX, pero no soluciona el problema de la confianza en las instituciones y la participación electoral; el mediocre desempeño de los gobernantes y representantes (independientemente del partido) más el agravamiento de las condiciones socioeconómicas y políticas para la gran mayoría de la población como resultado, son elementos presentes en el conflictivo proceso por aspirar a ser una nación respetada y respetable.

Conforme avanza el pluripartidismo en México, notamos cómo concentran el poder político casi de manera plutocrática y aun en contra de la nación. Hoy por hoy los partidos representan, además de una calamidad, un orden político elitista paradójicamente controlado a su vez por poderosos grupos de interés. La democracia electoral de este país permite que una pequeña (¿y ridícula?) minoría gobierne por encima de la sociedad mexicana. Por lo mismo, las contiendas electorales se convierten en verdaderas batallas de vida o muerte, pues en ellas se juega no el futuro de una ciudad, estado o nación, sino el del candidato, partido, alianza y grupos de interés.

En algunos estados como Sinaloa, Durango, Chihuahua o Tamaulipas la violencia del narco es por demás inocultable ante el escandaloso número de víctimas mortales o las amenazas y asesinatos de candidatos y militantes partidistas; en Quintana Roo el candidato a gobernador por el PRD es detenido por presuntos nexos con el crimen organizado. Otros estados, como Oaxaca, Puebla y Veracruz, no han conocido la alternancia de otro gobierno estatal que no sea el PRI y otros donde ya se ha dado la alternancia, como Chiapas, Zacatecas o Aguascalientes, los conflictos internos los tienen debilitados.

En la antesala para la elección presidencial federal del 2012 la obsesión por el poder político recurre a todos los medios posibles para deshacerse de la oposición (guerra sucia) como bien nos informan los medios de comunicación; el problema es que con tanta escoria hecha pública, el impacto en el electorado es sumamente negativo para la participación, lo que hace suponer que el abstencionismo estará presente, por lo menos en los partidos más grandes e influyentes, más que como un fenómeno evitable, como un elemento más a considerar para ganar.

Se habla mucho del retorno del PRI como el gran “ganador” (sic) electoral este año y perfilándose para el 2012 ante el pésimo del PAN como gobierno. La verdad es que tanto uno como el otro han resultado nocivos para el desarrollo del país y no garantizan un futuro prometedor si analizamos sus resultados gubernamentales; desafortunadamente los otros partidos tampoco salen bien librados de sus respectivos desempeños; por encima de todos, los grupos de interés (empresariales, religiosos, transnacionales) asumen de una forma u otra el control de las y los políticos, quienes se vuelven sus cabilderos.

En general el panorama electoral en México para el 2010 luce bastante desalentador ante la falta de opciones serias de acuerdo a la oferta, lo cual es abono para el abstencionismo, el voto nulo o blanco y la protesta civil. En la mayoría de los estados del norte del país, así como en Oaxaca, ni siquiera debería de pensarse en realizar elecciones ante la gravedad de la anomia existente, pues se pone en riesgo incluso la integridad de quienes quisieran ejercer el voto y la verdad, si en estos momentos los actuales “gobernantes” no pueden resolver o son parte del problema de la violencia, ¿podrán resolverlo los entrantes?

NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX

miércoles, 12 de mayo de 2010

Doce razones para revocar a Calderón



Los días 22, 23 y 24 de mayo del 2010 se celebrará la Consulta Nacional para la Revocación de Felipe Calderón como presidente (sic) de México. Para muchas personas hay suficientes motivos para hacerlo, pero para muchas otras no; con el deseo de coadyuvar en la comprensión de la magnitud de problema que representa para la nación el actual presidente, aquí doce razones:

1.- Presidente Ilegítimo (espurio). Para nadie es secreto que Calderón llegó por vía fraudulenta al poder en el 2006. La sola sospecha de fraude tendría que ser suficiente para separar de su cargo a cualquier político en cualquier momento para enfrentar un juicio político, pero como nunca es el caso, entonces se requiere presionar desde la sociedad civil para obtener justicia.

2.- Hombre violento (incapacidad para mandar o gobernar). En teoría un gobierno democrático tendría a los mejores hombres y mujeres al frente; tampoco es el caso. Quien saca al ejército a las calles sin consultar con nadie, provocando Estados de excepción y violando las garantías individuales, es en realidad un peligro para México. Habría que hacerle también un examen psicológico y de honestidad (detector de mentiras) a él y a todos los políticos y aspirantes, a ver si están mental y emocionalmente capacitados para “gobernar”.

