miércoles, 24 de noviembre de 2010

¡La Border Patrol invade Juárez!



No es algo nuevo para muchos, pues simplemente baste con transitar por el boulevard Cuatro Siglos (Juan Pablo II) para notar que el helicóptero de la Border Patrol (patrulla fronteriza) transita dentro de territorio mexicano sin el más mínimo reclamo de las autoridades mexicanas. Pero, ¿qué significa este hecho?, ¿está relacionado con una posible intervención norteamericana en nuestro país?, si no, ¿quién les otorgó tal libertad, con qué derecho?

Desde la llegada al poder de Felipe Calderón, el intervencionismo estadounidense es palpable más allá de la Iniciativa Mérida: las intervenciones del embajador Carlos Pascual (un especialista en “Estados fallidos”) incluso en reuniones seguridad (¿?); la Oficina Binacional de Inteligencia en la ciudad de México, que según la revista Proceso 1776, funciona como centro de espionaje; o bien el mismo resquemor de la SEDENA de una intervención militar estadounidense (ver reportaje en: http://pocamadrenews.wordpress.com/2010/11/21/confirmado-ejercito-mexicano-acepta-que-hay-intenciones-de-intervencion-militar-de-usa-en-mexico/ ) hace posible pensar en otras intenciones más allá de la “guerra contra el narco”.

La misma política de Calderón frente a las drogas, la migración centro y sudamericana que atraviesa nuestro país rumbo al vecino del norte o la blandura ante los excesos estadounidenses contra los migrantes (ley SB 1070 y otras) o la continuación del caduco modelo económico neoliberal parecieran más la respuesta de un enclave colonial que la de un país independiente y soberano. Es decir, México se alinea a las necesidades y agenda de Washington más que a las propias. De continuar esta tendencia seguramente dentro de poco tiempo estaremos en condiciones de decirle adiós a un país que se llamó “México”.

Entreguismo/intervencionismo. Para que Estados Unidos haya penetrado tanto en tan poco tiempo en nuestro país, hizo falta solamente el entreguismo de Calderón. Décadas de mantenerlos a raya para evitar que instalasen bases militares u otro tipo de intervenciones, sobre todo en la época del partido de Estado (PRI) se fueron diluyendo con la entrada del PRI neoliberal, sobre todo a partir del régimen de Salinas de Gortari, quien daba los primeros síntomas con la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC). Con la llegada de Calderón la condescendencia con el vecino país simplemente es la tónica cotidiana.

Haciendo el círculo más amplio, es indispensable reconocer la crisis actual por la que atraviesa Estados Unidos y sin la cual no es posible entender su interés por este país. Estados Unidos sigue siendo la potencia mundial, pero su liderazgo está seriamente amenazado por sus propios errores económicos (la actual crisis mundial tiene su seno en ese país) por su abusivo intervencionismo en el mundo (Irak, Irán, Colombia) que le generan más enemistades que simpatías; y por el surgimiento de potencias emergentes, donde destaca China. Estas situaciones convierten a ese país en una amenaza para el mundo, porque es el país más armado y no va a ceder ser el imperio que es.

En cuanto a América Latina, la transición o preferencias a regímenes de izquierda de la mayoría de los países sudamericanos, han hecho que los estadounidenses marquen una gruesa frontera de influencia desde Colombia hasta México. La incapacidad de Washington por asegurarse los recursos naturales de toda América hace que por lo menos controle su “patio trasero” inmediato (donde se encuentra México) para apuntalarse el petróleo, las y los migrantes y la droga sin los cuales no pueden vivir ni funcionar. Que se quiera instalar aquí un régimen como el colombiano, es sinónimo de una escalada mayor so pretexto de convertirnos en una amenaza para la paz estadounidense, como se ha manejado en el discurso oficial de la diplomacia norteamericana.

La situación del México actual es favorable para una política intervencionista estadounidense, si no es que ellos mismos la han inventado para llevarla a ese escenario. El camino está dispuesto para que paulatinamente haya una mayor presencia estadounidense, incluida la militar, para salvarnos de nosotros mismos. Con esto se sugiere favorecer el discurso de “Estado fallido” para justificar dicha presencia, pues significaría no sólo su presencia militar o el control político, sino también el establecimiento de una economía militarizada (mercenarios, cárceles, controles de seguridad, armas) que favorecerían obviamente a Estados Unidos.

Pero todavía hay tiempo de rectificar. Si por muchos años mantuvimos una relación de respeto entre ambos países, es posible recuperarla cuanto antes, a pesar de las inexplicables simpatías que todavía tiene buena parte de la población mexicana hacia ese país. No se trata de ser nacionalista, sino de tener el mínimo de conciencia e instinto de supervivencia, pues los gringos cuando desean a México, no lo hacen por su simpatía a los mexicanos(as) sino por las riquezas que hay aquí, incluida la mano de obra barata; si por ellos fuera, ¡qué nos matemos todos!

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