3.- Entreguista-peligro para la soberanía nacional. Aunque este es un síntoma de todos los presidentes neoliberales (de Salinas para acá) conforme avanza el tiempo el entreguismo presidencial se vuelve descarado. Inspirados en el neoliberalismo y tal vez en el interés personal (los presidentes neoliberales tienen relación o terminan de empleados del capitalismo global) Calderón sigue esta tradición vendiendo el país a las transnacionales (Pemex para los españoles y norteamericanos) comprometiendo la seguridad nacional y la droga a los gringos (Plan Mérida) y alineándose a las políticas del FMI, BM y OCDE de manera acrítica.

4.- No escucha razones: criminaliza y toma decisiones unilaterales. Como consecuencia del malestar y miedo que representa el peligro de la “guerra contra el narcotráfico”, la sociedad mexicana se manifiesta contra el hecho, pero esto sólo ha servido para la criminalización de la protesta social y el desacato de recomendaciones de organismos nacionales e internacionales, sobre todo de derechos humanos. Calderón confronta y agrede a la nación en vez de unirla.

5.- Le pagamos su sueldo y lo legitimamos. A final de cuentas es un empleado de los mexicanos(as) y nos tiene que rendir cuentas claras, ¿por qué habríamos de seguir pagando por un servicio malo de un empleado déspota que ni siquiera goza de respaldo social?
6.- Presidente débil, se apoya en las armas. Un presidente legítimo no necesita de un ejército para cuidarse. La militarización de la vida cotidiana tampoco es democracia y refleja la debilidad del régimen; un gobernante sin apoyo popular no es garantía de seguridad nacional.

7.- Persona mentirosa: no cumple lo que promete. Como buen político, Calderón ofreció promesas de campaña incumplibles (presidente del empleo, la eliminación de la tenencia vehicular…) igual con el asunto de la “guerra contra el narco” (nadie se lo solicitó) igual con la tan anunciada ayuda a Ciudad Juárez (el burocrático, insensible, lento y electorero Todos somos Juárez) el engaño está presente de una u otra forma; no es de confiar.

8.- Para detener el derramamiento de sangre. Es urgente detener la militarización del país y el Estado policiaco. Este camino lleva a la privatización de la guerra (como industria económica de empresas bélicas transnacionales) so pretexto de la guerra contra el crimen organizado. Si realmente se quiere dar la “guerra” contra las drogas, se requiere de otro tipo de políticas (legalizar la droga, campañas de prevención de adicciones, clínicas de rehabilitación…) no haciendo progresar el consumo y la industria con el precio de la muerte.
9.- Para convocar a un gran diálogo nacional. Calderón ayudaría a unirnos contra la incongruencia de vivir en un país empobrecido e idiotizado por su clase dirigente. Puede ser la oportunidad de establecer nuevas formas de interrelación e interacción social y el inicio de nuevas formas de organización sociopolítica (democracia participativa) y económica todo en beneficio de México.

10.- Para detener y defendernos del neoliberalismo depredador-conservador. Las reformas laborales antiobreras y pro-empresariales del secretario Lozano, la impunidad de los casos San Salvador Atenco, Oaxaca, Guarderías ABC, entre otras; el desmantelamiento de Pemex y la arbitraria extinción de Luz y Fuerza, el alineamiento sumiso hacia Estados Unidos…el sometimiento a una ideología económica agotada como es el neoliberalismo capitalista no augura un buen futuro.

11.- Para entablar otro tipo de relación con EUA, Latinoamérica y el mundo. Defender la bandera del neoliberalismo global, así como los intereses de Estados Unidos en la región, nos ha hecho ver mundialmente como una nación lacaya sin prestigio internacional. Urge recuperar la dignidad, la autonomía, la libertad e independencia: nos hundimos en un modelo económico decadente y nos alejamos en los mismos parámetros recuperables de la experiencia sudamericana actual.

12.- Para que sirva de ejemplo a los demás políticos y partidos. Que sea un mensaje muy claro: ya no pueden hacer lo que se les dé la gana, el pueblo gobierna. Las relaciones entre partidos y políticos nos muestran alianzas obscenas donde Calderón brinda el ejemplo con Elba Esther Gordillo y el SNTE; con el PRI de Beatriz Paredes, Ulises Ruiz y Mario Marín; con el PRD de Jesús Ortega; con los grandes empresarios nacionales y transnacionales y, lo que parece ser un secreto a voces, con el cártel del Chapo Guzmán.


NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX

jueves, 6 de mayo de 2010

MÉXICO LICÁNTROPO



Tonatiuh y sobre todo Huitzilopochtli, deben estar muy complacidos con el banquete de sangre del 2006 a la fecha en México: un holocausto a cambio de nada. De la cultura mesoamericana, los mexicas o aztecas fueron los más sanguinarios en cuanto a los sacrificios humanos; no sólo capturaban guerreros para sacarles el corazón, también los devoraban y desollaban (los sacerdotes vestían su piel). Otros imperios sanguinarios como los romanos, los mongoles o los norteamericanos, se ven inofensivos ante el canibalismo y la concepción de la muerte que ofrecen los aztecas. Ellos simplemente no le temían a la muerte, pues creían en la reencarnación; su mayor miedo era hacia la nada.

Cinco siglos más tarde, el dios de la guerra es convocado desde las ruinas de lo que algún día fue La Gran Tenochtitlan para ser invitado de honor de un festín de sangre ajeno ya a su cultura, pero repleto de heridas que evitan ser curadas, repitiendo ciclos de horror y sufrimiento. La historia de México también puede ser vista como la historia de los holocaustos: cada vez que se genera un cambio sociopolítico, económico y cultural, es a través de una gran cuota de sangre: de los imperios mesoamericanos al imperio español; de la Colonia a la Independencia; de la dictadura porfirista a la Revolución; de la dictadura priista a la dictadura panista y así. ¿Cómo hacerle para salir de estos ciclos de sangre y alcanzar la autonomía republicana, la independencia económica, la revolución de la consciencia y el equilibrio con la naturaleza y el cosmos?

Empecemos por reconocer que no vivimos una democracia. Ni existe de los gobernantes y representantes hacia la sociedad y viceversa, ni entre los propios miembros de la sociedad mexicana, ni entre México como nación en relación a otras naciones (principalmente Estados Unidos) y organismos internacionales. La democracia de por sí nació viciada (nunca fue popular en Grecia) luego fue ignorada por siglos y en la modernidad rescatada de la mala fama (en el siglo XIX europeo era insultante ser demócrata) mientras en la actualidad es el emblema del capitalismo y el discurso favorito para hacer guerras de intervención en nombre de las libertades (sobre todo del libre mercado). Vivimos pues una falacia.

Reconozcamos también la crisis de las instituciones. El gobierno ha fallado, la religión ha fallado, la escuela ha fallado, la familia ha fallado, el individuo(a) ha fallado. Gobiernos que alientan la guerra y obedecen intereses de otros gobiernos y empresas transnacionales; religiones que protegen pederastas, inhiben la libertad sexual y apoyan gobiernos espurios; escuelas públicas sujetas a dirigencias sindicales corruptas; familias desprotegidas, marginadas y victimizadas; individuos miedosos, envidiosos, egoístas e infelices. El país no se colapsa por que a final de cuentas el instinto de supervivencia nos lleva a la organización frente a la anomia.

La enajenación y el bajo nivel de consciencia. La antítesis del disfuncionamiento y desgobierno de las instituciones, más el poder de la superestructura neoliberal-capitalista que constantemente nos estimula con mensajes e imágenes de violencia, codicia, sexo, deseo, avaricia y un largo etcétera, confunde y permite la confrontación de intereses, donde el pez grande se come al chico, en una mala interpretación del darwinismo social encaminándolo hacia la depredación del planeta y la autodestrucción de la especie. México se establece como una república de salvajes, nada más de apreciar el infinito desprecio con el que las élites del poder político-económico-religioso solventan la pobreza, la ignorancia, la enfermedad y la impunidad.

Rompamos el ciclo. La vida sin riesgos no vale la pena ser vivida. Es muy cómodo no hacer nada (cómo la ranita cocida en agua lentamente hasta que hierve) mientras las y los inconscientes destruyen todo, hasta que luego es muy tarde rectificar. Empecemos rompiendo el círculo de la simulación. No somos un país pobre, pero hemos dejado que todo mundo (menos el pueblo de México) se aproveche de nuestras riquezas naturales explotándolas. No somos un país libre, la libertad no se conquista ni se gana, es un estado del ser que se materializa y retroalimenta en las relaciones sociales y el entorno; ser libre para emborracharse, ver el fútbol o hacer lo que se me da la gana incluso si perjudico a alguien más no es libertad, es enajenación con un bajísimo nivel de consciencia.

Tal vez sea el momento de retornar las plegarias a los viejos dioses, dado que los actuales han huido cobardemente o ya los mato la violencia. Señor Huitzilopochtli, sirvan estas decenas de miles asesinatos para darnos fuerza para el presente y el futuro. Ayúdanos a desprendernos de los malos gobernantes que como garrapatas, nos chupan la sangre y traicioneramente venden nuestras consciencias y se apoderan de nuestras riquezas. Ayúdanos a vencer a nuestros enemigos, locales, nacionales y extranjeros, que viven a costa de nuestra felicidad, unidad y libertad desviándonos de ellas. Que todas las vidas cobradas por la “guerra contra el narco” nos hagan reflexionar profundamente sobre la vida y la muerte haciéndonos mejores hombres y mujeres, conscientes y amantes de la naturaleza y la paz.

NO SOLUCIONES, NO ELECCIONES

Revolución MMX